La capital colombiana acoge el festival de teatro más grande de América Latina y se prepara para la primera visita de The Rolling Stones, entre otras actividades culturales


En el Putumayo colombiano, cerca de la frontera con Ecuador, los jóvenes tenían tres opciones: consumir y vender drogas, ser reclutados a la fuerza por la guerrilla o los paramilitares y la prostitución. Desde hace seis años, disponen de una nueva: las artes escénicas. En El Tigre, Luis Antonio Santacruz, un maestro a quien todos sus convecinos llaman Toño, propuso a sus alumnos que, en vez de bajar al río a fumar marihuana, se quedaran después de clase a aprender teatro. Quienes confiaron y creyeron que había otra opción a las distintas versiones de una guerra que dura más de 50 años lograron ayer una recompensa, otra más: inaugurar el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá con Afrodita y el juicio de Paris, bajo la dirección de La Fura dels Baus.

Es la primera vez que la compañía catalana pisa Colombia y aunque está acostumbrada a compartir sus espectáculos con otras formaciones, cuando sus integrantes se pusieron delante de 70 víctimas y escucharon sus historias de dolor, comprendieron que no solo llegaban a Bogotá a hacer teatro. “Esta no es una situación normal”, dijo el director del espectáculo, Pere Tantinyà, antes de la actuación sin poder contener las lágrimas. “Lo que más nos importa es lo que les sucede a los participantes. Cuando termine la obra, bajaremos, nos abrazaremos y de alguna manera lo recordaremos para toda la vida”, añadió.

Afrodita y el juicio de Paris inauguró la cita escénica más importante de América Latina, que se celebra en la capital colombiana entre el próximo viernes y el día 27. “Otras grandes ciudades tienen el carnaval; en Bogotá tenemos el festival de teatro, que literalmente toma las calles y los espacios públicos más de dos semanas”, afirma Anamarta de Pizarro, responsable de la cita.

Para esta decimoquinta edición se han programado 164 obras llegadas de 32 países en 40 salas y se esperan más dos millones de asistentes. Pese a las malas perspectivas económicas que planean sobre Colombia, la cita cuenta con un presupuesto de 31.000 millones de pesos (unos nueve millones de euros). “Tenemos una independencia económica que nos permite traer a las mejores compañías del mundo; al menos el 50% del gasto lo cubrimos con la taquilla”, añade De Pizarro.

Hasta los Oscar

Esas cifras convierten al festival en el mayor evento cultural de Colombia. Aun así, tendrá que competir este mes con otras propuestas igual de atractivas. El mes ha comenzado con la exposición Atopía de la Fundación Thyssen-Bornemisza Art Contemporary en el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá. La actriz Susan Sarandon y el cineasta filipino Brillante Mendoza aterrizan estos días en Cartagena para participar en el Festival Internacional de Cine de la ciudad caribeña.

El jueves, los Rolling Stones tocarán por vez primera en Colombia dentro de su gira América Latina Olé. “Hace un tiempo, hubiese sido inimaginable; ningún promotor se hubiera atrevido a traerlos por los problemas burocráticos y la incapacidad técnica para acoger un espectáculo así”, asume Felipe Hoyos, del Ministerio de Cultura.

El país empieza a saldar su deuda musical con el público. Tras más de cinco décadas de violencia, la proximidad de la firma de la paz con las FARC ha permitido que Bogotá se sitúe como una ciudad clave para albergar grandes citas musicales. El miedo ya no supone una excusa. Con la violencia en retirada, unas baterías de leyes promueven desde inicios de siglo la actividad cultural en sus múltiples manifestaciones. La ley de cine de 2003 ha conseguido que filmes como El abrazo de la serpiente, una historia en blanco y negro sobre el Amazonas, lleguen a los Oscar. La normativa sobre artes escénicas ha desenredado la maraña burocrática, acabado con la picaresca de unos cuantos promotores para evadir impuestos y permitido una paulatina mejora de las infraestructuras y de la calidad de los espectáculos.

Los Stones recibirán el guante de las estrellas del pop Maroon 5 y de la Orquesta Filarmónica de Berlín. La banda de Mick Jagger dará la vez al Estéreo Picnic, cuyo cartel incluye a Albert Hammond Junior, Snoop Dogg, Tame Impala y Bad Religion. A final de año, otro gran festival, el estadunidense Lollapalooza, se estrenará en Bogotá, después de que el Sónar lo hiciera el pasado diciembre. Medio siglo después, el arte silencia a las balas en Colombia.

El País
Ana Marcos
Bogotá, Colombia
Domingo 6 de marzo de 2016.

¿Por qué “El abrazo de la serpiente”, de Ciro Guerra, ha ganado casi todo y va por la estatuilla dorada?

El abrazo de la serpiente está a dos pasos de llevarse la estatuilla a mejor película en lengua extranjera de los Óscar: es semifinalista junto a ocho películas. El próximo 14 de enero, cuando se seleccionen las cinco finalistas, se conocerá si está a un paso de alcanzarlo, como ya lo hicieron siete cintas latinoamericanas en el nuevo siglo: Amores perros (México, 2000), El hijo de la novia (Argentina, 2001), El crimen del padre Amaro (México, 2002), El secreto de sus ojos (Argentina, 2009, la única que alzó la estatuilla), Biutiful (México, 2010), No (Chile, 2012) y Relatos salvajes (Argentina, 2014).

La cinta dirigida por Ciro Guerra (Cesar, 1981) le ganó el lugar como representante de la región a El club (Chile), de Pablo Larraín, y a El clan (Argentina), de Pablo Trapero. En 10 meses, además, se convirtió en la película más galardonada de la historia del cine colombiano —desde el prestigioso Festival de Cannes de Francia hasta un certamen local: el Festival de Lima—. Sí, muchos premios, rótulos, prensa. Pero, ¿qué separa a El abrazo de la serpiente del resto? ¿Por qué tiene un pie en los finalistas del Premio Óscar?

La primera señal es el riesgo. Para la filmación de la cinta, en la que exploradores europeos se encuentran con indígenas del Amazonas, donde el hombre blanco aparta a un lado la ciencia y se deja curar con ritos chamanes, Guerra viajó a zonas inhóspitas de la selva. En una ocasión, el piloto que lo acompañaba le dijo: “Usted está a dos semanas a pie del radio más cercano, ¿entendido?” Por lo demás, hace 30 años no se realizaba una pieza de ficción en la selva, y aunque su color a blanco y negro tiene detrás un proceso de posproducción, representa un aire en tiempos de Avengers y luces de neón.

Guerra, en todo caso, no está solo: hace parte de una generación de autores tan personales y arriesgados como él: desde Rubén Mendoza hasta César Acevedo, que este año mostraron una cara diferente del cine colombiano. La tierra y la sombra, Alias María, Gente de bien, Ella, entre otras, rompieron la tradición de encontrar en las salas de cine las mismas historias de la televisión: narcotráfico, violencia entre carteles y la familia colombiana como folclor. Historias que, aunque reflejan parte de la sociedad, caen siempre en el lugar común con actuaciones pobres, historias reencauchadas y personajes –si bien imposibles de olvidar– necesarios de superar.

Hay sin embargo un matiz que quizá Guerra ha explotado más que sus contemporáneos: representar los dilemas locales a partir del paisaje. Ese es su recurso dramático. A través de él ha marcado su rumbo temático, que va desde la solidaridad ante la precariedad de la muerte hasta las metáforas que sugieren cómo conjurar la soledad en medio de la miseria humana. “Pienso que Guerra quiere ser, y lo es, uno de esos exploradores que vuelven de las filmaciones con hallazgos”, opina el escritor y crítico de cine Ricardo Silva Romero.

Otro síntoma es el interés que están despertando los géneros que ficcionan la historia. Hace un par de días, por ejemplo, el segundo Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana escogió once libros semifinalistas. Héctor Abad, director de la biblioteca de Eafit (una de las organizadoras del certamen), y Mario Jursish, editor de la revista El Malpensante y jurado, destacaron la presencia de la novela histórica en la selección con libros como El año del verano que nunca llegó, de William Ospina; La rebelión de los oficios inútiles, de Daniel Ferreira; La forma de las ruinas, de Juan Gabriel Vásquez, y La ruidosa marcha de los mudos, de Juan Álvarez.

Las posibilidades de llegar a estar entre el grupo de nominadas son altas. La película es la única cuota latinoamericana en el grupo de las nueve semifinalistas, el resto —a excepción de Theeb, Naji Abu Nowar (Jordania) — son europeas. A pesar de que Viva, que representa a Irlanda, habla de un joven cubano que trabaja como drag queen en La Habana, la de Guerra es la única obra completamente latina. En la entrega pasada de los premios quedó claro que los latinoamericanos tienen las mismas posibilidades de llevarse la estatuilla dorada: Alejandro González Iñárritu, el mexicano que dirigió Birdman, se llevó cuatro premios de la Academia: mejor película, mejor director, mejor guión y mejor fotografía.

El abrazo de la serpiente, en definitiva, encaja con las narrativas que son tendencia a nivel mundial: volver a los antepasados para reconocernos de nuevo, la naturaleza como escenario benigno y purificador, el diálogo entre el hombre blanco —una visión hollywoodense de los personajes— y el indígena, que es fuente de sabiduría ancestral. Una historia que da una mirada al Amazonas como el territorio de redención del mundo occidental.

El Espectador
@Camilalabuiles
Bogotá, Colombia
Camila Builes / William Martínez
Viernes 25 de diciembre de 2015.

Es uno de los 35 estudiantes seleccionados del programa “Rumbo Joven. Ciudadanos del Pacífico”

Ana Karina García de Ita, estudiante del séptimo cuatrimestre de Ingeniería Ambiental, de la Facultad de Ingeniería Química (FIQ) de la BUAP, es uno de los 35 estudiantes seleccionados del programa “Rumbo Joven. Ciudadanos del Pacífico”, por el cual viajará a Medellín, Colombia, donde durante seis semanas, del 26 de junio al 7 de agosto, realizará actividades de fortalecimiento de participación social, mediante la impartición de talleres de fútbol a adolescentes y personas de escasos recursos.

La universitaria de 21 años de edad es parte de la selección de fútbol femenil de la FIQ; ha participado en varios torneos internos en los que su equipo ha resultado campeón en cuatro ocasiones. Para ser aceptada en el programa, compitió contra más de 500 estudiantes de todo el país, con un proyecto innovador, creativo, viable y de impacto social en una comunidad.

“Mi propuesta se llama ‘Más allá de un gol’ y consiste en la creación de talleres de fútbol, dirigidos a mujeres adolescentes y personas con bajos recursos, debido a que en este deporte siguen existiendo casos de discriminación por género y clases sociales entre los jugadores”, explicó.

Destacó que su objetivo “es apoyar a todos los jóvenes que tienen talento y deseos de practicar fútbol, pero que no han tenido la oportunidad de hacerlo. La idea es que ellos puedan prepararse de forma gratuita y logren llegar a las ligas mayores”.

Durante los casi dos meses que estará en Colombia, Karina formará parte de la iniciativa “Golombiao”, en la que junto con otros 10 jóvenes trabajará en la creación de un ambiente de convivencia sana, equidad de género y resolución pacífica de conflictos en los adolescentes, mediante la práctica de este deporte.

Haber obtenido esta beca representa una gran oportunidad de ayudar a las personas, a través de una de sus más grandes pasiones: el fútbol.

“Desde niña siempre me ha gustado mucho jugar, lo practico desde los seis años, es una tradición que viene de familia, mi papá me transmitió esa pasión al igual que mis amigos de la escuela”.

“Todavía no me la creo que viajaré a otro país, me siento muy feliz, esta es una de las satisfacciones más grandes que he tenido en mi vida y voy a dar mi mayor esfuerzo por representar a México y poner su nombre en alto”, expresó.

El programa “Rumbo Joven. Ciudadanos del Pacífico” es organizado por el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE), junto con la Asociación Internacional Estudiantil de Ciencias Económicas y Comerciales (AIESEC).

Puebl@Media
Ciudad de Puebla
Lunes 29 de junio de 2015.

Enrique Aguirre N

La primavera de 1986 llegué a Colombia para participar como periodista en los comicios para renovar las alcaldías de prácticamente todo el país.  Un joven ex concejal y reconocido periodista era uno de los candidatos por el partido conservador que sumaba enormes simpatías. Andrés Pastrana, ganaría esas elecciones e iniciaba así una meteórica carrera política que, luego de su paso por el Senado, culminaría adjudicándose la presidencia de la república de 1988 a 2002.

Mi experiencia democrática para esas fechas se concretaba al mero territorio nacional mexicano y era una rara mezcla de cinismo y pesimismo por las prácticas regulares del PRI con sus recurrentes fraudes electorales.

Ciertamente me encontré en una ciudad conservadora como Bogotá, repleta de publicidad y propaganda electoral, tan desgarbada y vilipendiada como cualquier otra ciudad de México o Latinoamérica.

Sin embargo, comencé a notar marcadas diferencias respecto de nuestros procesos electorales. Por cuestiones propias de la logística de mi periódico -el viejo unomásuno- mi arribo a la capital colombiana demoró mucho y llegue con apenas tres días de anticipación a las elecciones. La lista de aspirantes a la alcaldía de Bogotá era inmensa, más de seis o siete candidatos de las más inesperadas corrientes políticas.

Ante la dificultad de entrevistar a todos, me concentré en los tres más más aventajados, entre ellos Pastrana, desde luego. Uno para cada día antes de la elección. Para mi sorpresa, encontré a una clase política con una enorme capacidad de convocar y manejarse con enorme lucidez. Todos ellos universitarios, algunos graduados en universidades de gran renombre en EU y Europa.

Cultos, bien informados y sin dificultades de llevar propuestas de gobierno para una mega ciudad con tantos problemas como el mismo Distrito Federal. Obvio, para mí eso era lo que contrastaba.

Para la época en México, como reportero yo cubría las fuentes obrera y agropecuaria. Con regularidad trataba con líderes sindicales con enorme poder, pero con una personalidad degradada por la corrupción y su descomunal ignorancia.

Lo mismo ocurría con los caciques regionales o lideres de productores, muchos de los cuales estaban a un paso de rebuznar. Pero eso no era lo paradójico o indignante, sino que a la vuelta de los años, uno los encontraba encabezando una banda con tambores y platillos, enfundados en sus trajes tricolores, como candidato al Congreso, como aspirantes a una alcaldía o ya como aspirantes a una gubernatura.

Otra de las cosas que gratamente me sorprendió es el sentido festivo que ponen los colombianos a las campañas electorales. Y es que las plazas públicas, los sitios de reunión se ven rebosados de jóvenes con el optimismo a flor de piel. Todo ese sentido festivo, desde luego, viene de la confianza en sus procesos electorales, en donde el fraude está lejos y cuando se presenta se castiga con severidad. Demócratas y conservadores, las dos fuerzas dominantes del panorama político colombiano, han marcado bien las reglas del juego y las respetan con honorabilidad.

El viejo sistema de escrutinio no ha cambiado mucho y se basa en la confianza y el respeto a los votantes. Por pintoresco que parezca, el proceso es muy económico. Las reglas para votar en Colombia son, hasta donde pude constatarlo, bastante simples.

El gobierno no hace un despilfarro enorme en boletas y urnas. Reciclan las urnas existentes. En las plazas y lugares públicos, los partidos políticos habilitan a varios cientos de “pregoneros”, personajes vistosos que se alquilan y encargan de promover el voto de ultima hora y entregan las boletas en favor de un candidato; voto que más tarde se va a depositar a la urna.

Colombia tiene tantos o más problemas que nosotros, pero por madurez, por naturaleza histórica o lo que se quiera considerar, no encaran el terrible desasosiego del fraude electoral como lo vivimos nosotros cada sexenio. No ha valido de nada construir el aparato electoral –IEE-- más grande y oneroso de la historia de la democracia.  Ya quedó demostrado que no sirve de mucho. Tal vez, por ello la modesta propuesta: Deberíamos de “colombianizar” no nuestra economía, pero sí nuestra democracia.

Puebl@Media
Enrique Aguirre
Jueves 28 de mayo de 2015.

Ejemplar hallado por la Policía es de la primera edición de Cien años de soledad.
Dueño lo donará.

El ejemplar de la primera edición de 'Cien años de soledad' que había sido robado el pasado sábado en la Feria del Libro de Bogotá fue encontrado este viernes a las 4:00 de la tarde en el barrio La Perseverancia de Bogotá, según informó el general Rodolfo Palomino, director general de la Policía.

El libro fue encontrado en la zona de ese sector donde se comercializan libros y antigüedades. Según el oficial, cuando los delincuentes se sintieron presionados por los investigadores de la Sijín Bogotá dejaron abandonado el ejemplar en una tienda.

Palomino aseguró que el histórico volumen, que había prestado el coleccionista y librero Álvaro Castillo, iba a ser vendido por una suma superior a los 120 millones de pesos. Y agregó que la investigación no estará cerrada hasta que las autoridades encuentren a los responsables de este delito.

En tanto, el general Humberto Guatibonza, director de la Policía Metropolitana de Bogotá, indicó que el ejemplar estaba en una caja de cartón. De hecho, los investigadores creen que el libro siempre fue mantenido en esa caja.

El alto oficial narró que un grupo especial de investigadores había detectado que el libro había sido ofrecido a “coleccionistas privados” en el exterior, que habían manifestado interés en comprarlo. Las labores de inteligencia arrojaban que las primeras ofertas se habían dado en La Perseverancia; por eso la operación para recuperar el ejemplar se enfocó en ese sector.

Agentes encubiertos recorrieron las calles y se infiltraron en la zona para establecer la ubicación del ejemplar. “El temor era que destruyeran el libro, que lo quemaran o rompieran; o que la página donde está la dedicatoria de puño y letra del nobel Gabriel García Márquez fuera arrancada”, dijo el general Guatibonza.

Eso fue lo primero que revisaron una vez encontraron el ejemplar, que, de acuerdo con las autoridades, no fue afectado.

Ahora, la Policía trabaja en identificar a los autores del robo. Al parecer se trataría de una banda dedicada al hurto de reliquias, las cuales son comercializadas en otros países.

Álvaro Castillo, propietario del ejemplar, dijo a EL TIEMPO que se encontraba en San Librario, su librería en el norte de Bogotá, cuando recibió una llamada de un amigo que había escuchado en la radio la noticia de la aparición del libro. Minutos después, la Policía le confirmó el anuncio.

“Lo único que quiero decir es que esta es una victoria de todos los colombianos. Apareció un libro que, de una u otra forma, se convirtió en una causa común que nos unió a todos. Por eso decidí que el libro lo voy a donar a la Biblioteca Nacional de Colombia, porque ya no me pertenece a mí sino a todos los colombianos”, comentó Castillo, que no se cansaba de repetir su agradecimiento con todos sus compatriotas.

El librero aseguró que a medida que transcurrían los días ya había perdido las esperanzas de que el libro apareciera.

“Lo más interesante es cómo la tristeza por la pérdida de un objeto se fue transformando en otra cosa, y cómo la desgracia de una persona, que es mínima ante todas las desgracias que ocurren a diario en este país, pudo conciliar y concitar el apoyo y la solidaridad de todos los colombianos”, comentó Castillo.

El libro había sido publicado por la Editorial Sudamericana, en 1967, y lleva una dedicatoria del fallecido nobel colombiano Gabriel García Márquez, dirigida a su propietario: “Para Álvaro Castillo, el librovejero, como ayer y como siempre. Su amigo, Gabriel”, le escribió el autor cataquero.

El libro había sido sustraído de una vitrina del pabellón de Macondo, en Corferias, donde se exhibieron, entre otras, primeras ediciones de varias de las obras más reconocidas del autor de 'El coronel no tiene quien le escriba'.

La vitrina de donde sacaron el libro estaba bajo llave y entre los miles de asistentes a la feria fue imposible identificar al responsable del hurto.

Así mismo, se salvó de ser robado un ejemplar de La mala hora, de la misma muestra y también de las primeras ediciones. Los ladrones alcanzaron a quitar la chapa de la vitrina, pero la presencia de la Policía en el lugar, reconstruyendo el robo del sábado, impidió, según algunos testigos, el segundo hurto.

El Tiempo
Bogotá, Colombia
Viernes 8 de mayo de 2015.

'Si no nos devuelve la plata, se convierte en ladrón': Petro a Slim; El alcalde de Bogotá arremetió contra el magnate por deuda de Claro con ETB.

El alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, se refirió este viernes al reciente fallo de la Corte Constitucional, sobre el altercado jurídico entre la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB) y la compañía de telefonía y televisión Claro, antes conocida como Comcel.

El mandatario aseguró que existe un conflicto entre Carlos Slim, el segundo hombre más rico del mundo, y los colombianos, teniendo en cuenta que Slim es el dueño de la compañía Claro, y hay una deuda de la multinacional con la ETB.

“Todas las instancias nacionales e internacionales le han dicho que se cogió una plata que es de la sociedad bogotana, toda, en una cuantía enorme de recursos y que no se la debió coger, sino que la debe devolver”, sostuvo Petro.

El mandatario hizo un recuento del proceso, las instancias por las que ha pasado y las decisiones que se han tomado al respecto, y le pidió a Slim devolver los recursos de los bogotanos.

“Cogerla no es robo, cuando la justicia le dice devuélvala y no la devuelve, eso se llama robo, y entonces, igual que el que se roba un celular, este señor, si no devuelve la plata, está haciendo lo mismo, solo que este celular vale 134.000 millones de pesos y es propiedad de todos los ciudadanos de Bogotá, porque ETB es de nosotros los bogotanos”, afirmó Petro.

Adicionalmente, el Alcalde Mayor enunció que entidades públicas como la Corte Constitucional, el Tribunal Andino de Justicia y el Consejo de Estado ya se han pronunciado al respecto para que se realice el respectivo reembolso.

“¿Nos va a devolver la plata? Si no lo hace, ustedes deben comunicarlo, el hombre más rico del mundo se convierte en un ladrón”, concluyó.

Sobre el pleito entre ETB y Claro, que se remonta a 1998, la Corte Constitucional ratificó este jueves un fallo del Consejo de Estado que había confirmado la multa impuesta a Comcel, tasada en 134.000 millones de pesos, y que favorece a la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB).

La historia del pleito judicial que lleva 17 años

En 1998, la ETB suscribió contratos con Comcel (hoy Claro) para la interconexión de las redes celulares y de telefonía pública. El caso terminó en una disputa y se emitió un laudo arbitral que en principio ordenó a la ETB pagar a Comcel más de 134.000 millones por usar las redes de la multinacional.

La empresa bogotana impugnó la decisión y acudió al Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina, en agosto del 2012. En esa instancia se anuló el laudo arbitral.

Fue así como el caso llegó al Consejo de Estado. La Sección Tercera de ese tribunal ordenó el cumplimiento del fallo del Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina, es decir que se anulara el laudo arbitral y se le devolviera a ETB la millonaria suma de dinero.

Comcel interpuso una tutela en la que argumentó que la sentencia de la Sección Tercera “violaba su derecho al debido proceso y el acceso a la administración de justicia”, pues, indicó, el Consejo de Estado no era competente para pronunciarse sobre el asunto.

Esa tutela, que resolvió la Sección Cuarta del Consejo de Estado, fue justamente la que revisó la Corte Constitucional y que la encontró ajustada a la ley.

En ella, la Sección negó las pretensiones de Comcel al considerar que el recurso no era procedente, además, porque la multinacional no demostró que el fallo cuestionado le causara un perjuicio irremediable o un riesgo grave o inminente a sus derechos.

ETB celebró el fallo de la Corte, y señaló que Comcel todavía no “devuelve los dineros pagados (por ellos) con base en unas condenas que ya fueron anuladas”.

Sin embargo, este viernes, Claro negó que el fallo de la Corte les ordene pagar y están a la espera de la decisión que tomen tribunales de arbitramento al respecto.

El Tiempo
Bogotá, Colombia
Viernes 8 de mayo de 2015.

En una pulquería escondida en un barrio sureño de la capital, un vendedor de drogas habla sobre el negocio que ha disparado la violencia en el país.

Ciudad de México.- “Ese güey era la onda. Hace una semana que me lo mataron y yo aún no lo puedo creer. Estábamos cerca de acá, pisteando chido. Ahora que lo pienso, creo que él ya presentía algo. Me dijo: ‘lánzate por unas chelas’, cuando aún ni nos acabábamos el pomo (botella). Al ir hacia la tienda, escuché dos balazos. Ya se lo traían vigilado. Pobre mi cuate”.

Una pulquería escondida en un barrio sureño de la capital, cerca de la Ciudad Universitaria de la UNAM. Tarros de cristal sobre la mesa: la mayoría a medias.

“Ya no me quiero acordar de Jorge. Mejor hablaré de mí. Hace dos años y medio yo estaba muy metido en el negocio. Ahora no tanto: trabajo por mi cuenta, no tengo ‘jefe’.

En ese tiempo moví de todo. Pero lo mío era el polvo (cocaína) y la verde (marihuana). Ganaba bien. Llegué a llevarme $8.000 (más de US$500) cada tres o cuatro días. Pero eso sí, a un precio alto. Andar en esto está cabrón.

En esta parte de la ciudad de México hay mucha droga. Todos están peleando por la plaza, porque conecta directamente con otros puntos de venta importantes, como la universidad o el estadio Azteca”.

Una pareja vecina baila cumbia. Ambos se tambalean. El dueño del lugar cruza el salón y deja en su mesa una bandeja llena de palomitas y una salsa que previene a los comensales: “Muy picante”.

“No puedo decir nombres, pero en el barrio hay cinco bandas que operan fuerte. Dos pertenecen a partidos políticos importantes que controlan Tepito; hay también un güey al que le dicen ‘El Animal’; otro es un empresario chino, y los más fuertes: los Anthrax. Ellos fueron fundados por dos mexicanos y dos rusos. Empezaron en Ecatepec, donde a diario los entrenaban. Les enseñaban desde ser carteristas expertos hasta torturar gente con técnicas avanzadas”.

Entra una oleada de jóvenes con uniforme escolar. Se detienen ante el letrero donde dice: “No se vende alcohol a menores de 18 años”. Todos ríen. Entran.

“Ahora los cinco bandos están bien instalados”, continúa el relator. “Antes aquí operaba el cártel de la Familia Michoacana, pero los sacaron. En las noticias salió cuando mataron a varios de ellos dentro de una pizzería donde se lavaba dinero. Por puro escarmiento, para que los demás supieran lo que les podía pasar. El caso es que la Familia se fue”.

Andrés apura tragos amplios cuando hace pausas en la historia. Pero está entero. O eso parece. Otros yacen recostados sobre sus mesas, vaso en mano. Él menea la cabeza. “A estos les falta técnica”, dice.

Avanza la tarde del sábado. La confesión profundiza y él bebe con coraje.

“Mi mamá es la única que sabía que estaba metido en esto. Y no me juzgó. Cuando lo supo, sólo me arrodilló y me echó la bendición. No me justifico, pero la verdad es que entras en esto porque creces en un ambiente tan malo que deseas estar en otra parte. Obviamente lo hice por mi familia. De pronto te das cuenta de que estás solo y empiezas a pensar que tienes que meterte en algo para sacarlos adelante. Ya no piensas sólo en ti.

En fin, aproveché todo cuando trabajé para mi primer ‘jefe’. Recuerdo que entonces compré dos motonetas, la casa de mis papás, mi departamento, y compré ropa como un loco. Fácil, gasté unos 300.000 varos (US$40.000).

Este negocio da frutos, pero hay que ir con cuidado. Mientras sepas bien cómo funciona, manejes tu adrenalina y tengas claro que en cualquier momento te matan, todo sale bien”.

De pronto Andrés desacelera el vaso y ofrece mariguana “de diez varos (menos de un dólar)” a los jóvenes que se le acercan. Trae la mercancía bien acomodada en el interior de una lata dispensadora de mentas. Luego les da su número de celular, para que lo contacten “cuando se ofrezca”.

“Pues ya entrado en confianza, la verdad es que yo estuve a punto de ser sicario. Pero debes tener un chingo de valor, la sangre muy fría y los huevos para demostrarle al patrón que eres leal.

Esto va por rangos. Se empieza desde abajo como mensajero, llevando y trayendo encargos; luego sigues como cultivador; después viene el cargo de primer cabo, que es como el ayudante de ‘los más grandes’ y al que generalmente mandan a cobrar cuentas.

Está el comandante, que visita todos los puntos y negocia con los aliados, y los sicarios, que sólo matan y cobran por apellido.

Ellos siempre tienen que dar una prueba de que realmente asesinaron: un dedo, una mano o una cabeza. Enseguida viene el coronel, que recibe tráileres con mercancía. Al final se ubican los más altos, que están como cuatro niveles antes del capo, o ‘jefe de jefes’”.

El pulque comienza a hacer efecto. Y él llega más profundo. La rocola amplifica a Vicente Fernández.

“Esos que están arriba son otro pedo (otro nivel), porque sus mentes cambian. Ya no piensan como gente común. Ven la vida como un reto. Ya no se definen por miedos, prejuicios o por sus familias. Ya no sienten, ni se inmutan. Pero todo lo que hacen, lo pagan”.

La orden llega acompañada de una sonrisa de complicidad del mesero, que conoce bien a Andrés.

“Ahora distribuyo solo y, al mismo tiempo, soy encargado de meseros en un restaurante. Cuando estás en esto aprendes a que tienes que renovar tu vida. Antes estudiaba idiomas; terminé inglés e iba a empezar italiano, pero no me iba a engañar: yo sabía que mi oficio es ‘este’ pedo, y no otra cosa.

Y sí. Si tuviera la oportunidad volvería a entrarle como antes. Hasta ahora entendí la mentalidad de los empresarios: mientras más tienes, más quieres. Por eso ya no te importa que lo que vendes destruye a otras personas. Desgraciadamente, para sobrevivir hay que saber tomar buenas decisiones. Y pierdes tiempo si te pones a pensar en el bien y el mal”.

La cuenta llega con una sonrisa aún más complaciente. Andrés paga en automático.

“De hecho, a lo más que he llegado es a dar una buena calentada (golpiza). Le di tal madreada al güey aquél que casi me lo echo. Aquella noche llegué a mi casa temblando. Nunca he matado. Pero sí lo haría, si me llegan al precio.

Carajo, ya volví a acordarme de Jorge. Ese güey era la onda. ¿No te lo había dicho?”.

Su mirada cambia al ritmo de la música de Maná. Los estudiantes salen juntos, abrazados y cantando; la pareja intenta una ronda nueva de pulques; el mesero esquiva la mirada infranqueable de Andrés, que vocifera:

“Sé que tú tuviste que ver algo en lo de mi cuate, güey. Nomás deja que esté seguro, y verás de qué calor es capaz este fierro”.

La pulquería se queda muda, mientras la noche invade las calles calientes de este barrio y Maná rompe el silencio:

“Aquí me tiene bien clavado,

soltando las penas en un bar,

brindando por su amor...”.

El Espectador
Ollín Velasco
Ciudad de México
Sábado 2 de mayo de 2015.

EL TIEMPO reproduce la conversación del nobel colombiano con uno de sus cineastas favoritos.

Gabriel García Márquez y Akira Kurosawa.

En octubre de 1990, Gabriel García Márquez y el cineasta Akira Kurosawa coincidieron en Japón y se sentaron a conversar durante seis horas, a la espera de que menguara la fuerza del tifón Kyle, que afectó al país del sol naciente.

Esta charla, que toma cursos extraños, mediada por un traductor del japonés al español, fue grabada por un tercero y estuvo guardada por años en unos viejos casetes. EL TIEMPO, al cumplirse el primer año de la muerte de García Márquez, reproduce varios fragmentos, comenzando por sus comentarios sobre la película Sueños, que pocos meses antes le había deparado un gran éxito al cineasta nipón.

Akira Kurosawa (AK): Inmediatamente después de haber acabado el trabajo de Sueños, comencé con uno nuevo.

Gabriel García Márquez (GM): Vi Sueños en Nueva York. Me pareció maravillosa, rompió todas las leyes. Fui con Woody Allen esa noche.

AK: Este es un libro de cuando estaba trabajando en Sueños (lo entrega a Gabo).

GM: Yo recibí el álbum de algunas de sus películas, creo que era de Ran. Aquellas eran unas litografías.

AK: Estos son dos pequeños regalos de mi parte.

GM: Decía que estuve con Woody Allen aquella noche en que acababa de ver Sueños también y me manda a decir que le encantó. Yo le dije que lo iba a ver a usted aquí y me dijo que al regreso deseaba que le contara toda la conversación porque él quería saber siempre qué decía Kurosawa, y le dije que no le contaré porque nos roba la película.

‘Una película que termina con un tifón’

Después de hablar del clima en Japón, en especial de los tifones, ya que Kurosawa esperaba que pasara Kyle para terminar una filmación, hablan de esta película:

GM: ¿Y la historia qué es?

AK: Es difícil de explicar en pocas palabras...

GM: No, no me refiero a qué va a ser, sino si se le ocurrió a usted o es de alguien.

AK: Hubo un cuento original, pero en ese cuento había una protagonista, una abuela de 80 años. Lo que yo usé del cuento original solamente fue la existencia de esa protagonista y yo fui la persona que le puso ‘carne’ a ese cuento e hice la obra. Casi no existe algo parecido entre el guion y ella, solo un poco de viento y, ¡ah!, una escena del cuento original también. El escenario del tifón lo estoy pensando como último escenario. (Lea también: Un documental de Gabo, con ojos británicos)

GM: ¿El último escenario de la película o de la filmación?

AK: La parte final de la película.

GM: Una película que termina con un tifón...

AK: Una última escena en la película y también un último trabajo en el rodaje.

GM: A mí me llamó la atención el sonido de la lluvia en Sueños y entonces me di cuenta de que me había llamado la atención en Rashomon, por lo mismo. Cuando vi Rashomon, yo estaba muy joven y no lograba darme cuenta de que me estaban hablando con el sonido, y ahora sí me di cuenta.

Yo he visto todas sus películas, varias veces, y siempre digo que me gusta una especialmente y nadie sabe por qué, y es Barbarroja. Llevé a mis hijos cuando crecieron, pero cuando eran niños, les dije: “Cuando sean grandes, los voy a llevar a ver una película, Barbarroja”, y la siguen viendo. El mayor es fotógrafo de cine. (En video: La historia 'Detrás de la foto': El último gran retrato de Gabo)

AK: Barbarroja para mí fue un punto de cambio, es decir, yo estaba tratando de caminar en una dirección y llegué donde yo quería, es decir, a la meta, y eso era Barbarroja, y una vez terminada, empecé otra vez mi camino.

GM: Eso yo lo noté, es una película completamente distinta de todo lo suyo. La misma película tiene dos extremos: una escena extrema es la de la mantis religiosa...

‘Por favor, no corte sus obras’

Después, García Márquez le comenta a Kurosawa sobre las dos versiones de Los siete samuráis, de diferente duración, pues una tiene dos horas cuarenta y ocho minutos y la comercial, hora y media.

GM: La versión comercial, ¿qué duración tiene?

AK: Es la duración que tiene en los cines. El escritor me dijo que cuando vio la versión original, era mejor.

GM: Pero yo conocí la versión comercial de hora y media.

AK: Eso no es bueno. Se cambió totalmente el color de la obra.

GM: Sí, me imagino, pero como yo no conocía la original, me pareció muy bueno el final. Yo supe que existía una versión mayor muchos años después.

AK: Tuve que cortarle para participar en el Festival de Cine de Venecia. Los organizadores, después de ver el original, dijeron que era mucho mejor y que de hoy en adelante por favor no cortara las obras. Desde entonces, no lo he hecho. Con Los siete samuráis, no la corté. Había la versión corta, pero lo que presenté fue la versión larga.

GM: No la conocía, solo la corta.

AK: Y también hay otra versión de la película, que la hicieron con la intención de pasarla por televisión de alta definición, que tiene mayor número de líneas, y eso también va a aparecer cuando salga en video.

GM: Pero no se ha visto en cine.

AK: Es la misma, pero con la tecnología de alta definición aplicada.

GM: Yo recuerdo la fotografía de Los siete samuráis...

AK: Trabajo con una compañía de cine que se llama Sojo y son los encargados de usar la tecnología de alta definición para todas mis obras.

GM: A lo que no me acostumbro todavía es al color: yo sigo viendo sus obras en blanco y negro.

AK: La última obra en la que estoy trabajando se llama Rapsodia en agosto y es la sexta obra que estoy trabajando en color.

GM: Usted empezó a trabajar en color con La fortaleza escondida, creo.

AK: El título en japonés no está literalmente traducido y se trata de un protagonista que es un hombre minusválido que está loco por los trenes.

(Es necesario aclarar que aquí Kurosawa se refiere a su primera película en color, que no fue La fortaleza escondida, sino Dodes’ka-den, traducida como El camino de la vida.)

GM: La recuerdo en blanco y negro.

AK: La primera obra que comencé en color es esa (El camino de la vida)

GM: Yo estaba seguro de que era La fortaleza escondida. ¿Cuál fue la película que hizo en Rusia?

AK: El cazador (también conocida como Dersu Uzala). Está hecha en 70 milímetros. En ese formato se pueden hacer obras bastante buenas, como Lawrence de Arabia y también Ben-Hur. Las cintas de 70 milímetros requieren mucho dinero; desde el punto de vista del negocio, a veces no es rentable, aun sabiendo que en cine es mejor. En el caso del sonido, también tiene ese extra, es superior también. (Vea también: Macondo está de luto)

GM: Pero ¿qué tanto aumenta en presupuesto?

AK: En ese caso, tenemos problemas. Primero, el rollo es distinto y el costo de este es muy alto. Y aparte, los cines que pueden reproducirlo son muy pocos. Todo el mundo sabe que hacerlo de esa manera es mejor, pero desde el punto de vista financiero no se puede, como negocio.

GM: ¿Quién escribe los guiones? No quiero que esta conversación parezca una entrevista de prensa, pero es que tengo una gran curiosidad por saber cosas de usted y de su obra.

AK: No se preocupe, estaba preparado psicológicamente para responder a sus preguntas.

GM: Ayer me sucedió lo contrario con otra persona. A él le sucedió lo mismo conmigo en el tiempo que duró la comida, tres o cuatro horas, pero fue muy divertido para mí ver qué cosas tan curiosas le interesaban que no le habían interesado a otra persona. Pero tengo más preguntas para usted, después de leer sus memorias, porque estas contestan preguntas, pero crean otras. Es el sonido de las memorias.

AK: Me he dedicado a escribir mis memorias desde el comienzo, desde bebé hasta Rashomon. Están escritas en inglés. A partir de esa película, ya no tuve interés en escribir memorias, entonces no he trabajado más en ellas.

GM: Yo las leí en castellano.

AK: Puede ser que haya en castellano.

GM: Mercedes ya las leyó. Somos hinchas todos en la casa.

AK: Es un gran honor para mí.

GM: Y mi hijo, que es director de fotografía, está más pendiente.

AK: ¿Me puedo quitar el sombrero, por favor?

GM: Se puede prestar a strip-tease.

AK: ¿Se puede fumar?

GM: Sí, mi esposa fuma cuatro cajetillas en la casa. Yo dejé de fumar hace 25 años. Y la prueba de que a usted no le hace daño, es la edad que tiene y lo fuerte que está.

AK: Los médicos a veces no dicen la verdad, porque dicen que el alcohol tampoco es bueno, pero resulta que desde joven estoy emborrachándome mucho, y hasta ahora no encuentro dificultades. Estoy muy sano.

GM: Graham Greene tiene la edad de usted y se bebe un litro de whisky diario y tres litros de vino en las comidas.

AK: Hay personas que ni fuman ni beben y se mueren cuando son jóvenes.

GM: Mi médico dice que nunca estoy enfermo. Y muchos se ponen bravos con él, y dice que se le mueren tantos enfermos como a los otros médicos, pero que los suyos mueren más felices.

AK: Yo me recuperé completamente del accidente que tuve.

‘El problema fueron los médicos’

Luego, García Márquez le describe un accidente de tránsito que tuvo en Venezuela. También, su llegada al hospital, los autógrafos que le pidieron y cómo no lo atendían por eso. Asimismo, le comenta que el mejor médico traumatólogo no lo atendió por ser domingo y porque iba a una fiesta, pero al día siguiente descubrió que tenía cuatro costillas rotas y un golpe en el bazo. “El problema no fue el accidente, sino los médicos”, dice el nobel colombiano.

AK: ¿Por qué el doctor, cuando escuchó su nombre, no se quiso meter?

GM: Le pareció mucha responsabilidad. No quería tocarme porque pensaba que me iba a morir, pero por fortuna todo está bien ahora.

AK: Qué bien. Si no hubiera sucedido ese accidente hace dos años, hubiéramos podido encontrarnos en el mes de octubre de 1988.

GM: Iba a viajar de Caracas a La Habana, al taller de cine. Y tuve que aplazar y cambiar todo, pero también me sirvió mucho, era el primer accidente de mi vida y la primera vez que estaba en el hospital. Entonces, cuando desperté el primer día en el hospital no tenía que levantarme a hacer nada. Me dio una especie de felicidad.

AK: Yo también estuve en el hospital y tuve que sufrir operaciones. A veces quiero huir al hospital y sentirme tranquilo.

GM: Le hacen todo a uno.

AK: Y la responsabilidad está en los doctores, yo no tengo que hacer nada.

GM: Toman la presión cada que cambian a la enfermera. Todo funciona de otra manera, tienes el pretexto para no levantarte, para no trabajar, es una vida ideal. A mí me gusta mucho comer, pero tengo una facilidad para engordar, entonces yo siempre atiendo unas dietas feroces. En el hospital es una maravilla: te dan una tacita de caldo, un pedacito de pollo, un poquito de arroz, era la única comida y era la dieta ideal. Todo era perfecto.

Me quedé pensando: ‘¿Por qué yo, que en la vida me he reventado tanto, que he hecho tantas cosas, no tengo ya tranquilidad? Y tanta gente sí... Ahora que no puedo por el accidente, es otra vida. Pues de ahora en adelante hago lo que me da la gana, no veo a nadie, no vuelvo a tener compromisos, no vuelvo a ser serio, no vuelvo a llegar puntual a las citas más largas. En adelante hago lo que me dé la gana’. Cuando se lo conté a mi esposa, se puso mal y me dijo: ‘Si vas a cambiar tanto, serás capaz de abandonarme y abandonar a tus hijos’. Y logré hacerlo durante un mes: vivir totalmente libre. Pero, poco a poco, me fui apretando y volví a quedar en lo mismo. Y yo tenía que ir en ese octubre.

AK: Fui hace dos años, al Festival de Cine Latinoamericano. Estuve esperando su llegada en ese momento. Estaba esperando, poniéndole la posición de presidente para la feria del festival solo para encontrarlo a usted. Pero me siento mejor por encontrarlo como persona, más que como presidente de una organización.

GM: Hubo una televisora aquí que me mandó a decir que si tenía una conversación con usted, ellos querían filmarla para transmitirla, pero les dije que se trataba de una conversación totalmente privada.

AK: Es una mentira, esta persona parece que está... No me preguntó.

GM: Yo creo que no le preguntó. Ellos querían hacerlo, creo que a usted no le habían preguntado, querían saber si yo estaría de acuerdo.

AK: Hay muchas personas en la prensa que dicen cosas que realmente no hemos dicho. Hay personas que vienen a mi ciclo. Esta vez puede venir alguien, el señor García Márquez con su contraparte, y dicen que se acordó, y, por lo tanto, preguntarán.

GM: En la lista de solicitudes que encontré aquí para hacer entrevistas había una que decía que yo estaba de acuerdo, y no tengo la menor idea de quién es.

AK: Hay que tener cuidado porque son pícaros a veces.

GM: Yo tengo una larga experiencia en eso.

AK: Yo también tengo ese problema porque hoy día muchas veces usan esa técnica.

GM: Yo, a ese reportero, le hubiera dicho que sí, pero puesto que dijo mentiras le dije que no, porque el que dice una mentira puede decir dos.

AK: Uno se va a dar cuenta cuando una persona le está diciendo la verdad.

Una historia japonesa

En otro aparte de la charla, García Márquez le cuenta de su obsesión por una historia del escritor japonés Yasunari Kawabata:

GM: Y, entonces, desperté, unos días después, me acordé de una imagen y pensé: ‘sé que a partir de esa imagen voy a escribir una novela muy corta y muy hermosa’. Y no sé qué es, pero yo sé que va a ser así, y sé que dentro de mí hay una especie de digestión, que está trabajando en esto, y que un día va a salir para una historia corta y muy hermosa. Eso no me cabe ninguna duda de que es una novela.

Hay una novela, un cuento corto que me enloquece, de Kawabata. Es el de La casa de las bellas durmientes. Así se llama en castellano. Cada vez que leo esa novela me da una gran envidia de no haberla escrito yo. Y he buscado la manera de escribirla, que no se parezca, pero no se puede porque es una línea muy clara. He pensado incluso volver a escribirla en español, como a mí me dé la gana, y hacer un chiste diciendo ‘Traducción libre de una novela homónima de Kawabata’.

Y cuando me vino esa imagen de esa mujer, en esa mesa, muerta, me puse a pensar: ‘Eso es de alguna manera lo que yo estoy buscando en relación con ese libro’. Hay un trabajo inconsciente de las obras que uno no alcanza a captar. Por eso, no leo las críticas que escriben sobre mis libros, porque ese misterio a veces lo descubre un crítico inteligente y si lo va a explicar, se me destruye a mí.

Toda esta historia la cuento porque pienso que si usted puede y quiere y se le ocurre, puede realmente hacer con ese libro (se refiere a El otoño del patriarca) lo que quiera. Más aún, creo que lo único que se puede hacer con ese libro en cine es encontrar a alguien como usted, que haga lo que quiera. Adaptarlo al cine, yo creo que es imposible; repensarlo en cine en otra cultura completamente distinta, yo creo que sí posible, si es una persona como usted.

AK: A veces es imposible mantener la imagen de la literatura en imagen de cine. A veces es posible y a veces, imposible. No hay manera de expresarlo en cine, y yo quiero estudiar su libro y ver lo que puedo hacer. Hay algunos directores que, bueno, es un ejemplo de una persona que yo conozco, no es un gran director, sino que está a medio camino. Un director que no conoce mucho a veces no se da cuenta de que él es víctima de la trampa de la literatura, la magia de la literatura, es decir, él quería sacar una imagen, tenía un libro de una persona que quedaba muerta, al lado de un tren. Esa era la imagen que él tenía, y de repente vio un sitio y me cuenta: ‘Este es el sitio que yo quería usar, el sitio exacto que buscaba’. Entonces, yo le dije: ‘No, usted está equivocado, usted sabía que este tren había matado a alguien y por lo tanto ha dicho que este es el sitio que buscaba usted, pero las personas que van a ver la cinta solamente saben del tren y del bosque que está alrededor’. Entonces, hay directores que están engañados por la magia de la literatura.

Hay un ejemplo que es imposible hacerlo en audiovisual: es un pueblo de minas llamado Ilidachi. Tiene muchas chimeneas muy grandes y el río entero tiene una impresión muy rara y cuando filmamos ahí. Yo era asistente de dirección. El director dijo que era magnífico y filmamos eso, pero cuando apareció en cinta grabada, no era una cosa magnífica, y lo que pasaba en el rollo eran los familiares que tienen a sus esposos o hijos que están dedicados a un trabajo muy peligroso dentro de las minas. Si uno visita ese pueblo se da cuenta del sentimiento de las personas que viven ahí, con sus personas cercanas en peligro, se nota que están preocupados siempre, hasta que regresan a casa. Y si uno ve el paisaje junto al sentimiento de las personas, capta algo, da una impresión muy rara, pero lo filmamos, y los espectadores, cuando lo ven, no sienten nada.

GM: Las cargas mágicas no están en el lugar, sino dentro de uno. Ese es el problema.

AK: Teníamos que hacer algo, crear algo para que la persona pueda sentir eso, sentir como espectador. Este es el trabajo más difícil de los directores y hay casos en que es imposible de hacer esa creación, hacer sentir a las personas que ven eso por medio audiovisual. Hay que contar muchísimos cuentos separados, acumular eso y hacer comprender a los espectadores el sentimiento que tienen los personajes allá. Pero uno no se da cuenta hasta que es imagen, y en audiovisual es muy difícil.

GM: Sí, porque no hay engaño posible.

AK: No se puede explicar. Lo peor en cine es que empiece a explicar sobre las cosas.

GM: En literatura tampoco se puede explicar. Otra cosa son los ensayos, los filósofos, los críticos: ellos sí explican.

AK: Los críticos sí explican, y a veces me molestan por explicar. Lo que no me gusta es que las personas primero lean lo que explican los críticos y luego vean mi obra.

GM: En eso no hay remedio.

AK: En Japón hay más personas que primero leen la crítica y luego van al cine.

GM: Los críticos viven de eso.

AK: Por eso, a mí, a veces, me causan problemas.

GM: Nunca llegarán a saber cómo es la realidad del misterio de la creación.

AK: Claro, es verdad. Respecto a El otoño del patriarca, después de terminar el trabajo que estoy haciendo ahora, quisiera estudiar el tema desde ese punto de vista. Y si siento yo mismo que con eso sí puedo hacer algo, voy a informarle de mi parte.

GM: Esa es la gran ventaja que hay con usted: que si usted siente que no hay nada, lo dirá. Porque hay muchísima gente que anda alrededor de mi agente tratando de hacer mis libros en cine, pero lo quieren por hacer el libro, por figurar como directores de los libros. Usted jamás lo hará por eso, sino porque lo siente. Nadie diría que no. Lo que me tranquiliza de usted es que si ve que es no, es no; el único que lo puede hacer es usted.

AK: No soy el único que puede decir no.

GM: Nadie más lo dice. Todos dicen que sí y eso me da una gran desconfianza. Siempre he tenido curiosidad: ¿por qué se le ocurrió hacer Barbarroja? No sé si es de una novela.

AK: Es una novela.

GM: ¡Ah! Es una obra de literatura.

AK: El autor se llama Shûgorô Yamamoto, y él me había dicho que no haría cine con esa obra de literatura porque no tendría éxito. Y yo le dije: ‘Se puede hacer cine con eso, déjeme hacerlo’.

Y hay una obra de él que se llama La calle que no tiene estaciones (del clima) y era una obra que él nunca dejó que se hiciera en cine. Un amigo mío trató de obtener los derechos de publicación de la obra después de que Yamamoto falleció. Yo visité a esa persona y le dije que quería hacerlo en cine y me comentó que el señor Yamamoto le dijo que no dejara a nadie hacerla en cine, pero que si yo lo hacía, sí. Entonces, me autorizó para hacerla, y eso fue Barbarroja. Desgraciadamente, el señor Yamamoto no alcanzó a verla. Él tenía una visión concreta sobre el cine, cómo debe hacerse, era muy divertido trabajar con él.

Cuando estuve trabajando en Barbarroja, me dijo que trabajara libremente, pero que tuviera cuidado en lo siguiente: el protagonista, Barbarroja, es un personaje que en sus experiencias con mujeres siempre había fallado, y que lo tuviera en cuenta. Pero eso no estaba en la novela; tenía esa idea y la escribió él mismo.

GM: Él cree que lo escribió.

AK: Eso depende de muchas cosas. Uno lee una novela o a veces hasta yo comento mi propia obra, si me gustó tal escenario o tal punto. Y a veces, el novelista, en su original, no había escrito eso, es una cosa que yo le agrego, pero ellos tal vez querían escribir eso. En este caso, no está en el libro y yo se lo agregué.

GM: Es que los cuentos son mezcladores de venenos.

Usted siempre lleva una cámara fotográfica y hoy no trajo.

AK: No tengo.

GM: Siempre la lleva. ¿Hoy hizo fotos?

AK: Quiero tomar después.

Escena final

Cuando García Márquez le pide a Kurosawa que vaya al festival de La Habana de ese año, este le explica que no viaja por una dolencia, un lumbago. Y bromean sobre esto y sobre el tifón que espera Kurosawa para filmar su película. El cineasta le dice que no tendrá mucho tiempo por el trabajo de posproducción. Ambos intentan hacer coincidir sus agendas para volver a verse en los días que García Márquez pasará en Oriente, en donde no quiere llamar la atención para estar tranquilo. Kurosawa le dice que cuando filmó Ran, el productor lo llevó por todo el mundo y lo perseguían los periodistas: “Caí al suelo tres veces, terminé muy agotado”.

GM: Ahora los periodistas lo buscarán para saber de qué habló conmigo. Yo diré que del tifón y las hormigas.

El Tiempo
Bogotá, Colombia
Domingo 19 de abril de 2015.

Dice el autor español en el Hay Festival, que acaba hoy

¿En qué sentido su último libro, ‘El impostor’, es una novela y en qué sentido podría no serlo?

El impostor es muchas cosas: es un ensayo literario, un ensayo filosófico, también es una crónica, un libro de historia, una biografía, una autobiografía. Al resultado yo le llamo novela, sólo que tenemos una idea de la novela un tanto restrictiva, que viene del siglo XIX. Mi idea de la novela quiere ser más amplia, más flexible, más plural, como lo que en España llaman “cocido” y aquí, “sancocho”. En el fondo esa es la idea anterior al XIX, la idea de Cervantes. Un gran banquete con muchos platos. Creo que la novela tiene la capacidad de incluirlo todo y eso hay que aprovecharlo. Es lo que yo intento. De todos modos, cada lector tiene derecho a leer el libro como le dé la gana.

Sí, en efecto esta novela se concibe como un texto de ficción.

Claro. ¿Y por qué tiene que ser así? Sí, esta no es como una novela del XIX, pero felizmente voy a confesar que los lectores la leen sin problema, al menos en España. A veces los profesores tienen problemas. “¿Y esto qué es?”, dicen. Me encanta que tengan problemas, cuantos más problemas mejor.

¿Por qué incluyó tanto de sí para hablar de la historia de Marco?

Por muchos motivos. Por un lado, muchas de mis novelas son novelas de aventuras sobre la aventura de escribir novelas. Yo nunca le ahorro al lector toda la aventura que conlleva escribir un libro, porque me parece que forma parte del libro. Por otra parte, por algo muy importante: yo soy el representante del lector en el libro. Yo soy eso que los ingleses llaman everymen, un hombre cualquiera. Lo que no quiero es que el lector quede al margen del libro, quiero meterlo en el libro, como si estuviera él mismo buscando las verdades. Además, el libro no habla de Enric Marco, habla de mí, de ti, de todos los que lo han leído y de los que no. Habla de todos nosotros. De te fabula narratur, dice Horacio: “La historia habla de ti”. Y la manera de decirle eso al lector y decirle “tú también eres un impostor”, es meterme a mí, y meterlo, así, a él.

¿Qué tipo de impostor es el escritor?

Es un impostor socialmente tolerado. La impostura de Marco es inaceptable. Mi impostura todos la aceptamos, y a veces la admiramos. Tú ahora me estás tratando a mí como si yo fuera un escritor, pero yo no soy un escritor. Sólo lo soy cuando escribo. En el momento del libro en que Marco me acusa y me ataca, porque llevo 300 páginas desentrañando su historia y contando cosas que tal vez él no quería que se supiesen, llega y me dice: “Pero usted sí que es un impostor de verdad, que hace creer a la gente que tiene cosas por decir. Eso es mentira, usted no tiene nada que decir, y se levanta por las mañanas a escribir desesperadamente, hasta las 8 de la noche, para que la gente no le pille, para que la gente no descubra que es usted un impostor”. En efecto, tiene algo de impostura lo nuestro. Yo fingía que era escritor antes de serlo. A mi mujer, por ejemplo, la seduje diciéndole que yo era escritor, y al final tuve que hacerme escritor para que se casase conmigo.

¿Usted cree en la verdad de los testigos?

Sí, pero debe ser contrastada con la de otros testigos, y la de otros documentos. Yo hablo en el libro del “chantaje del testigo”, la idea de que el testigo, por ser testigo, ya tiene la verdad, y eso no es así. Al testigo hay que escucharlo, y hay que tenerlo en cuenta. Sin él no se puede llegar a la verdad. Él es un instrumento muy útil para ello, pero el testigo no tiene la verdad, no necesariamente, porque puede intentar engañar, porque puede recordar mal.

La novela también es un juego entre la mentira y la verdad. ¿Qué noción de verdad está en juego?

Dos. Una es la verdad histórica, la verdad de los hechos. Qué ocurrió tal día, en tal momento, a tal hora. Yo intento desentrañar esa verdad, contrastarla con la ficción de Marco. Y luego está la verdad literaria, que es una verdad distinta, moral, no concreta como la verdad histórica, sino universal; una verdad ambigua, irónica, equívoca.

Pero sabiendo al final los detalles de la verdad histórica, ¿por qué decidió enfatizar en la duda?

La duda es la única certeza que tenemos. Las cosas nunca se saben. Es decir, en mis libros siempre hay una encarnizada búsqueda de la verdad histórica. Pero al final la verdad siempre se escapa, como el agua en las manos. Sin embargo, la verdad no es sino la búsqueda de la verdad.

¿Usted cree que más de un español se ha inventado su propio pasado después del franquismo?

Muchos. Efectivamente, durante el cambio de la dictadura a la democracia en España, mucha gente se inventó un pasado para preparar un futuro. La gran mayoría de los españoles habían sido dóciles ante el franquismo, complacientes o simplemente habían callado por temor. Otros eran franquistas silenciosos, otros eran franquistas entusiastas. Pero cuando llegó la democracia, mucha gente de primer nivel, intelectuales, políticos y gente común y corriente, se inventó un pasado para preparar el futuro. El país entero en cierto sentido se reinventó, porque no quería mirar la realidad, que era demasiado dura. Es lo mismo que le ocurre a Marco. Su realidad es demasiado dura y entonces se inventa una realidad heroica, ficticia, brillante. De algún modo todos lo hacemos, en una medida u otra, y la literatura es su hipérbole: Macbeth es una hipérbole de la ambición, Hamlet es una hipérbole de la autoconciencia, Romeo y Julieta son una hipérbole del amor romántico. Pues Marco es una hipérbole de la impostura, una hipérbole monstruosa de lo que somos.

Esta historia lo acechó como un fantasma. ¿Se sintió aliviado cuando terminó de escribir?

Cuando la terminé de escribir me ocurrió lo que me ocurre con la mayoría de los libros. Por un lado me siento feliz, y por el otro, me siento angustiado, me pregunto qué va a pasar ahora. En este caso tuve la impresión de que lo había dejado todo ahí, porque es un libro que ha ido creciendo dentro de mí a lo largo de nueve años. Desde que estalló el caso en 2005 sentí que tenía que escribirlo. Tardé muchos años en ponerme a escribir, pero cuando lo hice, salió con una rapidez y una felicidad asombrosas, que nunca había experimentado. Sentía algo que había sentido alguna vez, pero muy fugazmente: yo no estaba escribiendo el libro, sino que el libro me estaba escribiendo a mí, era como si alguien me lo estuviese dictando. Fue como un parto, salió todo de una vez. Tuve la impresión, entonces, de que no me quedaba nada por decir, pero al parecer sí, porque ya estoy dándole vueltas a otro libro.

¿Pero por qué sentía que tenía que escribirlo?

En este hombre cristalizan muchas de las cosas que me han preocupado: nuestra relación con el pasado, la mentira, la verdad, la ficción, la realidad, el egoísmo… O sea, es como si los temas que yo había tratado de abordar antes cristalizasen en este hombre. No es que me sintiera obligado, ni elegido, pero sí sentía que era algo que me pertenecía muy íntimamente. Yo siempre dije que los temas no los eliges tú, te eligen a ti. Parece ciencia ficción, o una estupidez, pero es sencillo: tú tienes determinadas experiencias y hay ciertas cosas en las que tú ves o sientes que, si hurgas ahí y empiezas a excavar, allí encontrarás esas obsesiones. Cuando algo te interesa realmente, quiere decir que allí hay algo que te pertenece profundamente. Y eso yo lo sé, íntimamente.

¿Esas razones se hacen conscientes en la escritura?

En la escritura se manifiestan las obsesiones, se formalizan las cosas que te angustian, que son vitales para ti. Eso te procura cierto alivio. El cliché de que la literatura es terapéutica es obvio. Todos los clichés son clichés porque tienen una parte de verdad. Si quitas todos los clichés, te quedas con la mentira. ¡Mucho cuidado!

Esta búsqueda me hizo pensar en que uno podría reconstruir cualquier vida. ¿Es imposible llevar a buen término una mentira completa de vida?
Sería una mala mentira porque, como se dice en el libro (y es un elemento fundamental de la novela), las buenas mentiras se fabrican con pequeñas verdades. Una verdad pura no se la cree nadie. Eso los periodistas lo sabéis muy bien (risas). Esto ocurre también en las novelas: todas parten de una gran verdad, pero con ella se construye la ficción.

* Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. / @saramala17

El Espectador
Sara Malagón Llano / Enviada
Cartagena de Indias, Colombia
Domingo 31 de enero de 2015.

Su nueva cinta llega a México

La película "Escobar", dirigida por Andrea Di Stefano y protagonizada por Josh Hutcherson, Claudia Traisac y Benicio del Toro tendrá su estreno a nivel nacional este jueves 15 de enero en salas de cine comerciales.

Con la producción de Dimitri Rassam y el guión de Andrea Di Stefano y Francesca Marciano, la cinta narra cómo un joven surfero canadiense llega a un pequeño pueblo de Colombia para reunirse con su hermano y comienza una relación sentimental con la sobrina de un poderoso capo.

El surfista, quien cree que ahí ha encontrado el paraíso (un sueño idílico hecho realidad, con aguas azules, blancas playas y olas perfectas), se enamora perdidamente de la joven colombiana. Sin embargo, lo que podría parecer perfecto pronto se torna sangriento, ya que tendrá que sobrevivir y salvar la vida de sus seres queridos.

Bajo una atmósfera violenta, la filmografía va develando la doble personalidad de Pablo Escobar, un narcotraficante fundador y líder del cártel de Medellín y uno de los personajes más ricos de su época.

De acuerdo con Andrea Di Stefano, la idea de esta película cobró vida cuando uno de sus amigos de la policía oficial le contó la historia de un hombre a quien Pablo Escobar le confió la misión de guardar su tesoro escondido, antes de ordenar su ejecución.

Fascinado por la historia del tesoro y por esta figura, Di Stefano comenzó a investigar a Escobar y su vida, sus excentricidades, su fe y su relación con los otros.

"Creo que es por demás admirado y odiado por el mundo, en casi la misma medida. Incluso, hoy en día en Colombia la gente ora por él y piensa que él era un buen tipo, mientras que un gran número de personas lo considera como un monstruo", expuso el director, según declaraciones difundidas por una conocida distribuidora de películas que opera en México.

A decir del director de la cinta, su trabajo consistió simplemente en contar una historia y hacer una película con una lectura filosófica pura de este hombre. "Sus actos violentos hablan por él", anotó.

La película Pablo Escobar (Archivo)


Consideró que lo que le gustaría al final de esta coproducción entre Francia-España-Bélgica es que el público sintiera empatía por Nick (el surfista) y María (su enamorada), pero también por Pablo.

"Durante la escena final, me gustaría que tuvieran un poco de compasión por este hombre", expresó.

El largometraje "Escobar" ya ha tenido su estreno en países como Francia, España, Argentina y Uruguay; no obstante, lo ha retrasado en Estados Unidos.

Notimex
Ciudad de México
Miércoles 14 de enero de 2015.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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