Con la finalidad de acercar contenidos cinematográficos de alta calidad, del país y el extranjero, a los habitantes del estado de Puebla, la BUAP, a través de la Escuela de Artes Plásticas y Audiovisuales (Arpa), participará como institución invitada y sede en el Festival Internacional de Cine de la UNAM 2017 (FICUNAM), durante el cual se proyectarán 12 películas, en las Salas de Cine del Complejo Cultural Universitario (CCU) y en el Teatro de la Ciudad.

En este festival, Arpa se vincula con el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (IMACP), Cinefilia y Otro Cine -éste último es una red de estudiantes de cinematografía-, para mostrar lo más representativo de este evento al público poblano.

Además de las cintas que conforman el programa de FICUNAM, los estudiantes podrán participar con sus cortometrajes, los cuales se exhibirán durante la gira de éste. La convocatoria de recepción de trabajos estará abierta hasta el 15 de mayo, los resultados serán informados el día 20 y la selección se proyectará el 31 de mayo, en las Salas de Cine del CCU, en la última función del programa.

Por ello, los alumnos de Cinematografía de Arpa convocan a las instituciones educativas a asistir a la gira FICUNAM, con el propósito de crear públicos juveniles cada vez más cercanos al arte y la cultura.

Las funciones son gratuitas y serán presentadas por alumnos de cinematografía, con el fin de compartir lo más representativo de cada película. Las proyecciones en las Salas de Cine del CCU comenzarán el 12 de mayo y se mantendrán durante todo el mes los días miércoles y viernes, con dos funciones cada día, a las 16:00 y 19:00 horas.

En el Teatro de la Ciudad, a su vez, serán todos los martes de mayo, a las 18:00 horas. La entrada es gratuita para todo el público.

Puebl@Media
Ciudad de Puebla
Jueves 11 de mayo de 2017.


Durante su paso por España, el escritor y director señala los problemas que enfrenta nuestro país

Madrid. - El escritor y director de cine mexicano Guillermo Arriaga aseguró que la corrupción “tiene que ser castigada de la manera más severa posible” porque es “uno de los actos más vergonzosos que puede haber”.

Arriaga, autor de los guiones de la trilogía “Amores perros”, “21 gramos” y “Babel” y de la novela publicada este año “El salvaje”, mantuvo una charla con los medios de comunicación previo a la clausura del Festival de las Letras de Bilbao, “Gutun Zuria”, en la que repasó los temas de su obra y la actualidad.

“El Salvaje” es una novela que, según su autor, “trata de la intolerancia, que viene de una profunda inseguridad. Convertir al otro en tu enemigo es más fácil que descubrir cuáles son las carencias de tu realidad”.

“Si se crea un proceso de empatía, es más probable que tus visiones cambien. Lo traté de hacer en ‘Los tres entierros de Melquiades Estrada’, en la que el asesino del migrante tiene que hacer el viaje del migrante a la inversa y entender lo que ha pasado el migrante”.

“Todos esos políticos racistas americanos, en el momento en el que les lleves a convivir un mes con la familia Estrada, campesinos analfabetos, y ver como esta gente te da la mitad de su comida, por muy poquita que sea, y que se baja de su cama y duerme en el piso para que tú puedas dormir, cambiarían radicalmente su opinión sobre los migrantes”.

También Europa, sostiene Arriaga, “tiene que darse cuenta de que la migración vino a refrescar la cultura, el arte y hasta el deporte. Si piensa en Francia, decía Le Pen que eran los africanos los que ganaron la Copa del Mundo, la ganó un equipo de emigrantes empezando por Zidane; refrescan a una sociedad, no solo traen problemas como una parte de la sociedad piensa”.
 
Otros de los temas recurrentes en su obra son la corrupción y la impunidad, que hoy “desgraciadamente se han agudizado; nunca había visto a mi país tan corrupto, o quizás gracias a las redes sociales y los celulares ahora es más fácil saber que ahí está”.

“La corrupción es uno de los actos más vergonzosos que pueda haber. Que alguien sea político con tal de robarse el dinero de las arcas, de gente que ha pagado sus impuestos, que ha entregado su dinero de buena fe, me parece lo más vergonzoso”.

El también realizador remata asegurando que “la corrupción tiene que ser castigada de la manera más severa posible. No un castigo como inhabilitado para cumplir funciones públicas por cinco años, ¿es eso un castigo?”.

Horrores del Norte

Arriaga también es uno de los críticos más acérrimos de Donald Trump. “Trump va a 180 kilómetros por hora a estrellarse contra el muro. Ahora dice que la realidad no era tan fácil. Dice que el TLC es un tratado injusto, ¡pero si las reglas las dictaron ellos, y ahora nosotros somos culpables!”

Para el escritor, terminar con el TLC provocaría “una crisis de proporciones inéditas, una depresión tan feroz como la de 1929. Trump no ha tenido en cuenta que somos el segundo socio comercial. Si México deja de comprar productos americanos, va a haber una crisis severa”.

Por ello, considera que “México también está en una posición de fuerza. Si los turistas mexicanos dejan de viajar a Estados Unidos, colapsan muchos negocios. Si dejamos de comprar maíz a Estados Unidos, quiebran los condados que votaron a Trump. México no es el más débil, tiene posibilidades de negociar y hacer entender a Trump que a nadie conviene romper lo que esta reglado”.

Para Arriaga, el presidente estadounidense “tiene que darse cuenta de que el sistema capitalista internacional está equivocado, no es solo el TLC; el reaganismo de convertir al mundo en un mundo de empleados en lugar de pequeños propietarios no funcionó”.

EL DATO

Encanta con su “Salvaje”

El paso de Guillermo Arriaga al mundo de la literatura ha sido, de momento, bastante afortunado. Y es que hasta la fecha, lleva tres ediciones en España y se alzó con el premio Mazatlán, que lograron antes que él otros compatriotas suyos como Carlos Fuentes, Octavio Paz, Sergio Pitol, Juan Villoro y Jorge Volpi, entre otros.

La venganza, la corrupción y la migración son temas presentes en la narración, algo que también ha reflejado el autor en los guiones que ha escrito para la gran pantalla.

EFE
Madrid, España
Martes 2 de mayo de 2017.


El dos veces nominado al Oscar ya contempla su 'ópera prima' como director, pero antes volverá a trabajar con Martin Scorsese, en su próxima película protagonizada por Robert De Niro y Al Pacino


Ciudad de México.- Los cinefotógrafos mexicanos están al nivel de los mejores del mundo, afirmó el mexicano Rodrigo Prieto, quien está nominado al premio Oscar en la categoría de Mejor Fotografía por la película Silencio (Silence), del director Martin Scorsese.

Los fotógrafos que han estado antes de mí, como Gabriel Figueroa o Guillermo Navarro, han sido una inspiración y la prueba es que en México podemos hacer imágenes a cualquier nivel del mundo, no hay excusa. Tienes una cámara y buscas la forma de hacer imágenes poderosas”, destacó Prieto.

En conferencia de prensa, durante su visita a México, el cineasta dijo que en cada nueva producción se siente “como estudiante de cine, con el profundo deseo de descubrir, de ver qué hacer”.  

El pasado 24 de enero se dieron a conocer las nominaciones para la 89 entrega de los premios Oscar. Rodrigo Prieto se enteró ocho horas después de esta noticia debido a que se encontraba volando en avión de Nueva Zelanda hacia Taiwan, donde impartiría una conferencia magistral a estudiantes.   

El director de fotografía, quien en 2005 también fue considerado por la Academia por la cinta Secreto en la Montaña (Brokeback Mountain) del director Ang Lee, competirá por el Oscar frente a Bradford Young por (Arrival); Linus Sandren (La La Land); Greig Frases (Lion) y James Laxton (Moonlight).

Desde hace varios años, Prieto es amigo del cinefotógrafo mexicano Emmanuel Lubezki (ganador del Oscar por The Revenant (2015), Birdman (2014) y Gravity (2013), quien se congratuló de su mención y como recomendación, en caso de ganar el premio, le dijo: “haz cortito tu discurso”.

Aunque lo ojos de México estarán puestos en él durante la ceremonia del Oscar, el cineasta asegura no sentir presión por el triunfo, pues solo quiere disfrutar este privilegio y promover Silencio, que para él es una película muy especial e importante en su carrera.    

Si me dan el Oscar, qué increíble, y si no, no voy a sentir que mi trabajo no es digno”, aseveró.

Acerca del rodaje, explicó que fue muy complejo y lleno de retos. Aunque Martin Scorsese acostumbra trabajar con movimientos de cámara rápidos y fuertes, incluso con un lenguaje cinematográfico muy particular, esta vez cambió las reglas.

“Cuando empezamos a hablar de cómo lograríamos la imagen, me dijo que no sabía si filmarla como estaba acostumbrado, como le sale naturalmente o hacer algo mucho más callado", dijo.

Finalmente, decidió que esto último era lo que le correspondía a la película.

“De pronto sí hay movimientos rápidos de cámara y cuando ocurren tienen una relevancia mayor, lo cual sí fue un reto porque es difícil mantener la cámara estática, se debe ser más cuidadoso y cuestionar cosas como: ‘eso no es la luz de la Luna’”, platicó.   

Silencio se desarrolla en la segunda mitad del siglo XVII. Sebastião Rodrigues (Andrew Garfield) y Francisco Garrpe (Adam Driver) son dos sacerdotes jesuitas portugueses que se ven obligados a emprender un viaje hasta Japón para encontrar a su mentor, Cristóvão Ferreira (Liam Nesson) porque se rumora que ha renunciado a su fe de forma pública, tras haber sido perseguido y torturado.

Para tratar el tema, Prieto charló con Scorsese y éste le dijo que la fe y la religión siempre habían influido en su vida. De modo que tenían que abordarlo de la mejor manera, así como el condenalismo y la imposición de una religión de una cultura a otra.

En mi infancia tuve un acercamiento fuerte a la religión católica, pero después lo fui perdiendo. Sin embargo, esta película fue la oportunidad de ver qué significa realmente la fe, si son los dogmas religiosos o qué. Lo que me gustó es que la historia no define buenos ni malos. Para lograrla, me inspiré en imágenes de pintores barrocos y españoles para la iluminación y la composición. Después, la película cambia a una coloratura más dorada, que refleja los biombos japoneses del siglo XVII”, platicó.

En 2013, Prieto trabajó con Scorsese para el filme El Lobo de Wall Street (The Wolf Of Wall Street), cuya experiencia fue fascinante y en esta ocasión, dijo, se convirtió en una convivencia muy agradable.

“Obviamente, es muy riguroso en lo que busca y no se detiene hasta que encuentra la actuación. Cuando filma está en su ambiente, se le ve contento, feliz y bromea; pero cuando llega la mañana no tanto, le cuesta un poquito y supongo que son los nervios de empezar.

“Él acostumbra hacer un listado de todos los planos con algunos diagramas y dibujos. Normalmente me comparte esto un mes antes de empezar a rodar y está bien porque ahorita, por ejemplo, ya sé lo que tengo que llevar a cabo cuando inicie la siguiente película”, resaltó.     

Las locaciones de Silencio fueron complicadas, transcurrieron en Taiwan y varios sets.

Destacó que, pese a su avanzada edad, Scorsese subía a las montañas para dirigir a su equipo y sumergía sus botas en el lodo sin quejas, “lo cual era muy inspirador para todos, porque si él lo hacía, nosotros teníamos que hacerlo mucho más allá”.

El cinefotógrafo dio a conocer que prepara su ópera prima como director, pero aún no sabe cuándo la filmará; mientras tanto, desarrolla el guión ideal y se alista para trabajar de nuevo, en junio próximo, con Martin Scorsese para la película The Irishman.

Dicho proyecto contará con las actuaciones de Robert De Niro, Joe Pesci, Harvey Keitel, Al Pacino y Bobby Cannavale.

Silencio, dirigida por Martin Scorsese tras 28 años de idealizarla, cuenta con la participación de Andrew Garfield, Adam Driver, Liam Neeson, Tadanobu Asano y Ciarán Hinds. Se estrenará en aproximadamente 450 salas de México, el 24 de febrero.

Notimex
Ciudad de México
Miércoles 15 de febrero de 2017.


El cineasta ha fallecido este domingo a los 71 años, en San Isidro, en las afueras de Buenos Aires

Buenos Aires. - El cine que dibujó la estética cultural de la transición democrática en Argentina ha perdido a uno de sus principales directores. Eliseo Subiela murió en Buenos Aires a los 71 años en San Isidro, en las afueras de Buenos Aires, en plena actividad artística y el proyecto de una nueva película. Subiela ha sido uno de los directores argentinos más reconocidos de su país, artífice de un lenguaje personal cargado de realismo mágico y relaciones humanas atormentadas. Su primera película de éxito fue Hombre mirando al sudeste, en 1986. Cuando Hollywood premiaba con el Oscar a La historia oficial de Luis Puenzo, un guion que recuperaba la memoria trágica de la dictadura terminada en 1983, Subiela irrumpió en el mundo del espectáculo con un film cargado de poesía y escenas de ciencia ficción. Hombre mirando al sudeste y su personaje Rantés (Hugo Soto) marcó a toda una generación de argentinos en momentos en que la cultura se encontraba en plena efervescencia post militar.

Subiela filmó años después Últimas imágenes del naufragio (1990), un relato de tintes surrealistas donde el director recrea la atmósfera social argentina luego de la crisis económica de 1989, triste final del gobierno democrático de Raúl Alfonsín. La consagración internacional de Subiela llegó finalmente con El lado oscuro del corazón (1992), una vuelta de tuerca a aquellos aires poéticos insinuados en sus éxitos anterior, pero ahora sin reminiscencias políticas. La búsqueda vital de Oliverio (Darío Grandinetti), alter ego del poeta Oliverio Girondo, de una mujer que “pudiera volar” después de hacer el amor convirtió a Subiela en un director de reconocimiento mundial. La cama que tras apretar un botón “tragaba” a las amantes que no estuviesen a la altura fue pronto parte del acervo cultural argentino. Y la actriz Sandra Ballesteros (Ana), aquella que finalmente hizo volar a Oliverio, se erigió en icono sexual de los 90. La película ganó el Premio FIPRESCI en el Festival de Cine de Toronto y fue nominado al Goya en la categoría de mejor película extranjera de habla hispana. Luego llegaron No te mueras sin decirme adónde vas (1995), Despabílate amor (1996), No mires para abajo (2008) y Rehén de ilusiones (2009) y el falso documental Paisajes devorados (2012).

Subiela era hijo de padre gallego y madre argentina. Su infancia la pasó en el barrio de Palermo, en Buenos Aires. En su juventud fue miembro de la Juventud Peronista y de la guerrilla Montoneros. De ahí su admiración por el director, actor y cantante argentino Leonardo Favio, un reconocido peronista a quien Subiela siempre consideró su maestro. Se inició en los años 60 en el documental, incursionó en la publicidad y la dictadura militar que gobernó argentina entre 1976 y 1983 lo sumió en un largo silencio. Con el regreso a la democracia su producción tuvo un verdadero estallido artístico.

La muerte encontró a Subiela trabajando en un nuevo proyecto cinematográfico titulado Corte final y en una obra de teatro de su autoría ya escrita que llamó La vida real. “Es una historia sobre dos actores de una película argentina de los años 40’ que aparecen en un cine que se acaba de cerrar. Y aparecen en el escenario sin saber por qué. Finalmente se plantean de dónde vienen, adónde van y para qué están ahí, que son las preguntas que nos hacemos todos”, contó Subiela. Pero su salud ya no era la mejor. Hace tres meses sufrió un infarto, resultado de una larga enfermedad coronaria. “El infarto fue una de las mejores cosas que me pasó en la vida”, dijo luego en una entrevista, “es un trabajo insalubre, el cine. Yo entendí la señal y cambié todo”. En esa charla reveló que había “perdido el miedo a la muerte”.

El País
Federico Rivas Molina
Buenos Aires, Argentina
Domingo 25 de diciembre de 2016.

Enrique Aguirre Nieto

 Chignahuapan es una pequeña población agrícola en la Sierra Norte de estado de Puebla. Dista unos 170 kilómetros de la capital del país y otro tanto de la capital poblana.

A poca distancia de sus fronteras, al norte limita con sus históricos enemigos, los zacatlecos o “zacatecos” como comúnmente se les conoce.

Al sur de la población, se levanta otra frontera imaginaria que limita con los otros muchos pueblos adversarios como son los tlaxcaltecas.

Así, a “vuelo de pájaro” el lector entenderá de manera rápida el porqué del aislamiento y anonimato de tan noble poblado y pobladores.

En su conformación social, Chignahuapan dispone de lo indispensable: un mercado, tres iglesias, una escuela, cantinas varias y un cine.

Actualmente el número de cines continúa siendo el mismo, pues la demanda de ese espectáculo entre la población, en su mayoría de origen campesino es limitada; apenas acuden los habitantes del área urbana, para ver películas avejentadas y de dudosa calidad.

Los empresarios que pusieron en marcha ese cine, originalmente bautizado como “Cine Municipal”, al parecer simplificaron muchas cosas y entre ellas el concepto de calidad; así, adquirieron un destartalado proyector de 35 mm., de aquellos que producían luz mediante un arco voltaico con varillas de carbón; rentaron un galerón rectangular al que le adaptaron sillería e incómodas bancas de madera, sin respaldo, zona definida como “Gayola” sitio al que se accedía con la mitad del costo por una butaca en lugar “preferente”.

Pero, lo más significativo de esa empresa, sin duda, era su aparato publicitario, o Departamento de marketing que consistía en la multifacética tarea de un hombrecillo, delgado, bajito, moreno y prematuramente avejentado. Su semblante y lenguaje acusaban en él su origen indígena.

De sombrero gastado y maltrecho, saco de casimir lustroso, con dos o tres tallas de diferencia, pantalón amotinado y zapatos grandes, sin calcetines. Rosendo, como era conocido por toda la población, los días de cine se daba la tarea de pregonar la cartelera reciente, que, por aquellos años, la función, consistía en tres películas por el mismo precio.

Pero, a su ya característica indumentaria Rosendo incorporaba una vieja bocina, tomada de algún fonógrafo dado de baja, con la que anunciaba a los cuatro vientos el menú cinematográfico del día.

Las exhibiciones de cine eran tan irregulares, por descomposturas o falta de insumos, que el público se entera de la reanudación del servicio a través de la acción de esa suerte de pregonero, y su accionar en la calle.

Don Rosendo, dadas sus limitaciones lingüísticas, a la hora de vocear la cartelera, tenía aprendido de memoria un estribillo, que invariablemente repetía en cada esquina o sitios concurridos de la población.

La perorata resultaba un verdadero enigma para quien lo escuchaba por primera vez. Su arenga, a los oídos de los visitantes, ameritaba traducción, pues, bien a bien, no alcanzaban a comprender qué anunciaba ese hombrecillo mosaico de “Pachuco”, “Cantinflas” y “Clavillazo”.

Palabras más, palabras menos, el estribillo de Don Rosendo era el siguiente: “¡No dejen de faltar! ¡Hoy, las cuatririmpunto dará principio las película en Cine Municipal!”

Otro de los lastres de Don Rosendo, era su analfabetismo crónico, situación que, aparentemente no le representaba mayor problema y resolvía de manera práctica, pues en su tarea de pregonero, se hacía acompañar de una horda de pequeños ayudantes, a los que recurría para que le leyeran el contenido de los programas multicolores impresos en delgado papel de China, que se entregaban de mano en mano o que se depositaban a las puertas de las casas.

Así, la “comunicación” entre público y “empresarios” del cine en Chignahuapan se dio durante mucho tiempo sin mayores sobresaltos; sin embargo, un día, los directivos de la “Compañía de Luz y Fuerza Motriz de Chignahuapan”, empresa paramunicipal que administraba y suministraba la corriente eléctrica propia, consideraron hacer un llamado urgente a los socios de esa corporación, pues las cosas iban mal y pintaban peor.

El pueblecillo aquel, sin radio, ni periódicos, carecía de cualquier herramienta y mecanismo eficientes para hacerse comunicar entre sí, por lo que, un avezado funcionario tuvo la brillante ocurrencia de contratar los servicios de Rosendo, para convocar a la reunión urgente.

Al otro día, la asamblea urgente derivó en fracaso rotundo pues ninguno de los socios se enteró; por otra parte, la tarde anterior, muchos parroquianos arremolinados a las puertas del cine no comprendieron por qué el establecimiento no abrió sus puertas ese día, pues “muy clarito” habían oído a Don Rosendo anunciarlo toda la tarde.

De aquel cine ahora no queda nada. Su importancia o trascendencia sólo permanece en la memoria de unos pocos y todo lo demás se ha perdido en el tiempo, como la característica voz de Rosendo, una tarde de lluvia y neblina en Chignahuapan.

Puebl@Media
Puebla, México
Enrique Aguirre Nieto
Sábado 02 de abril de 2011.
Ajuste Lunes 5/12/ 2016.


El primer actor Gonzalo Vega falleció esta mañana a los 69 años, según confirmó esta tarde la Asociación Nacional de Intérpretes (Andi) y el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) a través de sus portales. La noticia cimbró al gremio actoral que a través de redes sociales lamentó el deceso.

El actor que sufría de síndrome mielodisplásico, enfermedad donde se dañan las células productoras de sangre de la médula ósea, entró y salió de diversos hospitales desde el año pasado, pues debido a su tratamiento requería de plaquetas de sangre cada determinado tiempo, ya que la mielodisplasia es considerada un tipo de cáncer.

En diversas ocasiones familiares y sus hijas, las actrices Marimar y Zuria Vega, llegaron a solicitar por redes sociales donadores de sangre.

Gonzalo Agustín Vega y González trabajó en cine, teatro y televisión. Hijo de padre español y madre mexicana nació en esta ciudad el 29 de noviembre de 1946 y estudió Filosofía y Letras en la UNAM. Inició su carrera actoral en 1968 en teatros, siendo su primera puesta La ronda de la hechizada, de Hugo Argüelles.

En televisión se le recuerda por el protagónico junto a Diana Bracho en Cuna de lobos, y en cine cerca de 60 cintas en trabajos como “Las pirañas aman en cuaresma” (1969), “El juicio de Martín Cortés” (1974), “Las poquianchis” (1976), “El lugar sin límites” (1978), película que le dio “Mejor coactuación masculina”; “Nocaut” (1984), “Nosotros los Nobles” y “The boy who smells like fish” (2013).

En teatro se le recuerda por La señora presidenta que mantuvo en cartelera por dos décadas, además de su papel en Don Juan Tenorio.

El actor se retiró de los escenarios en 2010 luego de que erróneamente se le diagnosticara leucemia.

Proceso
Niza Rivera
Ciudad de México
Lunes 10 de octubre de 2016.


El director, ganador del Oscar honorífico, candidato en otras cuatro ocasiones y Palma de Oro por ‘El hombre de hierro’, fue el máximo exponente de la Escuela de Cine polaca

Cuando la noche del domingo falleció en Varsovia, por una insuficiencia respiratoria, el cineasta Andrzej Wajda a los 90 años, Polonia no solo perdió a uno de sus cineastas más importantes, sino a un artista comprometido con la libertad política, que incluso llegó a ser senador al caer el régimen comunista, y que nunca dejó de señalar sus errores a sus compatriotas. Recorrer la vida de Wajda, ganador del Oscar de honor en 2000, cuatro veces candidato a la estatuilla de Hollywood -la última con Katyn (2007)-, Palma de Oro en Cannes en 1981 con El hombre de hierro y poseedor de todo tipo de reconocimientos cinematográficos, es asistir desde primera fila a la transformación de Polonia en un estado comunista, primero, y posteriormente a su conversión en una democracia parlamentaria. Wajda nunca supo de jubilaciones. Cuando se estrenó en España su penúltima película –la última que ha podido verse en salas- Walesa. La esperanza de un pueblo, aseguró a este diario entre risas: “Seguiré filmando. ¿A que me dedicaría yo jubilado? Lo único que sé hacer es cine, que en mi caso es a la vez trabajo y descanso”.

Y siempre en la pantalla Polonia. Por dos razones: “Para contar historias que la censura aprobara y no descubriera lo que realmente queríamos contar”, en los años del régimen comunista. Y porque Wajda nunca entendió el cine, su cine, fuera de su patria: “Siempre tuve claros mis límites. Nunca conté otra historia que no fuera la de Polonia. Me siento muy arraigado a mi tierra. He visitado muchas veces Estados Unidos, jamás me planteé trabajar allí”. Su misma biografía está enmarañada con la historia de Polonia. Si ilustró la brutal masacre de Katyn en su soberbio filme homónimo no fue solo por la bestialidad y la ignominia de la matanza, sino porque su padre, oficial de caballería, fue uno de los 20.000 ejecutados por los soviéticos en aquella primavera de 1940. Él mismo combatió, adolescente, contra los nazis. Acabada la guerra, estudió pintura en la Academia de Bellas Artes de Cracovia antes de entrar en la Escuela Nacional de Cine en Łódź.

En 1955, a los 29 años, ya dirigió su primer largometraje, Una generación, y durante la época comunista realizó un cine alegórico (“Intentaba imitar a Buñuel”, aseguraba), e ilustrativo de acontecimientos históricos convirtiéndose en la cabeza visible de la llamada Escuela de Cine polaca. Entre sus coetáneos, Jerzy Skolimowski y Roman Polanski, que actuó para Wajda en Niewinni czarodzieje (1960) y en Zemsta (2002).

Siempre tuvo clara su pasión por la política, y dedicó a la lucha obrera la trilogía El hombre de mármol (1976), El hombre de hierro (1981, año en que Wajda entró en el sindicato Solidaridad, que lideró casi de rebote Lech Walesa, que se interpreta a sí mismo en la película) y Walesa. La esperanza de un pueblo (2013). Wajda se convirtió en senador en 1989 al ir en las listas de Solidaridad. “Como cineasta fue muy positivo ver aquello con mis propios ojos. En aquel momento Walesa fue nuestro apoyo. Y si yo salí elegido senador posteriormente fue porque se hizo fotos conmigo [risas]”. En los últimos tiempos se había alejado del mítico político: “Populismos como Walesa tienen poca cabida hoy en día, pero más miedo me da en la actualidad la extrema derecha. Polonia forma parte de Europa. Cuando nos gobernaba Moscú, nosotros mirábamos a Europa Occidental. Y seguimos igual. Esa extrema derecha asusta en todo el continente”.

De sus más de cuarenta películas destacan, además de las mencionadas, Cenizas y diamantes (1956), La tierra de la gran promesa (1975), Las señoritas de Wilko (1979) o Danton (1983). Ha dejado acabado pero sin estrenar comercialmente el biopic Powidoki, sobre el artista de vanguardia Wladyslaw Strzeminski, y que es la película elegida por Polonia este año para la carrera de los Oscar.

El País
Gregorio Belinchón
Varsovia, Polonia
Lunes 10 de octubre de 2016.


Ciudad de México.- El actor mexicano habría fallecido en Cuernavaca, Morelos, según los primero informes.

Fuentes locales indican que todavia no se determina el destino final de los restos del actor, originario de Sonora.

Mario Almada Otero nació el 7 de enero de 1922 en Huatabampo, Sonora, su carrera como actor del cine mexicano, la inició en 1965 y se caracterizó por desarrollar papeles de justiciero, junto a su hermano Fernando, aunque también fue escritor y productor.

Durante su trayectoria recibió dos premios Diosa de Plata y estuvo nominado a dos premios Ariel.

Realizó más de 400 películas.

Excélsior
Ciudad de México
Martes 4 de octubre de 2016.


“Epitafio”, largometraje de Yulene Olaizola y Rubén Imaz, cuenta la historia de Diego de Ordaz y su ascenso al volcán más activo de México.

¿Héroes valerosos o mercenarios salvajes? ¿Cuál sería la manera correcta para describir las acciones de los europeos durante la conquista de América? La historia escrita ofrece una visión general de los hechos, pero los detalles que marcaron el rumbo de la historia rara vez figuran en los relatos más populares de la conquista española. Tal es el caso del ascenso al volcán Popocatépetl, una misión en busca de azufre para cargar las armas españolas, liderada por Diego de Ordaz –un fiel al rey Carlos V y honorable católico–, y ahora tema central de Epitafio, largometraje de los directores mexicanos Yulene Olaizola y Rubén Imaz.

A pesar de ser México uno de los actores principales en este contexto histórico, rara vez se tocan temas como este en la pantalla grande. Sin embargo, ambos realizadores –egresados del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC)– apostaron todo por llevar a cabo un proyecto que en poco menos de dos horas narra a profundidad uno de los periodos clave en la conquista de Mesoamérica. “Siempre que se piensa en la conquista, se piensa en grandes ciudades y sangrientas batallas”, dice Rubén Imaz en entrevista con Gatopardo. “El reto fue hacer una película histórica de aventura concentrada en un espacio mínimo, con pocos personajes y que partiera de un conflicto menor pero que al mismo tiempo sintetizara la conquista”.
Xabier Coronado en Epitafio

Xabier Coronado es Diego de Ordaz en “Epitafio”.

Inspirados en los testimonios escritos por el conquistador Bernal Díaz del Castillo, Olaizola e Imaz encontraron una metáfora casi poética entre la odisea de Diego de Ordaz y la conquista general del territorio. A partir de ella, desarrollaron Epitafio. “Ya que sabíamos de qué trataría la película, nos adentramos en buscar más fuentes y encontramos algunas que nos ayudaron a comprender más a este personaje, como las cartas con las que se comunicaba Diego de Ordaz con un sobrino o incluso las Cartas de relación de Hernán Cortés”, explica Yulene Olaizola. Poco a poco, descubrieron la importancia de Ordaz en la historia de la conquista y después de algunos meses de planeación la travesía comenzó con las grabaciones en el Pico de Orizaba, lo más cercano al aspecto que tendría el volcán Popocatépetl en 1519.

Con tan sólo tres personajes, Diego de Ordaz (Xabier Coronado) y dos soldados (Gonzalo Martín Román y Pedro Carlos Treviño) y la inmensidad natural que ofrece un paisaje como el del volcán, Epitafio expresa una parte de la conquista que muchos desconocen. La fidelidad a la corona, la ambición, el desconocimiento y la creencia al derecho divino, juegan un rol importante en la aventura de estos hombres. A pesar de ello, sus propios ideales flaquean ante la incertidumbre de morir en un lugar donde todo lo que los rodea es hielo. “Creo que es importante no juzgar directamente a estos personajes, no tenerlos ni como buenos o malos, sino como hombres que convencidos por una fe y cegados por un ideal buscaban reconocimiento”, agrega Imaz.
Panorámica Epitafio

“Epitafio” recibió buena acogida durante el 36 Foro de la Cineteca Nacional en julio pasado.

Epitafio estrenó en el Festival de Tallin, Estonia y desde entonces ha estado en pantallas de países cuyo público quizá no es tan cercano a la historia de la Conquista, pero que se sienten identificados con los aspectos más amplios de esta aventura. “Más allá del contexto histórico, la película habla de temas universales como seres humanos con motivaciones muy fuertes, un momento de introspección que puede conectar con cualquier persona”, dice Olaizola. Aunque el título de la cinta podría apuntar hacia el final de las civilizaciones nativas tras la conquista española, la intención de los directores era expresar con Epitafio el sentir de muchas culturas para las que su pasado definió con creces el presente.

La cinta codirigida por Yulene Olaizola y Rubén Imaz fue parte del 36 Foro de la Cineteca Nacional a partir el 19 de julio; posteriormente recorrerá otros festivales al interior de la República Mexicana.

Gatopardo
Samantta Hernández Escobar
Ciudad de México
Miércoles 17 de agosto de 2016.

El creador latinoamericano, obsesionado con el paso del tiempo, se acerca a la leyenda con el segundo Oscar consecutivo

Para Iñárritu el tiempo corre hacia atrás. Desde que cumplió 50 años vive atrapado en el irremediable reloj de la madurez. La certidumbre de que, haga lo que haga, la arena seguirá cayendo ha abierto, como él mismo reconoce, una nueva etapa en su obra. La primera entrega de este ciclo vital fue Birdman, y la más reciente, The Revenant. El Oscar al mejor director ganado esta noche, sumado al del año anterior, confirma que este segundo tiempo ha superado el primero y va camino de la leyenda. La de un creador que ha hecho de la fugacidad del tiempo su obra. Pero también la de un mexicano que conquista Hollywood en los tiempos (malos) de Donald Trump.

Ya en 2015, al recibir la estatuilla el cineasta mexicano pidió un trato justo y digno para sus compatriotas, mil veces estigmatizados más allá del Río Bravo. Desde entonces, la bestia de la xenofobia no ha dejado de crecer en Estados Unidos. Fenómenos como el candidato presidencial republicano Donald Trump han pisoteado el orgullo de su vecino del sur y bramado contra esos millones de mexicanos que sin papeles y huyendo del infierno de la pobreza buscan un futuro en el gran norte. Iñárritu, profundamente mexicano y crítico con los desmanes de su tierra, no los olvidó. En el cénit de su gloria, aprovechó los altavoces de la ceremonia más seguida de planeta para recordar que no todos tienen la misma suerte y pedir el fin de los "prejuicios raciales" y los "pensamientos primarios”. Una declaración que muestra a un cineasta que no olvida sus raíces y cuya personalidad se cimenta, mucho más que en el mercado o la conveniencia política, en una profunda capacidad autocrítica.

Poco importa que sus películas gusten o no a la crítica. Tampoco la saña de ciertos seguidores le hacen excesiva mella. En su proceso creativo, Iñárritu lucha a diario con un adversario aún más duro: el juez que habita en su interior. “Es un Torquemada”, explicaba Iñárritu a este periódico durante la preparación de The Revenant, “un tipo al que presentas cualquier caso y te mandará al fuego, un terrorista con el que no hay negociación posible; esa voz interna es la que me lleva a encontrar el concepto primordial de las historias”.

Esa tensión se transmite a los rodajes. Verle filmar, medir los ángulos, trazar el vuelo de la cámara junto a Emmanuel Lubezki (Ciudad de México, de 1964) es asistir a un espectáculo torturado. A orillas del río Bow, en la gran planicie de Calgary (Canadá), durante la filmación de The Revenant, ambos formaban una pareja en constante ebullición. Sin descanso, bajo temperaturas extremas, medían con precisión cada plano, lo discutían, lo reinventaban. Y volvían a empezar. El director, en uno de los descansos, lo explicaba: "Soy muy duro, muy militante, muy exigente. No exijo nada de lo que no doy. Para mí hacer una película es una guerra de tres años y, como un perro, no la suelto. Por eso me da miedo entrar en una película, porque voy a meterme en un proceso en el que me pierdo…”.

El fruto de este constante ir y venir es un cine jalonado de premios. Pero que nadie se engañe, Iñárritu, pese al éxito, jamás ha sido un director fácil. Su cinematografía avanza haya o no oxígeno. En ocasiones la escalada puede resultar fatigosa, pero nunca deja de advertirse el tic-tac de su poderosa ambición. “Me gusta invertir emocionalmente en mis películas”, dice.

En The Revenant late esa pulsión. Y también la admiración por los grandes clásicos. Andréi Tarkovsky y Akira Kurosawa. El director mexicano sigue sus huellas. Por ejemplo, la odisea, que no el western, del trampero Hugh Glass en 1823 se transmuta por momentos en la del explorador ruso Vladímir Arséniev. Y lo hace, como en los juegos de intertextualidad que tanto gustan a Iñárritu, bajo la mirada de Kurosawa y su Dersú Uzala.

El efecto puede ser teatral. Y habrá quien lo juzgue como imitación. Pero en la deconstrucción que practica el mexicano esto carece de importancia. La huella no se oculta. La pisada se presenta tal y como es, sin subterfugios. Esa transparencia se ha vuelto un rasgo distintivo del segundo Iñárritu.

Abandonados los abusos de sus primeras gramáticas, el cineasta nada ahora por aguas diáfanas. En Birdman, esa sinceridad se plasmó en largos y arriesgados planos-secuencia, donde nada se podía ocultar; en The Revenant impera una narrativa de cristal. Infinitos paisajes nevados y una historia en línea recta. Con esos elementos, Leonardo DiCaprio y su lucha por la supervivencia atraviesan el corazón de un universo inaugural, de una nación aún por definir. “Es una historia de crecimiento espiritual a través del dolor físico. Pero también se trata de una película de aventuras, de grandes silencios y espacios. Es una experimentación”, señala Iñárritu. Ese es el reto de The Revenant. Una película donde el tiempo, como en los clásicos de aventuras, adopta la forma de una cuenta atrás contra una naturaleza hostil. Y también contra la muerte. Ese reloj que obsesiona a Iñárritu y su cine.

El País
Jan Martínez Ahrens
Madrid, España / México
Domingo 28 de febrero de 2016.

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