Madalena Gordiano trabajó como criada durante cuatro décadas sin paga ni vacaciones. Ejemplo extremo de racismo, refleja el legado de siglos de esclavitud


Ocho años tenía la brasileña Madalena Gordiano cuando tocó una puerta para mendigar comida. Alguien invitó a entrar a aquella niña negra que tenía una gemela y siete hermanos más. La señora de la casa, profesora, blanca, prometió adoptarla. Su madre aceptó. Pero nunca fue adoptada ni regresó a la escuela. Cocinar, lavar, fregar baños, quitar el polvo, poner orden en la casa de la familia de Maria das Graças Milagres Rigueira se convirtió en su día a día durante las siguientes cuatro décadas. Víctima de explotación racista, era una esclava del siglo XXI en el hogar de una familia acomodada en un edificio de apartamentos en una ciudad de Minas Gerais. Nunca tuvo paga, libranzas o vacaciones, según los fiscales que investigan el caso. Cuando Gordiano fue rescatada, el pasado 27 de noviembre, era una mujer de 46 años, pelo muy corto y grandes dificultades para expresarse.

“Fui a pedir pan porque tenía hambre, pero ella me dijo que no me lo daba si no me quedaba a vivir con ella”, contó la víctima a Fantástico, el programa de investigación que reveló el caso a las puertas de la Navidad, el más famoso de la televisión brasileña. UOL, una web informativa, fue descubriendo otros detalles perversos de la historia.

El infierno de esta criada compone un ejemplo extremo del legado que más de tres siglos de esclavitud han dejado en Brasil. Principal destino del tráfico negrero, fue el último país americano en liberar hace 130 años a la mano de obra trasladada a la fuerza desde África. Las últimas amas de cría brasileñas son de hace una generación, pero empleada del hogar es todavía un oficio tradicional de mujeres negras.

Aquella familia respetable en apariencia y fama de tradicional no solo se aprovechó del trabajo de Gordiano. La convirtió en una fuente de ingresos. Los Milagres Rigueira la forzaron a casarse con un pariente anciano cuando era todavía una veinteañera. Él tenía 78 años y una pensión. De las mejores de Brasil, de militar. Combatiente en la Segunda Guerra Mundial, recibía más de 8.000 reales mensuales (1.300 euros) que la mujer con la que nunca convivió heredó a su muerte. Oficialmente, ese dinero era de ella, pero solo recibía migajas. Los patrones se lo quedaban.

El dinero de la empleada doméstica sin sueldo sufragó, según UOL, la carrera de Medicina de una hija de la familia. Porque, en otro hecho que parece directamente sacado de las relaciones de los amos con sus esclavos, Gordiano fue cedida a otro hijo de la familia, el profesor de Veterinaria Dalton Milagres Rigueira. Durante la esclavitud era frecuente donar esclavos a los hijos como regalo de bodas o incluirlos en el testamento con el resto de los bienes. A menudo eran lo más valioso del patrimonio.

La historiadora Claudielle Pavão considera que este “es un caso extremo de racismo estructural que expone de manera muy didáctica lo que es la blanquitud brasileña, forjada en un sistema esclavista”. Añade la investigadora que “mucha gente dirá que acoger una niña para que haga las tareas domésticas a cambio de comida y cama es mucho mejor que dejarla en la calle. Es un pacto social que está tan normalizado que la gente no lo encuentra ofensivo”.

La investigación periodística ha revelado que la hermana gemela de Gordiano, Filomena, vivió también como empleada del hogar con otra rama de la misma familia, pero recibía un salario. Dejó a sus patrones hace una década.

Tras la abolición, el Estado brasileño atrajo mano de obra europea con la concesión de tierras y otras ventajas con el fin declarado de blanquear la sociedad. Mientras, los esclavos recién liberados quedaron a su suerte sin ninguna ayuda pública, recalca la historiadora Pavão. La arraigada desigualdad que persiste en el Brasil de 2021 deriva de aquellos brutales siglos.

Los negros y mestizos son más pobres que sus compatriotas blancos: suponen el 56% de la población, pero el 75% de los asesinados, el 64% de los desempleados, el 60% de los presos, el 15% de los jueces y el 1% de los actores premiados, según datos de la agencia Lupa. Sus familias ingresan la mitad de dinero que las blancas. Y viven menos.

El caso de la empleada doméstica esclavizada causó conmoción en Brasil, como un mes antes la muerte de un cliente negro por la paliza de dos guardas blancos a las puertas de un supermercado.

La criada esclavizada fue localizada por las autoridades en el hogar que el profesor de Veterinaria compartía con su esposa en Patos de Minas, una ciudad de 100.000 habitantes de Minas Gerais.

Gordiano dormía en un cuartito sin ventana. No tenía móvil ni televisión. Su única posesión, tres camisetas. Su único alivio, escuchar misa en una Iglesia católica, donde aparentemente nadie sospechó del infierno en que vivía. Pudo ser rescatada por la denuncia de algún vecino de su edificio, con los que tenía prohibido hablar. Supieron de sus penurias porque colaba papelitos por debajo de las puertas. Con letra temblorosa les pedía dinero para comprar jabón y otros artículos de aseo. Las autoridades sospecharon hace años de la pensión de viudedad de Gordiano, pero el asunto fue archivado por falta de pruebas. Ocasión perdida de salvarla.

El profesor Dalton Milagres Rigueira, acusado con su madre, Maria das Graças, de un delito de mantener a la víctima en condiciones análogas a la esclavitud, explicó al ser interrogado que la empleada era como de la familia. Añadió que “no (la) incentivó a estudiar porque no creía que eso la beneficiara”, según Fantástico. La universidad donde trabaja le ha suspendido de empleo. El abogado de la familia considera “prematura e irresponsable la divulgación del caso por parte de los fiscales” sin haber condena e insta a hacer “una reflexión cautelosa en este momento de confraternización cristiana”. Más de 55.000 brasileños que trabajaban en condiciones similares a la esclavitud han sido rescatados en los últimos 25 años, incluidas 14 criadas el año pasado.

Las empleadas domésticas, mayoritariamente negras, son una figura central en la sociedad brasileña. El reconocimiento legal de sus derechos laborales fue una gran conquista para millones de lavanderas, planchadoras, niñeras, cocineras, jardineros y conductores particulares, pero provocó la indignación de algunos patrones. El clasismo cotidiano es visible y de vez en cuando se verbaliza. “Todo el mundo viaja a Disneylandia, la empleada doméstica va para Disneylandia... un fiestón. Mejor que vayan al nordeste, que está lleno de playas bonitas”, dijo hace unos meses el ministro de Economía, Paulo Guedes, alegrándose de que el dólar subiera.

Una de las primeras cartas que se conocen en Brasil en la que un esclavo denuncia malos tratos es la escrita por Esperança Garcia con cuidada caligrafía en septiembre de 1770 al gobernador de Piauí. Alfabetizada ilegalmente por los jesuitas, es una de las personalidades históricas recientemente rescatadas. Garcia protestaba por el maltrato físico además de suplicar que le permitieran reunirse con su esposo y bautizar a su hija. Se cree que lo logró.

El cautiverio de Gordiano ha terminado gracias a un anónimo vecino, lo que le ha permitido disfrutar de la Navidad en un refugio para mujeres a la espera de poder reunirse, con permiso de la pandemia, con algunos de los hermanos con los que mendigaba pan hace cuatro décadas.

El País
Naiara Galarraga Gortázar
São Paulo, Brasil / Madrid.
Miércles 13 de enero de 2021.



El pasado fin de semana, el presidente y varios de sus ministros almorzaron con el embajador de EE.UU. en Brasil, Todd Chapman.


El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, de 65 años y un escéptico de la pandemia, informó este martes que dio positivo en la prueba de coronavirus, pero que se encuentra "perfectamente bien".

"Estoy bien, estoy normal, en comparación a ayer [lunes], estoy bien. Estoy hasta con ganas de caminar, pero por recomendación médica no lo haré", dijo Bolsonaro, con la mascarilla puesta, en una entrevista colectiva a la prensa en su residencia oficial.

El mandatario explicó que los síntomas comenzaron el domingo con malestar y cansancio y se agravaron el lunes, cuando tuvo 38º de fiebre. Este martes su temperatura bajó hasta los 36º.

El presidente se está tratando con hidroxicloroquina, un fármaco del que es un fiel defensor, a pesar de que no se ha comprobado su efectividad para combatir el virus.

"La vida continúa y es necesario cuidar a los ancianos, pero no hay necesidad de entrar en pánico", manifestó Bolsonaro, que los próximos días trabajará por videoconferencia.

Pocos minutos antes de finalizar la entrevista, se alejó de los periodistas y se quitó la mascarilla. "Para que vean mi cara, estoy bien", volvió a decir. De la misma forma que ha comentado durante toda la pandemia, subrayó que los efectos colaterales para luchar contra el virus no pueden ser peores que la propia enfermedad. "¿Tenemos que preocuparnos por el virus? Sí. Pero también con el tema del desempleo, que está ahí", aseveró.

El pasado fin de semana, Bolsonaro y varios de sus ministros almorzaron con el embajador de EE.UU. en Brasil, Todd Chapman. Todos posaron sin mascarilla y sin respetar la distancia social.

"No hago milagros"

Durante estos meses, el mandatario no ha cumplido con las recomendaciones sanitarias y ha asistido a numerosos actos públicos sin mascarilla, sin respetar el distanciamiento social y provocando aglomeraciones entre la población. También se ha opuesto al cierre de los comercios y a las cuarentenas.

Con 1.623.284 infectados y 65.487 muertos en el país, el mandatario ha flexibilizado la ley sobre el uso de la mascarilla en lugares públicos como medida preventiva para evitar los contagios.

El hecho de que Bolsonaro nunca lleve mascarilla en Brasilia, de uso obligatorio desde el 30 de abril, llevó a un juez federal a obligarle a utilizarla en espacios públicos, pero otro magistrado anuló el fallo días después al considerarlo "innecesario".

Desde que comenzó la pandemia, el presidente ha dejado una buena colección de frases en las que ha menospreciado la situación. "¿Qué quiere que haga? Soy Mesías, pero no hago milagros. La vida es así", dijo al ser preguntado sobre las muertes por el virus, y refiriéndose a su segundo nombre, Mesías.

"Mañana seré yo. Lógicamente, uno quiere tener una muerte digna y dejar una buena historia", añadió.

En otra ocasión, aseguró que si llegaba a contagiarse no tenía de qué preocuparse gracias a su pasado de atleta. "No tendría ningún síntoma: como mucho una gripecita, un pequeño resfriado", afirmó.

Tres pruebas previas

El mandatario se había realizado ya tres pruebas de detención del coronavirus, pero no quiso hacer públicos los resultados. En mayo, el diario O Estadao de S. Paulo exigió conocer las pruebas y la Corte Suprema obligó al Gobierno a presentarlas. Todos los resultados dieron negativos.

La polémica gestión de la crisis por parte de Bolsonaro provocó la salida de dos ministros de Salud, uno fue despedido y el otro dimitió.

También ha protagonizado toda una serie de encontronazos con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y ha ignorado repetidamente las medidas aconsejadas por el organismo internacional. "Ningún país es inmune y ningún individuo está a salvo. Esperamos que su excelencia el presidente esté bien y se recupere rápidamente", declaró Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, al conocer la noticia.

Bolsonaro es el cuarto jefe de Estado a nivel mundial que ha contraído el coronavirus. Le anteceden el primer ministro británico, Boris Johnson, el príncipe Alberto de Mónaco y el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández.

RT
Sao Paulo, Brasil
Martes 7 de julio de 2020.


El jefe de Estado de Brasil entre 2003 y 2010 reflexiona sobre la pandemia que acosa al mundo y dice que la crisis revela que en la región se debe trabajar más en materia social.

Acusa a Jair Bolsonaro de escuchar "las tonterías" de Donald Trump sobre el COVID-19 antes que combatirlo y cree que de la pandemia emergerá un nuevo orden mundial con China como primera potencia económica.


Para algunos, es un metalúrgico que llegó a presidente y sacó de la pobreza a 36 millones de brasileños; para otros, el izquierdista corrupto que pasó 580 días en la prisión. En una entrevista con EFE, el controvertido exmandatario de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva alertó que durante esta pandemia "la pesadilla del hambre" ha regresado a América Latina.

Recluido desde hace más de un mes en su domicilio en Sao Bernardo do Campo (afueras de Sao Paulo), Lula da Silva, de 74 años y sobreviviente de un cáncer, se mantiene muy activo, físicamente y mentalmente.

"Estoy trabajando más que cuando iba a la oficina, pero estoy un poco ansioso porque me resulta extraño hacer política por teléfono".

Durante la entrevista realizada por videoconferencia, el jefe de Estado de Brasil entre 2003 y 2010 acusó a Jair Bolsonaro de escuchar "las tonterías" de Donald Trump sobre el coronavirus antes que combatirlo y vaticinó que la pandemia resultará en un nuevo orden mundial con China como primera potencia económica por delante de EEUU.

Asimismo, pidió al presidente de la Cámara de los Diputados, Rodrigo Maia, que tramite alguna de las varias peticiones para la destitución política de Jair Bolsonaro, porque el mandatario "ya cometió varios delitos" que justifican su cese.

Lula, quien abandonó la cárcel después de 580 días beneficiado de una decisión del Tribunal Supremo brasileño, aguarda en libertad el recurso a dos condenas que suman 20 años de prisión por corrupción y lavado de dinero que le impedirían ser candidato en las elecciones de 2022.

"Si no soy candidato no hay ningún problema, ya lo fui muchas veces (...) aunque ahora no estoy pensando en 2022 y sí en sobrevivir (a la pandemia de COVID-19)", señaló.

Hasta este jueves, Brasil registró casi 50.000 infectados y 3.313 muertes por culpa del patógeno.


¿Por qué no existe una unión nacional entre ayuntamientos, regionales y Gobierno federal para luchar contra el COVID-19 en Brasil?

Lo que pasa es que el presidente de la República (Bolsonaro) carece de una orientación. No tiene una política correcta para luchar contra el coronavirus porque no creía en él; prefería creer en las tonterías que Trump decía. Prefirió decir que el coronavirus era una gripecita y que si él resultase infectado no le pasaría nada porque era un atleta. Llegó a decir que era una tontería, una cosa de terrorismo, construido por China. Pero Trump rápidamente aprendió la lección: no se bromea con lo que no se conoce (...). El Estado brasileño debería además garantizar que las personas que necesitan estar aisladas y las que no tienen dinero reciban de parte del Estado una contrapartida. El mundo entero lo está haciendo.

Pero eso cuesta caro y endeuda un país...

Estamos en una época de guerra. ¿Sabes cuánto gastó Brasil en la guerra con Paraguay? El equivalente a 11 presupuestos de Estado de la época (1864-1870) (...). La única cosa que tengo que tener en cuenta es la siguiente: no me interesa cuánto cuesta salvar una vida; yo quiero primero salvarla y después discutimos. No puedo discutir el valor monetario de un ser humano.

Bolsonaro todavía tiene un tercio del electorado brasileño fiel...

Lo que sucedió con Bolsonaro es que ganó vida. Es como si fuese un virus que apareció. Estaba quieto, no se manifestaba y se manifestó. Y, actualmente, sus seguidores salen a las calles a decir idioteces, provocar e insultar a las personas, a hacer percusión (batucada) en la puerta del hospital (...). Estas personas festejaron la muerte de mi nieto (Arthur, en marzo de 2019). El día que murió mi nieto, de 6 años, esos canallas llegaron a producir 'fake news' diciendo que la mejor noticia del día fue la muerte del nieto de Lula.

El domingo pasado, Bolsonaro participó en una protesta cuyos manifestantes pedían, entre otras cosas, la vuelta a la dictadura militar (en Brasil hubo una entre 1964 y 1985). ¿Cómo interpreta ese episodio?

Me entristece porque las personas sabían quién era. Nunca negó sus groserías, la defensa de la dictadura, de la tortura, las ofensas hacia las mujeres, los negros, los indios, la oposición, los comunistas. Él ganó el pleito (en 2018) gracias al clima político creado en Brasil y en el mundo de la antipolítica (...). Y cuando se niega la política lo que viene es peor, es así como se creó el caldo de cultivo para Hitler.

Su figura y la de su partido (el de los Trabajadores, PT) quedaron muy asociadas a la corrupción. ¿Cómo es posible persuadir a los electores progresistas y los evangélicos (estos últimos son un cerca de un tercio de los votantes)?

Hay muchos pastores evangélicos que son del PT, que son tucanos (como se conoce al centro-derecha). Votaron a Bolsonaro porque había un clima de antipolítica, un clima creado para elegir a ese sector de derecha, pero eso puede cambiar en dos o tres años.

¿Qué orden mundial va a emerger después de la crisis del COVID-19?

Creo que China saldrá de esta crisis como la economía más importante del planeta, por delante de Estados Unidos, porque China está gobernada con más seriedad. El otro día escuché a la prensa decir que el presidente estadounidense contaba 11 mentiras diarias. Un país no puede ir bien así.

Usted siempre ha defendido la democracia, pero China no es un régimen propiamente democrático...

China es lo que es. Y Estados Unidos es lo que es. Yo soy un ciudadano que cree en el ejercicio de la democracia como regla de vida. Pero es cierto que China estableció un modelo político para ellos e hicieron con que funcionase. Ellos están alternando de presidente, pero de lo que estamos hablando es de economía. El Estado-mercado no funcionó, acumuló riqueza. Miren (Mauricio) Macri la deuda que dejó en Argentina (...) ¿Por qué derrumbaron a Evo Morales en Bolivia, con sus reservas y políticas de inclusión? Espero que cuando salgamos de esta crisis discutamos el papel del Estado, de un Estado que debe ser más fuerte, inductor del crecimiento, con una política social, que cuide de la salud. No quiero un Estado sometido a los intereses del mercado.

Hay ambiente para un proceso de destitución política (impeachment). La Cámara de los Diputados ya recibió al menos 24...

Creo que el impeachment no nace listo, nace lista la petición; se va trabajando. Trump tuvo uno, la Cámara lo aceptó, pero el Senado, no. Aquí en Brasil se comienza discutiendo. Creo que Rodrigo Maia (presidente de la Cámara) debería aceptar porque Bolsonaro ya cometió muchos delitos graves. Este Congreso Nacional que tuvo la osadía de destituir a una presidente (su sucesora Dilma Rousseff en 2016) por una mentira, no debería tener miedo de colocar el impeachment de Bolsonaro encima de la mesa. Y en la discusión que él se defienda. Tenemos que tener mucha preocupación en América Latina. Nuestro continente necesita mejorar en la calidad de vida de nuestro pueblo. No es posible que después de soñar tanto, entre 2000 y 2014, regresamos a la pesadilla del hambre en América Latina, tener mucho desempleo, a gente durmiendo en la calle. Es muy triste. Y vemos la cantidad enorme de gobernantes insensibles que tratan a los seres humanos como si fuesen números.

Los gobiernos del PT tuvieron una estrecha relación con constructoras como Odebrecht salpicadas por la corrupción.

Estoy convencido que hubo un acuerdo entre Ministerio Público (de Brasil) y el equipo especial de investigación con las autoridades de EE.UU. para destruir a las constructoras y a la Petrobras. Porque si el problema fuese corrupción, arrestabas al dueño de la empresa y dejabas funcionando a la compañía, preservando empleos (...). El problema es que lo que querían era destruirlas. Las empresas de ingeniería de Brasil eran muy fuertes y estaban venciendo muchas licitaciones. El aeropuerto de Miami lo hizo Odebrecht (...). También intentaron destruir a la Petrobras. Ella estaba encargada del mayor yacimiento de petróleo del siglo XXI. Nosotros determinamos que el 75 % del dinero de las royalties del petróleo fuese destinado a la educación, ciencia, tecnología y salud. Los estadounidenses y las multinacionales nunca lo aceptaron.

¿Estima que no existió la caja B de Odebrecht, cuyos dirigentes han sido condenados por sobornar en varios países de América Latina?

Hoy están probadas muchas mentiras. Si tienes acceso a mi defensa, se va a dar cuenta de cuántas mentiras se han contado (...). Quien practicó corrupción, tiene que ir a la cárcel. Las personas lo que necesitan es un juicio digno, con derecho de respuesta, que no sean tampoco juzgadas por la prensa (...). Todo lo que el PT hizo fue para combatir la corrupción, pero no contábamos con un juez mentiroso y maquiavélico (Sergio Moro, actual ministro de Justicia).

EFE
Sao Paulo, Brasil
Domingo 26 de abril de 2020.


Juan Arias  


La última palabra la tendrán el Congreso y el Supremo, las dos instituciones que pueden intervenir en una posible destitución del presidente brasileño


El presidente de extrema derecha de Brasil, Jair Bolsonaro, mantuvo este jueves un duelo histórico con su exministro de Justicia, Sergio Moro, que le lanzó graves acusaciones de haber querido interferir en la Policía Federal, para conocer investigaciones de corrupción sobre su familia.

Es aún pronto para saber cuales serán las consecuencias jurídicas y legales sobre tales acusaciones, pero lo que ha quedado claro es que Bolsonaro se va quedando desnudo al ir rasgando durante su mandato las tres grandes banderas en las que se enfundó durante la campaña electoral y le llevó a la victoria en 2018.

Se trataba de la lucha severa contra la corrupción política que en aquel momento avergonzaba al país y que el candidato a la presidencia juró perseguir. Fue así que aceptó que el paladín en aquel momento de dicha lucha contra la corrupción, el entonces juez de la Lava Jato, Sergio Moro, entrara en su Gobierno como un superministro de Justicia. Fue su primer gol.

Esa bandera la fue perdiendo en la medida en que fueron apareciendo posibles escándalos de corrupción dentro mismo de su familia. Hoy, Bolsonaro, acosado en su presidencia, se está refugiando incluso en los viejos diputados envueltos también ellos en escándalos de corrupción para que le puedan salvar de un posible proceso de impeachment en el Congreso contra él. Y acaba de perder a su mejor espada, el ministro de Justicia, que decidió dejar el Gobierno y lanzar contra él acusaciones tan graves que ahora analizará el Supremo y podrían acabar obligándolo a dimitir.

La segunda bandera era la de acabar en Brasil con la llamada vieja política que gobernaba haciendo acuerdos poco republicanos con los diputados ofreciéndoles cargos y prebendas para conseguir aprobar los proyectos del Gobierno.

Bolsonaro había jurado deshacerse en su mandato de aquel viejo estilo de Gobierno para gobernar “escuchando más al pueblo” que a los diputados y senadores.

Dicha bandera que le valió muchos votos en las elecciones, incluso de brasileños que no gustaban de su cariz militar totalitario, pero que estaban insatisfechos con dichas formas de gobernar de espaldas a la gente, se le ha caído al suelo. Y está intentando formar una mayoría que nunca tuvo en el Congreso y sin la cual vio que era imposible gobernar. Y lo está haciendo con los métodos de la más rancia vieja política.

Le queda, a medio caer, la última bandera: la de llevar a cabo una política neoliberal, de menos Brasilia y más Brasil, menos Estado y más capital privado. Para aquella bandera había escogido al economista de la Escuela de Chicago, el superliberal Paulo Guedes. Una bandera que pretendía revertir la desastrosa política económica de los Gobiernos de Dilma Rousseff, que dejó 14 millones de trabajadores en la calle.

Esa bandera liberal ya está también prácticamente marchita y la prensa habla abiertamente que después de la salida del ministro estrella, Moro, estaría ya preparándose la salida de la estrella económica Guedes que habría perdido la confianza del presidente que pretende revertir la política económica para dar paso a un populismo que le pueda ayudar en la reelección.

Este viernes fue significativo que durante el discurso de Bolsonaro para responder a las acusaciones de Moro, durante el que estuvo rodeado por todos los demás ministros, el único sin traje y corbata, en mangas de camisa y con la máscara contra el coronavirus, fue el ministro de Economía. Guedes con la máscara mostraba su contrapunto al presidente, que insiste en minimizar la pandemia y sigue abrazando a la gente en la calle y pidiendo que todo vuelva a la vida normal mientras el número de muertes se está ya multiplicando en mayor velocidad de lo que ocurre en España.

Despojado de las tres banderas que le dieron la victoria, el presidente, cuyo Gobierno hace aguas por todos lados, aparece cada momento más desnudo y solo. Le quedan los ministros-generales del Ejército, cuya reacción ante las graves acusaciones lanzadas por Moro nadie sabe si decidirán arropar al presidente desnudo o si harán algún malabarismo para cubrir su desnudez con su voto de confianza.

Los próximos días serán decisivos para conocer si una vez más, la presidencia caerá en manos del vicepresidente, el general Hamilton Mourao. La última palabra la tendrán ahora el Congreso y el Supremo, las dos instituciones que pueden intervenir en el cese de un mandatario.

Es un momento que para Brasil no podía ser más crítico ya que el coronavirus, además de llevarse cada día más vidas, está produciendo una grave crisis económica con millones de brasileños, que sin poder trabajar, vuelven a los años terribles del hambre y de la miseria.

Juan Arias
Sao Paulo, Brasil
Sábado 25 de abril de 2020.


Mandetta, un médico que apela a la ciencia, era un firme partidario del aislamiento social, que el presidente quiere relajar para reactivar la economía


Brasil, el país de América Latina más afectado por el coronavirus, cambia de ministro de Salud en vísperas del pico de la pandemia, que los especialistas pronostican para las próximas semanas. El presidente, Jair Bolsonaro, ha cesado al médico Luiz Henrique Mandetta este jueves tras semanas de tensiones y abierto enfrentamiento sobre el alcance del aislamiento social. La covid-19 ha causado la muerte de 1.736 personas y ha contagiado a más de 28.000 desde que justo después de carnaval, a finales de febrero, se detectó el primer caso. El nuevo ministro es también médico, el oncólogo Nelson Teich.

“He hablado con el doctor (Teich) de que gradualmente tenemos que retomar el trabajo”, ha dicho el mandatario al comparecer en el palacio de Planalto junto al nuevo miembro de su equipo. Este ha confirmado su “alineamiento total con el presidente” pero también ha dicho que no habrá cambios repentinos a las cuarentenas ordenadas por los gobernadores. “El medicamento no puede tener efectos secundarios más dañinos que la enfermedad misma”, ha reiterado Bolsonaro que cree excesivas las cuarentenas.

Aunque con matices, los gobernadores han seguido las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y del ministerio del ramo; decretaron hace tres semanas el cierre de colegios, de comercios y el envío de millones de empleados a trabajar desde casa. Brasil empezó la semana pasada una renta básica a más de 60 millones de trabajadores informales y desempleados. El presidente brasileño, en cambio, considera que las actuales cuarentenas son una calamidad para la economía y por eso es partidario de que solo los ancianos y las personas enfermas se aíslen, cosa que según los expertos es insuficiente para frenar los contagios y evitar el colapso de los hospitales.

El destituido Mandetta, cuya popularidad ha ido aumentando desde el inicio de la crisis, había dicho que solo abandonaría el cargo si era destituido porque “un médico no abandona a su paciente”. La primicia de su cese, sobre el que la prensa especula hace semanas, la ha dado él mismo en un tuit: “Acabo de saber por el presidente Bolsonaro de mi destitución”. Algunos de los que no estaban atentos a la última hora se han enterado porque inmediatamente han comenzado a oírse las caceroladas y los gritos de “fuera Bolsonaro” que han acompañado este pulso político entre los antiguos aliados, que coincidieron en el Congreso.

Mandetta, ortopeda, antiguo diputado, católico practicante, había adquirido una enorme relevancia gracias a las ruedas de prensa que empezó a dar a diario cuando se detectó el primer caso, el 26 de febrero. Con un estilo directo y didáctico, apeló a la ciencia desde el inicio en la batalla contra la pandemia. Y, pese a las creciente presiones del presidente, ha sido hasta el último día un firme partidario del aislamiento social, que Bolsonaro quiere relajar para reactivar la economía.

Los militares que se sientan en el Consejo de Ministros salvaron el pellejo de Mandetta la semana pasada, pero han dejado caer después de que este domingo protagonizara un acto que consideran de “insubordinación” por sus palabras en una entrevista en horario de máxima audiencia. “Necesitamos tener un discurso unificado. [Porque] el brasileño está en la duda. No sabe si escuchar al ministro de Salud o al presidente”.

El presidente ha agradecido “al señor Henrique Mandetta” su trabajo y a Teich por aceptar su invitación a dirigir el ministerio. “Estamos juntos en defensa de la vida del pueblo brasileño, en defensa de los empleos y también buscando traer tranquilidad y paz a nuestro pueblo”, ha declarado Bolsonaro, que acusó al destituido ministro de meter miedo a la ciudadanía y a la prensa, de agitar la histeria. Es el único presidente democráticamente elegido que sigue minimizando el peligro que supone la epidemia.

Durante semanas los brasileños han seguido minuto a minuto el pulso que libraban el presidente y su ministro de Salud en torno al aislamiento social, que se ha convertido junto a una medicación llamada cloroquina, en el centro de una formidable batalla política. Mientras Mandetta sostiene desde el principio que, sin una vacuna ni tratamiento, que la ciudadanía se quede en casa es la manera más eficaz de reducir los contagios, Bolsonaro es partidario de reabrir el comercio y retomar la actividad para evitar una hecatombe económica.

El jefe del Estado se ha saltado reiteradamente las recomendaciones del Ministerio de Salud al salir reiteradamente a la calle, creando aglomeraciones, saludando a sus admiradores y haciéndose selfies con ellos. El alcalde de Manaos, la capital del estado de Amazonas, donde los hospitales están al borde del colapso, le ha llegado a acusar de ser el principal aliado del virus y de hacer campaña contra el aislamiento social.

En Brasil la expansión de la enfermedad se ha ralentizado en los últimos días. Pero los pacientes actuales ya están poniendo a prueba la resistencia del Sistema Único de Salud, el SUS, el extenso sistema de sanidad pública que atiende al 85% de los 210 millones de brasileños. Las UCIs de dos estados, Amazonas y Ceará, están al límite y las del epicentro de la epidemia en el país, el estado de São Paulo, tienen una ocupación que ronda el 80%.

El País
Naiara Galarraga Gortázar
São Paulo, Brasil
Jueves 16 de abril de 2020.


El escritor brasileño falleció como consecuencia de un ataque cardíaco mientras era llevado a un hospital, le confirmaron algunos familiares al diario O´Globo.


Una máxima que el mismo escritor ha defendido con sus actos, con su testimonio lejos de las primeras páginas de la prensa y de los grandes segmentos en televisión, con su capacidad de hacerse inmune a los reconocimientos que premios como el Camoes o el Juan Rulfo (obtenidos en el 2003) o cualquier otro certamen realizado por los círculos del establecimiento constituyen para hacer de la literatura una nueva mercancía.

Los cuentos de Fonseca funcionan como reflejos, como apologías del rechazo y de los actos malévolos del ser humano. Sus cuentos y novelas son híbridos de cavilaciones, de invenciones, de reflexiones de los días en los que trabajó como abogado penalista, en los que hizo parte del cuerpo de Policía de Río de Janeiro y en ese tiempo en el que cada crimen vaticinaba sigilosamente un destino atravesado por la escritura, por la posibilidad de trasladar, transformar y reinventar una ética transgresora por un mal acérrimo que se instauró en la cotidianidad, que dejó de ser un tema metafísico y se convirtió en un elemento que no solo es inherente sino que se vuelve un patrón de comportamiento en cualquier andén, bar, parque, casa, oficina, aula o parlamento.

Arthur Conan Doyle tuvo a Sherlock Holmes; Charles Bukowski, a Chinaski; Dostoyevski, a Raskólnikov. Rubem Fonseca tuvo a Mandrake, a Gustavo Flavio: dos alter ego que relataron las memorias que se desdibujaron como memorias y se ilustraron como ficción, como relatos de los marginales con los que convivió y como sucesos noticiosos que reflejaban y reafirmaban la decadencia de una sociedad obsesionada con la opulencia e indolente con un sistema apabullante que condiciona la ética a un ideal supremo del éxito a costa de la competencia y la ley del más vivo, del más fuerte y del más afortunado. Los submundos y los crímenes atroces surgen como nuevos universos narrativos en los que sus palabras eran la voz de los que caminan a un costado de lo normativo, de lo rutinario, de lo correcto. Sus personajes, todos pertenecientes a textos como "Los prisioneros", "Diario de un libertino", "Grandes emociones y pensamientos imperfectos", "Mandrake: la biblia y el bastón", "El gran arte", "Secreciones, excreciones y desatinos" y "El seminarista", entre otros, se hicieron discurso, bandera y también moral; se erigieron como símbolos transversales y transgresores de sociedades fragmentadas; fueron jueces, verdugos, pecadores y agentes del desorden, de ese caos que muchos ven como algo subterráneo o superficial, pero que en realidad está ahí derrumbando los palacios de la ética, de las leyes establecidas y de las buenas costumbres.

A la narrativa del escritor brasileño la han intentado encasillar en el género negro, en la literatura noir. Su lenguaje policíaco y sus escenas caracterizadas por crímenes, sospechas e investigaciones de abogados y detectives se señalan como elementos pertenecientes a un género al que Fonseca no pertenece del todo, a una casilla que solo es una convención más de la teoría y que no necesariamente sea la única verdad. Las letras en tinta negra, las letras ensangrentadas y las historias que desgarran por lo impensado de los acontecimientos son el resultado de algo más allá de un estilo o de un tipo de literatura. Cada atrocidad o palabra expresada son espejos de mundos tangibles, de realidades alternas o incrustadas en territorios olvidados, subyugados por hombres y mujeres que se han rebelado contra las figuras de autoridad y que por un mal inherente a su condición decidieron mantenerse al margen de los mandatos y las imposiciones.

Rubem Fonseca, de 94 años, es aliado de los señalados, el portavoz de los marginados, de los que viven en las calles destapadas, atiborradas de basura, haciendo parte de un paisaje lleno de ignominia, de los trueques entre ladrones; de las ofertas de las prostitutas que reciben a los desesperados, a los rechazados, a los lujuriosos; de los drogadictos que eligen habitar los mundos de la alucinación y no los terrenos donde las esperanzas son solo mitos y la justicia, una quimera que nadie jamás ha visto a los ojos.

El Espectador
Bogotá, Colombia
Andrés Osorio Guillot
Jueves 16 de abril de 2020.


No soy el primero en apuntarlo, pero es un misterio saber por qué las solapas de los libros insisten en definir a Rubem Fonseca como “uno de los referentes obligados de la novela y el cuento policíaco”.


El que fuera comisario del Distrito Policial en Río de Janeiro es mucho que esto. Un autor ágil y poliédrico, gallardo y atrevido. En lo mejor de su obra no hay lugar a digresiones, ni circunloquios. Fonseca es descarnado y preciso.

La colección de sus primeros libros de cuentos nos recuerda que en Fonseca no sólo hay retratos marginales, frenéticos, sanguinarios, que se zambullen en las sombras de las urbes. Sí: es cierto que muchos de los personajes de sus cuentos más descollantes transitan estos escenarios. Pero no: no son solo eso, y por eso sería una falla dejar que esos calificativos arropen su obra, pues hay otros donde el brasileño hace gala de su narrativa con temáticas totalmente dispares a las ya mencionadas, entre ellos cabría mencionar “Naturaleza podrida o Franz Potocki”, “El agente”, “El enemigo”, por referirse tan solo a su primer libro: Los prisioneros (1963).

Si se tratara de apuntalar lo dicho, mencionaría algunos de los cuentos de “El collar del perro” (1965): “Siguiendo a Godfrey” y “Víspera”, por ejemplo, están por fuera del casco urbano que suelen aparecer en su narrativa. Y otros más experimentalistas y arriesgados como “Ámbar gris”, “Cadena”, “Los inocentes”, “Los músicos”, microrrelatos que -vale la pena decirlo- no se miden ni en tamaño ni en calidad a la magnitud de su literatura, pero que demuestran otra inclinación narrativa.

En esas primeras dos apariciones, hay pinceladas de lo que se encuentra en sus títulos más célebres –“Feliz año nuevo” y “El cobrador”-; no es difícil identificar que con el tiempo el autor de “El gran arte” agudizó su mirada, su narrativa y su prosística; en estas incursiones hay cuentos que anticipaban lo que se vendría.  (Revisen relatos como “Doscientos veinticinco gramos”, “Henri”, “La fuerza humana”, “La grabadora”, “Informe de Carlos”, “El grande y el pequeño”, entre otros).

De hecho, en estos se dan a conocer dos de sus personajes más célebres: por un lado, Mandrake, quien en “El caso de F.A.” aparece con su sagacidad y galantería, resolviendo un caso; y, de otra parte, un personaje (Vilela) de un magnífico cuento (El collar del perro), quien es un policía correcto, intrépido y perspicaz, al mejor estilo de Mattos, uno de los protagonistas de su brillante novela: “Agosto”.

Ahora, si el quid estuviera en destacar algunas de las múltiples cualidades de su narrativa breve, diría que hay que analizar la perspectiva desde la cual se presenta la narración: son muchas las historias en las que el foco está en el delincuente, el futbolista, el pugilista, el amante, el nigromante, el misógino, el diletante, el procaz, el escatológico, el paranoico, el vagabundo, etc.

Historias narradas por ellos mismos, en muchos casos; o en otras donde el narrador centra su mirada en ellos. El lector, en consecuencia, termina haciendo parte de realidades ajenas, y desmontando sus propias reglas morales, éticas y deontológicas: en “Feliz año nuevo”, por mencionar alguno, el lector asiste al atraco de un grupo de delincuentes que observan por televisión la felicidad de los demás, y que aprovecha la ocasión para lograr la suya.

Pero como decía más atrás, reducir a Rubem Fonseca en una característica sería incorrecto, pues si bien en algunos de sus cuentos el tema habitual es la turbulencia de las calles, lo interesante es la forma como presenta las narraciones, a saber: con versatilidad, cambiando constantemente –y en un mismo libro- los puntos de vista. Es así, entonces, como puede surgir un maleante, “Feliz año nuevo”; un futbolista, “Abril, en Rio, en 1970”; un periodista frustrado en su prepotencia, “Corazones solitarios”; un individuo sin suerte, “Tomando el control”; un vengador implacable, “El cobrador”; un letal enamorado, “Encuentro en el Amazonas”; un viejo conmovido y corrompido, “Pierrot en la caverna”. La galería es exuberante y variopinta. Fonseca, en suma, es un maestro del género.

En alguna parte de su novela “El caso Morel”, uno de los escritores le dice al otro: -“Escribir sirve siempre. Paso las noches soñando con mi carrera literaria”. A despecho mío, hay un Fonseca de una narrativa débil y anodina que no se acerca al que he venido describiendo. Así como en su narrativa breve, hay novelas –“Diario de un libertino”, verbigracia- que no parecen corresponder con el autor transgresor y prolijo. (Las mieles de la caja registradora, supone uno que supondría algún personaje suyo).

Los grandes autores también tienen obras menores, que en algunos casos lo son por derivar de su pluma. (Es su culpa, ya que uno como lector espera mucho de ellos). Es una situación que le pasa a muchos: el problema es que se corre el riesgo de que un lector desprevenido elija leer lo menos bueno; con lo cual, la primera impresión no será la más acertada.

En todo caso, no es tan importante. Fonseca es un grande, capaz de ver por el otro, de hacernos sentir, de hacernos vivir.  Hoy que ha partido recuerdo las palabras de “Pasado negro: (Bufo & Spallanzani)”: “El escritor debe ser esencialmente un subversivo, y su lenguaje no puede ser ni el lenguaje mistificatorio del político (y del educador), ni el represivo del gobernante. Nuestro lenguaje deber ser del no-conformismo, el de la no-falsedad, el de la no-opresión. No queremos poner orden en el caos, como suponen algunos teóricos. Ni siquiera hacer el caos comprensible. Dudamos de todo siempre, incluso de la lógica. El escritor tiene que ser escéptico. Tiene que estar contra la moral y las buenas costumbres”.

El Especador
Jaír Villano
@VillanoJair
Bogotá, Colombia
Jueves 16 de abril de 2020.


El Cuerpo de Bomberos del municipio de Ibirité reportó que la mujer y sus hijos, de seis años y seis meses, murieron sepultados por un alud que destruyó su vivienda


Recife (Brasil).- Una mujer y sus dos hijos murieron y otra persona continúa desaparecida como consecuencia de los deslizamientos provocados este viernes por las fuertes lluvias en Belo Horizonte (sudeste), ciudad que registró el día más lluvioso de su historia, según informaron las autoridades.

El Cuerpo de Bomberos del municipio de Ibirité, en la región metropolitana de Belo Horizonte, reportó que la mujer y sus hijos, de seis años y seis meses, murieron sepultados por un alud que destruyó su vivienda.

De acuerdo con la Defensa Civil del estado de Minas Gerais, cuya capital regional es Belo Horizonte, otra mujer que residía con la familia está desaparecida.

El estatal Instituto Nacional de Meteorología (Inmet) indicó que Belo Horizonte, ciudad que en 2020 cumple 122 años, registró este viernes el día más lluvioso desde que se realizan las mediciones meteorológicas hace 110 años.

En 24 horas, el acumulado de lluvia llegó a los 171,8 milímetros, el mayor nivel en más de un siglo de acompañamiento meteorológico y más del esperado para todo el mes de enero.

Las lluvias de este viernes provocaron también la caída de un edificio en construcción, sin causar heridos, y las inundaciones arrastraron casas y vehículos en Belo Horizonte y los municipios vecinos, siendo Ibirité y Raposos los más afectados.

Solo en el municipio de Contagem, cerca de 500 personas fueron retiradas de sus casas por peligro de deslizamientos.

El último fin de semana, otras siete personas murieron, dos resultaron heridas y una continúa desaparecida debido a las fuertes lluvias que azotan el vecino estado de Espírito Santo, también en el sureste de Brasil.

La Defensa Civil de Espírito Santo señaló que 3.300 personas perdieron su residencia o fueron desalojadas de sus casas en las ciudades de Iconha, Río Novo do Sul, Vargem Alta y Alfredo Chaves, la más afectada por las tormentas que se intensifican en el verano como resultado de días de extremo calor.

EFE
Recife, Brasil
Sábado 25 de enero de 2020.


El Supremo Tribunal Federal decidió el jueves que es inconstitucional la prisión de una persona en segunda instancia, lo que puede liberar al expresidente y a otros miles de reclusos.

La jueza Carolina Lebbos ordenó la salida de prisión del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, según un documento del tribunal, después de que sus abogados pidiesen su libertad formalmente el viernes tras un fallo adoptado por el Tribunal Supremo.

"La decisión del STF le ha dado [a Lula] una luz de esperanza de que pueda haber justicia. Nuestra batalla jurídica continúa y nuestro foco es la anulación de todo el proceso que llevó a su condena", comentó el abogado del petista Cristiano Zanin.

Se espera que Lula ofrezca un discurso antes sus simpatizantes, que se encuentran frente a la Superintendencia de la Policía Federal de Curitiba, en el estado de Paraná, en el sur de Brasil, donde ha estado preso desde abril de 2018.

Después está previsto que viaje a su residencia en Sao Bernardo do Campo, en Sao Paulo, en un avión fletado por el Partido de los Trabajadores (PT). Según el diario la Folha de S. Paulo, la idea es que descanse hasta el domingo, cuando realizará un acto en el Sindicato de Metalúrgicos de ABC, donde habló por última vez antes de entrar en prisión.

El expresidente (2003-2010), de 74 años, cumplía desde abril de 2018 una pena de 8 años y 10 meses de prisión por lavado de dinero y corrupción pasiva en el caso de un departamento triplex, en el marco de la 'Lava Jato'.

El jueves por seis votos a cinco, en un cambio de la jurisprudencia de 2016, los jueces del STF decidieron que una persona no puede ser considerada culpable hasta que se haya dictado una sentencia final, es decir, cuando no hay más recursos judiciales en proceso. Al antiguo líder sindical le quedan todavía recursos pendientes, por lo que ha quedado en libertad.

"Creo que habrá justicia en este país siempre y cuando las personas se den cuenta de que la mentira no puede prevalecer", dijo Lula en una reciente entrevista en exclusiva con RT. "Y que el Tribunal Supremo de Brasil, como institución garante de nuestra Constitución, permita que las cosas vuelvan a funcionar normalmente y no dejará que la mentira prevalezca sobre la verdad", vaticinó.

La decisión del STF ha supuesto un duro golpe para el ministro de Justicia, Sergio Moro, que estuvo al frente como exjuez en la mayoría de los juicios de la operación anticorrupción de Lava Jato, entre ellos el de Lula.

El viernes, en una nota enviada a la prensa, el ministro defendió las condenas en segunda instancia. "Continuaré defendiéndola. La decisión de la mayoría del STF debe ser respetada. El Congreso puede, en cualquier caso, alterar la Constitución o la ley para permitir la ejecución nuevamente en segunda instancia", afirmó.

Denuncia ser víctima de una conspiración

Lula fue condenado también a 12 años y 11 meses de cárcel por corrupción y lavado de dinero en la reforma de una casa en Atibaia, Sao Paulo, pero la condena no está confirmada en segunda instancia. Además, tiene por lo menos otros seis procesos abiertos ante la Justicia.

El líder del PT siempre ha negado las acusaciones y alega que ha sido víctima de una conspiración para impedir que se presentara a las elecciones presidenciales de octubre de 2018.

Guerra judicial en Brasil: ¿cómo afectan a Lula las revelaciones sobre 'Lava Jato'?
Esta tesis cobró fuerza cuando el pasado verano, el portal The Intercept Brasil filtró unas conversaciones entre Moro y los fiscales del caso Lava Jato que ponen en duda su imparcialidad.

La medida también afecta a unos 4.900 presos, entre los que se encuentran decenas de condenados en la Operación anticorrupción Lava Jato, según el Consejo Nacional de Justicia (CNJ). Los considerados peligrosos o que fueron presos de manera preventiva no accederán a la libertad. La Justicia analizará caso por caso después de que el abogado de cada preso pida la correspondiente revisión.

Según datos del Ministerio Público Federal (MPF), recogidos por la prensa local, hay 74 presos de la Lava Jato en Paraná con condenas en segunda instancia y 38 de ellos podrían tener algún beneficio por la decisión del STF.

RT
Sao Paulo, Brasil
Viernes 8 de noviembre de 2019.


Incendios forestales en la Amazonia desatan temor por desastre ambiental mientras São Paulo se oscurece por el humo


La Amazonía tiene 7,4 millones de km2, es la mayor región de bosque tropical del planeta y alrededor del 60 por ciento se encuentra en Brasil. Su bioma es inigualable y su existencia es vital para los esfuerzos contra el cambio climático. Sin embargo, en estos momentos el llamado pulmón del mundo está envuelto en llamas, lleva 16 días incendiándose y organizaciones denuncian que el Gobierno de Jair Bolsonaro ha guardado silencio ante lo que han llamado un «crimen ambiental».

Hasta ahora se estima que han sido destruidas 500.000 hectáreas de bosque entre Brasil y Bolivia, y se ha empezado a extender hacia Paraguay y Perú. En redes sociales han circulado imágenes de largas extensiones de bosque quemado a través de los estados brasileños de Acre, Rondônia, Mato Grosso y Mato Grosso do Sul, así como animales huyendo de su hábitat. Las denuncias llevaban más de 15 días, pero la noticia no se hizo visible hasta que el incendio se convirtió en una triple amenaza entre Brasil, Bolivia y Paraguay. Lo que ha puesto en riesgo a poblaciones enteras y a miles de especies.

Datos del Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil (Inpe) indican que la deforestación destruyó 2.254 kilómetros cuadrados de la Amazonía brasileña el pasado julio, 278 % más que los 596,6 kilómetros cuadrados del mismo mes de 2018. El aumento de la deforestación en la Amazonía provocó que Alemania y Noruega anunciasen la semana pasada el congelamiento de ayudas destinadas a la preservación de la selva.

Con el hashtag #PrayForAmazonia, miles de personas hicieron un llamado en redes sociales a atender los incendios que representan un riesgo para el planeta entero, ya que ese inmenso pulmón vegetal produce el 20 % del oxígeno del mundo.

Los focos de incendio en Brasil entre enero y agosto de 2019 registró 71.497 siniestros de esta naturaleza, un número considerablemente superior a las 39.194 quemas que ocurrieron en el mismo período de 2018.

«Quienes deforestan y destruyen la Amazonía se sienten alentados por el discurso y las acciones del gobierno de Bolsonaro que, desde que asumió el cargo, ha hecho un verdadero desmantelamiento de la política ambiental del país«, señaló en un comunicado Danicley Aguiar, vocero de la organización Greenpeace en Brasil.

Sin embargo, Bolsonaro apenas está poniendo medios para luchar contra este crimen, más preocupado en acallar a los medios que en luchar contra el fuego. El ministro de Medio Ambiente de Brasil, Ricardo Salles, señaló en su cuenta de Twitter que el Gobierno ha puesto a disposición de los estados afectados aviones y un equipo de brigadistas para detener los incendios. Medidas irrisorias para un desastre de estas características.

Incendios forestales en la Amazonia desatan temor por desastre ambiental mientras São Paulo se oscurece por el humo

En Brasil, la indignación pública está aumentando por los incendios forestales masivos que han consumido partes de la Amazonia durante varias semanas.

El hashtag #PrayForAmazonia fue tendencia el martes mientras circulaban imágenes de los furiosos incendios en las redes sociales. El cielo de la ciudad de São Paulo se oscureció durante aproximadamente una hora durante el mediodía del lunes, luego de que los vientos transportaran el humo de los incendios forestales que azotaban a casi 2.500 kilómetros de distancia.

Se cree que los incendios fueron directamente causados o exacerbados por la explotación agrícola y la deforestación. La agencia brasileña de investigación espacial ha registrado casi 73.000 incendios forestales en lo que va de año, lo que representa un aumento del 83% con respecto al mismo período del año pasado. El presidente brasileño, el ultraderechista Jair Bolsonaro, ha trabajado para desregular y abrir la
Amazonia a los agronegocios, la tala y la minería desde que asumió el cargo en enero, a pesar de la preocupación internacional sobre el impacto ambiental de la deforestación.

 Datos recientes muestran que Brasil ha perdido más de 3.300 kilómetros cuadrados de cubierta forestal este año. Los científicos expertos en clima dicen que la protección de la selva amazónica es crucial en el esfuerzo global para combatir el cambio climático.

Revolución
Xan Pereira Castro
Cambio Democrático
Sao Paulo, Brasil.
Miércoles 21 de agosto de 2019.

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El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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