El músico estadounidense Bob Dylan lanzará grabaciones inéditas realizadas durante la preparación del álbum "Blood on the Tracks", incluyendo tomas realizadas en Nueva York que finalmente fueron borradas de la versión final.

"Blood on the Tracks", que tuvo una recepción tibia por parte de la crítica tras su lanzamiento en 1975, ahora es considerado por la mayoría como un álbum importante, y está entre los 20 mejores de la historia según la revista Rolling Stone.

Ganador del Premio Nobel de Literatura en 2016, Dylan publicará el 2 de noviembre todas las grabaciones realizadas para el álbum en una caja de seis CD titulado "More Blood, More Tracks - El Bootleg Series Vol. 14".

Dylan grabó originalmente todos los temas del disco en Nueva York en 1974, pero después de mostrarlo a su entorno consideró que necesitaba cambios. Así que volvió al estudio, aunque esta vez a uno de Minnesota, donde nació.

Finalmente, volvió a grabar cinco de las pistas allí, y las originales fueron descartadas para el álbum.

Muchas de estas grabaciones ya circulaban solapadamente y son muy apreciadas por algunos coleccionistas.

Estas ejecuciones "están en la forma más pura posible", dijo el historiador del rock Jeff Slate en un comunicado publicado el jueves en la página web de Bob Dylan.

"Blood on the Tracks" es considerado un álbum introspectivo, escrito cuando Bob Dylan se estaba separando de su primera esposa, Sara, aunque el cantante siempre se ha negado a explicar el origen de sus textos.

AFP
Nueva York EU
Viernes 21 de septiembre de 2018.


La Academia Sueca informó hoy que entregará este fin de semana en Estocolmo, el Nobel de Literatura 2016 al cantautor estadounidense Bob Dylan; su presencia en la capital sueca coincidirá para dar dos conciertos.

"La Academia y Bob Dylan han decidido reunirse este fin de semana.

La Academia le dará el diploma y la medalla y lo felicitará por el Nobel de Literatura. El escenario será pequeño e íntimo y no habrá medios presentes, solo Dylan y miembros de la Academia", anunció en su blog la secretaria permanente de la institución, Sara Danius, que explicó que seguían así los deseos del músico.

Dylan, ausente de los actos del Nobel en diciembre por compromisos previos, no pronunciará ahora la conferencia de recepción del premio, aunque la Academia cree que enviará una versión grabada, un requisito necesario para poder cobrar los 8 millones de coronas (900 mil dólares) con que está dotado.

"La Academia tiene razones para creer que una versión grabada será enviada más adelante. Los discursos del Nobel son presentados de vez en cuando grabados, la última vez fue con Alice Munro en 2013. Por el momento no se conocen más detalles", señaló Danius.

Acepta Bob Dylan el Nobel de Literatura

La secretaria había informado ayer que la Academia no tenía noticias de Dylan y le recordaba que el plazo para la conferencia de recepción del galardón -que no tiene que ser presencial, ni siquiera un discurso como tal- era de seis meses a contar desde diciembre, según los estatutos de la Fundación Nobel.

Dylan fue reconocido con el Nobel de Literatura en octubre pasado por crear nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense, una elección sorprendente por ser la primera vez que se premiaba a un cantautor.

Tras intentar contactar con él, sin éxito, durante varios días, la Academia Sueca desistió, pero Dylan aceptó finalmente el Nobel y lo agradeció, en conversación telefónica con Danius.

Además, el músico estadounidense envió un discurso de agradecimiento que fue leído por la Embajadora de Estados Unidos en Suecia en el banquete de honor a los galardonados.

EFE
Reforma
Copenhague, Dinamarca
Miércoles 29 de marzo de 2017.

La obra de Dylan se ha caracterizado por una nueva expresión poética.

El cantautor estadounidense Bob Dylan fue reconocido el jueves con el Premio Nobel de Literatura 2016.

La academia sueca premió al músico por "haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense".

Dylan nacido en Duluth, Minnesota, el 24 de mayo de 1941. Es un músico, cantante y poeta estadunidense, considerado ampliamente como una de las figuras más prolíficas e influyentes de su generación en la música popular del siglo XX y de comienzos del siglo XXI.

El año pasado, la periodista Svetlana Alexievich se alzó con el galardón "por sus escritos polifónicos, un monumento al sufrimiento y coraje en nuestro tiempo", según la Academia Sueca.

El premio está dotado con ocho millones de coronas suecas (algo más de 970 mil dólares) y será entregado, como todos los años, el 10 de diciembre en Estocolmo.

El de Literatura es el último premio Nobel que se entrega este año, luego que se aplazó por una semana el anuncio del mismo.

El galardón lleva el nombre del inventor de la dinamita Alfred Nobel y se otorga desde 1901 por los logros en la ciencia, la literatura y la paz.

AP
Notimex
Oslo, Noruega
Jueves 13 de octubre de 2016.

A sus 74 años de edad, Robert Allen Zimmerman se ha presentado ante el selecto público del Festival Jardines de Pedralbes

Barcelona.- El magnetismo y el talento de Bob Dylan han atrapado al público intergeneracional que se ha reunido hoy en los Jardines de Pedralbes de Barcelona, donde el de Minnesota ha ofrecido un concierto sin concesiones a la nostalgia, durante el que se ha centrado en sus composiciones de la última década.

A pesar de que muchos de los presentes han pagado entre 70 y 185 euros atraídos por la posibilidad de ver de cerca al mítico autor de Like a rolling stone y escuchar en directo sus himnos generacionales, el trovador no se ha dejado influir por las supuestas expectativas de su público y ha encerrado bajo llave los temas más conocidos de su pasado para centrarse en su presente.

Un presente lleno de buenas canciones que suenan a blues, a rock, a country y, sobretodo, a él mismo, que con 50 años sobre los escenarios y 36 discos de estudio ya ha tenido tiempo de demostrar sobradamente que está entre los más grandes de todos los tiempos.

A sus 74 años de edad, Robert Allen Zimmerman se ha presentado ante el selecto público del Festival Jardines de Pedralbes en mejor forma física que cuando visitó Barcelona por última vez hace cinco años.

Ha salido a escena con un sombrero blanco de ala ancha blanco y una americana clara, y se ha situado en el centro del escenario, de pie, rodeado de los cinco magníficos músicos que le acompañan.

Poco hablador, Dylan no ha dado ni las buenas noches, pero ha logrado conectar con los presentes a través de su personalísima voz rasgada y su maestría como compositor e intérprete.

El primer tema ha sido Things have changed, una preciosa canción que compuso el año 2000 para la película Wonder boys y que ha cantado casi sin moverse.

Luego ha llegado el turno de She belongs to me, uno de los pocos clásicos de su época dorada que ha incluido en el repertorio de esta noche.

En esta canción, Bob Dylan ha hecho sonar su armónica, y con ella ha llegado la magia al precioso escenario al aire libre de los Jardines de Pedralbes.

A pesar de que, supuestamente, Dylan está de gira para presentar su disco Shadows in the night (2015), sólo ha interpretado dos temas de este álbum: las versiones de Frank Sinatra Full moon and empty arms y Autumm leaves, éste último original de Yves Montand.

El grueso del repertorio lo han formado canciones de Tempest (2012), último disco de estudio con material inédito, del que han sonado la mitad de sus cortes.

Con paso firme, el bardo norteamericano ha ido desgranado su repertorio a lo largo de un concierto de algo más de hora y media, durante el que sólo se ha dirigido al público una vez para decir “en seguida volvemos”, justo antes de abandonar el escenario 20 minutos, a modo de entreacto.

Durante la segunda parte, el legendario trovador ha alternado su voz rota con la armónica y el piano, y se ha mostrado más distendido, llegando incluso a caminar con elegancia por el escenario y a hacer algún sutil movimiento corporal.

Pero el momento álgido ha llegado en los bises con Blowing in the wind, la única concesión a la nostalgia que ha hecho y que, de hecho, no se puede considerar como tal porque la recreación del tema que ha ofrecido no tiene nada que ver con la canción que interpretaba el jovencísimo Dylan cuando era pareja de Joan Baez.

El concierto ha acabado con el público en pie y Bob Dylan despidiéndose con la cabeza de un público que sabía del pasado de Dylan y hoy ha experimentado su presente.

EFE
Barcelona, España
Sábado 4 de julio de 2015.

Bob Dylan grabó su canción más célebre hace 50 años y marcó un antes y un después

Una baqueta cae con fuerza sobre una caja y al mismo tiempo un pie golpea el bombo. Es la detonación. Al instante, se abre todo un universo, creado por una absorbente atmósfera eléctrica y con un órgano estelar de fondo. Son unos segundos hasta que una voz circense dice cuatro palabras mágicas, las cuatro primeras de un relato de una verborrea divina: “Once upon a time…” Como en los cuentos. “Había una vez…”. En palabras de Bruce Springsteen: “Ese golpe de tambor sonaba como si alguien hubiera abierto de una patada la puerta de tu mente”. Es el comienzo de Like a Rolling Stone, la mejor composición de la historia del rock según buena parte de la crítica especializada, la canción con la que Bob Dylan cambió ya definitivamente el curso de la música popular en el mundo, la pista que acaba de cumplir medio siglo desde que se grabó entre el 15 y 16 de junio de 1965. Como dijo el poeta estadounidense David Henderson, no se trataba de una canción, sino de “una epopeya”. Una epopeya que narraba las emociones imparables de su autor, pero que también afectó para siempre a la visión del rock y al alma de toda una nación.

En 1965, Estados Unidos se encontraba en uno de los períodos más agitados de su historia mientras Bob Dylan andaba deshaciéndose de su papel de portavoz generacional en la música folk, que veía como una camisa de fuerza que le oprimía. Apenas habían pasado cuatro años desde que, proveniente de su pueblo de Minnessotta en busca de Woody Guthrie, había empezado a tocar en los clubes de Greenwich Village junto con los puntales del movimiento folk neoyorquino como Pete Seeger, Ramblin' Jack Elliott o Dave Van Ronk. Apenas había pasado un año desde que había publicado The Times They Are A-Changin' y los tiempos estaban cambiando para todos, incluido él, que, fascinado por el vibrante aroma juvenil y desenfadado que desprendían los Beatles o los Rolling Stones, había decidido hacer lo contrario de lo que se esperaba de él.

El primer (y enorme artísticamente) paso fue Bringing It All Back Home, publicado unas semanas antes de la grabación de Like a Rolling Stone. Con esa doble cara acústica y otra eléctrica, Bringing It All Back Home, una obra maestra fechada en marzo de 1965, fue el disco que inauguró el cambio de Dylan, una espléndida ranura por la que se divisaba algo muy distinto a lo que se conocía del autor de Blowin’ in the wind. Y ese algo era eso que Dylan describía entonces con estas palabras: “Es ese delgado, salvaje sonido mercurial. Es metálico, dorado y brillante”. Bringing It All Back Home fue la primera parte de la que se conoce como la trilogía mercurial de Dylan, formada también por los álbumes Highway 61 Revisited y Blonde on blonde. La trilogía del antes y el después, por la que se dio el camino a la inversa: los Beatles, los Rolling Stones y, en definitiva, todos, se fijaron entonces en Dylan para saber por dónde iban los nuevos tiempos. Y Like a Rolling Stone fue, y sigue siendo, el máximo exponente de ese sonido.

El crítico musical estadounidense, Greil Marcus, uno de los mayores estudiosos de la obra de Bob Dylan, lo llama “sonido total”. Un sonido que nace del blues de Robert Johnson pero que se expande en muchas direcciones, como si contuviese un big-bang de la música norteamericana dentro, entre los trazos de la guitarra rítmica y el bajo, la alta temperatura del órgano Hammond de Al Kooper (se coló de casualidad), las potentes estelas de la armónica y la voz incisiva y desafiante de Bob Dylan. Al igual que antes había sucedido con el canto pasional de That’s All Right de Elvis Presley, el alarido de Tutti Frutti de Little Richard o el riff de Johnny B. Goode de Chuck Berry, bastaba esa extraña explosión sonora, esa conjunción de elementos venidos de todas partes y de ninguna, para reconocer lo inexplicable. Era una forma de mirar hacia adelante sin olvidar las huellas. Era innovación. Poderosa innovación con un mundo emocional propio, pero también universal. Tal y como recoge Marcus en su libro Like a Rolling Stone. Bob Dylan en la encrucijada, el sonido de Like a Rolling Stone lo abarcaría y lo consumiría todo. “Mientras durase, ese sería el mundo mismo, ¿y quién sabe lo que sucedería cuando se abandonase ese mundo y se volviese al mundo que parecía tan completo y acabado antes de escuchar ese sonido?”.

Su avalancha sonora arrastra al oyente. Sin aliento. Le obliga a tomar partido. Like a Rolling Stone no es una canción que se pueda simplemente oír. No está concebida para oyentes perezosos, ni para turistas musicales. Conviene recordarlo: una baqueta cae sobre una caja y al mismo tiempo un pie golpea el bombo y... ¡boom! “Once upon a time…”. Como en los cuentos, el oyente está obligado a adentrarse en su mundo, sino la canción te expulsa. Como las grandes fábulas expulsan a los que sólo pueden ver aquello que alcanzan sus ojos.

Esa epopeya llamada Like a Rolling Stone, grabada en los estudios de Columbia en Nueva York, era un desafío para el oyente pero también para la época. Sus seis minutos de duración, con ese torrente instrumental, rompían los esquemas de las emisoras de radio. Era la antítesis del single, pero lo era de todo al mismo tiempo. Porque la canción más pop de Dylan hasta la fecha era lo menos pop de 1965. Su creador daba paso con esta composición a todo un sello personal de canciones que comenzaban en alto. Es decir, en los primeros compases, ya estaba toda la banda en la cúspide sonora y de ahí no había ni un respiro, ni un paso en falso en ese caudal incontrolable, hasta que se desvanecía. Pasaría en otra célebre como Hurricane y en varias más.

Como afirmó Greil Marcus, Dylan buscaba con Like a Rolling Stone conquistar un territorio. Y lo consiguió. Era el territorio artístico y sentimental de los agitados años sesenta, de la ruptura generacional y del rock’n’roll. Cuando se grabó la canción, en Estados Unidos, empapado por el beat de los Beatles y demás acólitos, se cocían todo tipo de revueltas y choques. En pleno conflicto bélico con Vietnam, paranoia de la guerra fría y carrera espacial con los rusos, se había producido el famoso Domingo Sangriento en Selma tras las cargas policiales contra los manifestantes por los derechos civiles y Martin Luther King había pasado por la cárcel mientras el presidente Lyndon Johnson intentaba mitigar todo con la base para la ley que daría el voto a los negros. Y los medios no se perdían detalle del proceso contra Richard Hickock y Perry Smith (protagonistas del libro A sangre fría de Truman Capote), encarcelados por asesinar a cuatro miembros de la familia de Herbert Clutter en Holcomb (Kansas) y que acabaron ahorcados. Like a Rolling Stone se puede traducir “como un bala perdida” o un “canto rodado”. Y en 1965 todos, y no sólo la chica de la canción que antes vestía tan bien y hablaba bien alto, parecían cantos rodados en la encrucijada de su propia historia. Todos parecían hacerse la misma pregunta del estribillo: “How does it feel? (¿Qué se siente?)”. También Dylan, que estaba inmerso en su propia vorágine de acontecimientos y problemas sentimentales.

Like a Rolling Stone cumple medio siglo. Con toda su urgencia y su orgullo herido, la canción fue un hito. Y lo seguirá siendo. Porque, muchos años después de su creación, ya en otro siglo, sigue sonando abrasiva. Su fuego está intacto después de escuchar cómo esa baqueta cae y un pie golpea un bombo. Cuenta Howard Sounes en su biografía sobre Bob Dylan una anécdota ilustrativa al respecto. Durante esos días de grabación, Dylan estuvo en una fiesta y la cantautora Maria Muldaur le invitó a bailar al verle sentado solo en un rincón con las piernas cruzadas moviéndose con nerviosismo. Ya le empezaban a llover las críticas en la comunidad folk por su experimentación sonora, pronto recibiría el calificativo de “judas”, mientras otros veían en él un mesías político que solucionaría todos los desajustes del país. Ante la propuesta de Muldaur para bailar, Dylan alzó la vista hacia ella y contestó: “Bailaría contigo, Maria. Pero me arden las manos”. Esas manos fueron las manos que crearon Like a Rolling Stone, una canción para la historia.

El País
Fernando Navarro
Madrid, España
Miércoles 17 de junio de 2015.


Para el vocalista de la banda, volver a México es, ‘música, amigos y buena comida’

Ciudad de México.- Luego de recorrer 48 países el año pasado como parte de una gira de conciertos, Deep Purple estará regreso en México el 4 de noviembre en la Arena Ciudad de México, donde reiterará que la legendaria banda sigue rompiendo modelos y conquistado jóvenes fans, pero con el sonido de siempre.

“No hemos cambiado en absoluto, damos exactamente lo que somos, pero es por eso que ellos están ahí; no están ahí para oír algo diferente de nosotros, están para encontrarse con material de todo este tiempo y oírnos improvisar”, afirmó en entrevista telefónica desde Portugal, Ian Gillan, vocalista de la banda.

“Las cosas han cambiado y ahora quieren que todo se haga de manera cuadrada, poniendo muchas etiquetas, pero puedo garantizar que Bob Dylan, Led Zeppellin, Rolling Stones y Deep Purple fallarían en la audición para ‘X Factor’ en estos días, porque no encajamos en el modelo, y estoy muy orgulloso de eso y no lo hubiera querido”, dijo entre risas.

El cantante que se unió a la banda hace 45 años, está consciente del impacto que Deep Purple ha generado en todo el mundo, pero al final la fórmula sigue siendo la misma que en un inicio: ser felices y disfrutar de la música.

“Hablaba con mi hija y de por qué había tantos niños en un concierto en Londres y me dijo, ‘Papá, no lo entiendes ¿verdad? Deep Purple es genial’ y entonces me reí, aun así no lo entiendo del todo pero nosotros somos tocamos nuestra música y no decepcionamos, hay mucha energía y mucha improvisación”, reveló el cantante.

Con esas ganas, es que Deep Purple, regresa a los escenarios mexicanos, luego de que el año pasado lanzara su disco “Now What” después de ocho años de no tener un material discográfico, pues a pesar de haber logrado una gran producción a cargo de Bob Ezrin, el músico destacó que lo vital para la agrupación es estar en vivo.

“En realidad no nos dimos cuenta que había pasado tanto tiempo hasta que lo hicimos, el año pasado tocamos en casi 50 países diferentes y eso es normal, porque en realidad la música en vivo es la verdadera razón de Deep Purple.

No pensamos mucho en sacar discos, excepto cuando el momento es el adecuado, las circunstancias son correctas, tenemos material y con Bob Ezrin fue fantástico porque él estableció las circunstancias que hizo que todos dieran sus talentos y nos alentó a salirnos de la fórmula y hacer lo que hacíamos antes”, destacó el artista.

Al hablar de nuevas tecnologías, Gillan subrayó su falta de interés en ellas, en el sentido musical. “No significa nada para nosotros, nosotros tenemos instrumentos y pasamos toda nuestra vida tocando, estas personas son músicos virtuosos, su virtuosismo quita el aliento, trabajan en comunión, no se necesitan máquinas, trabajamos con instrumentos.

Y si alguien quiere tener una máquina y presionar un botón y es feliz, qué bien, yo soy feliz también”, agregó el músico quien mostró una postura clara sobre el momento que el mundo vive actualmente.

“La tecnología cambia todo el tiempo pero aun así, es la mente humana creando. El mundo puede cambiar mucho alrededor de mí y a veces me asusta porque no madura, no se desarrolla, hay ideas experimentales, si la gente cree que el mundo es un mejor lugar ahora, tengo que estar en desacuerdo”, señaló.

Sin embargo, una exitosa carrera ha dado a Ian Gillan la oportunidad de valorar la trayectoria que ha recorrido junto a sus compañeros de Deep Purple, quienes como él comparten la filosofía de ser felices.

“Es muy sencillo, si hay algo con lo que no seamos felices lo cambiamos y soy feliz, creo que es lo que nos pasa a todos, ya hay muchas cosas deprimentes en el mundo y esta es una organización de músicos fantástica, me considero muy afortunado de trabajar con hombres tan talentosos, es maravillosos, no puedo creer lo que oigo a veces”, destacó.

Contento de volver a México a “ver a muchos amigos, encontrarme con la audiencia y disfrutar de la comida mexicana”, el vocalista confirmó que como lo ha hecho a lo largo de su carrera, se divertirá en el concierto del próximo 4 de noviembre en una noche de recuerdos sin planes.

“Nosotros no nos preparamos para el show, todos los conciertos tienen que ver con la improvisación, es lo que ha pasado siempre desde que me uní a la banda en 1969, nosotros no sabemos qué es lo que va a pasar hasta que estamos ahí, si es realmente divertirnos como siempre.

Además tengo muchas ganas de volver, me encanta la comida mexicana, así que será fantástico. Música, amigos y buena comida, ¿qué más puedo pedir?”, concluyó el músico.

Notimex
Ciudad de México
Domingo 26 de octubre de 2014.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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