El Barça tuvo que trabajar a fondo para asegurarse un nuevo triunfo en la Liga ante el Levante


MADRID, 7 ene (Xinhua) - El futbolista argentino Lionel Messi realizó hoy domingo una nueva exhibición al cumplir su partido número 400 en la liga española, encuentro en que su equipo el Barcelona ganó 3-0 al Levante.

     Messi marcó el primer gol del encuentro y asistió a José Paulo "Paulinho" para que completara el tercer tanto, mientras que Luis Suárez logró la segunda anotación.

     El partido de absoluto dominio de los "azulgranas", correspondiente a la jornada 18 del campeonato español, se disputó en el estadio Camp Nou de los catalanes.

     La forma arrolladora del Barcelona, que terminó el año al ganar con marcador de 3-0 al club Real Madrid no varió este domingo, al sumar tres puntos con comodidad en un buen arranque de 2018, a la espera del partido de vuelta de la Copa ante el Celta con empate 1-1 en el encuentro de ida.

     El Levante apenas tuvo opciones ante el Barcelona, cuyo técnico, Ernesto Valverde, alineó a Ousmane Dembelé en el equipo titular, después de tres meses y medio que estuvo fuera de juego por una lesión, aunque el francés ya jugó ante el Celta en la Copa del Rey.

     Valverde alineó también a Javier Mascherano en el equipo titular, en lo que posiblemente fue el último partido del defensa argentino con la camiseta "azulgrana" en el Camp Nou, ya que es inminente su incorporación al Hebei Fortune de China, según medios deportivos.

     El Levante lo intentó, pero no creó peligro alguno en la portería catalana, en que los dos tiros más peligrosos fueron detenidos por Marc-André ter Stegen, quien va camino a ser titular en la selección alemana tras la gran temporada que realiza.

     El Barcelona va sobrado en la liga de España y sólo un milagro haría perderla, dado que los "azulgranas" aventajan al Atlético de Madrid, segundo en la clasificación, así como al Real Madrid.

     Los partidos de vuelta de la Copa del Rey se disputarán la semana entrante con los encuentros Barcelona-Celta, Real Madrid-Numancia y Atlético de Madrid-Lérida como los más importantes.

Xinhua
Madrid, España
Domingo 7 enero 2018.


El brasileño, que deja atrás un enredo judicial por su polémico fichaje por el Barça, planta ahora al club catalán rumbo al PSG, dispuesto a pagar los 222 millones de la cláusula de rescisión

Con Sandro Rosell, su principal valedor, en la cárcel por evasión de impuestos; con un fichaje que pasó por la justicia española y brasileña por la incongruencia de los números; con dos semanas del jugador sin decir ni pío cuando le reclamaban posicionarse sobre su futuro; y ayer sin la presencia del presidente Josep Maria Bartomeu en su despedida, Neymar se va como llegó, de embrollo en embrollo y con los bolsillos llenos.

El brasileño asomó el último por la ciudad deportiva acompañado de uno de sus amigos, de sus toiss. Lo hizo en su Audi RS7 azul, justo cuando el reloj daba las nueve de la mañana. No se cambió para entrenarse sino que acudió al despacho de Ernesto Valverde para comunicarle que se iba, que quizá lo mejor es que ya no se ejercitara con el grupo. Petición que aceptó el técnico al considerar que no tenía sentido que siguiera vistiéndose de corto cuando su voluntad es jugar en el PSG, club que está dispuesto a pagar la cláusula de rescisión de 222 millones. Con el asueto concedido, el brasileño fue a las oficinas del recinto, donde le aguardaban el director de fútbol, Raül Sanllehí —el interlocutor que siempre pidieron el 11 y su padre (también agente)— y el director ejecutivo Óscar Grau, además del tesorero de la entidad Enrique Tombas. Y, por primera vez y última, dijo adiós a la directiva del Barça, aunque a sus íntimos en el vestuario sí se lo había comunicado desde el primer día de la pretemporada.

 “La reunión con Neymar estaba programada. No nos ha pillado por sorpresa”, explican desde el club. “Sí, el martes por la noche nos pidieron cita para el día siguiente”, asegura otra fuente del Camp Nou. “Pero ya sabíamos lo que nos iba a decir porque, aunque no nos lo había comunicado para ganar tiempo en una operación económica muy compleja, teníamos clara su idea de abandonarnos”, expone una tercera voz de la entidad. Así, el jugador expresó de una vez por todas lo que le habían exigido durante la última semana y media. “El presidente había estado 10 días en Estados Unidos para conversar con el jugador”, señala una fuente del Barça; “pero sobre este tema no le quiso decir ni media”. Ni siquiera en la reunión que mantuvieron con el padre. Y cuando decidió hacerlo, ayer a primera hora, Bartomeu estaba de viaje.

Pero tanto le dio a Neymar, que apenas media hora después de llegar a la ciudad deportiva se marchó para no volver. Antes, sin embargo, se despidió uno a uno de los jugadores del vestuario —aunque hubo cierto malestar porque el grupo entiende que la directiva no ha hecho lo suficiente por retenerlo— y con cuantos empleados se topó. “Ha estado cariñoso, como es él”, describe un trabajador del club.

No lo estuvo tanto en la reunión con los directivos, toda vez que junto a su padre reclamó de malas maneras y con persistencia los 26 millones de la prima de renovación estipulada en su día. “Ha puesto esa excusa para irse, la excusa perfecta que estaba buscando tras días de dilatación”, señalan desde la entidad. El dinero, en cualquier caso, está depositado en una notaría porque el Barça cree que el futbolista no cumple con el contrato, por lo que la prima tampoco debería ser tal al romper la prolongación de su vínculo con el club hasta 2021. “De esa forma se le ha explicado”, deslizan desde el Barcelona. Incluso hicieron público su parecer en el comunicado oficial: “En respuesta a la reclamación del cobro de la prima de renovación, el club les reiteró que se mantiene depositada ante notario hasta la resolución del caso”.

Desde el club decidieron retirar los carteles de promoción del Gamper en los que salía

Más allá de la reclamación de la prima, Neymar apenas habló. “No puede soltar que se va por dinero o porque quiere ser el número uno porque eso es hablar mal de Messi”, cuentan desde el Barça. Y muestran su sorpresa con la voluntad del jugador de conquistar el Balón de Oro cuando el fútbol es un deporte colectivo. Pero Neymar ya no quiere ser del Barça y, después de que aparecieran el día anterior por el Camp Nou pasquines con la cara del jugador y el mensaje de “mercenario”, desde el club decidieron retirar los carteles de promoción del Gamper en los que salía, del mismo modo que el Corte Inglés quitó la lona publicitaria que cubría el edificio de Portal de l’Angel. Más que nada porque ya no llevará la zamarra azulgrana. Pero antes de que se ponga la nueva camiseta, el Barcelona le recordó que deben depositar los 222 millones de la cláusula en las oficinas de La Liga en Madrid, una operación que estará vigilada con lupa por el organismo de competición español y por la UEFA. “El club los remite a la cláusula de rescisión de su contrato en vigor, que deberá ser abonada en su totalidad”, señaló el comunicado oficial.

“El PSG pagará”

No parece el dinero un problema para el club parisino, aunque debe asegurarse la fórmula de pago para no romper el fair-play financiero. “El PSG pagará la cláusula de Neymar”, resolvió Wagner Ribeiro, uno de los representantes del jugador. Y agregó: “La presentación del jugador tendrá lugar a finales de esta semana”. Seguramente, el viernes en la Plaza del Trocadero y con la Torre Eiffel de fondo, horas antes del debut del PSG en la Ligue1 ante el Amiens y después de que el futbolista pase la revisión médica.

La pérdida de Neymar para el Barcelona, más allá del dinero porque es el traspaso más caro en la historia [muy por encima de los 120 millones que se pagó en el verano pasado el Manchester United por Pogba], es dolorosa para el equipo porque el 11, en cuatro temporadas, ha disputado 186 partidos con 105 goles y 80 asistencias, además de configurar junto a Messi y Luis Suárez uno de los mejores tridentes atacantes de la historia, con 250 tantos en los últimos tres cursos. Queda por ver cómo se refuerza ahora el Barça y también si el PSG está por la labor de negociar, aunque todavía no ha hablado con el Barcelona. Es decir, que el club parisino se decida a pagar más dinero para que no se considere una compra de la cláusula y así evitarse los impuestos. “Cuando eso ocurra ya hablaremos”, indican desde el Barça, sabedores de que en caso de que eso ocurra podrán hacer fuerza para incluir una cláusula que especifique que el jugador no puede ser vendido después al Madrid, tal y como se temen algunos. Pero de momento, Neymar solo dice au revoir.

El País
Jordi Quixano
Barcelona, España
Miércoles 2 de agosto de 2017.


Con tres goles de Luis Suárez, el conjunto de Luis Enrique conquista su segundo título consecutivo, el número 24 de su historia


El Barcelona conquista la Liga BBVA. Con el mismo once que hace casi un año atrás se coronó como el mejor equipo de Europa, la campaña pasada en Berlín ante la Juve, el Barça saltó al campo en Los Cármenes en busca de su título número 24, el 14 de los últimos 25 años. Lo consiguió.

 El conjunto de Luis Enrique se llevó una Liga, que tuvo que ganar “dos veces”, según entiende el vestuario azulgrana por haber dilapidado una diferencia de 12 puntos respecto a su perseguidor, el Real Madrid.

El equipo de Luis Enrique se aferró a su tridente, que en las últimas dos campañas marcaron 250 goles. Pero este campeonato lleva la firma de Luis Suárez, Pichichi en la Liga (40), virtual Bota de Oro, esta tarde también goleador en Granada. El charrúa anotó los tres goles en Los Cármenes, que le dieron tranquilidad a Luis Enrique y el título al Barcelona.

Sin titubear, el conjunto azulgrana atoró al Granada. Primero lo tuvo Piqué (el portero Andrés Fernández salvó el gol sobre la línea), avisó Messi, con un disparo desde la medialuna, y a Neymar se lo sacó Lombán.

Todo esto, al tiempo de que el Barça ya sabía que el Madrid ganaba en Riazor. Pero el tridente azulgrana estaba encendido. Y, lo que se cocinó en la medular, entre Iniesta y Neymar, lo finalizaron Alba y Suárez. El uruguayo cantó su gol número 38 y el Barça ya había empezado a acariciar la Liga.

El gol del charrúa tranquilizó a los muchachos de Luis Enrique, que comenzaron a jugar con el resultado y con el balón. Ocurrió, en cualquier caso, de que antes de que se cierre el primer acto, Mascherano rompió líneas con un gran pelotazo para Alves, que sin dudar le puso el balón en la cabeza a Suárez para que firmara el segundo azulgrana. A cada gol del Madrid en Riazor (ganaba 2-0), el Barça le contestaba con otra diana el Barça en Los Cármenes. Todo estaba definido en A Coruña. Y todo estaba definido en Los Cármenes.

En el segundo tiempo, el Barcelona jugó con el balón y con el reloj. Cuidaba la pelota el conjunto de Luis Enrique, siempre atento al paso del tiempo. La mala noticia para el Barcelona fue la lesión de Mascherano. El Jefecito dejó el campo por un problema muscular y peligra su participación la semana que viene en la final de la Copa del Rey ante el Sevilla. Pero hubo tiempo para el Hat-trick de Suárez, otra vez tras otra combinación entre los tres delanteros azulgranas. El día 14, el Barça conquista su liga número 14 desde que Cruyff conquistó su primer título con el Dreamteam. Una especie de homenaje de los muchachos de Luis Enrique al mítico holandés.

Árbitro: Hernández Hernández, Alejandro José

7 Tarjetas amarilla 0 Tarjetas rojas Gol

El País
Madrid
Bernat Coll
Rafael Pineda
Sábado 14 de mayo de 2016.

El 10 marca la diferencia en un partido muy bien jugado por el Celta y el Barça y presidido por un penalti indirecto que transformó Luis Suárez

El Celta es un equipo encantador, seguramente el que mejor le juega al Barça, tanto da que el partido se dispute en Vigo como en el Camp Nou. Tampoco importan sus alineaciones, por más futbolistas que le falten a Berizzo. La actuación colectiva de los celestes fue de nuevo tan irreprochable como el monólogo de Messi. El argentino lideró una función memorable del Barça. No hay antídoto contra el 10, protagonista de una obra majestuosa, porque convirtió en jugada de gol cada una de sus intervenciones: marcó de falta (1-0), como Koeman o si se quiere Kubala; asistió a Luis Suárez (2-1) y habilitó a Neymar antes de que volviera a rematar el 9 (3-1), igual que Maradona, y se vistió de Cruyff en la ejecución del penalti que le hizo Jonny en el 4-1.

Hartos ya de fallar Messi y Neymar el tiro desde los 11 metros —seis de 14—, el argentino tocó la pelota para la llegada del uruguayo y sorprender a Sergio Álvarez. Más o menos como Cruyff y Jesper Olsen en el Ajax-Helmond de diciembre de 1982. Los barcelonistas se recrearon después de aguantar la afrenta del orgulloso Celta. No pareció una falta de respeto sino una respuesta al escario por las penas marradas y un lujo acorde con el momento dulce de juego que vivía el Barça. No hay jugador más serio que Messi.

No llora el Celta; tampoco se abandona, siempre reconocible en la cancha por su ideario, incluso cuando en la alineación no figuran los centrales ni los delanteros titulares, remendado sobre la marcha por Berizzo. El plan es irrenunciable: la presión alta, la intensidad máxima y duelos individuales en las distintas zonas del Camp Nou. Jugó con la grandeza de siempre a pesar de contar con futbolistas menores o menos conocidos en la Liga.

A los azulgrana les escoció la derrota en Balaídos. No acostumbran a ser condescendientes, y menos ahora que el Madrid se ha liberado con Zidane y no cede el Atlético. Insistieron mucho, corrieron más y buscaron el desequilibrio a partir de las aceleraciones de un excelente Iniesta y de Messi. A la velocidad, sin embargo, le faltaba precisión, como se vio al poco de empezar en un tiro de Neymar tapado por Sergio. Igualmente determinante fue Bravo cuando le sacó un remate a Planas.

Los porteros mandaron durante un rato hasta que compareció Messi. El 10 transformó una falta directa desde unos 30 metros, perpendicular al poste izquierdo del arco del Celta, con un disparo potente y colocado que superó la barrera y se coló junto a la escuadra de Sergio Álvarez. A buen seguro que es uno de los mejores goles a balón parado de Messi, más templado y atinado que Neymar. El brasileño se mostró tan generoso como errático en la toma de decisiones y en el chut al marco del Celta. El equipo celeste, de todas maneras, tampoco atiende al marcador, ni siquiera cuando el rival es el Barcelona. Así que siguió dale que te pego, resistente, valiente y desafiante, punzante desde el costado de Beauvue, atento a cualquier desatención del Barça. Y encontró la recompensa en una imprudencia de Alba, que enganchó la pierna de Guidetti cuando se iba en dirección contraria a la de Bravo. El árbitro pitó el primer penalti de la Liga en contra del Barça y el ariete no perdonó la ingenuidad de Alba.

Neymar espabiló en la reanudación con un regate prodigioso al que Suárez no supo dar continuidad porque su tiro dio en el palo izquierdo de Sergio Álvarez. Los azulgrana le dieron más continuidad al juego, fueron más regulares y constantes, obsesivos en desgastar y reventar al Celta. Los celestes, sin embargo, no aflojaban, sino que su solidaridad defensiva fue tan extrema como la afrenta de Guidetti.

No hay, sin embargo, un futbolista más indesmayable que Luis Suárez. El uruguayo se apoyó en Messi, excelso en el pique del cuero para superar a la zaga, y remató a bote pronto a la red para igualar en el pichichi con Cristiano Ronaldo: 21. La mayor implicación de Neymar y la entrada de Aleix Vidal y Rakitic permitieron respirar al Barcelona a pesar de que Gudetti y Wass ponían en aprietos la inestable defensa del Barcelona.

La pugna duró hasta que volvió Messi, excelente con su diagonal, asistente de un virguero Neymar, que se deshizo del portero para tocar la bola al segundo palo, donde apareció la puntera de Suárez. El gol tuvo un efecto terapéutico para los azulgrana y cerró el choque para el Celta. Neymar afinó, persistió Suárez —máximo artillero: 23— y se superó Messi, ahora con un penalti indirecto rematado por el 9 en el maldito gol norte del Camp Nou. La contienda se acabó con dos tantos más que encumbraron al tridente y coronaron la exhibición del Barça tras una hora excelente del Celta. No hay quien pare a Messi, jugador, goleador, asistente, más futbolista 10 que nunca, cuando se pone a jugar, y menos en el Camp Nou.

El País
Ramon Besa
Barcelona, España
Domingo 14 de febrero de 2016.

El conjunto blaugrana da un recital al conjunto blanco en el Bernabéu al golearlo 4-0

Madrid.- El Barcelona se dio un festín en el Clásico, se lo llevó con rotundidad y amplió a seis puntos su ventaja sobre el Real Madrid, que queda muy tocado no solo por la diferencia, sino por la deficiente impresión causada y las malas sensaciones.

Sí, fue el triunfo del deporte, del futbol, sobre el miedo, tras un emotivo y respetuoso homenaje a las víctimas de París, también lo fue, y contundente, del conjunto azulgrana, que abre una brecha más que notable al frente de la tabla.

Luis Enrique además aprovechó para hacer reaparecer a Leo Messi. Lo hizo cuando el choque estaba sentenciado, porque quedó finiquitado con el 0-3.

El técnico azulgrana apostó por la cautela con la 'Pulga'. Volvió a la lista, pero no al once, y es que Messi llevaba ocho semanas de baja y el entrenador optó por no arriesgar de entrada. En el equipo inicial, entraron Ivan Rakitic y Sergi Roberto.

Rafa Benítez dejó en el banquillo a Casemiro, fijo como ancla del centro del campo en los últimos tiempos, y concedió la titularidad a James Rodríguez por detrás de la 'BBC'. El técnico madrileño se decantó por la versión sobre el papel más creativa tras las dudas generadas sobre todo ante el PSG y en la derrota de Sevilla que le hizo perder el liderato. El resultado fue un fracaso.

En el tablero verde salió mucho mejor parado el conjunto azulgrana porque fue muy superior en la medular, donde el cuadro blanco tan solo tenía dos hombres y medio, y poco podían hacer ante Busquets, Iniesta, Rakitic y Sergi Roberto. Solo la superioridad numérica le hacía al conjunto catalán desenvolverse con una comodidad inusual y manejar a su antojo el balón y el partido.

Al cuadro de Benítez le quedaban tan solo acciones a la carrera en busca del área del chileno Claudio Bravo, porque entre Kroos y Modric no tenían suficiente para generar futbol. El desequilibrio fue patente y el cuadro barcelonista lo aprovechó con precisión de relojero.

El juego parsimonioso, de interminables rondos, del Barcelona enfrió el Clásico de entrada y adormeció al Real Madrid. Los azulgranas, con la lección perfectamente aprendida y sabedores de lo que tenían que hacer, supieron alterar ese juego con cambios de ritmo que provocaron la zozobra en la débil zaga blanca.

Un balón alto de Neymar en magnífica posición fue el primer aviso. Al segundo llegó el 0-1 con un remate cruzado magistral del uruguayo Luis Suárez, que aprovechó a la perfección un envío de Sergi Roberto, que se había internado sin oposición.

Como la pasada temporada, el Barcelona, aún esta vez sin Messi, se adelantaba en el Bernabéu muy pronto. En esta ocasión el Real Madrid no parecía encontrar el camino para reaccionar y seguía a merced de su rival. Tuvo, no obstante, su opción, pero Benzema no atinó a rematar.

Y lo pagó muy caro, porque al minuto siguiente, tras perder un balón Modric en la salida de la jugada sin que nadie le avisara de la amenaza por detrás, Iniesta, favorecido por la pasividad de la defensa blanca, ofreció un pase medido a Neymar, quien no falló y batió por bajo a Keylor Navas.

El Barcelona estaba dando un repaso futbolístico y estratégico a un equipo roto, fundido, sin recursos, que a punto estuvo de encajar el tercero al borde del descanso en otra gran acción azulgrana de no haber sido por Marcelo, que sacó bajo palos el remate de Luis Suárez.

Al descanso se llegó con una pañolada de otra época, con la afición madridista abroncando con rotundidad a su equipo e incluso hubo cánticos destinados al presidente, y con un Barcelona confortable en el dominio tras haber sido dueño y señor del clásico.

El arranque de orgullo del Real Madrid le dio para generar dos ocasiones al inicio del segundo tiempo, por medio de Marcelo y James Rodríguez. Pera nada más, porque acto seguido Iniesta acabó con las pretensiones del cuadro de Benítez con un espectacular zapatazo para rubricar otra perfecta jugada azulgrana.

Luis Enrique, con el partido ganado, se decidió a dar entrada a Messi, que no tenía que correr riesgos y encima podía aprovechar el desconcierto de su rival. Benítez también movió ficha y cambió a James por Isco, pero la misión madridista era imposible.

Sin rumbo el Real Madrid, el Barcelona siguió manejando el partido a su antojo. Además, atrás estaba Claudio Bravo para abortar cualquier pretensión local, como en una intervención ante Cristiano Ronaldo a los 68 minutos.

Además de todos sus males, al equipo de Benítez no le salía nada y el Barcelona, casi sin dar la impresión de querer mucho más, echó más sal en la herida y completó la goleada al ritmo que imponían Messi y un extraordinario Iniesta -se llevó una gran ovación del Bernabéu cuando fue sustituido- y remachaba Luis Suárez.

El clásico languideció entre los rondos del equipo azulgrana, que mantuvo el manejo interminable del esférico, y la incapaz madridista para plantear batalla real se reflejó en la expulsión de Isco, cansado de perseguir a sus rivales y de no ver apenas el balón.

El Barcelona sale aún más reforzado de lo que ya llegaba al clásico. De nuevo el Bernabéu fue un terreno propicio para ensalzar su futbol. Luis Suárez y Neymar, que recogieron los galones en el periodo de baja de Messi, volvieron a portarlos. Pero ahora ya tienen a su lado al argentino.

EFE
Madrid
Sábado 21 de noviembre de 2015.

Messi asomó en el momento decisivo para que Luis Suárez desnivelara el marcador tras el momentáneo empate de Morata

El equipo azulgrana logra salir del purgatorio al que intentó llevarlo la Juventus y consigue el cetro europeo y la triple corona

Rakitic abrió un marcador que acabó zanjando Neymar

No es ésta una crónica del subsuelo de Berlín, de sus cabarets y sus demonios, de la perversión como única metadona, la de los "hombres peligrosos", que cantaba Marlene Dietreich. Bajo este plomizo cielo que tantas veces tuvo que cerrar los ojos emergieron esta vez un puñado de héroes. Tipos en calzones a los que el elogio quizá ya les traiga sin cuidado. Poco importa. Se propusieron hacer suya la historia, este tiempo que adquiere un color azul y grana, y levantaron una Copa de Europa que les fija ya en nuestro recuerdo. [Narración y estadísticas: 1-2]

Señaló el turco Çakir el final del partido. Y no podían brotar más que las lágrimas. "Y nos besamos / como si nada pudiese caer", tal y como recordaba Bowie a sus amantes a punto de ser ametrallados ante el muro. Esa misma sensación de sentirse invencibles ante las dificultades. Tantas como las que intentó ponerle Massimiliano Allegri y su encomiable Juventus a un Barcelona que, pese al sufrimiento, pese a ese empate de Morata en el segundo acto que llenaba de vida a la 'Vecchia Signora', resistió de pie ante la rebelión del rival.

Las rodillas sólo quedarían hincadas en el suelo en el ocaso, temblorosas ante semejante esfuerzo. La recompensa bien merecía la pena. Porque el Barcelona atrapaba la quinta Copa de Europa de un club que nunca fue el mismo desde que Cruyff le obligó a alzar el mentón. Ya no hay miedo a perder. A sentirse inferior a nadie. Fue el cuarto cetro continental de la década, la segunda triple corona para una generación descifrable a partir del camino emprendido por Xavi, que se despidió del club de su vida, y la presencia del mejor futbolista de siempre: Leo Messi. Un chico que pasó desapercibido la mayor parte de la final. Porque esperaba su momento. Porque tomaba fuerzas para sacar a su equipo del purgatorio justo cuando los sepultureros removían ya la tierra.

Messi, en una carrera repleta de mística y grandeza, dejó en la cuneta las ilusiones de la Juventus. Cayó Barzagli. Resistió como pudo Buffon, agotando su bolsa de milagros. Pero el gol sólo podía atraparlo un delantero como Luis Suárez. Un futbolista para el que no existe ni el cansancio, ni la derrota. Un hombre para el que el fútbol es la única respuesta a su existencia. A punto para rematar a bocajarro y gritar el momento de su vida.

Pragmatismo en estado puro

Pocas cosas ocurren sin que las permita Messi. De sus botas nació el gol que iba a abrirle los mares al Barcelona en ese cuarto de hora en el que debió haber zanjado el partido. Alzó la cabeza La Pulga, como si quisiera encontrar respuestas mirando a la Puerta de Maratón del Estadio, y cambió el juego a la carrera de Jordi Alba. Neymar tomaría la continuación, y pararía el tiempo. Amago, baile, y toque hacia Iniesta. Nada inmutaría al manchego en el área. Placer pausado, rostro pétreo ante un rival hipnotizado e incapaz de avanzarse al pase con el exterior. Rakitic, el mismo al que su pequeña hija se negaba a dejar marchar en el avión que tomaba rumbo a Berlín, cumplió con su parte del trato. Melena al viento, zurdazo de primeras a la red. Apenas 220 segundos. Un suspiro. Un mundo. El cuarto tanto más rápido de la historia de las finales.

Saltó Luis Enrique como si no hubiera mañana. Cruyff, en Wembley, casi se parte la crisma tras el gol de Koeman no porque pretendiera celebrar el gol, sino para decirle a sus jugadores que se quedara uno en campo contrario para retrasar el inicio del juego. Pues Luis Enrique, pragmatismo en estado puro, incapaz de mostrar su felicidad más del tiempo del debido, gritó a Mascherano para que se acercara. Se había resbalado el central argentino hasta dos veces en los dos primeros minutos, y había llegado el momento de cambiarse las botas.

Pagó la Juve el golpe en ese primer parcial en el que el Barcelona amagó con formular una obra maestra. Mientras Arturo Vidal, cuya mejor metáfora es su propio peinado, pagaba su frustración atizando a todo el que se ponía por delante, los jugadores azulgrana corrían en busca de la sentencia. Pudo haber llegado tras la mano que Lichtsteiner intentó esconder sin éxito dentro del área; tras el zapatazo de Neymar que acabaría volando por encima del larguero; o bien mediante un latigazo de Dani Alves que permitió constatar la evidencia. Gianluigi Buffon, a sus 37 años, nunca dejará de intimidar a sus rivales. La manopla zurda que sacó al disparo del lateral brasileño no sorprendió. Conmovió.

Cinturón de castidad

Pero aquello no iba a ser el típico cantar de gesta. La Juventus, confiada en que el plan de Allegri continuaba siendo el bueno, apretó los dientes y continuó presionando bien arriba. Con Pogba exhibiendo ese músculo por el que suspira media Europa, Marchisio cerrando huecos en los pasillos interiores, y Morata, el mejor atacante piamontés, una tortura para Mascherano, y siempre dispuesto a echarse al monte. Si lo que pretendían los bianconeri era intimidar en la salida de balón, lo consiguieron con creces. Hasta Ter Stegen erraba pases en la alocada búsqueda de Busquets e Iniesta, faros en la noche. Perdida la lucidez, los azulgrana se preparaban para su segundo plan. Aprovechar los espacios y echar mano de la genialidad de su troika. Tarea en la que se aplicó Luis Suárez, al que se le escaparon dos tantos cuando el primer acto desmayaba.

Aunque la Juventus, al que ni siquiera le hacía falta reparar en la presencia de su regista Pirlo, se sabía con un cinturón de castidad. Otra prodigiosa mano de Buffon detenía a Suárez, y el Barcelona, cada vez más desconcertado frente a un rival más intenso, más ordenado y más concentrado, cedía un empate que le supo a rayos. Un tanto parido por un taconazo de Marchisio, y que Ter Stegen, tras despejar una primera intentona de Tévez, dejaba en bandeja a Morata. Intentaba cobrarse el ex madridista su particular justicia poética tras haber eliminado en semifinales al club que le enseñó a soñar. Pero no sería suficiente.

Asomó Messi, sentenció Luis Suárez. Neymar, que se había quedado sin premio por marcar ayudado con la mano, no cejaría hasta matar el partido con la contra definitiva. La que permitiría la explosión en la grada, torso desnudo, aullido de orgasmo. Y el Barcelona pudo cumplir con Brecht: "Las revoluciones se producen en callejones sin salida". Siempre.

El Mundo
Francisco Cabezas
Enviado especial Berlín
Sábado 6 de junio de 2015.

El argentino somete al Athletic y lleva al Barcelona a la conquista de la Copa con dos goles, el primero inolvidable

La historia, siempre esquiva con los personajes malditos, quizá no recordará a Mikel Balenziaga, un fornido estibador al que su entrenador le encomendó el papel más ingrato de su vida. Porque defender a Leo Messi, probablemente el mejor futbolista de siempre, llevaba consigo no sólo la condena, sino el recuerdo para toda una vida. El chico de Zumárraga se convirtió en la metáfora de la tortura de un Athletic incapaz de darle esquinazo a su destino, sometido por un argentino empeñado en llevar su leyenda al límite.

Porque la final de la Copa del Rey, inaugurada con una monumental pitada al himno que Felipe VI soportó serio y clavado al palco, concluyó cuando quiso Lionel Messi. Le parecieron muchos esos 20 minutos en los que el esforzado Balenziaga, siempre con el corazón a punto de atravesarle el pecho, intentó cercenar su participación. Ya fuera colgándose de su cogote, persiguiéndole hasta los confines del campo, o reclamando las ayudas necesarias a sus compañeros. Pero La Pulga, enfurruñada, pidiendo incluso explicaciones al árbitro, dijo basta. Y tramó un gol para siempre. De los más bellos que vieron nunca los que tuvieron la fortuna de acudir al Camp Nou.

Todo comenzó a diez metros de la línea de medios, ya en el campo del Athletic. Se las prometieron felices los tres defensores vascos, que lograron arrinconar a Messi en el lateral. Pero el argentino escapa a toda lógica. Izquierda, derecha, cambio de ritmo y carrera hacia el firmamento. Ni siquiera alcanzó Mikel Rico a despertar a los suyos de la pesadilla. Llegó tarde para hacer la falta. Y La Pulga, ya en el área, coronaría su obra maestra con un recorte a Laporte que no sería más que el preludio a su orgasmo. Ni siquiera importó que Herrerín intuyera lo que vendría a continuación. El latigazo con el botín izquierdo, dirigido al palo corto, no obtendría más respuesta que la admiración.

Herrerín salvó del correctivo

La marea rojiblanca no bajó hasta que Messi cerró la noche con su segundo tanto de la final, tras avanzarse a tres rivales para rematar un pase de Alves. Por entonces, el Barcelona ya había olvidado ese sentimiento contradictorio de sentirse un extraño en su propia casa. Porque por mucho que el estadio fuera el Camp Nou, el espíritu fue el de San Mamés. Los cánticos eran los de San Mamés. El corazón era el de San Mamés. Pero el fútbol siempre perteneció a los propietarios del estadio.

Atrás había quedado ese ímpetu con el que afrontó el Athletic el choque, con su defensa en la línea de medios, y el agitador Williams, goleador en ese ocaso en el que Neymar sacó su lado más travieso, como capitoste en la presión avanzada. Una apuesta que a Valverde ya no le salió demasiado bien en el encuentro liguero en San Mamés (2-5) y que esta vez, con un perfil aún más bielsista, tampoco aportó demasiado.

El Barcelona pudo atacar así los espacios a sus anchas y completar así su particular Blitzkrieg. Herrerín tuvo que crecerse ante la acumulación de ocasiones azulgrana en el primer acto, arrebatándole goles a Suárez, Piqué, Neymar e incluso a Messi, tras una falta directa que volvía a tener aroma a gloria.

La sentencia, sin embargo, había llegado poco antes. Neymar, liberado por el tímido marcaje del bisoño Bustinza, fue quien coronó una gran jugada colectiva parida entre Messi, Rakitic y Suárez. El brasileño podría así olvidar el tanto que el árbitro le había anulado en el primer tramo por un discutible fuera de juego.

Zanjado el asunto merced a una primera parte impecable, el Barça pudo ya preocuparse de la final de la Champions. De ahí que Luis Enrique corriera a sustituir al lastimado Iniesta y que Xavi se despidiera de corto del Camp Nou.

La gabarra, 31 años después, seguirá dormitando en el Museo Marítimo de Bilbao, con la ría llorando su prolongada ausencia. Y el Barcelona, con el sexto doblete de su historia ya en las vitrinas, podrá seguir soñando por la triple corona. La eternidad aguarda en Berlín.

Neymar marcó el segundo del Barça frente a un digno Athletic que nunca se rindió, animado por su hinchada

El Mundo
Francisco Cabezas
Barcelona, España
Domingo 31/05/2015.

Con gol de Lionel Messi, el cuadro catalán vence 1-0 al Atlético de Madrid y obtiene su vigésimo tercer título de Liga

El argentino Lionel Messi tomó una vez más el papel de protagonista decisivo para resolver la vigésimo tercera Liga del Barcelona, culminada con un gol suyo y un triunfo por 1-0 en el Vicente Calderón ante el Atlético de Madrid.

El Barça ya es campeón con una jornada de antelación. A 25 minutos del final del duelo de este domingo, el cuadro blaugrana definió el título en un choque espeso, entre el toque del conjunto visitante y el rigor del equipo local, hasta la irrupción de Messi con una pared con Pedro y un tanto que vale una Liga sin esperar al último encuentro.

El Atlético, derrotado por segunda vez en su estadio en este campeonato, aún tiene los deberes por hacer. Para ser tercero y ganarse el boleto directo a la Champions deberá empatar en Granada en la última cita, después del empate de Valencia frente al Celta.

No hubo sorpresas. La posesión del Barcelona contra la posición y el contragolpe del Atlético. Son los trazos que dibujaron buena parte de sus últimos choques, los de la pasada temporada y los de ésta, y que movieron el inicio del encuentro.

Ni se alteró el Barcelona con la pelota, presionado cada vez que su salida de balón partía de parado, ni el Atlético sin ella, agitado a la contra y a balón detenido, en incursiones que paró en seco un formidable Claudio Bravo.

Desde el vuelo del portero chileno, casi suspendido en el aire para despejar un cabezazo del uruguayo José María Giménez, respondió el Barça en un duelo contemplado desde lo táctico, manejado por volumen de posesión por los azulgranas y por entonces enredado para muchos, menos para los momentos de Messi.

No apareció apenas en todo el primer tiempo, pero en cuanto lo hizo, en cuanto su equipo le encontró entre líneas, sucedió algo. Hubo algún detalle del brasileño Neymar, de Pedro -la novedad del once para suplir al lesionado Luis Suárez- o de Rakitic, pero fue el argentino el único que desbordó el compacto esquema del Atlético en todo el primer tiempo, con un disparo centrado, un cabezazo contra el brazo de Juanfran y un lanzamiento de falta contra el larguero.

El partido era ya del Barcelona, que terminó el primer tiempo con todo el juego en el campo contrario. El Atlético fue fiel a su plan, sostenido por ese engranaje defensivo y solidario que pone en funcionamiento cuando enfrente están rivales de más potencial, pero sin casi opción de contragolpe.

No sufrió daño el equipo rojiblanco camino del descanso, ni siquiera hubo una exigencia desmedida para el esloveno Jan Oblak, salvo un trallazo lejano del brasileño Alves que provocó la estirada del guardameta.

Pero la victoria requería más riesgos, más intención ofensiva del Atlético y más velocidad y profundidad del Barcelona para el segundo tiempo, que comenzó con más de lo mismo de la primera parte, aunque más dispuesto para jugar en campo rival.

Ahí cabeceó alto el uruguayo Diego Godín, ahí Fernando Torres chutó centrado a las manos de Bravo y ahí irrumpió de nuevo Messi para desatascar el encuentro. El atacante argentino controló una pelota al borde del área, conectó con una pared con Pedro y entre infinidad de rivales al acecho culminó el 0-1 con un tiro raso.

Así de resolutivo fue Messi, que, primero, dio ventaja al Barcelona a 25 minutos del final y que, después, con el pitido final del árbitro, culminó el vigésimo tercer título de Liga del conjunto azulgrana, a la espera de competir por el 'triplete' en las finales de Copa del Rey y Liga de Campeones.

EFE
Madrid, España
Domingo 17 de Mayo de 2015.

Barcelona.- No es fácil jugar al fútbol sentado en un barril de pólvora, y menos para un equipo tan sensible como el Barcelona, pendiente de cada mueca de Messi desde que a sus 27 años puso en duda su continuidad de por vida en el Camp Nou. Al 10, sin embargo, le encanta la dinamita, resolver los partidos más envenenados, salir manteado de las citas exigentes, como la de ayer ante el Sevilla. A fin de cuentas, Messi es un niño que patalea cuando pierde y brinca cuando gana y marca goles, como anoche cuando metió tres y batió el récord de Zarra, ahora fijado en 253. Los tantos del 10 certificaron un triunfo gestado a balón parado después de un partido monopolizado por el Barcelona.

A veces no queda más remedio que recurrir a las suertes más convencionales y desacostumbradas para combatir males mayores, y ayer el fin justificaba los medios en el Camp Nou. La estrategia, inédita desde la visita del Apoel, redimió al colectivo, siempre bien orientado por Busquets. Asegurada la victoria, se impuso la exhibición de Messi, que no paró hasta firmar el 5-1, el dígito mágico del Barça, autor de un excelente final en el Camp Nou ante el aplauso del Sevilla. No hay manera de que Unai Emery le gane un encuentro al Barcelona. Apenas hubo noticias del equipo andaluz, extraviado desde la alineación y también sorprendido después de la entrada en escena de Deulofeu.

Al equipo azulgrana le llevó un buen rato acabar las jugadas, quizá porque el equipo parecía empeñado en que marcara Messi. Había la sensación de que el Barcelona no volvería a ser el Barcelona hasta que igualara el récord de Zarra. Y el reto se alargaba de manera sorprendente, como si fuera una maldición, desde hacía ya tres jornadas. Hasta que llegó el Sevilla, uno de sus rivales preferidos, saco de 15 tantos suyos en 16 partidos anteriores, dos menos de los endosados al Atlético. Ayer, en el minuto 20, el argentino sumó su gol 251, récord de la Liga que compartía con el que fuera ariete del Athletic. El 1-0 fue el anuncio de la goleada y también de la marca del 10.

No hay manera de que Emery le gane un partido al Barça. Apenas hubo noticias del Sevilla

Messi no transformaba precisamente un libre directo desde el 20 de abril contra el Athletic. Tomó la pelota en el balcón del área y la puso en la cruceta derecha de Beto. Hasta el portero pareció aplaudir el buen gol de La Pulga. Hubo una cálida ovación en el estadio, muchos hinchas sacaron su móvil para inmortalizar el momento y en el marcador se anunció que Messi había atrapado a Telmo Zarra. La finura mostrada por el argentino en el lanzamiento a balón parado contrastaba con su falta de delicadeza cuando se trataba de dar continuidad a la jugada, incluso cuando recibía de Xavi. La torpeza final anulaba las buenas intenciones de Neymar y Messi.

El equipo se complicó con el balón y se batió como un jabato para correr, apretar y chocar

Tenía el Barça un problema serio con el balón y, en cambio, se batía como un jabato cuando se trataba de correr, chocar, presionar, disputar o meter la pierna, cosa seria ante equipos físicos y tácticos como son los de Emery. Muy enérgicos, los azulgrana explotaban su vena febril, la intensidad y el entusiasmo, suficiente para mantener a raya al Sevilla. Las transiciones defensivas y ofensivas eran continuas y el marco de Bravo parecía bien cerrado por la capacidad de anticipación de Piqué, que volvió a la formación ante el descanso de Mascherano por la política de rotaciones del técnico. El juego, sin embargo, era excesivamente acelerado, a veces desordenado, mal resuelto, incluso por Messi.

A Neymar le dio por atarse las botas en pleno ataque barcelonista. Luis Suárez entró y salió como 7 o como 9, siempre al servicio del 10, y Messi pidió falta en las cuatro ocasiones que perdió el cuero hasta que metió el 1-0. Al equipo le sobraba agitación y le faltaba pausa, precisión y delicadeza, igual daba que el balón estuviera a pies de Leo que de Neymar o Jordi Alba, excelente en las aperturas por su banda y desafortunado en el cierre, protagonista de un gol en propia puerta tras un centro de Vitolo mal defendido por Mathieu y Bravo, y bien atacado por Denis Suárez

A pesar de no haber chutado, el Sevilla empataba en el Camp Nou: 1-1. Al rescate del Barça acudió de inmediato su nuevo goleador: Neymar cabeceó una falta que botaron a medias Xavi y Rakitic: 2-1. El gol, sin embargo, no serenó a los azulgrana, descontrolados y entregados a un ir y venir que provocaba multitud de montoneras, también en su área, cada vez más acosada por el Sevilla. El Barcelona sólo pudo cerrar el encuentro cuando se paró y tiró la jugada desde la calma: el pase cruzado de Piqué para el desmarque de Luis Suárez y el centro del uruguayo desde la derecha al segundo palo para la llegada de Rakitic, certero con la testa: 3-1.

Las sustituciones ofensivas del Sevilla resultaron una bendición para el Barcelona y especialmente para Messi, manteado por sus compañeros nada más marcar el 4-1, el que batía el récord goleador de la Liga, en una jugada armada por él mismo. Aceleró el argentino, abrió para Neymar y el centro del 11 lo atacó Messi sin que nada pudiera decir Luis Suárez, que sigue inédito como goleador, triunfador en cambio como asistente. Repitió Leo más tarde después de un apoyo en Neymar y el estadio se convirtió ya en un homenaje. Messi había convertido el barril de pólvora en una caja de fuegos de artificio para un aliviado Camp Nou.

BARCELONA, 5 - SEVILLA, 1

Barcelona: Bravo; Alves, Piqué, Mathieu, Jordi Alba (Adriano, m. 81); Xavi (Rafinha, m. 75), Busquets, Rakitic; Luis Suárez (Pedro, m. 73), Messi y Neymar. No utilizados: Ter Stegen; Bartra, Sergi Roberto y Munir.

Sevilla: Beto; Coke, Carriço, Pareja, Diogo Figueiras; Banega, Krychowiak; Aleix Vidal (Deulofeu, m. 61), Denis Suárez (Gameiro, m. 61), Vitolo; y Bacca (Iago Aspas, m. 75). No utilizados: Sergio Rico; Kolodziejczak, M'bia y Reyes.
Goles: 1-0. M. 21. Messi. 1-1. M. 47. Jordi Alba, en propia puerta. 2-1. Neymar. 3-1. M. 65. Rakitic. 4-1. M. 71. Messi. 5-1. M. 77. Messi.

Árbitro: Martínez Munuera mostró cartulina amarilla a Coke, Pareja y Mathieu.

Camp Nou. 78.283 espectadores.

El astro argentino llegó a 253 conquistas en sus 10 años como jugador del Barsa

Barcelona.-Lionel Messi batió el récord de Telmo Zarra y se convirtió en el máximo goleador en la historia de la liga española, al marcar tres veces el sábado por el Barcelona ante el Sevilla.

El astro argentino llegó a 253 conquistas en sus 10 años como jugador del Barsa, superando por dos el récord del ex delantero del Athletic de Bilbao. Messi tiene 10 goles en este campeonato.

Messi igualó la marca a los 21 minutos con un magistral tiro libre, se quedó con el récord en solitario con un contragolpe a los 72, y metió el tercero del partido a los 78. El Barsa ganaba 5-1 al Sevilla.

El ariete fijó la marca en 289 partidos, mientras que Zarra lo hizo en 271 entre 1940-55.

AP / El País
Ramon Besa
Barcelona, España
Sábado 22 de noviembre de 2014.

Los blancos, de festival de festival, superan a un Barça que acabó sometido

Un Madrid polifacético, con gusto por la pelota, tan capaz para el trazo corto como para el largo y bien forrado para defender, redujo al Barça, que empezó optimista y acabó en bancarrota, superado sin miramientos. El equipo madridista ha cogido el hilo y va de festival en festival. Ante su clásico enemigo fue un simposio de fútbol, de muchos futboles y todos de los buenos, de los mejores. Un rival inalcanzable para los azulgranas, a los que un fulgurante gol de Neymar les dio vidilla hasta que, de entrada en el segundo tramo, el Madrid, pletórico, le hizo trizas. La portería de Casillas se le convirtió en un borroso espejismo. En la de Bravo, los blancos casi sellan una masacre. Y, por el medio, la sala de estar de los blaugrana, también hizo criba el Madrid, que ya no se toma la zona como un andén cualquiera. El Madrid de estos días no tiene tacha.

Durante una hora, los dos se tiraron el fútbol a la cara, lo que quedó reflejado en un partido de oleajes, de espasmos, con la pelota como tesoro. Por primera vez en mucho tiempo, el medio campo del Madrid discutió al del Barça la cháchara con el balón. Fue un encuentro sin barricadas, expansivo y dichoso, de portería a portería, pero sin alborotos y pirotecnias, siempre a partir de un fútbol con control, con la pelota mimada. El Barça genuino, aunque con algunas grietas; el nuevo Madrid, sin fisuras, un equipo para el rondo, para el vértigo. El fútbol total. Ante un adversario con tanto cuajo, los azulgrana hicieron más concesiones de la cuenta y este Madrid en éxtasis se lo hizo pagar con creces hasta fundir al Barça antes de la media hora final.

Hubo bastante del Barça de París. El equipo imbatido en Liga volvió a sufrir tiritonas delante de Bravo en cuanto tuvo que examinarse en un duelo de alto rango. No fue el único, pero nadie se venció tanto como Piqué, en una época para pasar página. Distraído y fuera de onda, a partir del central inició el Madrid la remontada al madrugador gol de Neymar. Los de Ancelotti, que no se destemplaron, mantenían el pulso y una avalancha, con la presión alta de su columna de centrocampistas, habían logrado encapotar a su rival en un torrente culminado por cabezazo de Bezema al larguero. Por entonces, aún discutía el Barça, al toque de Xavi y Messi, engañosamente morosos con la pelota. Era cuestión de que cambiaran de marcha Luis Suárez y Neymar. El uruguayo, de estreno tras su arresto mundial, dejó un catálogo de lo que es, un futbolista estupendo. Suyo fue el pase lateral para el tanto de Neymar y desde la misma zona alumbró a Messi ante Casillas, que evitó el 0-2 con algún hueso de esos que a este chico le han servido de mampara tantas veces. Otro milagro. Un momento crucial para el desenlace final de la trama.

En pleno certamen de buen fútbol, Piqué se hizo un nudo, naufragó de mala manera sobre la hierba y braceó la pelota sin que la situación fuera extrema. Un privilegio para Cristiano, a quien la suerte de los penaltis le resulta un juego parvulario. En una cita con tantas celebridades, ni Messi ni Ronaldo fueron actores principales. El fútbol coral de los madridistas no precisó de una versión sublime del portugués. El argentino, bien custodiado por este Madrid barnizado por los centrocampistas, se esfumó al tiempo que todos los suyos. No fue circunstancial que al descanso, de Neymar, Messi e Iniesta, tan tiernos siempre, colgara una tarjeta amarilla. El grupo de Ancelotti, con su armadura en el eje, obligaba a los barcelonistas a combatir cuerpo a cuerpo. Al contrario que en tantos retos precedentes, la zona central, el sostén capital del Barça, no era un balcón para ensimismarse. Esa batalla también la ganó el Madrid de Kroos, Modric, James e Isco, despedido a hombros por la hinchada. Quizá porque simboliza como ninguno el nuevo forro del equipo, que conjuga clase y fervor. Como este Isco de hoy.

No fue el único, pero nadie se venció tanto como Piqué, en una época para pasar página

El Barcelona, cuando aún era competente, padeció más de la cuenta por el costado de Alves, que hace mucho que no tiene amarras. Marcelo, un tiro toda la noche, le pidió hora una y otra vez. El Madrid encontró ventilación con el excelente partido de su lateral. Por el otro costado, Carvajal, alertado por su espantada en el gol culé, cuando cedió más metros de la cuenta a Neymar, se contuvo más ante el brasileño y alguna avanzadilla de Matthieu, casi todas de fogueo. El francés dejó en el banquillo a Jordi Alba, con la idea de que el Barça ganara techo para el juego aéreo. Este juego no es una ciencia. Por esa vía comenzó su ocaso, cuando Pepe cazó al vuelo un remate en un córner.

En una cita con tantas celebridades, ni Messi ni Ronaldo fueron actores principales

A partir del gol del zaguero blanco, el Madrid desnortó a los de Luis Enrique, que sufrieron un colapso monumental. Mejor ordenado y con más energía, el Madrid dispuesto a domar la pelota se encapsuló y abrió el segundo libreto, el de la carrera, que también puntúa. Un hecho sobresaliente, que un equipo maneje más de una partitura y lo haga con tanta destreza como eficacia. Un equipo entero, versátil como ninguno.

Isco simboliza como ninguno el nuevo forro del equipo, que conjuga clase y fervor

Aturdido de repente, el tercer gol reflejó el desplome visitante. Un desmadre absoluto. Los académicos no recomiendan hacer un cambio cuando el juego dispone una acción a balón parado, a favor o en contra. Se saltó el capítulo Luis Enrique, que retiró a Xavi en favor de Rakitic cuando el catalán estaba a punto de lanzar un córner. Sin tacto aún, el croata pifió la ejecución, el balón salió a ras del pasto, fácil para el despeje. A él acudió Iniesta en una esquina del medio campo, y también Mascherano, que era el cierre. Un encuentro babélico, porque el manchego no congenió con el argentino y entregó la pelota, mansa, para Isco. A toda pastilla, CR, James y Benzema cerraron con éxito la jugada. El tercer gol en una semana del francés, fenomenal toda la jornada, lejos del radar azulgrana.

Se fue Luis Suárez, no había pistas de Neymar, ni de Messi. El Madrid impidió al Barça toda sublevación y hasta el broche final solo se adivinaba una zurra mayor. El conjunto de Ancelotti ya tenía el turbo en marcha y solo alguna precipitación blanca evitó la escabechina para los blaugrana. En una dirección el Barça solo aguantó una hora. De principio a fin, de punta a punta, el Madrid fue el justo vencedor en todas las rutas, en todos los rumbos, en todos los manuales. Fútbol de aquí y de allá para este Madrid íntegro, perfilado para debatir con el Barça no solo los marcadores, sino el fútbol en estado puro. En las dos facetas se impuso en este clásico.

Real Madrid, 3-Barcelona, 1

Real Madrid: Casillas; Carvajal, Pepe, Ramos, Marcelo; James, Modric (Arbeloa, m. 88), Kroos, Isco (Illarra, m. 85); Benzema (Khedira, m. 86) y Cristiano. No utilizados: Varane, Chicharito, Nacho, Keylor.
Barcelona: Bravo; Alves, Piqué, Mascherano, Mathieu; Xavi (Rakitic, m. 59), Busquets, Iniesta (Roberto, m. 71); Luis Suárez (Pedro, m. 68), Messi y Neymar. No utilizados: Muñir, Ter Stegen, Bartra, Alba.
Goles: 0-1. M. 3. Neymar. 1-1. M. 34. Cristiano (p). 1-2. M. 49. Pepe. 3-1. M. 61. Benzema.
Árbitro: Jesús Gil Manzano. Amonestó a Messi, Neymar, Piqué, Iniesta, Carvajal.

El País
José Sámano
Madrid, España
Sábado 25 de octubre de 2014.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

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