Marcela Lagarde, doctora en Antropología y uno de los pilares del feminismo en México a lo largo de las últimas cinco décadas, ve con buenos ojos las movilizaciones recientes en donde se pide una vida sin violencia, sin casos de feminicidios y por el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres.

En entrevista con la autora de libros y ensayos sobre las mujeres, ex diputada federal que impulsó la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, que estudió los feminicidios de Ciudad Juárez, así como en todo el País y que fue constituyente en la Ciudad de México, defiende la no violencia como una parte ligada al feminismo y ve el problema de la violencia de género y su solución como una causa de la democracia, que unifica a hombres y mujeres, sin divisiones o relevos generacionales.

"Me da mucho gusto que haya capacidad de organización, de coincidencia, cómo los movimientos recogen cosas de movimientos pasados e inauguran nuevas cosas, nuevas formas, nuevos discurso, nuevo lenguaje. Ese tipo de violencia en manifestaciones yo no lo veo tan único, como en esta manifestación. Es decir, pienso que allí había gente que estaba provocando, pero no lo puedo afirmar, no tengo yo elementos para afirmar nada", explica.

Orgullosa de que una cátedra universitaria lleve su nombre y de que su discurso y sus libros trasciendan las fronteras nacionales —como lo deja ver durante su conferencia magistral en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM que dicta luego de la entrevista—, o quizá también por eso, Lagarde, a los 70 años, sigue siendo optimista sobre el futuro de las movilizaciones en favor de los derechos de las mujeres, que incluye a los varones y a las que dice que hay que sumarse.

Cómo ve usted, que es un ícono de la lucha de las mujeres, lo que ha sucedido hace unos días, este movimiento de mujeres que se manifestó en las calles de la Ciudad de México exigiendo el freno a la violencia. ¿Cómo ve usted este movimiento, cómo lo percibe a la luz del conocimiento de todo lo que ha sido la lucha de las mujeres?

Bueno, a la luz de lo que pasa en el País. Y me da mucho gusto que haya capacidad de organización, de coincidencia, de lógica y de manifestaciones públicas de las colegas jóvenes que se manifestaron ahí, y la verdad eso es lo que yo resaltaría: cómo los movimientos recogen cosas de movimientos pasados e inauguran nuevas cosas, nuevas formas, nuevos discursos, nuevo lenguaje, y bueno, enfrentan su capacidad de organización; cómo enfrentan todo eso, pero sé que la pregunta es relativa al tema de los hechos que se generaron ahí y que provocaron temor porque podría pasar algo complicado, hubo violencia y nosotros estamos aquí para llamar a la no violencia.

El movimiento feminista se ha destacado en los últimos tiempos, en los últimos dos siglos, por su vocación por la paz en todo, o sea, veníamos de movimientos democráticos, de independencias de países, de muchas causas en las que estamos las feministas, pero que optaron por la no violencia. En América Latina, ha sido muy importante buscar el desarme de los grupos, buscar la integración de la gente que ayer era soldado y que hoy, bueno, ya está integrado en una comunidad y tiene derechos.

Ese tipo de violencia en manifestaciones yo no lo veo tan único como en esta manifestación, en general. En las manifestaciones, hasta atrás, a un lado, se meten personas que no son del movimiento y que llevan sus propias consignas. Es más, yo recuerdo a uno que va solo y en una bici y va disfrazado de calaca y da de vueltas en el Zócalo de la Ciudad de México, o sea yo pienso que allí había gente que estaba provocando, pero no lo puedo afirmar, no tengo yo elementos para afirmar nada. Sí tengo elementos para decir que tenemos que hacer una revisión de eso, junto con todas las compañeras activistas, para que estos movimientos puedan continuar. Ellas están reivindicando algo muy importante, el derecho a la vida libre de violencia de las mujeres y de las niñas.

Eso es lo que no hay que perder de vista.

Eso es. Lo central de esa manifestación es eso. Ahí no estábamos las cabecitas blancas, estaban las chavas jóvenes, sus colores, su estética, estaba todo lo que llevan al mundo que es muchísimo y que les agradecemos profundamente. Son creativas y yo pienso que... bueno, irán asentándose ellas, están iniciando una vida en el activismo que puede ser y ya es muy importante.

¿Es un relevo generacional también en esta lucha de mujeres o no necesariamente?

No creo que sea relevo. Creo que cabemos todas, tenemos País, causa, causas muy diversas, muy importantes todas y coincidimos las de otras generaciones con las jóvenes. La verdad, que alguien salga a la calle a decir "no nos maten", con todas sus pancartas, es un alto a la violencia brutal feminicida, la violencia por el solo hecho de ser mujeres es terrible, es una violencia misógina que ha perdurado y que está detrás de todos los crímenes contra mujeres. Ahí, se manifiesta una cultura de enorme tolerancia a la violencia contra mujeres y niñas por parte de la sociedad y por parte del Estado.

A mí me asombra que —no voy a decir quién—, me asombra que nos informen, en la Ciudad de México, que va a haber en 30 días, que van a tener diseñada una política para enfrentar la violencia. Digo, no entiendo, no entiendo, por que desde hace años hay una Ley General del Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia que hay que aplicar, no decir que hay que ver cuándo. ¡No, es ahora!

Y hay un marco legal más amplio, además de esa ley...

Esa es La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

Usted participó en esa construcción, es parte de su hechura...

Por supuesto. Claro, participé con mis compañeras de diversos partidos políticos, creamos un pequeñísimo núcleo y nos pusimos de acuerdo todas, con una visión muy plural y muy de entender qué grave era el problema que estábamos viviendo.

Sí, hay un marco legal que ya está...

Es un marco de los derechos humanos.

Sí, contra la discriminación, contra la violencia hacia la mujer, en la Constitución también...

Es la Constitución, ya están los derechos humanos en la Constitución.

Y está también en la Ciudad de México, particularmente usted que fue constituyente, esa parte de la no violencia de género que es algo importante como reivindicación en esa primera Constitución...

Como derecho, ya no es una reivindicación, es un derecho, lo ganamos. En la Asamblea Constituyente, que también trabajamos ahí, se votó todo y se votó una política activa por la igualdad, porque entendemos que la violencia tiene un nicho enorme en la desigualdad. Mantener a las mujeres carenciadas, sin recursos, a muchas, a millones de mujeres en este País, es un crimen. En ese ámbito proliferan los crímenes de odio que llamamos feminicidio y que son antecedidos siempre de violencia feminicida.

Aumento de feminicidio

Ciento cincuenta por ciento más de feminicidios en cuatro años, son las cifras recientes. ¿Cómo ve usted esto?

La verdad no sé con qué elementos hagan el comparativo.

Es el Sistema Nacional de Seguridad Pública...

Bueno, si es ése, vamos a fiar de la cifra del Sistema. Lo puedo comprender como investigadora. Yo me dedico a investigar, soy antropóloga, mis compañeras vamos a tener un evento académico. En este problema, la academia y el Congreso y el Senado han actuado a veces no muy conjuntamente, pero a veces sí.

Es alarmante la cifra...

Sí, es alarmante, porque además las respuestas que nos están dando probablemente no están haciendo las más eficaces. La Ciudad de México no tiene un recurso importante para detener la violencia, para prevenirla, se llama alerta de violencia de género.

Que también está en una de las leyes...

Claro, está en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

¿Y qué implica esa alerta de género en la Ciudad de México?

La alerta implicaría la inmediata instalación de una coordinación entre los municipios señalados con la alerta, el Estado, la Ciudad de México y la Federación, así articuladas para poder hacer una política conjunta inmediata y una respuesta a los casos más graves, a las zonas rojas más graves de feminicidio en donde estemos.

En la Ciudad de México ¿la recomendaría usted para revisarla?

Claro que sí. Es más, yo la recomendaría. Yo estaría encantada de apoyar que se declare la alerta aquí y que la apoyemos para que haya una búsqueda de una salida territorial local en la Ciudad de México, que es de gran impacto porque es la capital del País y, además, en muchos sentidos es la capital de Latinoamérica.

¿No será que después de 30 días en donde van a pensar lo que ya debieron de haber pensado, podría ser que como consecuencia incluyan esta alerta de género en este plan que están revisando? Quizá como concediendo el tiempo...

No sé... supongo que van a hacer medidas que están contempladas en la alerta, como la recopilación de la información inmediatamente de manera eficiente, oficial, comparable con otros esfuerzos que están haciendo en el País. Hay muchos estados que han aceptado la alerta y por lo pronto han tenido un presupuesto específico para trabajar y para ir dando resultados y explicarle a la sociedad por qué hay esa violencia en este territorio. ¿Es igual en Santa Fe que en Xochimilco, que en barrios del Zócalo? No, es más, porque así funciona el feminicidio. No es a rasa tabla, es el producto de procesos específicos de falta de derechos de las mujeres. Y, desde luego, de un supremacismo violento de los hombres, incluso de aquellos que nos representan y que tienen que mostrarse ejemplares para emprender una gran tarea, que es una política pública que tiene que ser coherente. Los funcionarios, las autoridades, tienen que estar informadas y tienen que informar a la ciudadanía.

Futuro del movimiento

¿Qué futuro le ve a este movimiento, que no es sólo en la Ciudad de México?

Cuando empezamos, cuando yo fui diputada y creé la Comisión Especial de Feminicidio, el día que tomé posesión, dije esto: 'porque estoy convencida de que si actuamos sumando, quitando x, b, y, z, vamos a erradicar el feminicidio'; pero mientras no lo hagamos seguirá habiendo mujeres víctimas de violencia y niñas victimas de la violencia.

"Fin al feminicidio. Por la vida y la libertad de las mujeres " se lee en su publicación que enseña.

Ése es mi lema.

Pues es un gran lema, por supuesto. Y sobre esas acusaciones de infiltración —ya nos lo dijo—, pero de interés político en contra de la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, que si los del PRD contra Morena. Se están queriendo desvirtuar las movilizaciones...

Mire, yo de eso no, yo estoy muy alejada de la vida partidista y de las reuniones. No estoy enterada y prefiero no enterarme. Yo trabajo como una ciudadana académica donde puedo y hacemos cosas, pero no podría decirle a ese nivel. Siempre los temas, las agendas específicas pueden ser utilizadas partidistamente, pero yo no lo voy a decir porque no lo sé, en este caso, en qué sentido, por qué y para qué.

El problema trasciende también eso... Y va más allá de la Ciudad de México ¿verdad? Hay manifestaciones en muchas partes del País.

Eso le iba a decir. No sólo es aquí. Hay manifestaciones en otros estados del País, porque, claro, ya estamos hartas, estamos hartas de que nos den largas y mientras siguen asesinando mujeres, o porque el feminicidio no es sólo el asesinato de mujeres, también por producto de la violencia contra las mujeres, la violencia feminicida, hay otros crímenes atroces, por ejemplo las muertes maternas en las que mueren de manera violenta porque no son atendidas a tiempo porque el Estado es omiso, negligente, corrupto, o sea, ahí hay una violencia feminicida cuando mueren, generalmente adolescentes abandonadas de la mano del Estado que debe cumplir con garantizar su vida y su seguridad.

Y otra, la Corte Interamericana hace unos años consideró culpable al Estado mexicano por no garantizar la vida y la seguridad de mujeres. Vio tres casos, sólo tres, pero eso es aplicable a todo el País.

¿Y ve el futuro promisorio? A 50 años de lucha, algo se está viendo...

Bueno, nosotras creamos una sociedad y un mundo para vivir bien. No nada más estamos en lucha, creamos alternativas académicas, artísticas. Frida Khalo que fue una gran pintora, se les olvida que fue una gran feminista, y en su generación avanzaron y nosotras recibimos el legado de ellas, que fue ligado al voto. La generación de Frida Khalo luchó porque las mujeres tuviéramos derecho al voto.

Y ahora, contra la violencia de género...

Contra la violencia, pero a favor de los derechos humanos. No sólo vivimos en contra, vivimos a favor de los derechos. Así está.

¿Algo más que quiera usted añadir en esta coyuntura sobre el futuro de este movimiento que se está viendo?

Bueno, que nos sumemos, que presionemos, que exijamos el derecho a la vida libre de violencia para todas, que lo hagamos mujeres y hombres, porque esa causa es una causa de la democracia, nada más. Y es de mujeres y hombres. Y los hombres tienen mucho que decir, mucho que cambiar de su cultura, de su manera de estar en el mundo, de su forma de ser padres, de su forma de dirigir en la política, ya estamos hartas de eso. Entonces, los hombres tienen una gran oportunidad ahora para hacer cambios trascendentales. Imagínese este País sin machismo.

¿Y usted cree que en esta Cuarta Transformación de la que se habla, algo se podrá hacer?

Yo pienso que sí, ahí están las compañeras intentando en minoría hacer cosas. La colega de Conavim, la comisión para la violencia, que está adscrita a la Secretaría de Gobernación, es una perredista, digo, primero fue perredista, luego es de Morena y ahí está dando y es muy buena persona, Candelaria Ochoa.

La batalla de las mujeres sigue, aún en esta coyuntura de cambio.

Pero no queremos batalla, no queremos lenguaje de guerra, que nosotras trabajamos por la paz. Yo ya estoy harta. Cuando me dicen: "todas, desde nuestras trincheras". Y les digo: "de veras, yo no estoy en una trinchera", y ojalá no estemos, porque hemos hecho declaratoria pública de pacifismo, para que haya paz a las mujeres.

El lenguaje también influye...

Claro que sí.

Hay que hacer autocrítica.

Entonces yo confío, pero ya no se nos va a olvidar. Ni a usted ni a mí.

Reforma
Guadalupe Irízar
Ciudad de México
Domingo 25 de agosto de 2019.

 

Hoy se cumplen 90 años de nacimiento del académico de origen peruano naturalizado estadunidense, autor, entre otras obras, de Las enseñanzas de Don Juan y Viaje a Ixtlán

En 1998, en ocasión del trigésimo aniversario de la publicación de Las enseñanzas de don Juan, el escritor y antropólogo Carlos Castaneda presentó unos comentarios en los que en voz de don Juan —un viejo chamán yaqui de Sonora que lo introdujo a la “realidad no ordinaria” de los hechiceros del México antiguo— afirmaba: “El mundo de todos los días jamás puede tomarse como algo personal que tiene poder sobre nosotros, como algo que puede crearnos o destruirnos, porque el campo de batalla del hombre no está en su lucha con el mundo que lo rodea. Su campo de batalla está sobre el horizonte, en un área que es impensable para el hombre común, el área donde el hombre deja de ser hombre”.

Para el autor de El arte de ensoñar (1993), que había nacido en Cajamarca, Perú, el 25 de diciembre de 1925, “el resultado final que los chamanes como don Juan Matus buscaban para sus discípulos era darse cuenta de algo que por su sencillez es tan difícil de lograr: que somos, de hecho, seres que vamos a morir. Por lo tanto, la verdadera lucha del hombre no está en la lucha con su prójimo, sino con el infinito, y esto ni siquiera es una lucha; es, en esencia, un asentimiento”.

UN VIAJE APARTE

Aunque se conocen distintas versiones de su historia personal —que él mismo se encargó de hacer lo más imprecisa posible—, de acuerdo con sus documentos de inmigración, Castaneda llegó a vivir a Estados Unidos a principios de la década de los cincuenta. Se naturalizó como ciudadano estadunidense en 1959, y ese mismo año se inscribió en la Universidad de California, Los Ángeles, para estudiar antropología. En 1960, mientras se encontraba haciendo trabajo de campo en un pueblo fronterizo de Arizona, conoció a don Juan, el brujo yaqui que lo escogió como aprendiz y le permitió vivir las experiencias que luego describiría en Las enseñanzas de don Juan. Una forma yaqui de conocimiento (1968), Una realidad aparte (1971), Viaje a Ixtlán (1972) y Relatos de poder (1974), esos libros que presentan, como lo explica el escritor Luis Racionero en un ensayo de la obra Filosofías del Underground: “una forma de conocimiento alternativa; es irracional, pero perfectamente coherente y estructurada; es alógica, pero de una sabiduría a menudo impresionante. Es la filosofía del animismo, de la tradición chamánica ancestral, el conocimiento y manipulación de las fuerzas elementales de los seres vivos e inanimados”. Con dichas obras, que comprenden la crónica de su iniciación como “hombre de conocimiento”, Castaneda “añade a la visión científica”, en opinión de Racionero, “la presencia de la voluntad como fuerza integradora de los sucesos (...) Este deseo, esta fuerza cohesiva que va creando descripciones, y por tanto realidades alternativas, es la voluntad, imperceptible en el laboratorio y en la ecuación matemática, pero detectable en el método cognoscitivo del hechicero”.

LA MIRADA ALTERNA

Castaneda se alejó del escrutinio público en 1973 y a partir de esa etapa presentó libros de carácter místico como El segundo anillo de poder (1977), El don del águila (1981), El fuego interior (1984) y El conocimiento silencioso (1987). Relacionados a menudo con el movimiento New Age, sus libros han vendido más de 28 millones de ejemplares y han sido traducidos a 17 idiomas, a pesar de que nunca faltaron textos que cuestionan sus imprecisiones y ponen en tela de juicio la veracidad de sus argumentos. El “taumaturgo C. Castaneda” —tal como lo define el escritor y filósofo Antonio Escohotado en su monumental Historia general de las drogas— reapareció en la década de los años 90 para fundar Cleargreen Incorporated, una empresa dedicada a la difusión de la Tensegridad, una práctica basada en un conjunto de movimientos corporales que los chamanes realizaban para adquirir un estado superior de desarrollo físico y mental que les permitiera llevar a cabo “proezas de percepción” inimaginables, y a los que se conocía con la denominación de pases mágicos.

Cuando murió a causa de un cáncer de hígado, el 27 de abril de 1998, en Westwood, Los Ángeles, Castaneda fue incinerado y sus cenizas se esparcieron en un lugar indeterminado de México. Después de su muerte, varias de las mujeres que lo acompañaban con asiduidad, entre las que se contaba Florinda Donner, su esposa desde 1993, desaparecieron en circunstancias que a la fecha no han quedado del todo claras.

En La mirada anterior, un prólogo que acompaña a la segunda edición en español de Las enseñanzas de don Juan, Octavio Paz escribió: “Si los libros de Castaneda son una obra de ficción literaria, lo son de una manera muy extraña: su tema no puede ser lo menos: la venganza del ‘objeto’ antropológico (un brujo) sobre el antropólogo hasta convertirlo en un hechicero. Antiantropología”, es por eso que al poeta mexicano Nobel de Literatura —quien ya se había ocupado de “la función de las drogas alucinógenas en la experiencia visionaria” al correr de las palabras en Corriente alterna—, le parecía natural la reserva y la desconfianza que suscita “una obra que comienza como un trabajo de etnografía (las plantas alucinógenas —peyote, hongos y datura— en las prácticas rituales de la hechicería yaqui) y que a las pocas páginas se transforma en la historia de una conversión”.

Excélsior
Ciudad de México
Rafael Miranda Bello, Especial
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Viernes 25 de diciembre de 2015.

“No es correcto llamarles tribus urbanas porque el concepto no pertenece a las ciencias sociales”, dice

Ciudad de México.- El antropólogo Rodolfo Montes Castro dijo que en México se conocen cinco categorías que engloban a las llamadas tribus o identidades urbanas, entre las que se encuentran los rastafaris, grafiteros, punks, skates y emos, entre otros.

En entrevista telefónica con Notimex, el también profesor de la Universidad del Valle de México (UVM), campus Lomas Verdes, señaló que el rango de edades para que los jóvenes se identifiquen con ciertos grupos es aproximadamente de los 16 a 30 años.

Subrayó que “no es correcto llamarles tribus urbanas porque este concepto no pertenece a las ciencias sociales y tribu parte de la terminología del parentesco, se refiere a sociedades estudiadas en el siglo XVIII, denominadas de esta forma por su estructura familiar en función del parentesco”.

Mencionó que a estos grupos hay que nombrarlos como grupos de identidad urbana, grupos de edad o sectores de edad.

Montes Castro detalló que el primero de estos cinco grupos son los autónomos, “no están integrados a la sociedad, por ejemplo serían los colectivos que no están contra la autoridad como los grafiteros, skates, o los que se organizan en colonias populares para hacerle culto a santos como la Santa Muerte, San Judas, o Jesús Malverde”.

En segundo término, dijo, “tenemos a los grupos altamente sin autoridad (anti-autoridad) con una ideología determinada, que digamos son activistas y forman un núcleo popular con un asentamiento concreto, una ideología y simbología, como por ejemplo los pertenecientes al EZNL”.

Un tercer grupo, indicó, son los que están ligados al consumo y a la socialización, que retoman algunas actitudes de los grupos populares y las convierte en mercancía, creando un mercado de actitudes que ha surgido espontáneamente o libremente en las colonias, por ejemplo punks, metaleros, underground y oscuros, entre otros.

El antropólogo añadió que éstos últimamente consumen objetos ligados a cuestiones mortuorias o depresivas, por ejemplo los vampiros, góticos y darks.

Por otra parte, señaló a los skatos, rastafaris, así como a los que forman parte de una barra o porra de equipos de futbol.

Otro más, abundó, serían los que están en contra de regímenes de conducta, pero que no están en contra del poder político, sino que se organizan en función de actividades que están mal en la sociedad y que tratan de resolver, como los defensores de los animales, movimientos de género, los chavos ecologistas, consumidores naturistas o veganos.

El último grupo en el que se identifica a los jóvenes es el que está ligado al consumo de la cultura de masas, y aseguró que éste no es tan popular porque lo retoman jóvenes de las clases medias, que se organizan por el tipo de consumo sin protestar en contra de alguien concreto.

Ejemplificó aquí a los que se reúnen en función de los comics, o de las sagas de cine, o los que intercambian parejas (swingers); otros se organizan en eventos que se dan en otros países dentro de las zonas urbanas como las marchas de los zombis, o los que se tatúan o se mutilan con fines estéticos.

Asimismo, se reconocen grupos supremacistas como los neonazis, skinheads (cabezas rapadas), “que se reflejan en el norte del país como Mexicali o Tijuana por la cercanía con Estados Unidos, así como los choppers que se desplazan en caravanas de motos”.

En cuanto a los emos, dijo que “son un grupo muy aparte ligado a su propia edad, ya que son adolescentes que han retomado algunas características de grupos ya establecidos, pero muchos de ellos no definen bien sus rasgos secundarios porque son despreciados por otros jóvenes”.

“Son un grupo como de transición hacia los grupos más identificados como los obscuros o los metaleros, o rastafaris. Es una visión que se tiene de estos chavos, aunque la sociedad sí los acepta más que a otros como por ejemplo a los que inhalan solventes”, dijo.

Montes Castro recordó que el origen de estos grupos es rastreado por la antropología desde los siglos XVI y XVII, cuando los países colonialistas conocieron otros lugares, pueblos y empiezan a colocar sus modos de relacionarse con los jóvenes.

“Hay un concepto que se denomina clases de edad y se refiere a grupos de jóvenes que después de algunos rituales pasan a la madurez, estudios han determinado grupos de edad que se refieren a jóvenes digamos hombres y mujeres que para pasar a la adultez tienen que sufrir algunos rituales”, dijo.

El maestro de la UVM añadió que esta es una es una etapa donde los jóvenes se organizan como en grupos de pre-adultos o de juveniles que tienen en objetivo de prepararse para aspirar a tener una pareja en las comunidades estables en los centros urbanos.

“En el caso de México se tiene identificado que éstos surgieron en los años 60 como las pandillas de jóvenes callejeros llamados los cadeneros, o de motociclistas que se reunían en la ciudad de México para tener un territorio, los más famosos son los de Guerrero, o los Caifanes”, dijo.

Posteriormente, comentó que después de los movimientos estudiantiles surgieron más congregaciones de jóvenes, un ejemplo son los que ahora conocemos como los grafiteros; más adelante se conformaron otros como los rockeros y los fresas.

“Para formar estos grupos de identidad tenemos básicamente tres condiciones: un territorio, un lugar base donde establecerse; una jerarquía, para tener cierta autoridad; y que están ligados por formas simbólicas propias que los diferencia de otros grupos, se reconocen con su semejante”, apuntó.

Refirió que en cada agrupación tiene sus propias características pero en algunas de ellas se utiliza cierto vocabulario, cabello, música y vestimenta, que hace que se reconozcan o se vean como un semejante con otros.

Indicó que algunos grupos retoman ciertas características de otros, “copiamos lo que nos sirve para utilizarlo en las necesidades que tenemos, cuando llegan ciertas culturas extranjeras, después de la copia se crean formas híbridas de la cultura, formas entre lo extranjero y lo propio”.

El investigador concluyó que los diversos grupos de identidad siempre estarán presentes en la sociedad debido a que es parte inherente de nuestra formación social pertenecer a algún grupo y cultura.

Notimex
Lucía Tadeo Sánchez
Naucalpan, estado de México
Domingo 6 de diciembre de 2015.

Julio Glockner

Siguiendo los lineamientos de una política prohibicionista impuesta por los Estados Unidos, el Estado mexicano ha desatado en nuestro país una violencia nunca antes vista al haber iniciado un combate policiaco-militar contra la producción, distribución y consumo de drogas consideradas ilegales. Simultáneamente, en numerosas comunidades indígenas y campesinas de México se emplean ritualmente una variedad de plantas psicoactivas que se han sabido adaptar provechosamente a la vida de estos pueblos a lo largo de los siglos. Este contraste, por sí sólo, sugiere iniciar una reflexión sobre los conceptos de droga y enteógeno y las connotaciones culturales que conllevan, pues despliegan ante nosotros una amplia y compleja problemática que comprende diversos campos del conocimiento que van de la antropología a las neurociencias y de la psicología a la historia de las religiones.

Las consecuencias de la política prohibicionista están a la vista: violencia generalizada, inseguridad social, aumento en el consumo de drogas, desinformación total en la sociedad sobre la naturaleza del problema y proliferación de discursos morales y políticos que no se orientan a su solución sino que confunden y complican su esclarecimiento.

Hay dos grandes temas que quisiera proponer para su análisis y reflexión:

Pensando en las culturas indígenas y campesinas que en México han consumido sustancias psicoactivas desde hace miles de años, el primero tiene que ver con los límites referenciales de los conceptos de droga y de enteógeno.

Nos hemos acostumbrado a nombrar con la palabra droga las más diversas sustancias sin distinguir sus cualidades químicas, sin reparar en su origen natural o sintético, ni en sus efectos psicofisiológicos, ni en su contexto cultural y los usos que de él se derivan.   El origen de la palabra droga es oscuro. El Diccionario Etimológico de Corominas menciona como probable su ingreso al castellano a través de Francia y sostiene que su origen es incierto, concluyendo que tal vez proceda de una palabra céltica que significa ‘malo'”. El Diccionario de la Real Academia Española, después de ignorar el asunto durante veinte ediciones, en su última entrega amplía la variedad de opiniones diciendo que la palabra viene del árabe hispánico hatrúka, que significa “charlatanería”. Pero lo que llama la atención en este diccionario, es que después de referirse a la droga como una sustancia de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno, enseguida define el verbo drogar como “la administración de una droga por lo común con fines ilícitos”. Es decir, la Real Academia introduce, en la definición misma, un juicio de valor. Nos ofrece un punto de vista que expresa el sentir moral que la sociedad moderna tiene respecto a ciertas sustancias que han sido asociadas con la vida delictiva. Es claro que esta definición, al contener un juicio ético-jurídico, estigmatiza el uso de estas sustancias estableciendo su vinculación inmediata con el mundo del hampa. Y no sólo eso, coloca también en la misma dimensión a un adicto a la cocaína o la heroína en las calles de la ciudad de México o Nueva York, con un peregrino huichol que consume peyote en el desierto de San Luis Potosí, o con un chamán mazateco que utiliza los hongos en una ceremonia curativa. Para despejar un poco esta confusión que ha propiciado graves errores de apreciación, debemos comenzar por distinguir diversos aspectos del problema. El no haberlo hecho ha estimulado la proliferación de prejuicios morales y una absurda persecución policíaca a tradiciones mítico- religiosas de carácter milenario.

Antonio Escohotado nos recuerda que por droga, psicoactiva o no, seguimos entendiendo lo que pensaban los padres de la medicina científica, Hipócrates y Galeno, hace miles de años, es decir, una sustancia que en vez de “ser vencida” por el cuerpo y ser asimilada como si fuese un alimento, es capaz de “vencerle” temporalmente provocando en él cambios orgánicos, anímicos o de ambos tipos. En este sentido, estrictamente bioquímico, es evidente que el peyote y los hongos psicoactivos comparten las características de otras sustancias que provienen de la industria farmacéutica. Pero no podemos reducir a este único aspecto la comprensión del fenómeno. Debemos reparar también en los diversos contextos culturales en los que se produce el consumo de estas sustancias. En esta perspectiva, es notable que todas las culturas han hecho su propia distinción entre alimentos y plantas sagradas, pues con el empleo de éstas últimas han experimentado el éxtasis religioso, es decir, el uso de estas plantas se ha ritualizado para expresar su sacralidad, para expresar el advenimiento de lo divino que ocurre al consumirlas. La connotación social y ética que estas plantas tienen al interior de las sociedades que las consumen ni remotamente es semejante a la que tienen las “drogas” en la sociedad occidental. Por ello, en una sociedad multiétnica como la mexicana, se debe contemplar el problema en toda su complejidad y no soslayar por más tiempo una exigencia de respeto y consideración hacia estas expresiones de la religión indígena.

La desinformación es tanta, aun en sectores intelectuales que debían estar enterados, que se sigue hablando de “alucinógenos” más de tres décadas después de la propuesta de connotados etnomicólogos para utilizar el neologismo “enteógeno”, que nos aproxima a una mejor comprensión de la experiencia vivida y de la espiritualidad de los pueblos indígenas. No se trata de hacer circular un sinónimo más en el vocabulario, el neologismo viene de las raíces griegas en theos genos, que significa, “generar lo sagrado” o “engendrar dentro de sí lo sagrado”, sentido que apunta en una dirección muy distinta del término alucinógeno, que viene del latín allucinari, que significa ofuscar, seducir o engañar, haciendo que se tome una cosa por otra. Insistir en la utilización del término alucinógeno para designar a las plantas que la tradición de otras culturas ha sacralizado, significa apuntalar la persistencia de un término etnocentrista que juzga como representaciones falsas de la realidad las cosmovisiones y prácticas rituales dentro de las cuales se consumen. Entender las religiones de otros pueblos como una simple alucinación que propicia una idea falsa de la realidad, le puede sonar muy lógico a cualquier racionalista obtuso, pero es claro que ese tosco racionalismo le impedirá comprender el tema en toda su profundidad.

Es imperiosa, pues, la necesidad de distinguir entre los conceptos de droga y enteógeno.

Al menos tres aspectos me parecen fundamentales para establecer las diferencias culturales en los usos de las llamadas sustancias psicoactivas:

En primer lugar la procedencia del producto que va a consumirse, que puede ser natural o artificial, que puede tener su origen en la aridez del desierto, la humedad del bosque, o en la industria química. El consumo de plantas que han sido consideradas sagradas por las más diversas culturas en todo el mundo y en todos los tiempos ha hecho posible que esta flora psicoactiva sea portadora de una tradición mítico-religiosa y de un vínculo, mediante la ebriedad extática, con diversas deidades y seres sobrenaturales, cosa que no sucede con los productos que provienen de la industria química, de un mundo desacralizado e inmerso en la lógica del mercado.
En algunos casos, como entre los mazatecos, los coras y los huicholes, las plantas divinizadas son la encarnación misma de antiguas deidades que personifican la naturaleza. Cuando Albert Hoffman sintetizó en los laboratorios Sandoz la Dietilamida del Ácido Lisérgico, el famoso LSD, lo hizo con el avanzado instrumental técnico y teórico que le proporciona la moderna cultura Occidental. A partir del momento en que Hoffman sintetizó el LSD produjo una droga. Pero si la misma sustancia que consumían ritualmente los antiguos griegos en el culto a la diosa Demeter, obtenida del hongo que crece en el centeno y el trigo, fuera considerada como una droga, con la connotación moral que esta palabra tiene actualmente, juzgaríamos erróneamente a los asistentes a las ceremonias de iniciación de los misterios de Eleusis como a un conjunto de drogadictos, o peor aún, como una asociación delictiva, lo cual es un disparate por cualquier lado que se lo vea. Hoffman obtuvo, mediante el proceso químico de la síntesis, la formación artificial de una sustancia mediante la combinación de sus elementos. El mismo proceso ha seguido innumerables medicamentos que se emplean en la medicina moderna. Pero cuando esa misma sustancia permanece en la naturaleza, en el interior de un hongo, de un cactus como el peyote o de una enredadera como el ololiuhqui o el yagé, entonces su uso cultural es radicalmente distinto y sólo es posible comprenderlo plenamente en el contexto de una cosmovisión singular y una práctica médica tradicional. En este caso debemos referirnos no a una droga sino a un enteógeno.

La segunda diferencia tiene que ver con la finalidad con la cual se realiza el consumo. Si se trata de un ritual mágico-religioso con fines terapéuticos o adivinatorios, evidentemente el propósito es muy distinto al de un consumo de sustancias cuyas motivaciones son más bien placenteras, lúdicas o destinadas a satisfacer una adicción. Esto se vincula estrechamente con el tercer aspecto, que se refiere a los efectos individuales y colectivos que se derivan del consumo de drogas provenientes de la industria, por un lado, y de plantas enteogénicas por el otro. En un extremo, en las ciudades modernas, encontramos el consumo hedonista y festivo que puede conducir, mediante el exceso del consumo compulsivo, a la adicción, la marginación, y en el peor de los casos a su vinculación con la delincuencia y la persecución policíaca. En el otro polo, en los pueblos indígenas, encontramos una experiencia místico-terapéutica personal y colectiva, así como la adaptación del consumo de enteógenos a la vida comunal, tal es el caso, entre otros, de la ingestión ritual del peyote en los coras, tarahumaras y huicholes.
Circunstancias sociales, jurídico-políticas y policíacas han enturbiado el significado de la palabra droga, lo han desvirtuado alejándolo de su sentido original que lo identificaba con el concepto griego phármakon, que designa aquellas sustancias que en vez de “ser vencidas” por el cuerpo para transformarse en alimentos, son capaces de vencerle provocando en él cambios orgánicos y anímicos. Esta noción primigenia, farmacéutica, de la palabra droga, se ha desvanecido gradualmente y en su lugar ha surgido su asociación con las adicciones y el narcotráfico. La palabra droga se hunde cada vez más, en el ámbito de la conciencia popular, en un desprestigio que parece ya inevitable. De ahí la necesidad de optar por otra denominación para aquellas plantas cuyos vínculos culturales con otras sociedades les otorgan una dignidad que las ha elevado al ámbito de lo sagrado.

En el paso del sustantivo droga al verbo drogar quedan olvidados los procesos histórico-culturales que le otorgan pleno sentido a estas sustancias cuando permanecen en estado natural. Sucede entonces un desplazamiento en la significación y la palabra droga ya no remite a las cualidades químicas de la sustancia, sino a la dudosa calidad moral de quien la consume. El sustantivo se carga de una resonancia ilegal que le viene de la experiencia social de una cultura en la que el verbo drogarse está asociado con actos delictivos y conductas antisociales. Esta significación se ha popularizado a tal grado que lo entienden así desde un ama de casa hasta las autoridades de salud pública del país. Es aquí donde se genera uno de los mayores equívocos y donde debemos concentrar la atención para procurar una reflexión y una discusión bien sustentadas.

La propuesta específica consiste, entonces en introducir el término enteógeno en la le legislación que reconoce el consumo ritual de estas plantas y diferenciarlo claramente del concepto “droga”. Esta distinción permitirá terminar con la ambigüedad existente en la legislación actual, que por una parte condena, mediante el Código Penal Federal y la Ley General de Salud, el consumo de plantas psicoactivas, mientras por otro lado reconoce su empleo tradicional a través del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, ratificado por el senado de la república, en donde se protegen las prácticas religiosas de los pueblos indígenas. Estoy consciente de que lo que propongo pasa por encima de algunos criterios bioquímicos y farmacológicos, pero en cambio privilegia criterios antropológicos y éticos, además, quizá sea la única manera de salvar a estas virtuosas plantas de la estulticia moderna, que en su delirante “combate a las drogas y el narcotráfico” puede convertir el tema de la experiencia mística en un vulgar asunto de comisaría.

2) El otro gran tema que quisiera poner a su consideración es el que se refiere al derecho que los ciudadanos de la sociedad moderna tienen de consumir sustancias psicoactivas, tanto enteogénicas, como provenientes de la industria química y, en consecuencia, propiamente llamadas drogas.

Parto del principio de que a lo largo de la historia de la humanidad se han consumido sustancias psicoactivas y que en la antropología moderna tiene cada vez más aceptación la tesis de que el surgimiento del pensamiento religioso está vinculado al consumo de alguna sustancia visionaria. Prácticamente en todas las culturas de todos los tiempos y latitudes las sociedades han dispuesto de alguna sustancia para modificar el estado de ánimo y la percepción del individuo que la emplea. De modo que no estamos ante un fenómeno extraño, sino que llega hasta nosotros avalado, digámoslo así, por una tradición milenaria. Pero la familiaridad que cada cultura tiene con una sustancia se convierte en aversión y hasta horror por sustancias que le son culturalmente ajenas y desconocidas. Esto es precisamente lo que ocurrió con los frailes franciscanos, dominicos, agustinos y demás que evangelizaron el territorio mexicano. El horror que les causaba ver a los indios o escuchar relatos en los que se daba cuenta del consumo de ololiuhqui, peyote, hongos y otras plantas sacralizadas los llevó a asociarlas con engaños del Demonio y a considerar los ritos asociados a ellas como satánicos. Desde luego que la cultura occidental, la de los frailes y colonizadores, tenía su propia y privilegiada sustancia embriagadora, que era y sigue siendo, el alcohol.

El vino, proveniente de los cultos greco-latinos a Dionisos y Baco, fue adoptado por el cristianismo y sublimado por su propia mitología al grado de convertirlo en la sangre misma de Jesús. De esa lejana tradición derivan los miles de vinos, licores y aguardientes que proliferan y dan vida y alegría a las reuniones en el mundo occidental, pero también muerte, dolor y violencia. Sin embargo a nadie se le ocurre pensar en el alcohol como una droga. Esta sustancia queda fuera del estigma que la palabra droga impone porque nos es familiar culturalmente.

Tanto las tradiciones orientales que empleaban el opio y el hashish, como las mesoamericanas que utilizaban la mezcalina en el peyote, la psilocibina en los hongos, o la Dietilamida de ácido lisérgico en el ololiuhqui, o las grecolatinas que usaban plantas solanáceas o el cornezuelo de trigo, fueron satanizadas, literalmente, por la tradición judeocristiana, que sólo rescató de la antigua Grecia el vino. Ya en los ritos de Baco, Attis y Mitra, el vino se consideraba como sangre divina, y la gran cantidad de vasos hallados en las catacumbas revela la embriaguez ritual de los primeros cristianos que adoptaron algunas costumbres del mundo grecolatino. Esta es la razón, histórica y religiosa, que explica por qué el alcohol es una droga socialmente aceptada en Occidente, mientras se ve con desconfianza, se persigue y se castiga el empleo de otras sustancias .

En la tradición occidental, además de vinos y cervezas, los griegos usaron con fines ceremoniales y lúdicos el cáñamo y otras solanáceas como el beleño, la mandrágora y la belladona, en ocasiones colocándolas en las brasas ardientes de los sahumerios. Estas tres últimas plantas fueron muy utilizadas en el mundo europeo durante la edad media y hasta el siglo XVII asociadas por el cristianismo con la brujería. La imagen de la bruja volando en una escoba tiene precisamente que ver con los ungüentos y pomadas elaborados con estas potentes plantas psicoactivas que se aplicaban por vía vaginal mediante el palo de una escoba. La persecución de estas y otras prácticas que provenían del mundo greco-latino fue terrible: En una Europa que rondaba los 3 millones de habitantes, los inquisidores católicos y protestantes lograron quemar vivas a unas 500 mil personas entre los siglos XV y XVII, e incautar los bienes de varios millones más. (Escotado: 1996, p.58)

Los griegos conocían también un extracto de hachís con vino y mirra para estimular las reuniones privadas. Pero ninguna droga tuvo tanta popularidad entre ellos como el opio, planta que fue siempre un símbolo de Deméter, la diosa de la tierra y la fecundidad. Su empleo médico se remonta a los primeros tiempos de Esculapio, que eran instituciones algo parecidas a nuestros hospitales, donde el paciente, al llegar, era atendido sometiéndolo a un “ensueño sanador”.

El término que usaron los antiguos griegos para designar a las sustancias que son un remedio y un veneno a la vez fue la palabra phármakon, que nosotros utilizamos castellanizada cuando hablamos de fármacos. Los griegos tenían muy claro que un fármaco era benéfico y dañino a la vez, no una cosa o la otra, sino las dos inseparablemente, dependiendo de la dosis que empleara el usuario. La frontera entre el daño y el beneficio no existe en la droga misma, sino en el uso excesivo de quien la emplea. Esta elemental sabiduría de los antiguos griegos se ha perdido en el mundo moderno. En la actualidad se actúa como si la sustancia fuera sólo benéfica, por parte del consumidor, o únicamente peligrosa, por parte de las autoridades que intentan evitar el consumo. El Estado y las instituciones de salud pública no parecen, en consecuencia, asumir la responsabilidad de informar al consumidor sobre las cualidades benéficas y perjudiciales de una sustancia, sino que se limitan a prohibirla y perseguir a los infractores. Los resultados de esta política están a la vista en nuestro país y han sido desastrosos.

Hace ya muchos años que Fernando Savater distinguió dos grandes campos que encierran actitudes distintas respecto al empleo de las drogas, sea cual fuere la definición que de ellas tengamos: una es la culpabilidad, que conduce ineludiblemente a su prohibición, y la otra es la responsabilidad, que va de la mano con la información bien sustentada y el ejercicio de la libertad individual. Es evidente que en nuestro país las políticas públicas han optado por la primera opción a pesar de que en esta especie de esquizofrenia institucional que vivimos existan algunos espacios, leyes y reglamentos que se proponen informar objetiva y verazmente sobre el tema.

La mancuerna culpabilidad-prohibición no sólo ha dado lugar a la tragedia nacional que conocemos como “Guerra contra las drogas”, que ha cobrado ya la vida de más de 50 mil personas, lo peor es que ha sido ineficaz porque carece de credibilidad. Los jóvenes, simplemente, desconfían de este discurso ambiguo y moralista y la prueba de ello es que no ha cesado el incremento en el consumo de drogas, al contrario, ha aumentado de modo alarmante.

Personalmente soy partidario de reconocer el derecho que los individuos tienen de modificar su estado de ánimo y su percepción mediante el consumo de alguna sustancia. El problema es que este derecho puede ser ejercido de un modo abusivo, desordenado e irresponsable si la persona carece de información confiable y bien sustentada.

La única manera de evitar este desbarajuste consiste no en prohibir y castigar severamente el consumo, que a todas luces ha sido un fracaso como política pública, sino más bien en informar debida y oportunamente al probable consumidor, a fin de anticiparle con toda claridad las consecuencias que puede tener el acto que está por realizar.

Y no me refiero, por supuesto, a la torpe propaganda que vemos en los medios actualmente, donde se pretende asustar a los jóvenes con la idea de que fumar marihuana los llevará inevitablemente a la perdición. Quienes han diseñado esta publicidad evidentemente no tienen idea de lo que son los jóvenes ni de lo que es la marihuana.

Necesitamos entonces exigir, como premisa, que quien hable del tema tenga una opinión bien sustentada en la información científica y deje de lado discursos morales o políticos propios de una parroquia o una campaña electoral. El problema es muy serio y muy complejo como para seguir dejándolo en manos de curas y políticos apoyados en campañas publicitarias.

Necesitamos funcionarios públicos y representantes populares bien informados que puedan abordar el problema con inteligencia y una sólida información y no con prejuicios y decisiones improvisadas. Los secretarios de salud y educación tienen en este sentido un papel fundamental que desempeñar. El tema del narcomenudeo no se resuelve poniendo policías a la entrada de las escuelas, se comenzará a resolver cuando se ponga al alcance de los adolescentes y los jóvenes información veraz y confiable y puedan comentar el tema en voz alta con sus maestros, sus compañeros y sus parientes. Solo el conocimiento auténtico crea ese ambiente de confianza mutua en el que pueden comentarse las experiencias, esclarecerse las dudas y buscar conjuntamente las soluciones. Como bien decía Kierkegaard, “La verdad sólo existe en el individuo cuando él mismo la produce actuando”.
 
(*) Julio Glockner es antropólogo, Investigador del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de Puebla. Autor de los libros: La realidad alterada. Drogas enteógenos y cultura, Debate, 2006; Los volcanes sagrados. Mitos y rituales en el Popocatépetl y la Iztaccíhuatl, Prisa 2012; La mirada interior. Plantas sagradas de los pueblos amerindios (próxima publicación en Debate).

Puebl@Media
DPC México-Brasil
Julio Glockner
(Septiembre 21, 2015)
Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades
Universidad Autónoma de Puebla (BUAP)
Martes 3 de noviembre de 2015.

Imaginarios gastronómicos como el chile en nogada, precisó el historiador Jesús Márquez Carrillo, responden a la construcción de un nacionalismo gestado entre las décadas 20 y 40 del siglo anterior, un momento particular en el periodo de consolidación del Estado mexicano y de sus nuevas identidades.

“En 1940, Josefina Vázquez de León declaró que las enchiladas de pollo eran el platillo regional de Guanajuato; el pozole, la comida típica de Guadalajara y el mole –que se posicionó primero–, en el que resalta la figura del guajolote engordado con castañas, será la figura central de este platillo poblano, en donde además se elimina que no viene del verbo español moler sino de la palabra náhuatl molli”, dijo el académico de la UAP.

Entrevistado el día de ayer en el programa radiofónico Así lo dijo Duchamp, que es producido por Capilla del Arte, el experto señaló que antes de esas décadas dicho platillo no tenía la importancia que tiene actualmente y que fue en las décadas posteriores, entre los 50 y 60, cuando se constituyó como el platillo típico regional por excelencia.

El historiador cultural, un científico social interesado en cómo aparecen los objetos históricos vinculados a los imaginarios sociales y culturales, señaló que al igual que gran parte de la comida mexicana, el chile en nogada es parte del mestizaje que se dio a lo largo de tres siglos, producto de la interacción de distintos grupos sociales.

En ese sentido, Jesús Márquez Carrillo señaló que más que responder la forma y el momento en que fue creado, el problema se sitúa en otro momento: en cuándo se puede hablar que los chiles en nogada aparecieron como el platillo típico de Puebla.

Para responder la cuestión, acotó, necesariamente se tendría que pensar en el nacionalismo mexicano y la Revolución Mexicana en sus dos momentos: de 1910 a 1920 como una lucha armada y de 1921 a 1940 como el periodo de consolidación del Estado mexicano.

“Es el auge del muralismo mexicano, del folklor y del rescate de las raíces. Ello, porque entre 1890 y 1910 predominaba una cultura afrancesada y de las élites en donde lo popular era mal visto. El rescate es justamente en 1921, cuando el general Álvaro Obregón ofrece, para conmemorar las fiestas de la mexicanidad posrevolucionaria, el primer gran platillo mexicano: sopa de tortilla, arroz a la mexicana y mole poblano”, contó el historiador.

A partir de ahí, dijo al micrófono, el Estado decidió invertirle a las tradiciones populares, lo mismo al folklore que al arte plástico –el muralismo– y a las artes culinarias, mientras que cada entidad contribuyó al nacionalismo desde su identidad local.

Una receta de leyendas

El investigador Jesús Márquez Carrillo señaló que la creación de los chiles en nogada está rodeada de dos leyendas: la primera es que dicha receta se hizo por las monjas clarisas del convento de Santa Mónica para celebrar la visita de Agustín de Iturbide, y la otra –según Artemio del Valle Arizpe– es que en el regimiento de Iturbide había tres soldados que tenían sus novias en Puebla, quienes querían recibir a sus pretendientes con un platillo especial en el que tenían que prevalecer los colores de la bandera trigarante, es decir, que era gente del pueblo sin conocimientos gastronómicos quien preparaba este platillo para alagar a otra gente común.

“El mito que vincula a la iglesia y al Ejército triunfará. Será entre 1932 y 1940 cuando empezó a predominar el que sonaba más bonito –el que implica a las monjas– y que tiene que ver con el nacionalismo conservador. Así, el culto a Iturbide será fundamental durante tres décadas, pues será visto como el padre de la Independencia”, explicó el historiador.

Además de este par de leyendas y la prevalencia de uno sobre otro, acotó Márquez Carrillo debe añadirse la opinión pública gestada en diarios de circulación nacional de la época como Excélsior y El Universal.

Como ejemplo, es la referencia en torno al mole poblano, ya que el primer gran inventor de la leyenda fue Carlos de Gante, quien la difunde en el periódico Excélsior; mientras que Artemio del Valle Arizpe, un historiador y a la vez “constructor de las grandes leyendas culinarias mexicanas”, hace lo propio con los chiles en nogada.

Otro de los grandes constructores del mito, acotó el académico, fue Agustín Aragón, un comentarista de platillos culinarios en El Universal, quien escribió: “Si no tuviera Puebla otras muchas razones para ser inmortal, le bastaría ser la cuna del legítimo mole de guajolote y del chile en nogada”.

Así, concluyó Jesús Márquez, el posicionamiento del chile en nogada como el platillo que Puebla aporta a la construcción de esa identidad nacional encuentra su máximo punto con un poblano en la presidencia del país: Manuel Ávila Camacho.

La Jornada de Oriente
Paula Carrizosa
Ciudad de Puebla
Miércoles 12 de agosto de 2015.

La ciencia es fundamental y tampoco se puede descuidar la cultura ni el apoyo a los jóvenes, dijo el rector de la UNAM

Es necesario que se mantenga como una de las prioridades en el presupuesto federal el tema de la educación superior. La ciencia también es fundamental y, de igual modo, no se puede descuidar la cultura ni el apoyo a los jóvenes. “Hay muchos campos que son estratégicos para el desarrollo de México; el de nosotros es uno de ellos”, planteó el rector de la UNAM, José Narro Robles.

Previo a la segunda sesión del año del Consejo Universitario, reconoció que en los últimos años ha habido apoyo al presupuesto de la Universidad y de la educación superior.

En el Patio Principal de la Antigua Escuela de Medicina expuso que solicitamos, “respetuosamente, pero con toda claridad”, que no se disminuyan los recursos para esta casa de educación, y de la educación superior pública, en general.

Al referirse a los temas a tratar en la sesión, indicó que se revisará el establecimiento de la licenciatura en Antropología. Al respecto, dijo que las humanidades son fundamentales y constituyen uno de los campos en los que la Universidad tiene un enorme interés, porque se trata de una disciplina que nos permite ver hacia el pasado y el presente, de una tarea multidisciplinaria donde esta institución puede hacer un enorme aporte.

En cuanto a la carrera de Desarrollo Territorial, externó que ésta es una disciplina novedosa, un área de trabajo que requiere de la participación de otras, donde intervienen asuntos sociales, económicos, desarrollo regional y urbanismo, entre otros. Nuestra universidad, que tiene una gran cobertura en la diversidad de los espacios y temas, tiene la posibilidad de hacerlo.

También, el rector Narro Robles resaltó que en materia de seguridad se hacen esfuerzos y se toman medidas en materia de transporte, el programa Sendero Seguro, la mejora de la iluminación, la instalación de más postes de Auxilio UNAM, la respuesta pronta de parte de los mecanismos de servicios generales, como vigilancia y auxilio jurídico, entre otras medidas.

Puebl@Media
Ciudad de México
Miércoles 1 de julio de 2015.

En 2012 la destrucción fue total, el gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas ordenó que la casa fuera demolida para que se edificara allí la primera de cinco torres de lo que sería un teleférico.

La fachada de la Casa del Torno era sencilla, una puerta de madera con dos columnas al lado, dos ventanas hacia la calle en la primer planta y tres más en la segunda. Al frente un torno de madera, que le dio el nombre aunque en realidad era un rastro.

El edificio del siglo XVII, ubicado en la calle 8 norte 414, remataba en una pequeña plazuela llamada del “factor” o de los “tornos”. En la casa y en los terrenos aledaños se localizaba un rastro de carneros, aprovechando que en ese entonces pasaba a un lado el río San Francisco.

Hoy no queda nada de la casa. En 2012 fue demolida para construir una torre de concreto y metal a la cual llegarían carros de un teleférico que partiría de la zona de Los Fuertes.

La Casa del Torno es ahora una construcción abandonada, con el óxido de las varillas escurriéndose por los lados, semicubierta por paredes de madera hinchadas por la lluvia, que pretenden esconder el abandono y la destrucción.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) exigió al gobierno del estado -que proyectó el teleférico- la restitución del inmueble y políticas públicas que permitan al centro histórico quedarse en el catálogo de Patrimonio Mundial.

De igual forma pidió un informe para el 1 de diciembre de este año con el detalle técnico del teleférico y su nueva ubicación; en teoría tendría que ir de Los Fuertes al estadio Cuauhtémoc pero llega sólo del otro lado de la calzada Zaragoza.

La destrucción vino de dentro

La plazuela del Torno tuvo una gran importancia en el siglo XVII debido a que era donde se conectaba a la ciudad con el convento de San Francisco, del otro lado del río; y a la ciudad española con los asentamientos indígenas.

A partir del decreto de Zona Monumental para la ciudad de Puebla en 1977, la Casa del Torno ingresó en el catálogo oficial del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) como edificio histórico protegido.

Sin embargo el inmueble sufrió un primer embate durante la administración del gobernador Manuel Bartlett Díaz, cuando se destruyó su patio para hacer un puente que conectó la calle 8 norte con el conjunto del Paseo de San Francisco, atravesando el bulevar 5 de Mayo. De nuevo su función fue conectar.

En 2012 la destrucción fue total, el gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas ordenó que la casa fuera demolida para que se edificara allí la primera de cinco torres de lo que sería un teleférico.

Los vecinos dicen que se excavó a una profundidad de más de seis metros para cimentar la torre de concreto. El ruido y el polvo fueron insoportables para los comerciantes del Barrio del Artista, ya que allí se encuentran varios talleres de pintura, cafés y bares.

Un día a principios de 2013 los trabajadores dejaron de ir, el lugar fue cubierto de manera temporal por paredes de madera que impiden ver lo que ya no es.

Desde arriba parece que los albañiles dejaron todo como para tomar un descanso. Aún se observa material de construcción, cascos, casacas, que fueron dejados dentro y ahora están cubiertos por una capa densa de abandono.

La obra está suspendida, el Comité Defensor del Patrimonio Cultural Poblano y la Fundación Manuel Toussaint interpusieron el amparo 1962/2012 por la destrucción del edificio catalogado. Salió a relucir que ni el INAH y el ayuntamiento de Puebla dieron permiso para el proyecto.

La historia se pelea en los tribunales

En el siglo XIX con el surgimiento de otros rastros la Casa del Torno y la plazuela se transformaron en un conjunto productivo de obrajes o fábricas artesanales de hilados y productos textiles, donde también se hacían rebozos.

Por su cercanía con el mercado del Parián, donde ahora se venden artesanías, se aprovechó una parte de las casas cercanas al torno como mesones o casas-habitación.

En ese sitio el gobierno del estado decidió construir una torre de concreto en 2012 para que llegaran los carros del teleférico que vendrían de la zona de los Fuertes y cruzando buena parte del centro histórico hasta el Barrio del Artista.

Debido a que las cinco torres -dos en Los Fuertes, la del Torno, una en el barrio de San Francisco y una más en el barrio indígena de Xanenetla-, afectarían al paisaje tradicional, pues las sus 30 metros de metal competirían con elementos históricos como las propias torres de la Catedral o con el templo de San Francisco, el Comité Defensor del Patrimonio Cultural Poblano y la Fundación Manuel Toussaint iniciaron otros dos juicios de amparo contra la construcción de todas las torres.

Los tres amparos se acumularon en un mismo juicio que quedó asentado bajo el número 490/2013. El Juez Cuarto de Distrito del Centro Auxiliar de la Séptima Región, con residencia en Acapulco, Guerrero, fue quien se encargó de analizar el caso y determinó sobreseer el juicio a principios de 2015.

La oficina de la ONU indicó que las acciones no sólo deben estar centradas en desarrollos que faciliten el turismo, sino que se deben articular las herramientas de conservación con los lineamientos internacionales de conservación para evitar así que los proyectos tengan un impacto negativo.
Por ello el gobierno estatal continuó la construcción del teleférico pero ya no hacia la Casa del Torno, sino de la torre principal a un lado del Centro Expositor en la zona cívica de Los Fuertes a un parque de reciente creación que queda a menos de 300 metros.

PGR investiga el daño al patrimonio

Además de los juicios de amparo el restaurador y representante del Centro de Promoción y Defensa de los Derecho Humanos Joel Arriaga Navarro AC, Fernando Cuéllar Muñoz, interpuso una denuncia penal el 13 de febrero de 2014 por la destrucción de la Casa del Torno.

La investigación contra los funcionarios involucrados en la demolición del inmueble -entre los cuales se encuentra el gobernador poblano Rafael Moreno Valle; el actual alcalde de Puebla, Antonio Gali Fayad, que era entonces Secretario de Infraestructura; el exedil Eduardo Rivera Pérez, y el secretario de Obra Pública municipal, Felipe Vázquez Gutiérrez- está abierta con el número AP153/2014/4PGR/Delegación Puebla.

Sin embargo a más de un año de que se inició la averiguación previa la Procuraduría General de la República (PGR) no ha presentado avances, por lo cual Cuéllar Muñoz interpondrá una queja ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) por omisiones y dilación de la dependencia.

–Hay penalidades que sí están bien identificadas porque es un delito federal y no tienen derechos a fianza, entonces aquí la pregunta es ¿por tratarse de un gobernador la Procuraduría (General de la República) valora políticamente su intervención? Dice la constitución que todos somos iguales ante la ley ¿qué tan iguales somos?

Para el restaurador el caso del teleférico también representa un daño patrimonial a las finanzas públicas, ya que se invirtió dinero en la edificación y luego en el posterior desmantelamiento de las torres que estaban dentro del Centro Histórico.

Además de que el INAH podría verse involucrado en la investigación como autoridad omisa por permitir que un edificio catalogado fuera destruido.

–Si la autoridad hace bien su trabajo y acredita la responsabilidad de todos los señalados, las penalidades mínimas son de siete a ocho años (en prisión), como fue hecha por servidores públicos eso es una agravante. No puedes hablar de que es gente que no sabe lo que estaba haciendo o que desconocía.

Unesco pide restitución del inmueble

La Unesco en un reporte del centro histórico de Puebla de 2014, que se puede consultar en su página de internet, advirtió que el proyecto original del teleférico impactaba la calidad de las vistas, debido a que las torres metálicas competirían con los elementos tradicionales del paisaje.

Además mencionó el edificio histórico denominado “Casa del Torno” fue demolido a pesar de que estaba protegido por leyes internacionales.

Dijo que las herramientas de conservación  no se traducen políticas públicas integrales y coherentes en los diferentes niveles de gobierno, situación que pone en riesgo la permanencia del centro histórico de la ciudad en la lista de Patrimonio Mundial.

La oficina de la ONU indicó que las acciones no sólo deben estar centradas en desarrollos que faciliten el turismo, sino que se deben articular las herramientas de conservación con los lineamientos internacionales de conservación para evitar así que los proyectos tengan un impacto negativo.

El director del Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco, Kishore Rao, pidió más información al INAH sobre el proyecto del teleférico y las acciones a tomarse por la devastación de la Casa del Torno.

Francisco Javier López Morales, director de Patrimonio Mundial del INAH, respondió en febrero de 2014 que el instituto pidió un cambio a la ruta del teleférico para que no se afectara la zona patrimonial, así como que el inmueble histórico se restituyera.

Sin embargo de acuerdo con el portal e-consulta será el ayuntamiento de Puebla quien haga la restitución con un presupuesto de 17 millones de pesos.

La Unesco se comprometió entonces a revisar los detalles técnicos y la locación del teleférico para evitar que impacte en el patrimonio histórico, para ello solicitó al gobierno estatal un reporte para el 1 de diciembre de este año a fin de que sea discutido en la sesión 40 del Comité que se realizará 2016.

Lamentablemente aunque se finquen responsabilidades o se vuelva a construir la casa, el inmueble que en algún tiempo albergó a carneros procedentes de Amozoc para proveer de carne a los poblanos del virreinato se perdió totalmente.

Desde noviembre de 2012 el fantasma del abandono habita la Casa del Torno. En el lugar no queda una piedra de historia, sólo el concreto y el metal.

Lado B
Jerónimo Villa
@Jerome_Vil
Ciudad de Puebla
Lunes 22 de junio de 2015.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

Síguenos en Twitter