¿Por qué “El abrazo de la serpiente”, de Ciro Guerra, ha ganado casi todo y va por la estatuilla dorada?

El abrazo de la serpiente está a dos pasos de llevarse la estatuilla a mejor película en lengua extranjera de los Óscar: es semifinalista junto a ocho películas. El próximo 14 de enero, cuando se seleccionen las cinco finalistas, se conocerá si está a un paso de alcanzarlo, como ya lo hicieron siete cintas latinoamericanas en el nuevo siglo: Amores perros (México, 2000), El hijo de la novia (Argentina, 2001), El crimen del padre Amaro (México, 2002), El secreto de sus ojos (Argentina, 2009, la única que alzó la estatuilla), Biutiful (México, 2010), No (Chile, 2012) y Relatos salvajes (Argentina, 2014).

La cinta dirigida por Ciro Guerra (Cesar, 1981) le ganó el lugar como representante de la región a El club (Chile), de Pablo Larraín, y a El clan (Argentina), de Pablo Trapero. En 10 meses, además, se convirtió en la película más galardonada de la historia del cine colombiano —desde el prestigioso Festival de Cannes de Francia hasta un certamen local: el Festival de Lima—. Sí, muchos premios, rótulos, prensa. Pero, ¿qué separa a El abrazo de la serpiente del resto? ¿Por qué tiene un pie en los finalistas del Premio Óscar?

La primera señal es el riesgo. Para la filmación de la cinta, en la que exploradores europeos se encuentran con indígenas del Amazonas, donde el hombre blanco aparta a un lado la ciencia y se deja curar con ritos chamanes, Guerra viajó a zonas inhóspitas de la selva. En una ocasión, el piloto que lo acompañaba le dijo: “Usted está a dos semanas a pie del radio más cercano, ¿entendido?” Por lo demás, hace 30 años no se realizaba una pieza de ficción en la selva, y aunque su color a blanco y negro tiene detrás un proceso de posproducción, representa un aire en tiempos de Avengers y luces de neón.

Guerra, en todo caso, no está solo: hace parte de una generación de autores tan personales y arriesgados como él: desde Rubén Mendoza hasta César Acevedo, que este año mostraron una cara diferente del cine colombiano. La tierra y la sombra, Alias María, Gente de bien, Ella, entre otras, rompieron la tradición de encontrar en las salas de cine las mismas historias de la televisión: narcotráfico, violencia entre carteles y la familia colombiana como folclor. Historias que, aunque reflejan parte de la sociedad, caen siempre en el lugar común con actuaciones pobres, historias reencauchadas y personajes –si bien imposibles de olvidar– necesarios de superar.

Hay sin embargo un matiz que quizá Guerra ha explotado más que sus contemporáneos: representar los dilemas locales a partir del paisaje. Ese es su recurso dramático. A través de él ha marcado su rumbo temático, que va desde la solidaridad ante la precariedad de la muerte hasta las metáforas que sugieren cómo conjurar la soledad en medio de la miseria humana. “Pienso que Guerra quiere ser, y lo es, uno de esos exploradores que vuelven de las filmaciones con hallazgos”, opina el escritor y crítico de cine Ricardo Silva Romero.

Otro síntoma es el interés que están despertando los géneros que ficcionan la historia. Hace un par de días, por ejemplo, el segundo Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana escogió once libros semifinalistas. Héctor Abad, director de la biblioteca de Eafit (una de las organizadoras del certamen), y Mario Jursish, editor de la revista El Malpensante y jurado, destacaron la presencia de la novela histórica en la selección con libros como El año del verano que nunca llegó, de William Ospina; La rebelión de los oficios inútiles, de Daniel Ferreira; La forma de las ruinas, de Juan Gabriel Vásquez, y La ruidosa marcha de los mudos, de Juan Álvarez.

Las posibilidades de llegar a estar entre el grupo de nominadas son altas. La película es la única cuota latinoamericana en el grupo de las nueve semifinalistas, el resto —a excepción de Theeb, Naji Abu Nowar (Jordania) — son europeas. A pesar de que Viva, que representa a Irlanda, habla de un joven cubano que trabaja como drag queen en La Habana, la de Guerra es la única obra completamente latina. En la entrega pasada de los premios quedó claro que los latinoamericanos tienen las mismas posibilidades de llevarse la estatuilla dorada: Alejandro González Iñárritu, el mexicano que dirigió Birdman, se llevó cuatro premios de la Academia: mejor película, mejor director, mejor guión y mejor fotografía.

El abrazo de la serpiente, en definitiva, encaja con las narrativas que son tendencia a nivel mundial: volver a los antepasados para reconocernos de nuevo, la naturaleza como escenario benigno y purificador, el diálogo entre el hombre blanco —una visión hollywoodense de los personajes— y el indígena, que es fuente de sabiduría ancestral. Una historia que da una mirada al Amazonas como el territorio de redención del mundo occidental.

El Espectador
@Camilalabuiles
Bogotá, Colombia
Camila Builes / William Martínez
Viernes 25 de diciembre de 2015.

 

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