Las Sierras Norte y Nororiental de Puebla enfrentan batallas protagonizadas por los pueblos nahua y totonaco contra los proyectos hidroeléctricos, mineros y “fracking”. (Especial) Las Sierras Norte y Nororiental de Puebla enfrentan batallas protagonizadas por los pueblos nahua y totonaco contra los proyectos hidroeléctricos, mineros y “fracking”. (Especial)


Zacatlán, Pue. - El incremento de la mancha urbana y de las actividades humanas que generan su consumo –agrícolas, ganaderas y mineras- han producido en la Sierra Norte de Puebla un impacto en la captación de agua y su disposición a tal punto que solo se dispone de menos de un tercio de los afluentes con que se contaba en 1994 en municipios como Zacatlán, disminución que se convierte en un referente para que flora, fauna, población y empresas emprendan una verdadera guerra por el agua.

Las sierras Norte y Nororiental del estado de Puebla enfrentan actualmente batallas protagonizadas por los pueblos originarios nahua y totonaco contra los proyectos hidroeléctricos, mineros y “fracking”, entre los que destaca el riesgo que estos últimos representan para la población, la flora, la fauna, así como para la salud en los humanos y los grandes consumos y la contaminación del líquido.

De acuerdo con información proporcionada por el Sistema Operador de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado de Zacatlán (SOSAPAZ), las principales causas de la disminución en la captación de agua son el crecimiento de la frontera agrícola (como el cultivo de papa), las actividades mineras, la deforestación, la multiplicación de los caminos rurales sin obras de conservación para cualquiera de las labores agrícolas e industriales, el crecimiento de los asentamientos humanos -lo que también implica el consumo de agua por el turismo-, así como el cambio climático.

La guerra por el consumo del agua ya muestra un primer saldo: los afluentes solo tienen un tercio de la cantidad que se captaba en 1994, año en el que se contaba con 395 litros por segundo en dos fuentes, Metlaxixtla y Los Baños, que en 2011 reportaban 120.97, disminución significativa si se contempla que, según el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (Inegi), en Zacatlán existían 23 fuentes de agua distribuidos en 14 manantiales.

Dichas cifras contrastan con la información disponible en el Comité Estatal de Información Estadística y Geográfica del Estado de Puebla (Coteigep), con resultados de la encuesta intercensal de 2015; es decir, 25 años después, el porcentaje del municipio con cobertura de servicios básicos de agua es de 87.70, lo que implica casi un 20 por ciento mayor acceso al agua, cuatro veces más el acceso al consumo que se tuvo entre 1960 y 1990.

Así es como se explica que, en 2011, en la suma de las dos principales fuentes de captación de agua solo se hayan captado 120.97 litros por segundo; que, en 2012, disminuyó, aún más, la captación a 112.29 litros por segundo.

Dos mil trece fue el año de mayor impacto, tal vez atribuido a la oleada de calor que asoló varias partes del mundo, cuando únicamente se captaron 95.67 litros por segundo. Para 2015, la captación subió a 124; un año antes había sido de 123, según el SOSAPAZ.

Amenazas Latentes

Según el activista Gerardo Pérez Muñoz, uno de los más reconocidos defensores de la causa del agua, el “fracking” es una de las amenazas más fuertes en la Sierra Norte de Puebla. Lo anterior, durante el discurso que dio en el foro recientemente celebrado en Jonotla.

Se trata de una técnica que conlleva el uso de contaminación delictiva del agua para esta región. Tan solo un pozo requiere 16 veces más del líquido para operar, lo que suma a la contaminación del agua 750 productos altamente tóxicos y causantes de enfermedades como cáncer.

En Puebla, los municipios de Venustiano Carranza (988 pozos), Francisco Z. Mena (423) y Pantepec son los más afectados por esta práctica. Refirió que en México son 3 mil 780 pozos los que utilizan esta modalidad, lo que sitúa al estado de Puebla en el segundo lugar nacional con mil 440, superado por Veracruz, que tiene 2 mil 288, a julio de 2017.

No es la única amenaza, indicó el activista, también están los proyectos mineros a cielo abierto, que podrían contaminar con cianuro y mercurio el agua y el entorno; los proyectos hidroeléctricos, los gasoductos, el acueducto Tecolutla-CDMX, el Proyecto Integral Necaxa, el gasoducto TransCanada, los proyectos geotérmicos, la deforestación, la privatización y contaminación del agua, proyectos ganaderos como el de las Granjas Carroll (de producción de carne de cerdo) e invernaderos con producción agroindustrial son algunas de las amenazas para el líquido.

A esto se suma el hecho de que las 753 concesiones mineras que operan en territorio poblano compiten con la población por la tierra y el agua, en un estado en el que el 73.5 por ciento del territorio se destina a actividades agrícolas, pecuarias o forestales, según el estudio del Proyecto sobre Organización, Desarrollo, Educación e Investigación, en el que se revela que 39 compañías matrices tienen títulos mineros -donde la canadiense Almaden Minerals ostenta concesiones por 234 mil 991.8 hectáreas, en Ixtacamaxtitlán-.

El control del agua

Durante su participación en el Foro en Defensa del Agua (en octubre de 2016, en Chignahuapan), el activista puntualizó –al citar a Ignacio Ramonet y su obra “Las guerras del siglo XXI”– que una de las guerras fundamentales en este siglo va a estar determinada por las problemáticas de la degradación del ambiente, la contaminación y la escasez de agua dulce por la creciente contaminación de las fuentes acuíferas, que cada día reciben más desechos industriales y domésticos; a esto se suma el uso de agroquímicos.

El panorama se complica con la devastación de los bosques, la explotación irracional de los acuíferos, el hundimiento irreversible de los suelos. Ante dicho escenario, los sedimentos de los mantos acuíferos se colapsan, lo que ocasiona que su capacidad de almacenamiento se reduzca para siempre. Agravan las problemáticas la privatización de los servicios de agua y su sobreexplotación, la desviación de los cursos de los ríos, así como la reducción de las descargas de aguas superficiales de ríos y humedales.

No va a ser fácil, dijo el activista: en los 65 municipios que componen la Sierra Norte de Puebla convergen 16 proyectos hidroeléctricos, principalmente en territorios nahuas y totonacos, más 104 proyectos mineros a cielo abierto y 233 de extracción por fractura hidráulica.

La construcción de estos afectará al menos 12 ríos y una superficie de 123 mil hectáreas repartidos en 18 municipios; los más afectados: Zacapoaxtla, Cuetzalan del Progreso, Zoquiapan, Xochiapulco, Tetela de Ocampo, Zautla, Tlatlauquitepec, Ixtacamaxtitlán, Olintla, Ahuacatlán, San Felipe Tepatlán, Zapotitlán de Méndez, Xochitlán de Vicente Suárez, Nauzontla, Tlapacoya, Tezuitlán, Hueyapan, Yahonáhuac, Zoquiapan, Pahuatlán y Libres.


Entre los programas hidroeléctricos planteados en esta región se encuentran Boca, Diego y Conde -todos ellos operados por la empresa Controladora de Operaciones de Infraestructura, subsidiaria de Ingenieros Civiles Asociados (ICA)- y el proyecto hidroeléctrico Puebla-1 –a cargo de la firma Deselec, perteneciente al corporativo Comexhidro-.

La prospectiva, según el activista, es que la generación hidroeléctrica y la instalación de estos programas formen parte de un plan integral que comprenda la construcción de carreteras y desvío de aguas, mismo que fortalece directamente el desarrollo de los distintos proyectos mineros que se han instalado y que se pretenden situar en la región.

El Sol de Puebla
Édgar Joaquín Barrios Reyna
Zacatlán Puebla, México
Lunes 6 de noviembre de 2017.

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