Manzanas, Otoño y TLC


Gilda Melgar        

Crecí en un país cálido. Pletórico de café, algodón y frutas tropicales. Plátanos, mangos, piña, coco y papaya fueron el dulce gozo de mi infancia.

Debido a la geografía, el clima y el contexto en el que me tocó nacer, en mi casa las frutas de clima templado, importadas de Guatemala y México, eran un lujo exclusivo de diciembre. Mi madre coronaba sus canastas navideñas con peras, manzanas y uvas rojas.

Cuando me mudé a México, al empezar la secundaria, me sorprendió ver que mis compañeros de clase traían como “lunch” una enorme y rojísima manzana. En mis primeras visitas a los tianguis y mercados, me detenía en los puestos de manzanas de toda clase: Gala, Red Delicious, Golden Delicious, Pink y Granny Smith. De la más dulce a la más ácida, pero todas antojables y con infinitas posibilidades de disfrutarlas.

Recuerdo bien la primera vez que probé en una Navidad la “Ensalada de manzana”. No podía parar. Esa combinación de lo ácido de la manzana verde con la crema, los trocitos de nuez y lo dulce de la piña en almíbar fue “un descubrimiento” para mi paladar.

A nivel mundial, China y Estados Unidos aportan 45 por ciento de la producción total de manzana. En la escuela aprendí que en el norte de México se cultivan las mejores. En la actualidad, el estado de Chihuahua es el primer productor del país, seguido por Durango y Coahuila. De hecho, hay un paseo turístico llamado “Ruta de la manzana”, así como una feria anual realizada a fines de septiembre en el municipio chihuahuense de Guerrero, donde se presenta una muestra gastronómica a base de manzanas. La semana pasada, habitantes de esa localidad prepararon un “Pay gigante”.
 
En mi cocina nunca faltan los plátanos y las manzanas. Cuando llega el otoño preparo tartas, pies y pan de manzanas. Algunas clases contienen notas de flores y de otras frutas, como piña y fresa. Otras, saben a especias, mantequilla y es por eso que, al hornearlas, van bien con canela, clavo, jengibre y cardamomo. El olor que desprende un pay elaborado con “Granny Smith” mientras se hornea, me reconforta y anima.

Hoy, esta fruta universal es objeto de polémica y discordia en las negociaciones del TLC entre México, Estados Unidos y Canadá.

Resulta que en la tercera y más reciente ronda de negociaciones, celebrada en Otawa la semana pasada, la comisión estadounidense propuso limitar las exportaciones de hortalizas y frutas mexicanas de acuerdo a la estacionalidad.

Es decir, propuso que éstas puedan ser exportadas libres de aranceles únicamente cuando el mismo producto se esté cosechando en su país y, por lo tanto, no esté disponible en el mercado. Una medida “proteccionista” que, según declaró el Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, “va en contra de los estatutos de la Organización Mundial de Comercio” a la que pertenecen los tres países. Hablamos de productos nacionales como el brócoli, los espárragos y el tomate, que abastecen gran parte de la demanda estadounidense.
 
México ha expresado su inconformidad por esa propuesta y, para evitar que la medida sea parte del nuevo TLC, hay un plan de contraataque. Lo primero será buscar el apoyo de los canadienses, que tampoco están a favor de la medida. Lo segundo, presionar vía nuestras manzanas.

Es decir que, en la cuarta ronda de negociaciones a celebrarse la próxima semana, de acuerdo con el secretario Guajardo, México podrá defenderse “implementando un mecanismo similar al de Estados Unidos, pero con sus manzanas rojas, pues es un producto de temporada del que, además, productores de Chihuahua, se han mostrado inconformes con su entrada al país”.

Los estadounidenses sólo podrían vendernos sus manzanas, duraznos y peras –libres de aranceles– cuando en México se esté cosechando esas frutas y no nos demos abasto con la demanda nacional, lo cual sería un mal negocio para ellos también, toda vez que Estados Unidos es nuestro principal proveedor de manzanas, antes que Chile y Canadá.

De acuerdo con la Secretaría de Economía, en 2016 se importaron 208 mil 44 toneladas de ese producto, por un valor de 229 millones de dólares.

Ya veremos en qué acaba la guerra de frutas y hortalizas. Mientras, entre que son peras o son manzanas, ya preparo un exquisito y ácido “Strudel de manzana” con unos ejemplares de provenientes de California, no vaya a ser que luego no los pueda comprar.

Feliz otoño.

*Gilda Melgar

Diplomada en Pastelería y Panaderí­a. Gilda Melgar está siempre en busca del gozo culinario. Pone el ojo y el diente en nuevas propuestas para disfrutar y compartir su saber a través de los placeres de la mesa. A través de la literatura y del cine, evoca sensaciones y memorias gastronómicas que liga con sus recomendaciones.

Puebl@Media
Gilda Melgar
Ciudad de México
Martes 10 de octubre de 2017.

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