El dilema del PRI


Jorge Volpi

A su regreso al poder en 2012, tras doce años de purgatorio, los priistas se imaginaron, de pronto, invencibles: imposible imaginar una gestión más desastrosa que la de Felipe Calderón y sus miles de muertos. Contaban, además, con un candidato joven, guapo, rodeado de una maquinaria electoral otra vez aceitada -en su destierro, el partido ni siquiera intentó una reforma interna, sino recuperar su añejo talante corporativo- y con una situación económica más o menos estable.

Ni en sus peores sueños los priistas pudieron sospechar que, cinco años más tarde, iban a verse sumidos en la ignominia, con menos posibilidades de ganar los comicios de 2018 que los del 2000. ¿Cómo pudieron hacerlo tan mal? Supongo que muchos de ellos se lo preguntan a diario al constatar su popularidad en las encuestas, las más bajas de cualquier Presidente latinoamericano en activo (que ya es decir). Luego de un inicio esperanzador, que duró apenas unos meses -marcado por el sacrificio ritual de Elba Esther Gordillo y las promesas del Pacto por México y sus hoy olvidadas reformas-, vino la debacle. Una espectacular caída en picada debida a la pésima gestión de distintas crisis.

Primera fase, Ayotzinapa. Hubo un instante, al inicio, en el cual Peña Nieto pudo haberse colocado del lado de las víctimas -de las familias de los jóvenes desaparecidos por las fuerzas de seguridad- pero, en vez de ello, optó por proteger a cal y canto al Ejército con la opacidad propia del antiguo régimen. A los pocos días, el escándalo de la Casa Blanca terminó por hundir cualquier atisbo de prestigio que le quedase a su Presidencia.

En un caso raro, la elección de Trump volvió a concederle a Peña Nieto la oportunidad de reivindicarse un poco, asumiendo una enérgica defensa de los migrantes mexicanos y oponiéndose frontalmente al Muro. De nuevo la ocasión se perdió y, empequeñecido, el Presidente prefirió defender a Trump en suelo mexicano. La retahíla de acusaciones de corrupción contra grandes figuras del régimen no hizo ya sino dejar claro que el priismo se comporta como una cleptocracia sólo dispuesta a proteger sus propios intereses.

Ayotzinapa, la Casa Blanca, la visita de Trump a México y una panda de gobernadores investigados, prófugos o en la cárcel. ¿Qué podría hacer un partido ante esta cadena de crímenes o errores para volver a ganar las elecciones? La misión, de entrada, suena imposible. Y, sin embargo, el espejismo del Estado de México, donde la combinación de la compra y la inducción al voto, el fraude y la división de la oposición bastó para llevar al poder, in extremis, ni más ni menos que a un primo del Presidente, hace creer a algunos que un triunfo del PRI no es descartable.

Aun así, los priistas, al menos los más astutos, saben o intuyen que la posibilidad de ganar en 2018 es mínima. Por lo que se les plantea un dilema de ardua decisión (sin que sepamos, a estas alturas, quién tendrá el poder para dirimirlo). Se trata, para ellos, de elegir el mal menor. Con un objetivo central: impedir, a toda costa, la victoria de López Obrador.

Me explico. Los priistas tienen, hoy, solo dos opciones. La primera es intentar repetir el Estado de México y que esa repartición a mansalva de recursos, fraudes en sitios inhóspitos o poco vigilados y, sobre todo, la dispersión del voto opositor, les conceda una mínima ventaja. Para lograr esta estrategia no solo requieren un candidato al menos pasable, sino dinamitar, por todos los medios, el Frente Amplio PAN-PRD.

La segunda opción es más desesperada, pero no menos viable para su meta principal. Asumir de antemano la derrota y volcar soterradamente todos sus recursos y medios a favor del candidato del Frente Amplio para asegurarse, al menos, la derrota de López Obrador.

¿Quiénes vencerán en la contienda interna? ¿Quienes están dispuestos a arriesgarse a ganar la elección, destruyendo al Frente, y dejando a un López Obrador más firme que nunca, o quienes prefieren jugar a la segura, elegir a un candidato sacrificable y apostar por el plan B de un candidato emanado del PAN-PRD, con el cual pactar, como ya hizo el PAN con ellos, su posterior inmunidad?

La respuesta, en pocas semanas.

@jvolpi

Reforma
Jorge Volpi
Ciudad de México
Sábado 5 de agosto de 2017.

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