La nueva figura del “reality” de Trump

 Anthony Scaramucci llegó a reemplazar a Sean Spicer como portavoz de la Casa Blanca. / EFE Anthony Scaramucci llegó a reemplazar a Sean Spicer como portavoz de la Casa Blanca. / EFE


A pesar del ruido que causaron sus declaraciones, la batalla de Anthony Scaramucci contra las filtraciones podría estar perdida antes de empezar: “Voy a acabar con las filtraciones (...) que son como puñaladas por la espalda”, sentenció.


Pocas horas después de conocer su nombramiento como portavoz de la Casa Blanca, Anthony Scaramucci borró de su cuenta de Twitter los trinos en los que se refería a su nuevo jefe como alguien “sin juicio”. Ese fue el último gesto de prudencia que el empresario de fondos de inversión ha tenido desde que llegó a reemplazar a Sean Spicer, quien renunció al cargo después de enterarse del nombramiento de Scaramucci en el equipo de comunicaciones del presidente.

La protesta de Spicer terminó de cobrar sentido tan pronto Scaramucci empezó a llenar los titulares de la prensa.

Todo empezó cuando Ryan Lizza publicó en el portal de noticias Politico el informe patrimonial del nuevo funcionario. Lleno de ira por lo que consideraba una filtración grave, Scaramucci contactó al periodista para pedirle que revelara su fuente y amenazó con despedir a todo el personal de comunicaciones si no lo hacía, “así no habrás protegido a nadie, todo el mundo va a estar afuera dentro de dos semanas”, dijo el portavoz según el recuento de la conversación que Lizza publicó en el New Yorker.

En esa misma llamada telefónica, Scaramucci se despachó contra Steve Bannon, uno de los asesores más influyentes de Trump, y más tarde, cuando la prensa reportó una cena a la que habrían asistido Trump y algunos miembros de la cadena de televisión Fox, arremetió en contra del jefe de gabinete de la Casa Blanca, Reince Priebus, a quien culpó de la filtración del encuentro a los medios.

“Lo que quiero hacer es matar a todos los jodidos filtradores”, fue una de las frases de menor calibre de Scaramucci, quien no tardó en disculparse por su lenguaje “colorido”. Sus peleas con Bannon, que representa al ala más radical y populista del gabinete de Trump, y Priebus, quien es un pez gordo del Partido Republicano, muestran claramente su ubicación dentro de las fuerzas que convergen en la administración Trump: al igual que Jared Kushner, el yerno del presidente, y Gary Cohn, el consejero de Trump en asuntos financieros, Scaramucci pertenece a una élite económica sin lazos sólidos con el Partido Republicano y sin ningún tipo de experiencia en el sector público.

El nuevo portavoz, de 53 años y con una larga carrera en los fondos de inversión, empezó sus aventuras políticas apoyando a Hillary Clinton y financiando la primera candidatura de Barack Obama. Cuando la crisis económica puso al presidente en contra de los intereses de Wall Street, Scaramucci cambió a los demócratas por los republicanos y se dedicó a reunir dinero para la campaña del republicano Mitt Romney. Más adelante, en mayo de 2016, dejó frío al auditorio que se reunía en una convención organizada por su compañía cuando anunció que estaría al lado de Trump en sus intenciones presidenciales.

Además de las donaciones que podía atraer a la campaña, Scaramucci estaba en el radar de Trump por sus contactos políticos. Al mando de su empresa de fondos financieros, el empresario neoyorquino convocaba a las convenciones que organizaba en Las Vegas a figuras que iban desde Al Gore hasta Sarah Palin. Incluso David Cameron, el ex primer ministro británico, terminó acudiendo a la Ciudad del Pecado cuando recibió el llamado de Scaramucci.

“Trata de no reírte, pero me dejan hablar hasta en la Cámara de Comercio de las Mujeres en Irak”, le dijo en 2012 a la periodista Jessica Pressier, quien además recordaba que un comediante estadounidense describió a Scaramucci como una estrella de reality show, una descripción que tal vez lo hizo encajar en las afinidades de su nuevo jefe, el presidente de Estados Unidos.

Una de las jugadas que le valieron a Scaramucci su entrada al casting del show presidencial vino a finales de junio. En ese entonces, el neoyorquino logró que la CNN rectificara y despidiera a tres de sus periodistas después de haber publicado una noticia sobre el supuesto encuentro entre Scaramucci y una firma de inversores rusa, una reunión que habría tenido lugar en la época en que el nuevo portavoz recogía los réditos de su apoyo a la campaña presidencial como miembro del equipo de transición de Trump.

“Wow, la CNN tuvo que retractarse de una gran historia sobre ‘Rusia’ […]. ¿Qué pasa con las otras historias falsas que hacen?”, escribió Trump, encantado con el espectáculo.

Aunque ha logrado sonar mucho, la efectividad de Scaramucci está en duda. Sus muestras de lealtad no son suficientes para contrarrestar la tensión que puede provocar en el gabinete y su guerra declarada contra las filtraciones no promete llegar muy lejos.

Según el periodista Erick Erickson, el hecho de que Trump sea tan malo recibiendo críticas deja sin muchas opciones a quienes quieren decirle cosas sin adularlo: “No les queda otra que acudir a la prensa, filtrar la historia y esperar que la reacción sea lo suficientemente intensa para que le patee el trasero al presidente”.

Durante la primera reunión del gabinete presidencial, el mes pasado, cada funcionario tomó la palabra para elogiar a Trump. Cuando le tocó a Reice Priebus, el enemigo declarado de Scaramucci por sus supuestas filtraciones, el jefe de gabinete habló por todo el personal de alto nivel para “agradecer la oportunidad y la bendición de servir” a la agenda de Trump. Con esto, la llegada de Scaramucci al casting del show presidencial promete sacudir a las audiencias mientras el programa de Trump sigue, como desde el comienzo, tambaleando.

El Espectador
Washington, DC, EU.
Sábado 29 de julio de 2017.

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