‘Yo también soy hijo de Pedro Páramo’

 ‘Yo también soy hijo de Pedro Páramo’ Foto: El Universal ‘Yo también soy hijo de Pedro Páramo’ Foto: El Universal


En 2004, después de dictar la conferencia magistral del Primer Encuentro Literario Lunas de Octubre, en La Paz, Federico Campbell concedió a Noroeste una entrevista donde reveló sus recuerdos sobre Juan Rulfo

Sentado en un café perdido de la Ciudad de México, caminando por los laberintos inexplorados de la mente de Juan Rulfo, Federico Campbell descubrió un buen día que a final de cuentas todos somos hijos de Pedro Páramo.
 
Testigo de las historias que contaba para despistar a críticos y seguidores, de sus arranques de mal humor, de sus hábitos de fumador empedernido y de su gusto por evadirse sin importarle quien estuviera enfrente, Campbell recuerda a un Rulfo diferente al oficial, más humano y mucho más escritor.
 
Protegido por los desiertos de la península, Campbell cerró el Primer Encuentro de Escritores Lunas de Octubre en La Paz, Baja California Sur, realizado en 2004, con su conferencia magistral: “Yo también soy hijo de Pedro Páramo”.
 
La noche del 29 de octubre de ese año, el escritor recordó su amistad con el autor de Pedro Páramo y El llano en llamas y reveló algunos secretos de su último trabajo, una antología de críticas a Juan Rulfo.
 
Rodeado de escritores y amigos, Campbell pasó del trabajo de investigador a relatar el día que conoció a Rulfo en las calles de la Ciudad de México.
 
También aprovechó la invitación para abordar temas polémicos sobre la obra de Rulfo, como la posibilidad de que el escritor Juan José Arreola hubiera cambiado el final de Pedro Páramo.
 
También compartió la frialdad con la que recibió la familia de Rulfo, su libro Post escriptum triste, donde revela las confesiones que le hizo personalmente Rulfo sobre las razones que lo orillaron a dejar de escribir.

Dedicó tiempo para recordar la personalidad de un escritor que lo dejó marcado para siempre y elogió los detalles de una obra que nos contiene a todos.
 
Releyendo a Rulfo

A partir de la frase “yo también soy hijo de Pedro Páramo”, exclamada por uno de los protagonistas de la novela de Juan Rulfo, Federico Campbell construye el mito del padre que nos cobija a todos.
 
“Lo importante de la frase es que ahí se establece el tema crucial de la novela, que es el parricidio, porque ese arriero es Abundio Martínez, uno de los tantos hijos de Pedro Páramo que lo asesina al final, a cuchilladas”.
 
Campbell se funde en el terreno del lector universal sorprendido y apresado por la narrativa de Rulfo y se convierte así en otro de los hijos de Pedro Páramo.
 
“Construí la idea en el sentido de que uno es hijo de su historia, de la historia de su país. Todos somos hijos de este poder institucionalizado, pero construido también como una negación de la ley”.
 
Durante su presentación, Campbell reveló que al año siguiente, en 2005, durante los festejos de los 50 años de la publicación de Pedro Páramo, daría a conocer La ficción de la memoria: Juan Rulfo ante la crítica, una antología de críticas sobre el trabajo de Rulfo.
 
“Yo comencé haciendo la antología con el prejuicio de que los mejores textos sobre Juan Rulfo se habían escrito en el extranjero, como el mismo Rulfo lo decía: ‘En México nunca se ha entendido mi obra, nunca me han querido’, decía Juan”.
 
Una vez inmerso en el trabajo de investigación, Campbell comenzó a darse cuenta de que los que mejor entendieron la obra de Rulfo fueron los mexicanos, y asegura que la entienden aún con mayor sutileza los jaliscienses.
 
Para su trabajo, el escritor recurrió a especialistas jaliscienses en Rulfo como Felipe Cobián y Federico Murguía, un historiador que califica como muy interesante, y que vive en Sayula, donde presuntamente nació Rulfo, un dato que siempre manoseó el escritor entre medias verdades.
 
“Cuando yo terminé de hacer esta antología sobre la obra de Juan Rulfo me quedé con las ganas de hacer una recopilación de trabajos sobre la persona de Juan Rulfo, sobre su vida. Que yo creo que es una biografía casi imposible, porque él se pasaba la vida contando mentiras, siempre despistaba al enemigo o a sus futuros biógrafos”.
 
Era tal su parquedad literaria, su cerrazón ante los medios y ante los lectores que lo presionaban para que siguiera escribiendo, que el hallazgo de los textos inéditos de Rulfo después de su muerte fue un acontecimiento.
 
“Después de muerto Juan Rulfo, encontraron un cuaderno donde respondía por escrito las preguntas de Máximo Simpson. Fue como si Rulfo le hubiera respondido desde el libro de los muertos a Máximo Simpson”.
 
En la entrevista, Rulfo acepta la idea de la figura de Pedro Páramo como la del encomendero de la Nueva España y da sus propias claves de una obra de la que intentaba no hablar con mucha profundidad.
 
“Dice Rulfo: Yo soy de una zona donde la conquista española fue demasiado ruda, los conquistadores ahí no dejaron ser viviente, entraron a saco, destruyeron la población indígena y la región fue recolonizada por agricultores españoles”.
 
Además de la respuesta a la entrevista, los familiares dieron a conocer otros textos, algunos inacabados, en Los cuadernos de Juan Rulfo, aunque la nueva publicación no aclara las dudas que sembró el escritor.
 
“Si la biografía de las personas es imposible, a menos de que se acepte como autoficción, más lo sería la de Juan Rulfo, porque era muy dado a las invenciones verbales, nunca precisó dónde había nacido ni en qué año”.
 
Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno abrevió su nombre a Juan Rulfo y guardó muchas cosas de su pasado nada más para él.
 
“Se guardó para sí mismo que había estudiado en un seminario, atribuía unos hechos a ciertos personajes y, luego, los mismos hechos a otros, cambiaba los lugares y los nombres, pero nunca de mala fe, sin hacer daño a nadie ni burlándose de nadie”.
 
Campbell comparaba el gusto de la fábula cotidiana que le servía como literatura a Rulfo con una poeta chilena.
 
“Yo cuando hablo, invento, decía. Lo mismo que la poeta Olga Orozco cuando era niña y decía sus poemas sin escribirlos. Rulfo escribía sin escribir, hablaba, fabulaba, se divertía contando mentiras, no engañando porque como decía él: ‘no es lo mismo la mentira que la falsedad’”.
 
Los secretos de Rulfo

La mayoría de los escritores coinciden en situar dos nombres de latinoamericanos en la lista de los autores que merecían el Premio Nobel y nunca lo recibieron, uno es Jorge Luis Borges y el otro Juan Rulfo.
 
Es tan alto el aprecio por las obras maestras de Rulfo que las razones para escribir o para dejar de hacerlo forman parte del terreno de las leyendas.
 
Federico Campbell tuvo la oportunidad de conversar con el escritor y cuestionarlo sobre las interrogantes que aún nos preocupan.
 
“Siempre que se habla de Juan Rulfo surgen las mismas preguntas, ¿por qué dejó de escribir?, ¿por qué entró en el silencio después de 30 años de haber publicado Pedro Páramo?”, cuestiona, Campbell.
 
Publicado Pedro Páramo, vino el silencio.
 
“Después del año 1955, cuando Rulfo tenía 38 años, dejó de escribir, escribía cosas, pero nunca volvió a publicar. El silencio de Rulfo se fue haciendo leyenda. Nadie supo bien por qué, a pesar de todas las especulaciones”.
 
Campbell recuerda que lo conoció alrededor de 1963 ó 64, en el departamento que habitaba Rulfo con su mujer y sus hijos en la Glorieta de Chilpancingo, sobre la Avenida Insurgentes en la Ciudad de México.
 
“Y luego a lo largo de la vida me lo encontraba en los cafés, en las librerías de viejo, como la de Polo Duarte, en la calle de Hidalgo, por la Alameda. Muchas tardes coincidiamos en el Ágora, él estaba tomando café, fumaba cigarros Pall Mall que alguien de contrabando le conseguía; nunca en mi vida lo vi borracho, nunca lo vi tomado, lo digo porque dicen que tenía un problema de alcoholismo”.
 
Los encuentros quedaron asentados en la memoria del tijuanense, pero algunas confesiones de Rulfo las revelaría Campbell.
 
“Yo escribí unas cosas terribles sobre Juan Rulfo, terribles para la familia de Juan Rulfo. En mi libro Post escritum triste escribí, que es un libro sobre la impotencia literaria, acerca de porqué un escritor deja de escribir, porque no puede seguir escribiendo”.
 
Campbell trata el tema con mucha delicadeza, pero no teme abordarlo.
 
“El caso es que escribí cosas que ahora no me atrevería a escribir. Conté cosas que Juan me decía en el Ágora. A mí Juan me dijo que él había dejado de escribir porque se había sometido a una cura antialcohólica en el Hospital La Floresta de Tlalpan, y a partir de entonces, dijo, se me fueron las ganas”.
 
Además de la confesión, Campbell tuvo acceso a información que confirmó la versión.
 
“Yo supe por otro lado, porque conocí a algunos médicos, que le habían practicado electrochoques, y todo eso lo conté en mi libro. Y por todo eso entendí que muchos años después, la familia de Juan, su esposa y sus hijos no tuvieran mucho aprecio por mí”.
 
A pesar de la molestia de los familiares que después mandarían hacer la biografía oficial de Juan Rulfo, Campbell se mantiene fiel a sus recuerdos.
 
“Lo que yo escribí en el libro fue que Juan dejó de escribir porque se sometió a una cura antialcohólica y le dieron electrochoques, pero él me lo contó a mí, me lo dijo a mí”.
 
El escritor y periodista asegura que siempre sintió que las confesiones de Rulfo eran verdaderas.
 
“Yo a veces sentía que a mí me contaba cosas que no le contaba a otros, a amigos o a su familia”.
 
De las revelaciones difíciles, Campbell pasa a describir a un Rulfo muy humano.
 
“Padecía mucho del estómago, comía muy poco, era muy flaco, de poco apetito y fumaba siempre sus Pall Mall sin filtro y su coca cola. Y contra lo que muchas personas creen era muy buen conversador, pero en corto”.
 
También aborda la relación de Rulfo con otros escritores de la época que de alguna manera se involucraron en el trabajo y la vida del escritor jalisciense.
 
“Era muy tierno, cariñoso y también malhumorado, de pronto hablaba mal de (Juan José) Arreola, de (Antonio) Alatorre, pero no había desprecio, yo siempre he pensado que él quiso mucho a Arreola”.
 
Al tocar a los contemporáneos de Rulfo, Campbell arriba a otro asunto espinoso, la polémica desatada por algunos críticos que afirmaban que Arreola o Alatorre cambiaron el final de Pedro Páramo.
 
Campbell rechaza la idea, basado en las propias declaraciones de los escritores y propone que tal vez conocieron los trabajos preliminares y emitieron alguna crítica o comentario, propios del trabajo literario.
 
El periodista asegura que Rulfo mentía con la intención de fabular, un recurso que le permitía seguir en la literatura aún y cuando estaba conversando.
 
“Rulfo mentía, entre comillas, para mantener en funcionamiento su fantasía, su memoria fabuladora, era su manera de seguir escribiendo.
 
“A veces se iba mentalmente, como si no prestara atención, pero lo cierto es que estaba escribiendo. Al conversar también escribía y ponía a prueba ante su interlocutor lo que inventaba”.
 
Para Campbell, el autor de Pedro Páramo apenas podía contener su vocación como escritor.
 
“Vivía en la fantasía, y como a Pirandello, la fantasía lo habitaba, nació escritor, siempre estaba escribiendo, escribía hasta cuando callaba”.

Noroeste
Ariel Noriega
Sinaloa, México
Miércoles 24 de mayo de 2017.

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