Barbosa y la fragmentación de la izquierda


Ivonne Melgar

El giro del senador Miguel Barbosa a favor de Andrés Manuel López Obrador hizo crisis en el PRD, precipitando una disputa de pronóstico reservado entre los diversos contingentes que conforman la izquierda mexicana. Porque más allá de las consideraciones sobre la conducta del aún coordinador...

El giro del senador Miguel Barbosa a favor de Andrés Manuel López Obrador hizo crisis en el PRD, precipitando una disputa de pronóstico reservado entre los diversos contingentes que conforman la izquierda mexicana.

Porque más allá de las consideraciones sobre la conducta del aún coordinador de los perredistas en la Cámara alta, el hecho puso de manifiesto la falta de estrategia del partido hacia 2018.

Y una debilidad institucional que se extiende a sus prospectos: el jefe de Gobierno capitalino, Miguel Mancera; y los gobernadores de Michoacán, Silvano Aureoles, y de Morelos, Graco Ramírez,

A nivel coloquial se dice que ninguno pinta en serio en la carrera presidencial. Lo grave ahora es que gente como Barbosa también lo piensa y lo pronuncia.

El asunto podría quedar en el archivo de las anécdotas de la cultura de la cargada, ya que el coordinador parlamentario se había declarado mancerista y, de manera sorpresiva, anunció su adhesión a AMLO.

En una conferencia de prensa —sin cuidar las formas partidistas—, el senador declaró que buscaría convencer al PRD de seguir sus pasos.

Barbosa desató en seguida el enojo de sus compañeros porque evidenció el escaso entusiasmo que generan los aspirantes perredistas.

Fue un enojo que compartieron los promotores de Mancera y quienes pretenden explorar una coalición presidencial con el PAN. Pero sobre todo fue un enojo con algo más profundo. Y es que Barbosa dijo lo que muchos funcionarios, operadores, empleados, legisladores y militantes del PRD no se atreven a reconocer: extrañan a su caudillo y quieren ir con él.

Se trata de un sentimiento comprensible: son perredistas que, con AMLO como candidato, en 2006 y en 2012, protagonizaron la expectativa de la victoria.

Sin embargo, hoy, con la misma lógica ventilada por Barbosa, asumen como válidas las encuestas que colocan al tabasqueño en la delantera y al PRD en un lejano y desdibujado cuarto lugar, después del PAN, el PRI y Morena. De ese tamaño es el boquete que el senador le hizo a su partido: ventiló su pulverización.

Porque esa fuerza política conformada por tribus, corrientes, expresiones que primero cerraban filas en torno a su fundador Cuauhtémoc Cárdenas y que, posteriormente, tomaron el Zócalo y el Paseo de la Reforma en respaldo a AMLO, no existe más. Sin un engrudo que los aglutine alrededor de una causa común, los grupos que conforman al PRD diseñan sus propias apuestas.

Por eso la líder nacional perredista, Alejandra Barrales, no pudo sacar adelante este jueves la remoción de Barbosa como coordinador. Porque ni en la dirigencia ni en la bancada encontró eco para defender la idea sencilla y contundente de que el legislador actúa en contra de los intereses del partido.

En la práctica, todas las corrientes hacen lo que mejor les conviene. Y, en el caso del Senado, la fragmentación del PRD se acentúa al grado del escándalo porque ahí, con el visto bueno de Barbosa, el grupo parlamentario opera como una feliz burbuja en la que cada uno de sus 19 integrantes cubre su propia agenda, al margen de las directrices partidistas.

Claro que con la contada excepción de la senadora Angélica de la Peña, ningún otro senador adscrito a la fracción del PRD quiere que se vaya el coordinador que les reparte espacios y recursos.

Pero el talento político de Barbosa habría ido más allá al construir buenas relaciones con el gobierno federal, a través de la Secretaría de Hacienda, la SEP y el coordinador jurídico de Los Pinos, Humberto Castillejos.

Con los saldos del Pacto por México a su favor, el jefe de la bancada —ahora en la tablita partidista— cuenta además con la dirección del Instituto Belisario Domínguez del Senado, cuya nómina siempre ha sido generosa.

La fuerza de Barbosa no es menor porque cobija a los legisladores que renunciaron al PRD para irse a Morena (Mario Delgado y Zoé Robledo) o asumirse como independientes (Alejandro Encinas y Armando Ríos Piter). En lo que va del sexenio, nueve senadores abandonaron el partido. Pero la mayoría sigue en la fracción para conservar comisiones y prerrogativas.

El nivel de cinismo parlamentario es de escándalo. Y es una muestra de sangre del extravío, orfandad y oportunismo que afectan al otrora partido de la esperanza.

Claro que es lamentable el papel de Barbosa saltando del barco para garantizar su nombre en una boleta en 2018. Pero su oportunismo es síntoma de la fragilidad de la oposición.

¿O es que Movimiento Ciudadano preservará su cohesión frente al llamado de AMLO a los hombres y mujeres de buena voluntad? ¿Seguirá firme en su propuesta del cuarto polo?

¿Tendrá Gerardo Fernández Noroña las firmas para convertirse en un candidato independiente?

¿Conseguirá el PT jugar al margen de las deudas con el gobierno que le permitió sobrevivir?

¿Habrá tiempo y ciudadanos suficientes para la Ola 365 que impulsa Ríos Piter?

¿Será posible que Ahora, la iniciativa que encabeza Emilio Álvarez Icaza, se convierta en una plataforma para reniega de la partidocracia?

¿Podrá el PRD frenar la sangría que el oportunismo de Barbosa inaugura?

Demasiadas dudas. Y una certeza: la pulverización del voto va. Y va muy bien.

Excélsior
Retrovisor
Ivonne Melgar
Ciudad de México
Sábado 4 de marzo de 2017.

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