Colombiano ejecutado en China había llevado droga a ese país dos veces

Juan José Herrera pudo hablar con su padre horas antes de que fuera ejecutado. Foto: AFP Juan José Herrera pudo hablar con su padre horas antes de que fuera ejecutado. Foto: AFP


La tercera vez, cuando fue capturado, llevaba casi cuatro kilos a cambio de recibir 5.000 dólares.

Juan José Herrera dice que una semana antes de que su padre se fuera a China, compró ropa y se alistó para llevar droga oculta. Ya lo había hecho dos veces antes a este país asiático hasta que fue apresado. Ismael Arciniegas fue ejecutado a las 9:47 p. m. de este lunes.

Juan José Herrera pudo abrazar a su padre, Ismael Enrique Arciniegas Valencia, minutos antes de que se subiera a un avión en el aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, en el Valle del Cauca.

Fue en el 2010 y su destino era China. Ya en dos ocasiones previas, el caleño de 74 años había viajado al país oriental como un ‘correo’ de droga y no lo habían sorprendido. Pero la tercera vez llevaba casi cuatro kilos a cambio de recibir 5.000 dólares. Ismael se mostraba tranquilo antes de irse, los ocultó en su equipaje y así lo hizo en esa última semana antes de subirse al avión. Debía tener calma para no despertar sospechas.

Aquella semana estuvo preparándose. Había comprado ropa porque tenía que estar bien presentado. También había gestionado los tiquetes con conexiones para llegar a China. Había hablado con sus contactos para realizar el trabajo encomendado para quien, en la noche del lunes pasado, pasó de ser el padre y abuelo de una familia caleña, a ser el primer colombiano en recibir la pena de muerte.

Pero ese día en que Ismael Enrique Arciniegas Valencia abrazó a su hijo mayor, de los dos que tuvo, lo hizo confiándole a Juan José que se hiciera cargo de su familia. “Fue diferente. Mi padre se despidió como si no fuera a volver. Él aceptó el dinero, era para ayudar a la familia”, dice Juan José.

“El abrazo de despedida en el aeropuerto no fue de 'hasta luego'. Fue de 'ya cumplí', usted tiene unos valores, tiene unas metas claras. Me voy a tratar de hacer lo que iba a hacer”, agrega.

Fue así que el caleño terminó de ascender a la aeronave y se perdió entre los pasajeros para iniciar un trayecto de más de 15.000 kilómetros que terminó el 21 de junio del 2010 en la prisión de Guangzhou. Desde entonces, Ismael Enrique Arciniegas empezó a morir, porque ya sufría una afección pulmonar que se empeoró y se volvió una neumonía en China, en esa prisión desde donde escribía a su hijo mensajes con restricciones y que solo Juan José podía entender para contarle, por ejemplo, que estuvo amarrado a la pata de la cama y donde su compañero de celda era quien le acercaba la letrina o le botaba los orines o las heces.

La neumonía fue intervenida por los chinos, pero Ismael Arciniegas ya estaba cansado a medida que aumentaba su edad. Además, estaba consciente de que era uno de los cinco colombianos condenados a muerte en China por el delito de narcotráfico.

Actualmente, hay 10 condenados más con pena de muerte con suspensión por dos años y otros 15 con cadena perpetua, según el Ministerio de Relaciones Exteriores.

“La vida es una comedia y esta comedia se acabó”, le dijo Ismael a su hijo en esa llamada de 28 minutos exactos.

“Él estaba tranquilo y no quería que su familia sufriera en esos últimos instantes”, dice Juan José al recordar la llamada de despedida, gracias a la mediación de la Cancillería. La llamada la recibió al final de las 7:00 p. m. del lunes 27 de febrero.

“Mi padre tuvo una actitud cómica que nunca le había visto para tranquilizar a la familia, porque cuando él sintió por el teléfono que nos íbamos a poner a llorar, me dijo: ‘Estoy feliz, me voy al Cielo a reunirme con los familiares. Me voy al materile’”.

Esos familiares a los que Ismael se refería eran la madre de Juan José, María del Socorro Herrera, y de su hijo menor. Ella murió hace 25 años a causa de una sobredosis de droga. Hace unos cinco años, fue asesinado el hermano menor de Juan José, Daniel Enrique Murcia, también por cuestiones de narcotráfico.

Por un derrame cerebral y en una prisión de China murió el tío de Juan José, Luis Germán Arciniegas, quien también fue apresado por llevar droga a esa nación, pero no lo condenaron a muerte. Fue condenado a cadena perpetua. Luis Germán era uno de los dos hermanos menores que tuvo Ismael Arciniegas y fue apresado en el 2011. Falleció en el 2013 y fue cremado en China y las cenizas fueron enviadas a sus familiares.

“Si piensan viajar a ese país dedíquense a otra actividad porque acaban con su vida y las de sus familias”, dice Juan José, padre de dos niñas de 6 y 9 años. “Mi padre fue un guerrero de la vida. Fue un hombre bueno. No mató a nadie y estuvo pendiente de su familia. Cuando mi hija mayor nació, él le había comprado la cama y otras cosas. Fue a la única nieta que pudo conocer”.

Juan José dice que su padre descansó de estar en una cárcel de China, a más de 15.000 kilómetros de distancia, sin su familia. Esa inyección letal en sus venas terminó un drama que Juan José quiere superar. “Mi familia, los hijos de mis tíos y yo ya no queremos que el flagelo del narcotráfico nos destruya. Queremos cambiar esa historia y mi padre murió por eso. Queremos que la gente entienda que no se metan en eso, en la droga”.

Ahora, lo que queda es que el gobierno de China envíe a Bogotá las cenizas de Ismael Arciniegas, como ocurrió con Luis Germán, quien también será cremado.

“Queremos que la vida siga y que la nueva historia sea eso: de vida y trabajando en lo que sé hacer, tatuajes. Es lo que me ha permitido cambiar muchas cosas”. Juan José tiene los parpados hinchados y dice que ya quiere dejar atrás un pasado doloroso. Concluye diciendo que a su padre siempre lo lleva en su pecho y así lo tiene literalmente, pues luego de que Ismael fue detenido en China, Juan José se hizo un tatuaje con la imagen de su progenitor. Lo tiene muy cerca al corazón.

El Tiempo
Cali, Colombia
Carolina Bohórquez
Corresponsal de El Tiempo
Miércoles 1 de marzo de 2017.

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