La corrupción legal

Carlos Ferreyra Carrasco

¡De plano! Vamos de un tema, vomitivo, a otro tema igualmente vomitivo. Lo que hace una semana tenía cierto sentido, hoy perdió todo valor, aunque lo de antes nos siga rompiendo el alma, desquiciando nuestra economía y cancelándonos el futuro.

Sin exageraciones: hemos perdido el tiempo miserablemente protestando contra el gasolinazo que sabemos que no tiene remedio, como dijo el cabecilla de la CNDH cuando le reclamaron la riqueza de su bono anual, 500 mil pesos, lo decidieron en el Congreso”.

Lo mismo, el gasolinazo lo decidieron senadores y diputados, pero no sin antes garantizar que por puertas excusadas, como dicen en el teatro se les garantizara el suministro de combustibles y el uso de vehículos que no les cuestan.

Lo mismo “aplica” como se menciona en ofertas condicionadas, para jueces, magistrados y toda suerte de leguleyos, además de consejeros o “transejeros” cosidos a la entretela de los organismos electorales, de comisiones dedicadas a transparencia…

Y qué decir de partidos políticos que no se sienten con derecho a participar de la miseria de los mexicanos. Sus esfuerzos por sumarse a la carreta de la pobreza son inútiles y así lo comprenden por lo que declaran su solidaridad con la austeridad popular, mientras mandan a sus legisladores a transar nuevas prebendas y cochupos.

Un ejemplo: por algún lado decidieron cancelar viajes, viáticos y otros gastos visibles, pero nunca hablaron de cancelar comisiones que son tan redituables, sumaron a su oferta la reducción de diez por ciento de la dieta sólo que la dieta (ignoro en cuánto esté) pero es la parte más miserable de sus percepciones.

Veamos: si un legislador tiene por ese concepto digamos 60 mil pesos, está ofreciendo deshacerse de seis mil pesillos que son los que aporta a los acomodadores de coches, a los mensajeros personales, a los revisteros de publicaciones inexistentes y a propinas de restaurante o cafetería.

De hecho, una miseria porque el grueso de su percepción se conforma con premios, estímulos, recompensas y hasta algo que se ideó como parte de las obligaciones de los representantes populares hacia sus representados: ayuda por asistencia. Y así la percepción llega a poco más de 200 mil mensuales.

Los acémilas legisladores cambiaron la expresión “para asistencia” a “por asistencia” y lo que era auxilio para la población se convirtió en premio por asistir a cumplir con su deber, por lo menos haciendo presencia, aunque después no sirvan para un soberano demonio porque de leyes y de reglamentos y esas cosas, no saben. Pregúntenle a la señora Corcholata cuando la agarren despierta.

Y bien, seguimos protestando por el gasolinazo y de pronto nos olvidamos del buen amigo (de Peña) Javier Duarte a quien localizan, van a apresarlo y minutos antes o quizá en el mismo momento, se retira y se va a algún refugio cercano. Lo ubican insistentemente en Chiapas y será por algo.

Los miles de millones que tratan de tapar con el impuesto simulado a los combustibles, podría ser cubierto con largura si se decidieran recuperar lo robado. Si nos habían sorprendido los millones de dólares guardados en la casa de las Lomas de Zhenly Ye Gon o como se escriba, ya ni siquiera nos agita la respiración saber que Duarte, el criminal jarocho, tenía en cajas de zapatos tiradas por cualquier rincón, nada menos que 35 millones de pesos.

La misma técnica de ahorro que usaba el hoy encarcelado gobernador de Tabasco, Andrés Granier, a quien decomisaron mil camisas, 500 pares de zapatos e igual número de trajes, pero a su hijita, dueña de una cuenta que tenía un modesto saldo de apenas tres millones de dólares no se le molestó en absoluto. Ni al hermano con Ferrari a la puerta y residencia, ¡dónde más! En Miami.

Mire, amigo lector, dejemos de lado al niño de Monterrey, olvidemos por un momento al desfachatado hombre de la peluca de zanahoria y además hagamos a un lado si el envío del Chapo en fecha emblemática para Estados Unidos, fue un acto de sumisión o una advertencia de miren, nosotros hacemos lo que nos corresponde.

Dejemos a los sabios analistas políticos vaticinar lo bien que nos irá, o lo pésimo que será para nosotros el señor Trump y dediquemos nuestro esfuerzo a comprometer a los enchufados a que pongan sus salarios al nivel de los humanos y al gobierno a que haga lo necesario para recuperar los dineros sustraídos de la Hacienda pública.

De ninguna manera las cifras denunciadas, sino propiedades en poder de esposas, progenitores, hijos, sobrinos, nietos y la cauda malviviente favorecida por leyes laxas, malinterpretadas o torcidas para que cada quien haga de su papel periódico un cucurucho.

Quizá evitemos que Luis Raúl González, ex secretario general de la UNAM y un hombre de buena fama hasta llegar a la Comisión Nacional de Derechos Humanos, declare cosas como que los 503 mil pesos que recibió como bono de fin de año, no es inmoral. “La corrupción sí es inmoral”, dijo, pero en el caso de los funcionarios de la CNDH el pago está autorizado en el presupuesto de egresos federales.

“¡Qué vergüenza! ¿No lo creen?” clama el lector y amigo Raúl López. Y creo que tiene razón, hasta ese grado de cinismo llegamos, como muestran las desvergüenzas de los hijos de Granier, en la foto adjunta.

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Puebl@Media
Carlos Ferreyra Carrasco
Ciudad de México / Puebla
Viernes 20 de enero de 2017.

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