Los migrantes han optado por tomar rutas más largas en su travesía a Estados Unidos; pasan por siete estados del centro del país, pero ofrecen más seguridad. Foto: Luis Castillo Los migrantes han optado por tomar rutas más largas en su travesía a Estados Unidos; pasan por siete estados del centro del país, pero ofrecen más seguridad. Foto: Luis Castillo


Desde 2013, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) financia llamadas telefónicas a migrantes indocumentados en tránsito por México en 30 puntos del territorio nacional: 24 operados por albergues y seis por la Sociedad Nacional de la Cruz Roja.

"Ya estoy cerca de Piedras Negras", le comunica por teléfono Bayron Martínez, un hondureño garífuna de 28 años, a su hermano, que lo escucha desde Puerto Cortés en Honduras.

Bayron está mucho más lejos de lo que cree, a más de mil kilómetros de distancia de la frontera entre Coahuila y Texas, a la que, seguramente, le tomará más de tres días llegar.

Hasta el momento lleva 28 días en México y apenas ha llegado a la Casa del Samaritano en Bojay, Municipio de Atitalaquia, en el Estado de Hidalgo.

En este refugio hay 25 migrantes, todos hondureños. De manera inusual, la mitad del grupo es afrodescendiente.

Los migrantes que llegan a Bojay tienen sólo tres minutos para llamar a algún familiar. Se le da una ficha y van pasando uno por uno con el voluntario José Manuel Jiménez, quien organiza las llamadas.

En unas hojas, José Manuel toma nota del número al que van a llamar los migrantes, a qué ciudad, el parentesco de la persona a la que van a llamar y digita los números en el teléfono celular que les ha facilitado el CICR.

"Tiene que ser ser en altavoz, para proteger la seguridad de ustedes y de nosotros", advierte José Manuel a los migrantes.
Entre 2013 y 2016, el CICR registró 40 mil 12 llamadas realizadas por migrantes desde México.

El servicio también está disponible en Guatemala, desde donde han financiado 36 mil 347 llamadas desde 2013, y en Honduras, donde el CICR ha contribuido a financiar 43 mil 897 comunicaciones telefónicas.

Jacobo Hamui, oficial de campo del CICR, encargado del programa de Restablecimiento del Contacto entre Familiares, señaló que el servicio está encaminado a prevenir la desaparición de las personas migrantes.

"Si el migrante va llamando desde Chiapas, Veracruz, Tamaulipas y de pronto se le perdió el rastro, entonces tenemos la pista, la familia sabe que la última vez que le llamó estaba en Matamoros y que iba a cruzar. La idea es darles seguridad emocional, mental, pero también prevenir la desaparición", comenta.

Jeinar José tiene 18 años y utiliza este servicio para llamar a su pareja, de 17. Los jóvenes tienen un hijo de cinco meses.

Durante la llamada, la mujer no logra comprender dónde está Jeinar, quien le trata de explicar que va para León, Guanajuato. Ella entendió, o quiso entender, que a Jeinar José lo había detenido Migración y que ya iba de regreso para Honduras.

"¡No! No me voy para Honduras, me voy más arriba", aclara el garífuna.

Liz Fuentes, religiosa de los Sagrados Corazones y coordinadora del albergue, asegura que son flexibles para aplicar el reglamento de las llamadas del CICR.

"Uno de los reglamentos es que se le llame exclusivamente a un familiar. Cuando escuchamos que están recibiendo una noticia importante y se les pasan los tres minutos, volvemos a llamar", señala.

Reforma
Silvia Garduño
Ciudad de México
Domingo 30 de octubre de 2016.

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