Las cartas privadas de Oriana Fallaci

 Oriana Fallaci, en el estudio de su casa en Lamole, en 1979. MP/PORTFOLIO/LEEMAGE. Oriana Fallaci, en el estudio de su casa en Lamole, en 1979. MP/PORTFOLIO/LEEMAGE.


Un libro recoge la correspondencia que la periodista italiana mantuvo con amantes, amigos, familiares y entrevistados, para descubrir una cara totalmente desconocida de la célebre y polémica reportera

"Sí, almorzar con Juan Carlos y Sofía es lo peor. Conozco a esos dos idiotas. Los entrevisté en Atenas antes de su estúpido matrimonio, y están hechos del mismo molde que Franco", escribe la periodista italiana Oriana Fallaci a una amiga, en una carta que le envió desde Nueva York el 8 de enero del año 1967. Y que, evidentemente, creyó que nunca vería la luz.

Ahora esta misiva y otras se reúnen en el libro La paura è un peccato (El miedo es un pecado, en italiano), publicado por la editorial Rizzoli, y que descubre una Oriana Fallaci totalmente desconocida hasta ahora.

La obra, que está prevista que se traduzca al español, es fruto de la labor realizada por Edoardo Perazzi, sobrino y único heredero de la célebre reportera, que en septiembre hará una década que falleció. Perazzi ha trabajado durante casi dos años para recopilar cartas privadas que Fallaci escribió a amantes, amigos, familiares y entrevistados. 120 en total y completamente inéditas. La mayoría estaban a máquina, como le gustaba escribir a la periodista, que nunca utilizó un ordenador.

"Oriana lo guardaba todo, y una misma carta la podía escribir más de una vez porque era muy perfeccionista. Por eso hemos encontrado muchos escritos en su casa. Otros pertenecen al archivo personal de Giulio Andreotti [ex primer ministro italiano], o de amigos suyos", detalla a EL MUNDO el sobrino de la escritora, que reconoce que hacer el libro ha sido como montar un rompecabezas. Pero el resultado, asegura, es extraordinario.

"No es sorprendente que [Juan Carlos y Sofía] se conviertan en rey y reina de España cuando muera el Asesino", sigue explicando Oriana en su carta, refiriéndose al dictador español. Y añade: «Son sus protegidos. Desde pequeño, Juan Carlos vivió bajo la sombra de Franco y es su robot obediente". En cuanto a Sofía, la describe así: "Es simplemente la hija de aquella reina de Grecia que [...] estaba en la Juventud Hitleriana y que hizo encarcelar a 50.000 ciudadanos griegos socialistas".

Lo que Oriana no se imaginaba entonces es que ésta y otras cartas personales suyas serían publicadas tras su muerte.

De hecho, la propia periodista bromea en una misiva -que también se incluye en La paura è un peccato- sobre la posibilidad de hacer un libro con las cartas enviadas a su amiga Jane Dreyfus, mujer del astronauta estadounidense Charles Conrad.

"No guardes esta carta. No es bonita. La he escrito deprisa y sólo para divertirte", dice Oriana a Jane cuando ésta le propone publicar un libro con sus epístolas. "Y además nunca me convertiré en una Hemingway, gracias a Dios. Ni en vida, ni después", concluye la reportera.

Sin embargo, ahí están decenas de cartas personales de Oriana, en un volumen de 360 páginas, que incluyen desde misivas a quien fue su pareja, Alexandros Panagoulis -en las que se muestra cariñosa y apasionada-, a escritos a su madre y otros familiares, preocupándose por ellos.

"Tengo necesidad de ti, y quiero creer que tú tienes necesidad de mí. Me puedes dar mucho. Te puedo dar mucho. Te lo puedo dar todo", decía Oriana a Alekos, como llamaba a su querido Panagoulis, en una carta fechada el 26 de agosto de 1973. "Estos escritos rompen la imagen de que Oriana fuera una mujer dura y concentrada sólo en su trabajo. Era tremendamente romántica y muy afectuosa", explica su sobrino.

Y no sólo eso. La periodista lo hacía todo con especial celo. Perazzi pone un ejemplo: "Cuando me casé, Oriana estaba haciendo quimioterapia y no pudo asistir a la boda. Me envió un regalo: un casete con su voz grabada leyendo un fragmento del Cantar de los Cantares, y dos páginas con el texto escrito. Tras su muerte, encontré en su casa diversas versiones de aquel texto. Para preparar aquel regalo, dedicó un montón de tiempo".

"Oriana estaba obsesionada con escribir. La palabra escrita era su pasión de vida. Pero para ella, escribir también era un proceso largo y fatigoso. Un gran sufrimiento y un gran trabajo. Escribía y reescribía hasta encontrar la palabra justa", afirma el sobrino, que considera que, para realmente conocer a Fallaci, hay que leer sus escritos. Y no sólo quedarse con uno de sus últimos libros, La rabia y el orgullo, publicado tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, y que generó tanta controversia. La reportera opinaba allí que los musulmanes pretenden "islamizar Occidente".

Sin duda, La paura è un peccato nos acerca a la periodista, como ninguna otra obra. "Querido, leo tu carta con muchísimos días de retraso porque siempre me olvido de coger la correspondencia del buzón y, si la cojo, no la leo, a no ser que el nombre del remitente esté en el sobre, y el remitente me interese", decía Oriana en una carta dirigida al periodista Alberto Jacoviello, y fechada en Nueva York el 27 de abril de 1978.

"No creo que el periodismo se pueda estudiar en la escuela. La única verdadera escuela de periodismo es la práctica cotidiana. [...] Lee, lee y lee", aconsejaba la reportera en otra misiva a una joven de 13 años, Mariella, que se dirigió a ella porque quería ser periodista. Y también le aclaraba: "Yo no odio a los americanos. Como pueblo, lo admiro en muchas cosas. Por ejemplo, el hecho de tener una élite cultural libre, democrática y progresista. [...] Odio su dinero y su fuerza militar que interviene en la vida de los otros pueblos y la pliega a sus intereses", precisaba.

Pero La paura è un peccato también incluye cartas de importancia histórica, como los dos escritos que Fallaci hizo llegar a Fidel Castro. Uno, solicitándole una entrevista. Y otro, mostrando su enfado y desconcierto porque el presidente cubano se negó a recibirla, al considerarla una "contra revolucionaria".

"No soy socialista. Lo he sido. Si usted realmente hubiera leído mis artículos y mi último libro, conocería mi desconfianza en los dogmas, y mi poca esperanza en que ni tan siquiera el socialismo pueda cambiar a los hombres", respondió Fallaci a Castro el 1 de octubre de 1983, al saber que no le concedería la entrevista. Y añadía: "Nadie me había dicho que para entrevistar a Fidel Castro había que ser socialista, y creer que los países socialistas son el paraíso terrenal". Otra prueba de que la periodista no se mordía nunca la lengua.

El Mundo
Mònica Bernabé
Roma / Madrid
Jueves 23 de junio de 2016.

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