Puebla: entre la sumisión y la dignidad

Rafa Quiroz

La elección del próximo 5 de junio parecía hace unos meses un proceso sin mayor interés o trascendencia, pero tomo un papel estratégico para las fuerzas políticas de nuestro estado.

A pesar de que elegiremos gobernadora o gobernador para un periodo de un año diez meses, su llegada implicará marcar el rumbo que Puebla tendrá en los próximos años.

Se trata además de la sobrevivencia de un proyecto político que está dispuesto a imponer a cualquier costo a su candidato para tener una plataforma de salida en la elección. Presidencial del 2018.

Bajo la máxima maquiavélica del fin justifica los medios, se realizan acciones para controlar y definir el resultado de la elección. Por la buena o por la mala, como sea, pero no hay otro resultado para ellos.

Del otro lado, el regreso al poder de los priístas también significa revivir sus posibilidades de recuperar el poder de la entidad y crear mejores condiciones para la próxima Macro elección en la que se anticipa un panorama mucho más complicado que el actual.

Por definición elemental, toda elección tiene un propósito y una razón de ser para los ciudadanos.

Los creadores del modelo de marketing político que se conoce como el "Cuarto de Guerra", James Carville y Paul Begala, dicen que una de las reglas básicas en una campaña es "enmarcar" la elección.

Es decir, dar un marco de referencia al elector que le permita facilitar su decisión en la urna. Que el votante entienda cuáles pueden ser las consecuencias al elegir entre alguna de las opciones a su alcance.

Esta elección para gobernador del estado de Puebla nos ofrece una interesante disyuntiva: recuperar la libertad y la tranquilidad de los poblanos al elegir a Blanca Alcalá; o dar continuar a través de Tony Gali a un gobierno concentrado en las obras de relumbrón que amenaza, excluye y afecta la vida de sus gobernados.

Esa es la expresión que he recabado de muchos poblanos que conforme avanza la campaña encuentran mayor claridad en la importancia y el impacto del resultado de esta elección en su vida diaria.

En el 2016 no hay otro motivo que le dé mayor sentido al voto: es votar por el cambio o la continuidad, por la sumisión o la dignidad, no hay de otra.

Son los intangibles como la libertad, la tranquilidad, la seguridad y el bienestar de la gente; contra lo tangible, como son las grandes obras que, ciertamente generan una buena imagen urbana pero no atienden los problemas más sentidos de las personas.

Hoy tenemos un estado con el mayor contraste en nuestra historia, con la mayor concentración de obra y presupuesto en una sola zona del estado, la de Angelópolis; en comparación con el rezago y los niveles de pobreza e inseguridad que han rebasado los indicadores históricos en estas materias.

La desigualdad es palpable tanto como la impotencia y el malestar de gran parte de los poblanos.

Mientras más se invierte en concreto, varilla y acabados mayor es la desesperación y frustración que vive la gente pobre del campo y de las ciudades.

Hay quienes se empeñan en justificar el abandono del que han sido objeto la mayor parte de los poblanos pero la realidad los contradice.

Es tal su radicalismo que se pierde de vista el valor esencial de un gobierno: velar por los intereses, el bienestar y la seguridad de sus ciudadanos.

Puebla es hoy un estado tan desigual que sufre una absurda polarización entre pobres y ricos.

Puebla no merece vivir de rodillas ni reprimida por sus gobernantes. A mayor control, más lejano se observa del verdadero desarrollo humano y social que deseamos.

Sin embargo, observo con preocupación que algunos se conforman con tener una ciudad que tras la imposición y la persecución aparenta un crecimiento inútil e innecesario. Obras sí, pero no a cualquier precio y menos si eso implica un alto costo social.

Basta con observar que los mayores avances de la civilización humana no han sido la materialización de las obras sino el logro de condiciones de bienestar que las impulsan a generar mejores condiciones de vida.

La cultura, la educación, la tolerancia, la sana convivencia, la libertad, la felicidad son valores en común de estos pueblos donde las grandes obras son consecuencia de estos principios y no al revés.

Puebla se ha "transformado" a un costo muy alto que los poblanos ya no están dispuestos a seguir pagando. Y ahora saben que solo habrá una oportunidad para lograr un equilibrio.

El 5 de junio su decisión será vital para definir el futuro de nuestro estado. Ese día será clave para quienes de una u otra forma han sido amenazados, excluidos o afectados, y solo en la casilla tendrán ese valioso instante para hacer valer sus derechos y dejar un claro mensaje de libertad y respeto a su propia vida.

CAMBIO Y FUERA.

Desde el Cuarto de Guerra.
Rafa Quiroz
Ciudad de Puebla, México
Domingo 8 de mayo de 2016.

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