Mantener viva la llama del periodismo de investigación

The New York Times tiene seis reporteros dedicados a la investigación en el área metropolitana de Nueva York. (The New York Times) The New York Times tiene seis reporteros dedicados a la investigación en el área metropolitana de Nueva York. (The New York Times)

“La democracia no puede funcionar sin alguien que le pida cuentas a la estructura de poder.”

Nueva York.- Walter Robinson estaba complaciendo a la multitud. Famoso ahora como el periodista de investigación interpretado por Michael Keaton en “Spotlight”, Robertson y otros periodistas de The Boston Globe estuvieron en Manhattan hace unas semanas, contando historias de guerra en la sala de redacción de ProPublica, poco antes del estreno de la película en Nueva York.

Al hablar de un momento a fines de 2001, cuando el equipo Spotlight del Boston Globe estaba informando sobre el escándalo de pedofilia entre los sacerdotes, Robinson, a quien llamaban Robby, vio algo que le pareció extraño en la pantalla de la computadora de un colega: “Líneas que iban de un lado y líneas que iban por otro lado.” Él preguntó qué era eso.

Con el sentido de oportunidad de un comediante, Robinson dijo la respuesta como un chiste sobre él mismo: “Es una hoja de cálculo.” Como era su intención, esto provocó risas entre los periodistas de ProPublica, que viven en el mundo cargado de números que es el periodismo de investigación actual, en el que las bases de datos y las hojas de cálculo han reemplazado el zumbar de las rotativas en el sótano.

Esta anécdota ofrece una pequeña imagen de lo que ha cambiado en 14 años. Pero algo más evidente es que plantea serias preocupaciones. Las herramientas digitales son una bendición para el periodismo y la distribución digital puede hacer que un reportaje se vuelva global. Pero la economía de la era digital ha diezmado al personal de los periódicos.

Ahora la pregunta es cómo continuar con este trabajo tan importante, sobre todo en el nivel local. The New York Times y otras cuantas empresas informativas van a subsistir y seguirán haciendo investigaciones valiosas, pero no pueden reemplazar la fuerza de los periódicos locales. Esos periódicos han perdido casi la mitad de sus reporteros en los últimos años.

The New York Times tiene seis reporteros dedicados a la investigación en el área metropolitana de Nueva York. Michael Luo, que dirige el equipo, me dijo que algunas investigaciones pueden ser “éxitos rápidos” pero otras pueden tardar meses en “identificar algo que nadie más haya identificado y en ir más a fondo que ningún otro”. Por ejemplo, la investigación de Kim Barker sobre las llamadas casas tres cuartos de Nueva York para adictos en recuperación llevó seis meses.

Es alentador que algunos periódicos pequeños hayan redoblado sus esfuerzos de investigación, demostrando así que no es necesario un personal numeroso para hacer un trabajo importante. En The Post and Courier de Charleston, Carolina del Sur, el editor principal, Mitch Pugh, estableció un equipo de investigación de cuatro personas, en una sala de redacción con solo 72 personas. Su serie sobre la mortalidad de la violencia doméstica provocó reformas y le valió el Pulitzer por servicio público de este año.

“Si vamos a pedirles a los lectores que gasten su dinero en nosotros, el servicio público y de investigación tiene que ser nuestra piedra angular”, me comentó Pugh.

Mientras tanto, han llegado nuevos actores. Además de las organizaciones no lucrativas a nivel nacional –como ProPublica, el Centro de Reportaje de Investigación y el Centro de Integridad Pública– ahora también las hay en muchas ciudades. (The Texas Tribune quizá sea la más destacada.)

Las estaciones locales de radio pública también están haciendo su esfuerzo. En KPCC, por ejemplo, estación de radio pública en California del sur, el personal de Melanie Sill elaboró una base de datos sobre tiroteos de la policía. Existe “un compromiso creciente de hacer periodismo de investigación y de responsabilidad en estaciones de todo el país”, aseguró Jim Schachter de WNYC, que este año ganó un premio nacional por su investigación sobre los excesos cometidos por el departamento de policía de la ciudad. El jefe de información de NPR, Michael Oreskes, me dijo que para él es muy importante apoyar el trabajo de investigación local.

Esta actividad explica el aumento sin precedentes de la membresía de la asociación Reporteros y Editores de Investigación, que en su reunión de junio pasado atrajo a Filadelfia a 1,800 periodistas, muchos de ellos de diarios y televisoras alternativas. Al ver a los jóvenes periodistas atestar las sesiones para cultivar su oficio, su sentido de misión me pareció vigorizante.

Pero, ¿qué hay del futuro? La transición del periodismo de investigación no va a ser suave, advierte Richard Tofel, presidente de ProPublica. Ya que las grandes ciudades siguen dominadas por ciertos periódicos, no hay una brecha que permita crear una gran necesidad de nuevos actores, financiándose mediante formas novedosas, como la filantropía.

Tofel me dijo que “sigue habiendo una cantidad irracional de publicidad impresa” que apoya la economía de los periódicos. “Pero la próxima recesión va a ser muy cruel con los periódicos.” Para cuando termine, “los periódicos que salgan siete días a la semana van a ser la excepción, no la regla”.

¿Podrá cumplir con su trabajo lo que quede de los periódicos, junto con los nuevos actores?

“Tendrán que hacerlo”, señala Tim Redmond, ex director editorial de The San Francisco Bay Guardian, diario alternativo ya difunto. Él lanzó después 48 Hills, empresa informativa en línea sin ánimos de lucro con un personal de dos reporteros. “La democracia no puede funcionar sin alguien que le pida cuentas a la estructura de poder.”

Pero no es probable que esto se acerque mucho a la investigación que inició el equipo Spotlight de The Globe en 2001. Y cuando los periódicos vuelvan a batirse en retirada, el periodismo de investigación saldrá muy golpeado.

De por sí ya es inquietante que los periódicos locales hayan abandonado muchas fuentes y dejado de cubrir reuniones públicas. Importante por sí mismo, ese tipo de periodismo también alimenta las mejores investigaciones. Y es difícil de calibrar la efectividad a largo plazo de las nuevas empresas.

El periodismo de investigación de altura requiere habilidad, tiempo, agallas, visión y dinero. Cada vez hay más financiamiento, como el de la Fundación Knight, que ha puesto millones de dólares en la causa. Y precisamente la semana pasada, The Globe anunció una nueva beca para trabajo de investigación suscitada por la película “Spotlight”.

Espero que el éxito de esa película ponga de relieve la importancia de este trabajo y que tenga efectos de mayor alcance. Eso no es imposible. Después de todo, en los años setenta la película sobre el escándalo de Watergate, “All the President’s Men” inspiró a toda una generación de jóvenes periodistas.

El futuro es incierto. Lo que es seguro es que los ciudadanos valoran el trabajo de investigación. “La gente no se entera de la corrupción a menos que se la muestren”, afirma Martin Baron, editor de The Globe durante la investigación sobre la pedofilia y actualmente editor de The Washington Post. Cuando los lectores ven que los medios sacan a la luz las transgresiones, generalmente expresan su aprecio: “Si no fuera por ustedes, nadie haría este trabajo.”

La clave quizá esté en el apetito por el periodismo de investigación. Y así, por el bien de la democracia (y por su propia sobrevivencia), las empresas informativas, ya sean nuevas o antiguas, deben ponerse como prioridad seguir escarbando, con el interés público en mente.

The New York Times
Margaret Sullivan
New York, Estados Unidos
Domingo 20 de diciembre de 2015.

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