Audi admite que 2.1 millones de autos están trucados

Audi admitió haber equipado 2.1 millones de sus modelos premium con el software de VW hecho para falsear los controles de emisiones contaminantes de los motores diésel. Foto: Reuters Audi admitió haber equipado 2.1 millones de sus modelos premium con el software de VW hecho para falsear los controles de emisiones contaminantes de los motores diésel. Foto: Reuters

VW aceptó mentira después de prohibición de la EPA

Fráncfort.- El fabricante Audi admitió el lunes haber equipado 2.1 millones de sus modelos premium con el software de la casa matriz Volkswagen diseñado para falsear los controles de emisiones contaminantes de los motores diésel.

Tan solo en el mercado alemán hay 577,000 Audi trucados, y en el estadounidense otros 13,000, precisó un portavoz de Audi a la AFP. Volkswagen, que posee 12 marcas de vehículos, reconoció la semana pasada haber montado los motores trucados en 11 millones de coches, provocando un derrumbe de sus acciones en Bolsa y un aluvión de demandas judiciales en su contra.

Los motores afectados corresponden a modelos de alta gama, como las berlinas A1m A3, A4 y A6, así como el automóvil deportivo TT y los todocaminos Q3 y Q5.

Volkswagen, que posee doce marcas de vehículos, reconoció la semana pasada haber montado los motores trucados en 11 millones de coches, provocando un derrumbe de sus acciones en Bolsa y un aluvión de demandas judiciales en su contra.

VW aceptó mentira después de prohibición de la EPA

Volkswagen reconoció que había manipulado el software de los motores diésel en Estados Unidos solo cuando, ante su negativa a explicar a las autoridades americanas las razón de la alta tasa de contaminación de su coches, la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos aseguró que no iba a homologar los nuevos motores que tenía previsto vender en sus modelos de 2016.

Es un documento se seis páginas redactado por la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés), el organismo que ha cavado la tumba profesional del todopoderoso presidente de la mayor empresa automovilística mundial, Martin Winterkorn, y ha destapado una crisis que amenaza con socavar los cimientos del grupo Volkswagen. En él se recoge que la multinacional alemana se rindió a la evidencia de las pruebas recogidas por las autoridad estadounidense sobre la manipulación de los motores “solo” cuando se le dio por sentado que, si persistían en su actitud, no se homologarían los motores que la empresa pretendía montar en los coches que vendería en 2016.

Ese documento, al que ha tenido acceso Cinco Días, y que en España sería el equivalente de un pliego de cargos, detalla, con enorme precisión, los hechos que, desde mayo de 2014, se fueron produciendo hasta llevar al borde del abismo a la empresa alemana. Esta fecha es la que cita la agencia como referencia del momento en el que fue alertada por una publicación de la Universidad de West Virginia en la que se recogían profundas divergencias entre las emisiones que Volkswagen aseguraba que tenían sus motores diésel y sus propias mediciones.

Ahí comenzó a mentir Volkswagen. En algún momento entre mayo y diciembre de 2014, los responsables estadounidenses de la multinacional germana aseguraron a la agencia estadounidense “que el incremento observado en las emisiones de los vehículos analizados se debía a condicionantes técnicos derivados de un uso no previsto de los motores”. Esta es la mentira, escrita –por el momento no se sabe aún quién lo hizo–, que le ha costado el cargo a Martin Winterkorn.

Pero a pesar de las pruebas, Volkswagen intentó mantener la mentira aún un tiempo. Según el citado documento de la EPA, la empresa decidió llevar a cabo una revisión voluntaria de sus coches el mismo mes de diciembre de 2014 para demostrar que los datos de la universidad y las propias mediciones de la agencia eran erróneos. Volkswagen incluso aceptó que la llamada a revisión de los coches se hiciera en coordinación con las autoridades estadounidenses.

Sin embargo, las mediciones volvieron a arrojar los mismos datos. Es decir, las emisiones volvieron a ser 40 veces superiores a las permitidas por la normativa de Estados Unidos. “Ninguna de las potenciales explicaciones técnicas sugeridas por Volkswagen explican las elevadas mediciones recogidas”, explica la EPA en el documento.

Homologación

Y en ese momento y como resultado del fracaso de la nueva medición, la agencia suelta la bomba que ha provocado que Volkswagen dejara de mentir y toda la reputación de la empresa se caiga como un castillo de naipes.

Una bomba condensada en esta frase: “A partir de ese momento estaba claro que tanto la agencia como las autoridades medioambientales de Estados Unidos no aprobarán los certificados de conformidad para las emisiones de los modelos que Volkswagen está preparando lanzar en 2016. Y no lo hará hasta que la empresa no explique adecuadamente la razón de las elevadas y anómalas emisiones y asegure que los modelos de 2016 no tendrán los mismos problemas”.

La agencia continúa: “Fue solo en ese momento cuando Volkswagen admitió que había diseñado e instalado un sistema algorítmico en el software del motor que detectaba que las emisiones de los gases estaban siendo analizadas”.

Pesquisas continúan abiertas, no se descartan más cargos

La agencia estadounidense detalla en el pliego de cargos que la investigación continúa, aunque advierte: “Llegados a este punto, tenemos en nuestro poder suficientes pruebas para garantizar las acusaciones”. Y deja abierta la puerta para aumentarlas, ya que explica que “no descarta encontrar en el curso de su investigación nuevas pruebas de violaciones adicionales de la ley estadounidense”.

Por tanto, advierte de que ya se siente autorizada plenamente para trasladar “el caso al Departamento de Justicia de Estados Unidos, para que sea él quien ponga en marcha una demanda apropiada”.

El pliego de cargos de la EPA está dirigido a dos altos ejecutivos de Volkswagen en Estados Unidos. El primero es David Geanacopoulos, vicepresidente ejecutivo de relaciones corporativas y consejero general, y el segundo es Stuart Johnson, director general del área de ingeniería y medioambiente de la filial. Ninguno de los dos aparece en el alto staff corporativo de la filial en ese país.

Una subsidiaria que hasta este momento dirige el alemán Michael Horn, el responsable de haber pronunciado la famosa frase que ha enmarcado hasta el momento esta crisis: “La hemos cagado”, dijo como primera reacción ante las duras acusaciones de las autoridades medioambientales estadounidenses

AFP
Fráncfort, Alemania
Lunes 28 de septiembre de 2015.

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