México, el paraíso repartido. Un país de iguales con unos más iguales que otros. Ilustración: Diego Schtutman. México, el paraíso repartido. Un país de iguales con unos más iguales que otros. Ilustración: Diego Schtutman.

Un país de iguales con más iguales que otros

Organismos internacionales y economistas coinciden en que la nación mexicana es un modelo de desigualdad. Los Slim, los mirreyes y un universo de apenas 145 mil individuos son los más favorecidos de la nueva colonia.

Dice un chiste malo -malo por cruel, real y gracioso-, que un ángel preguntó a Dios por qué depositar tantas riquezas en un mismo territorio mientras a otros les daba apenas lo necesario para subsistir. La respuesta del creador, misteriosa como sus caminos, fue que no se preocupara, a manera de compensación iba a entregar dicho territorio a los llamados mexicanos.

¿Cuánta verdad puede extraerse de un simple chascarrillo? No la suficiente, no alcanza, al igual que ni el petróleo, ni el oro, ni la plata, ni las riquezas forestal, agrícola, ganadera, turística, alcanzan para llevar a un hogar en Chiapas, Campeche, Hidalgo, Oaxaca, San Luis Potosí o Yucatán, el sustento, el vestido, la paz verdadera.

Las radiografías del México disparejo abundan, una reciente es la de Gerardo Esquivel, licenciado en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México, quien publicó en junio pasado un documento titulado Desigualdad Extrema en México. Concentración del Poder Económico y Político.

Apenas 33 páginas le bastan para mostrar una realidad que la mayoría de los mexicanos no sólo conoce, sino que experimenta cada día. La paradójica realidad de un país en el que la riqueza es abundante, pero las opciones de subir en el escalafón de la riqueza, para millones de personas, son prácticamente nulas.

Otra es la de Ricardo Raphael, académico del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Su libro Mirreynato, arroja luz sobre el extremo más pudiente de la nueva colonia.

Forbes, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Foro Económico Mundial (FEM), el Banco Mundial (BM), y diversos estudios, algunos de ellos muy amplios, otros muy específicos, coinciden en poner a México la etiqueta de un modelo de desigualdad.

Lo dice Esquivel

Elaborado como parte del inicio de la campaña Iguales de Oxfam México, el texto de Gerardo Esquivel es un despliegue de cifras, comparaciones.

Porque el país mexicano es la decimocuarta economía del mundo, detrás de las potencias, aunque no muy lejos de ellas, eso hasta que empezamos a hablar de sus 53.5 millones de pobres. La nación que dio al mundo el chile y la tortilla está dentro del 25 por ciento de los países con mayores niveles de desigualdad en el mundo.

En México, dice Esquivel, convive uno de los hombres más ricos del mundo con más de 23 millones de personas cuyos ingresos no son suficientes para acceder siquiera a una canasta alimentaria básica. Un mexicano que percibe un salario mínimo y mantiene a alguien, no alcanza a acercarse al umbral del bienestar mínimo, ambos son considerados habitantes de la pobreza extrema.

Y refuerza su comentario con un dato del Global Wealth Report 2014: el diez por ciento más rico de México concentra el 64.4 por ciento de toda la riqueza del país.

Las crisis tan temidas por el mexicano promedio parecen no tocar a los millonarios del país, cuyo número creció en 32 por ciento entre 2007 y 2012, mientras en el resto del mundo, en ese mismo período, disminuyó un 0.3 por ciento. El Producto Interno Bruto per cápita del país crece a menos del uno por ciento anual, pero la fortuna de los 16 mexicanos más ricos se multiplica por cinco.

En 2002 la riqueza de cuatro mexicanos representaba el dos por ciento del PIB nacional; entre 2003 y 2014 ese porcentaje subió al nueve por ciento, un tercio del ingreso acumulado por casi 20 millones de mexicanos.

Ricos de a de veras

Los cuatro ases, individuos que podrían nadar en bóvedas al estilo de Rico McPato, son Carlos Slim, Germán Larrea, Alberto Bailleres y Ricardo Salinas Pliego, cuatro magníficos entre los ricos de a de veras. Han amasado riquezas en el sector privado, sí, pero en buena medida gracias a sectores concesionados o regulados por el sector público (telefonía, minería, televisión e instituciones financieras), aprovechando la falta de regulación, los privilegios fiscales, los defectos de un sistema que es pródigo con unos pocos y un calvario para millones de personas.

En 2002 la riqueza de estos cuatro representaba alrededor del dos por ciento del Producto Interno Bruto (total de bienes y servicios producidos por un país en un año) mexicano. A partir de 2003 inició un ascenso que para el período 2011-2014 alcanzó un promedio del nueve por ciento; 4.5 veces lo que representaba en los primeros años del período.

Para 2014 los cuatro podían haber contratado hasta tres millones de trabajadores, pagándoles el salario mínimo, con el puro rendimiento real de sus negocios, es decir, sin que ellos perdieran un solo peso de su riqueza en términos reales, expone Gerardo Esquivel, suponiendo que esta creciera a una tasa de cinco por ciento al año. A finales de ese año, el número total de personas desocupadas en México era de 2.3 millones de personas.

En el otro extremo, el de los millones pero de pobres, hay más de tres millones y medio de familias que perciben diariamente 21 pesos.

Los rezagados

Ser un multimillonario al estilo Salinas Pliego o Bailleres no está al alcance de todos, pero la esfera de pudientes mexicanos, tampoco es tan corta como parece.

En 1996, según Forbes, había 15 mexicanos con fortunas superiores a los mil millones de dólares. De 1996 a 2005 el promedio de mexicanos que alcanzaron tal distinción fue de once por año. Con base en datos de 2014, hay 16 mexicanos en dicha categoría. En 1996 las fortunas de esos 15 sumaron 25 mil 600 millones de dólares; en 2014, los 16 más ricos acumularon 142 mil 900 millones de dólares.

Entre 1996 y 2014 la fortuna promedio de cada miembro del selecto grupo pasó de mil 700 a ocho mil 900 millones de dólares.

Según un dato de WealthInsight de 2012, México tiene a 145 mil individuos con una riqueza neta superior a un millón de dólares, esto sin incluir el valor de sus residencias habituales.

En conjunto las fortunas de los 145 mil ascendían a un total de 736 mil millones de dólares en el año de referencia. Son menos del uno por ciento de la población total de México, pero concentraron alrededor del 43 por ciento de la riqueza total del país en el ejercicio en cuestión. Para acentuar el problema de México hay que mencionar que el estándar internacional dicta que los millonarios concentran el 29 por ciento de los recursos de sus respectivos países.

Desigualdad a la mexicana

Un estudio de México ¿Cómo Vamos?, difundido en febrero pasado, integró su podio de los estados con mayor desigualdad en el ingreso con Chiapas, Campeche y Oaxaca; los menos desiguales son Estado de México, Querétaro y Baja California.

Para su medición, la asociación civil calculó el Coeficiente de GINI de cada entidad. El índice de Gini es una medida de concentración del ingreso que toma valores entre cero y uno; cuando el valor se acerca a uno indica que hay mayor concentración, cuanto tiende a cero significa que la concentración es menor.

Chiapas, obtuvo un Coeficiente de GINI de 0.481, es el estado con mayor desigualdad económica desde el primer trimestre de 2014, cuando superó a Campeche, entidad que no obstante su caída al segundo puesto, mostró un incremento en la desigual distribución de riqueza en los primeros tres trimestres de 2014.

Oaxaca, Yucatán, Hidalgo, San Luis Potosí, Campeche y Chiapas son los estados que han sido más desiguales a nivel nacional desde 2005.

El Standarized World Income Inequality Database, una base de datos de ingresos, muestra que en el período de 2008 y 2012 México obtuvo un coeficiente de 0.441 cuando el promedio de los países evaluados fue de 0.373. Al ubicar a las naciones de menor a mayor nivel de desigualdad, México ocupó el lugar 87 de 113 países.

Pobres indígenas, pobres mujeres

Vivir en la parte baja de la cadena distributiva significa una vida sin acceso a servicios básicos, con escasas oportunidades de desarrollo y una alta dosis de discriminación.

Los más afectados son los indígenas mexicanos. A nivel nacional, menos del diez por ciento de la población vive en pobreza extrema, pero si hablamos exclusivamente de indígenas resulta que 38 de cada 100 representantes de ese sector poblacional padecen condiciones de alta marginación.

El trato desigual se refleja con fuerza en el campo laboral, en específico en la producción agrícola, mientras la población en general obtiene un ingreso de mil 961 pesos mensuales, los indígenas perciben 886 pesos al mes.

El Global Gender Gap 2014, un estudio del FEM, ubica a México en el lugar 80 entre 142 países en materia de desigualdad de género. La nación mexicana obtuvo sus peores resultados en el tema de Participación y oportunidades económicas, ocupó el lugar 120 de 142 países.

La medición puso a México en el lugar 118 por Participación de la fuerza laboral y por Igualdad salarial para trabajo similar, y en el 114 por ingreso estimado. Las mujeres mexicanas que trabajan reciben el 46 por ciento de lo que perciben los varones.

Pobres servicios

La educación, palabra que es una prioridad en el discurso de cualquier autoridad que se respete, es otro venero de la desigualdad en México; 48 de cada centena de las escuelas públicas carecen de drenaje, 31 de cada 100 están sin agua potable, al 12.8 por ciento le faltan sanitarios y el 11.2 por ciento no tienen electricidad.

Más de 61 alumnos de cada 100 no tienen un equipo de cómputo que sirva y ocho de cada diez carecen de acceso a internet.

La infraestructura educativa, según Gerardo Esquivel, no parece contribuir a la reducción de las disparidades iniciales, por el contrario, las amplía y las perpetúa. Hablamos de niños que desde el principio enfrentan una situación de desventaja frente a los privilegiados estudiantes de las escuelas privadas. La situación no mejora conforme los niños crecen. Datos de la Universidad Tecnológica de México muestran que sólo 53 por ciento de los jóvenes entre 15 y 19 años concluye sus estudios, esto significa que sólo la mitad de la juventud nacional tendrá la oportunidad de ingresar a la educación superior, nivel en el que 93 de cada 100 estudiantes mexicanos desertan.

Una desventaja que también se sufre más en los estratos del fondo es la violencia, esa que brota en el combate a la delincuencia, en las disputas entre organizaciones criminales, en los diversos crímenes del fuero común que se disparan gracias al río revuelto.

Para muestra, el delito de alto impacto por excelencia, el homicidio. La tasa de asesinatos por cada 100 mil habitantes aumentó de 9.3 en 2007 a 19.8 en 2011, aunque después cayó a alrededor de 15 en 2014.

A nivel estatal, señala Esquivel, los niveles de actividad criminal y de homicidios se asocian de manera significativa con bajos niveles de educación entre los jóvenes y con altas tasas de desempleo juvenil.

El ingreso

Las opciones de millones de mexicanos para procurarse un sustento diario de calidad se han estrechado en los últimos años, esto de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2014 (ENIGH) del INEGI.

Según el documento, el ingreso corriente total de los hogares se ubicó en 39 mil 719 pesos trimestrales, un decremento de -3.5 por ciento a precios constantes, respecto a 2012.

El Coeficiente de Gini de la ENIGH fue similar al registrado dos años antes, los valores obtenidos fueron 0.438 y 0.440 para 2014 y 2012, respectivamente.

El rubro de alimentos, bebidas y tabaco se llevó la mayor tajada del gasto realizado en los hogares mexicanos, en ese tipo de productos se va el 34.1 por ciento del ingreso; a transporte y comunicación se dedicó el 18.8 por ciento; en educación y esparcimiento se gastaron 14 de cada 100 pesos.

No obstante, en la distribución del gasto según el nivel de ingresos se observan diferencias tremendas. El diez por ciento de los hogares con menores entradas de dinero dedica el 50.7 por ciento de su gasto a comer, beber y fumar; el diez por ciento de los hogares más pudientes dedica el 22.5 por ciento a esos productos.

Los hogares con más altos ingresos destinan 20.6 por ciento a la educación y el esparcimiento de la familia, en tanto que los menos favorecidos dedican a cultivarse y esparcirse apenas el 5.6 por ciento de la caja.

La desigualdad también es una cuestión de zona. En los hogares rurales de las localidades de menos de dos mil 500 habitantes, el promedio de ingreso decreció en -6.6 por ciento entre 2012 y 2014, mientras que en las zonas de similares dimensiones, pero de tipo urbano, el ingreso por hogar disminuyó en un -3.0 por ciento.

Con menores ingresos, el gasto de los mexicanos también decreció, la reducción fue de -5.1 por ciento de 2012 a 2014; en el primer año, las salidas trimestrales de efectivo promediaron 36 mil 438 pesos y en el segundo bajaron a 34 mil 583 pesos.

Para redondear el drama de pertenecer a la parte baja de la tabla, y resaltar la importancia de nacer en una familia acomodada, siete de cada diez mexicanos que nacen en condiciones de pobreza se quedan en ese estrato social.

Doscientos años no es nada

Diego Castañeda, economista y colaborador de Forbes, comenta que en destinos como México o Brasil, el segmento de la estructura social al que se pertenece de origen, determina en gran medida el futuro de una persona: la clase importa demasiado.

Nacer en Tamaulipas o en Tabasco, en Baja California o Zacatecas, y el tipo de familia, de bajos o amplios recursos, aumenta o disminuye las opciones de ir a la escuela, de tener acceso servicios y bienes públicos, empezando por los básicos.

Luego de un diálogo con Branko Milanovic, serbio-estadounidense experto en inequidad, sobre el disparejo México, la conclusión de Castañeda fue que La desigualdad es fundamentalmente construida en el terreno político.

Asegura que en 200 años muchas cosas no han cambiado en México, una de ellas es la desigualdad, otra, la segregación por clases o castas.

Milanovic dictó en mayo pasado una conferencia en la que, entre otras cosas, comentó que hace 200 años México sufría de niveles máximos de extracción por parte de las élites, maximizando la desigualdad que permitiera extraer tanta riqueza como fuera posible.

En los años de colonia, la clase era determinada por el ingreso, y este, a su vez, determinaba la política, la justicia y casi todos los aspectos de la vida en sociedad; "hoy en día no es muy distinto", expuso.

Castañeda afirma que si bien el país ha tenido un avance en su Coeficiente de GINI con respecto al nivel de la década pasada, otros análisis señalan que la desigualdad sigue creciendo. El fenómeno descrito por el colaborador de Forbes es como sigue: la riqueza de unos tiende a reforzar la pobreza de muchos otros, la desigualdad económica causa desigualdad política y, entre ambas, generan toda clase de desigualdades sociales, cosas como escasas opciones de recibir una educación o servicios de salud, desempleo o estar en un trabajo que no permite costearse condiciones de vida dignas; falta de representatividad política, corrupción, y trato diferenciado por parte de la justicia.

OCDE y BM

Estas dos instituciones tienen otras maneras de expresar el nivel desigualdad existente en el país. La OCDE alerta de que el diez por ciento de la población más rica en México tiene ingresos 30 veces mayores que los del sector más pobre, cuando el promedio de los países miembros de la organización es de 9.6 veces. En la OCDE no hay nación más desigual que México.

La pobreza relativa mexicana, el porcentaje de la población con un ingreso menor al 50 por ciento de la media nacional, es de 21.4 por ciento, el más alto de la zona OCDE, cuyo promedio es de 11.2 por ciento.

México, Chile, Turquía y Estados Unidos son los países con mayores desigualdades entre ricos y desposeídos, mientras que Dinamarca, Eslovenia, Finlandia y República Checa figuran en el extremo opuesto, los más equitativos.

El Banco Mundial difundió hace un par de meses el documento titulado Prosperidad compartida y fin de la pobreza extrema en América Latina y el Caribe. Un dato voluminoso: 75 millones de personas en la región, la mitad en Brasil y México, viven en la pobreza extrema.

México tiene la sexta tasa de extrema pobreza más baja en la región con un once por ciento, del total de su población. Para sus cálculos de la miseria, el BM establece un umbral de ingreso de 2.5 dólares al día (cerca de 40 pesos al tipo de cambio actual).

La discriminación de la fuerza laboral, la violencia, el crimen y el nulo aumento de ingresos son factores que, según la institución, han impedido que la pobreza extrema en México disminuya a niveles como los de Brasil (diez por ciento), Chile (tres por ciento) o Uruguay (tres por ciento).

En Argentina, Bolivia, Brasil y Panamá los ingresos del 40 por ciento más pobre estuvieron por encima del siete por ciento en el período 2003-2013. En México, los ingresos del 40 por ciento más pobre crecieron un 1.3 por ciento.

El Mirreynato

Dios creó a los hombres, Sam Colt los hizo iguales, y ahora las redes sociales son utilizadas para enseñarnos que algunos son más iguales que la mayoría. De entre todas las caras que puede adoptar la desigualdad, según la experiencia de Ricardo Raphael, ninguna es tan ostentosa como la del 'mirrey'.

Los mirreyes son, según la definición del académico del CIDE, hijos de políticos y empresarios que dan mucha tela de donde cortar a la hora de hablar de los excesos de una clase privilegiada.

El planteamiento de Raphael parte de que los ricos de un ayer no muy lejano, el siglo pasado, se conducían con cierto recato. Los de hoy, en cambio, gozan con atraer los reflectores y dar a conocer sus proezas. En su libro, Mirreynato, documentó algunas travesuras, abusos y tonterías ejemplares surgidas de un pequeño universo de tres mil familias mexicanas con ingresos promedio de 84 mil pesos al día.

Un común denominador de estos hijos de la fortuna es gastar mucho dinero como una forma de protegerse contra las consecuencias de sus actos, si no les alcanza con lo que llevan, o con el nombre, o con la fama, tienen plena confianza en que sus padres los sacarán fácilmente del problema.

El mirrey, dice Ricardo Raphael, es una evolución alterada, exacerbada, del junior y de la fresa del siglo XX, es el producto de un régimen, el beneficiario permanente de una época, a tal grado que el gobierno trabaja para los mirreyes.

Los méritos del mirrey pasan por conocer a las personas indicadas, haber heredado una fortuna o simplemente tener dinero -sin importar de dónde haya salido-, gastar como si no hubiera mañana, comprar todo, incluso la justicia y una actitud libre de vicios como la humildad, la empatía o la buena educación.

Una de cal

Los datos negativos en materia de desigualdad, sin embargo, no alcanzan a abarcar todo el panorama. Para muestra, un estudio de este año denominado Global Women Entrepreneur Leaders Scorecard, patrocinado por la compañía Dell, otorgó a la nación mexicana el distintivo de país latinoamericano que ofrece a las mujeres mayores oportunidades para emprender. México se ubicó en la posición 13 de 31 países.

Estados Unidos lidera la tabla, gracias a un entorno de negocios favorable y su apertura a la movilidad laboral de las mujeres en el sector privado, obtuvo una calificación de 71 en una escala de 0 a 100. Canadá (69), Australia (69), Suecia (68) y Reino Unido (65) completaron los cinco primeros lugares.

La calificación mexicana fue de 46, en parte porque apenas tres de cada cien empresas instaladas en suelo patrio tienen al mando a una mujer. No obstante, una de las predicciones del estudio es que en los próximos años tres de cada diez negocios en el país serán controlados por patronas.

Destinos como Perú o Brasil quedaron por debajo de México, en los lugares 14 y 18, con calificaciones de 45 y 43 respectivamente.

Ventajas y consecuencias

El país del aguacate ha cometido demasiados fallos en el camino, empero, todavía hay modo de recomponer las cosas. El problema es que implica sacrificios por parte de la clase política, un grupo escasamente proclive a todo lo que implique renunciar a sus prebendas.

Porque los especialistas y los análisis señalan que la falta de competencia económica y un débil marco regulatorio han abierto la brecha entre mexicanos y abonado el terreno para la instauración de monopolios y oligopolios. La OCDE calcula que entre 2005 y 2009 las prácticas monopólicas de las empresas de telecomunicaciones de Carlos Slim se tradujeron en una pérdida de bienestar para los mexicanos superior a los 129 mil millones de dólares. En un rubro dorado, la minería, el fallo consiste en que, hasta 2013, México era uno de los muy pocos países mineros en los que no se cobraba ningún tipo de impuesto o regalía por la producción a boca de mina. El sistema también carecía de impuestos a las ganancias de capital en el mercado accionario y cuando los implementó, los dejó sujetos a múltiples exenciones. En México no hay impuesto a las herencias. En varios estados se derogó la tenencia y el predial resulta insuficiente por cuestiones como esquemas de cobranza ineficaces, arcaicos.

La captación de recursos por parte del aparato fiscal estatal tampoco es eficiente ni tiene un fin, digamos utilitario, su diseño es tal que el efecto redistributivo o es mínimo o prácticamente nulo. Además, la política fiscal está orientada a gravar el consumo antes que el ingreso personal o empresarial.

Esto se traduce en la forma de golpes a los pobres, quienes, como ya vimos en los resultados de la ENIGH, tienden a gastar un porcentaje más alto de sus ingresos en cuestiones de consumo que los hogares relativamente ricos. Otra lectura de lo anterior es: quien más percibe es quien mayores beneficios recibe por parte del sistema tributario.

La desigualdad y la captura política que permite la riqueza, esto último es la intromisión de los ricos en la esfera del poder público para determinar cuestiones como el salario mínimo en el país, tienen consecuencias funestas en el desarrollo económico de la nación.

En México, dice Gerardo Esquivel, el aumento de la desigualdad redujo, esto en el período de 1985-2005, el crecimiento del PIB nacional en un monto acumulado de diez por ciento. Dicho de otra manera, aumentar la brecha existente entre los pudientes y los desposeídos produce bajas tasas de crecimiento económico, y el poco crecimiento que se consigue es patrimonio de unos cuantos.

La lógica de que el crecimiento beneficiará un día de estos a los pobres a través de una especie de goteo filtrada desde las capas superiores del ingreso a las inferiores no ha ocurrido en México.

La propuesta

Las propuestas de Esquivel, de Ricardo Raphael, del Banco Mundial, de la OCDE, apuntan en la misma dirección: se requiere la creación de un Estado social, uno que garantice el acceso a los servicios básicos para la mayoría de la población.

Se requiere una política fiscal progresiva y una distribución más justa, y un gasto atinado del gobierno en rubros como la educación y la salud. Se requiere ajustar la política salarial y laboral, así como fortalecer el nivel de compra del salario mínimo. La transparencia y la rendición de cuentas también hallan su lugar en el listado de necesidades.

Esa es la canasta básica de los cambios que México necesita para comenzar a darle un vuelco a la disparidad entre sus pocos privilegiados y sus millones de 'asalariados', 'indios', 'nacos', 'ignorantes' que no saben con quién se meten cuando se topan de frente con la prepotencia de un mirrey.

El 23 de julio el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social difundió los resultados de su medición de la pobreza para el período 2012-2014: 55.3 millones de mexicanos con pocos recursos, dos millones de aumento en comparación con la cifra de 2012; 46.2 por ciento de la población en pobreza, hace dos años era el 45.5 por ciento.

La alta marginación que hace dos años tenía a 11.5 millones de mexicanos en sus filas, ahora tiene a 11.4 millones.

En el informe de 2012, el Coneval observó que la población con escasos ingresos crecía a un ritmo anual de 250 mil personas al año, ahora el promedio anual es de un millón.

Quizá lo que más lastima de la situación del país, de sus pobres y sus ricos, es que todavía está cercano en el tiempo aquella promesa de bonanza extraída del subsuelo, el descubrimiento de un humilde pescador, de nombre Rudesindo Cantarell Jiménez.

Rudesindo murió en 1997, a la edad de 83 años. La leyenda dice que en agradecimiento por su gran servicio a la nación recibía una pensión de Pemex, nada ostentosa, por cierto.

El Siglo de Durango
Ciudad de Durango
Iván Hernández
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Sábado 1 de agosto de 2015.

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