Después del DF y Mérida, Puebla es la tercera capital del país con mayor población indígena. (Especial) Después del DF y Mérida, Puebla es la tercera capital del país con mayor población indígena. (Especial)

Revisan el paradigma de la educación intercultural a la luz de la diversidad étnica, lingüística y cultural en la ciudad de Puebla

Después del Distrito Federal y Mérida, la ciudad de Puebla es la tercera capital del país con mayor población indígena: cerca de 168 mil, los cuales en su mayoría son discriminados por su adscripción étnica en diferentes contextos nacionales.

Ante este panorama, integrantes del Cuerpo Académico Desarrollo de Habilidades Discursivas y Cognitivas (202), del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSyH) “Alfonso Vélez Pliego” de la BUAP, investigan cómo poner en práctica métodos educativos interculturales que reconozcan la diversidad étnica, lingüística y cultural de México. En esa dirección, primero desarrollaron investigaciones sobre educación indígena; después, a partir del año 2000, incursionaron en procesos de educación intercultural bilingüe.

Elizabeth Martínez Buenabad, líder de este cuerpo académico y responsable del proyecto colectivo “Escolarización indígena en Puebla. Entre procesos migrantes y diálogo de saberes interculturales”, apoyado por la Vicerrectoría de Investigación y Estudios de Posgrado, indicó que en los últimos tres años se ha fortalecido la red temática “Niñez y juventud en contextos de diversidad”, junto con la Universidad Michoacana San Nicolás de Hidalgo y la Universidad Veracruzana, a través de metas y acciones individuales y colectivas.

“Los tres cuerpos académicos tenemos en común la preocupación por la educación intercultural; asunto que día a día adquiere más importancia en el ámbito educativo latinoamericano. En México, el tema de la interculturalidad se ha ampliado cada vez más; de manera que abarca no sólo la educación indígena y las relaciones entre indígenas y mestizos, sino que amplía sus horizontes hacia distintos ámbitos de la diversidad cultural”, señaló.

Si bien el modelo intercultural bilingüe se destaca de programas anteriores por sus lineamientos que pugnan por una educación incluyente, su aplicación es prácticamente nula a más de quince años de su aprobación. Es común observar en los recintos escolares, de cualquier nivel, la ausencia de modelos que intenten articular los saberes de las distintas culturas; es decir, se sigue privilegiando una sola cultura, la occidental, y una sola lengua, el español, aunado al inglés.

Por consiguiente, agregó, se sigue dejando de lado uno de los propósitos básicos de la educación intercultural: construir una nueva ciudadanía, lo cual implica superar los paradigmas anteriores centrados en “alfabetizar” y “educar” al indígena.

“Estos pueblos milenarios han legado aportes invaluables en diferentes áreas del conocimiento, como la medicina tradicional, agricultura, literatura, biología, lingüística, astronomía y música, entre otras. Si nosotros, instalados desde nuestras instituciones educativas, aprovecháramos esos conocimientos ancestrales tendríamos una sociedad más enriquecedora de saberes y culturas”, afirmó la doctora en Antropología, por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).

Para establecer un proceso de educación intercultural, expuso, se debe comenzar por reconocer al “otro” y despojarse de métodos ortodoxos en los que la interculturalidad sigue siendo asimétrica y vertical, “en los que se sigue partiendo de la concepción de que el único portador de conocimiento y cultura dentro de las aulas es el docente y los únicos obligados a aprender son los estudiantes”.

Para lograr esa transformación es importante trabajar bajo el sistema de redes, nacionales e internacionales, que favorezca el intercambio de experiencias de investigación y saberes, así como el diálogo entre pares académicos –indígenas y no indígenas-, con la finalidad de proponer y aterrizar metodologías colaborativas y soluciones compartidas. Esto permitirá generar procesos de formación holísticos de niños, jóvenes y profesionistas.

“Actualmente, estamos dialogando de manera crítica con especialistas de algunas regiones de América Latina (particularmente Perú, Brasil y Chile) y desde luego con integrantes de la Red en Educación Intercultural (REDIIN) en zonas geográficas de México (Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Michoacán y Puebla, principalmente). A partir de estos diálogos, hemos replanteado las estrategias para profundizar en este tema que amerita toda la atención de un país intercultural. Un resultado de esto es la producción de textos escolares en coautoría con niños, padres de familia, profesores indígenas e investigadores, así como de otros materiales didácticos que han sido avalados por la propia Secretaría de Educación Pública”, precisó la integrante del Sistema Nacional de Investigadores.

La doctora Martínez Buenabad enfatizó que los cambios de modelos, paradigmas y metodologías tendrían que efectuarse, como bien lo afirma María Bertely, “desde abajo y desde adentro”, trabajando interculturalmente y no excluyendo los conocimientos de los pueblos indígenas, quienes en la mayoría de las ocasiones son vistos como un obstáculo para el desarrollo de la sociedad mexicana.

La académica del ICSyH contribuye a estas consideraciones estudiando cómo se atiende la diversidad étnica y cultural en la BUAP, como parte de los trabajos de la citada red y de la investigación colectiva en la que participan las doctoras Rossana Podestá y Antonella Fagetti, el maestro Gerardo del Rosal y estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras.

Los indígenas son extranjeros

Con el propósito de dar cuenta de la reconfiguración del mapa étnico, lingüístico y cultural en las aulas y en la ciudad de Puebla, generada por la migración de grupos indígenas del campo a la ciudad, la doctora Martínez Buenabad realizó un seguimiento longitudinal por más de seis años en la primaria “Emiliano Zapata”, ubicada en la colonia San José Los Cerritos, a un costado de la Central de Abastos. Éste le permitió tener una imagen más integral de la discriminación étnica, lingüística y cultural que se vive en esta zona.

Dicho estudio refuerza el análisis de la investigadora Cristina Oehmichen, quien trabajó con mazahuas en el mercado de La Merced, en el Distrito Federal y quien refiere: “Los indígenas son reconocidos como miembros de la nación y en otros contextos como extranjeros; son considerados miembros de la nación, pero carecen de derechos específicos; son incorporados como fuerza de trabajo, aunque generalmente en ocupaciones mal pagadas y carentes de derechos laborales; son residentes en las ciudades, pero se les conmina a que regresen a sus pueblos; tienen derecho a libre tránsito, pero su presencia en las ciudades es motivo de conflicto y se les considera extraños”.

La investigadora del ICSyH puntualizó que en el país existen más de 12 millones de indígenas, más de 62 grupos étnicos, 85 lenguas indígenas y más de 354 variantes; por tal motivo, “la educación escolarizada en ningún nivel debe ser homogénea. Encontrar problemas afines y puntos de encuentro y desencuentro, así como diálogos en común, es indispensable para construir discusiones epistémicas, proponer metodologías colaborativas y soluciones compartibles que enriquezcan la invaluable diversidad que nutre y caracteriza a nuestras sociedades y países plurilingües y multiculturales”.

Puebl@Media
Ciudad de Puebla
Viernes 10 de julio de 2015.

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