Puebla: La matanza del primero de mayo

Carlos Monsiváis    
    
Nota preliminar: Los textos que se publican en este número fueron escritos entre el 5 y el 7 de mayo. El suplemento se formó en la tarde del día 7. Tal anticipación —exigencias de taller— obliga a que el número aparezca cuando diversos acontecimientos han modificado la situación.

No de modo considerable sin embargo. La renuncia, patética, cínica y autocelebratoria de Gonzalo Bautista O’Farril el 8 de mayo ("Tengo la firme convicción de haber servido con lealtad y apasionada entrega al pueblo de nuestra entidad... Por mi cariño entrañable al Estado, mi indeclinable pasión a la paz y al progreso de la República...") no constituye sino una plataforma elemental en espera de primeros pasos. Creemos que la actitud planteada en estos textos no ha perdido validez o vigencia, porque, sin asumir como anecdótica la caída del responsable de los crímenes la juzgamos una parte mínima del proceso. Lo verdaderamente importante —la democratización y la transformación de las estructuras— está por venir.

¿Cuál podría ser una revisión, excesivamente sintética y rápida de algunas de las "lecciones" (para usar el lenguaje ejemplarizante de Bautista O’Farril) de los hechos dolorosos de Puebla? Una primera, que sin esta represión extrema difícilmente se hubiese obtenido la reacción unánime de lo que se conoce como opinión pública. Se requirió un año de continua y salvaje persecución de los universitarios por parte de la iniciativa privada, el clero y las autoridades poblanas para que brotase la respuesta nacional de un sector.

Con lo anterior no se pretende desde luego participar en el juego de moda, la "repartición de culpas". Sólo señalar, como ya lo hace en su texto Rolando Cordera, que una de las consecuencias de la despolitización es la internalización o internamiento de las reacciones ante los hechos represivos. De algún modo, la costumbre es aceptar como naturales los fenómenos limites, lo que se aplica tanto a la falta de respuesta ante el asesinato de Enrique Cabrera en diciembre del año pasado, como a la tranquilidad con que recibió en muchos sectores del Distrito Federal el alarde represivo usado al dispersar el miércoles 9 un intento de manifestación. Tal internalización es complicidad y voto directo: el apoyo evidente a las medidas arbitrarias, ilegales, represivas, es, sin duda, la incapacidad generalizada de advertir que se está frente a medidas arbitrarias, ilegales, represivas y declararse (críticamente) en consecuencia.

Los universitarios de Puebla manifiestan haber llegado a otra conclusión: aceptar como satisfactorio un logro muy parcial es rebajar el contenido de una lucha. Por lo pronto, ellos establecen con claridad sus exigencias inmediatas:

1.- libertad para los tres estudiantes presos en el penal de San Juan de Dios, por los hechos del primero de mayo.

2.- Desaparición de la anticonstitucional Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material (presidida por el exsenador Eduardo Cué Merlo y cuyo presupuesto de 25 millones de pesos, se ha dedicado, afirman los estudiantes, a la agresión directa contra la Universidad Autónoma de Puebla).

3.- Cese masivo de las policías municipal y estatal de Puebla.

4.- Aclaración total de los hechos del primero de mayo y consignación de los responsables.

5.- Indemnización a los deudos de los universitarios victimados en el año y 20 días del gobierno de Bautista O'Farril.

Nueva lección: sin que nadie la contradiga, la Dirección de Policía del D.F., asume las veces de vocero ideológico autorizado del régimen. En ese sentido hay que consignar las inadmisibles declaraciones de la Dirección (9 de mayo) donde, por su cuenta y nuestro riesgo, se decide:

a) Darle la razón a Bautista O’Farril en lo relativo a la "provocación" de los estudiantes poblanos el primero de mayo como parte de una “conjura" para desprestigiar los resultados de la gira presidencial.

b) "Definir" de un tajo la actividad del Partido Comunista y atribuirle —sin prueba alguna o sombra de prueba— enfrentamientos, secuestros y asaltos.

c) Asegurar como dato que establece el carácter de "conjura" de la manifestación, que se han "distribuido armas de fuego entre estudiantes". Tal dato como señala el editorial de Excélsior (10 de mayo) "fue desmentido por el hecho de que la policía, según información oficial, se presentaría desarmada a evitar la manifestación".

Todo es "lección" en el país de la acumulación de impunidades. La renuncia de Gonzalo Bautista será una caída política pero no es la aplicación de la ley. Se dice con el tono quedo de quien- sabe de política: "¿Qué peor castigo para un hombre que la pérdida del poder?" Y se agrega algo referente a la necesidad de no ser iluso. Lo que no se quiere advertir es que cualquier posibilidad democratizada se verá liquidada de antemano mientras se produzca en el vacío. ¿Qué credibilidad puede existir para un diálogo si continúan impunes los responsables del 2 de octubre, del 10 de junio, de los asesinatos de Culiacán, Monterrey y Puebla, de las incontables matanzas de campesinos? La urgencia oficial de cambio ha sido un proyecto quizás bien intencionado que ha demandado como prueba de confianza en la buena voluntad, nuestra amnesia. Porque crímenes de la naturaleza de los citados, de ninguna manera consienten la designación de "anécdotas" o "lamentables fenómenos inevitables en un proceso de crecimiento". Son definiciones esenciales de un sistema, no contingencias sangrientas.

Como sea, la tragedia de Puebla y la secuela de actos represivos que trajo consigo, han oscurecido de modo abrumador la actividad política tradicional. En lo referente a la triste y deprimente "campaña de diputados", lo más previsible ha sido lo más deplorable: ni una sola declaración de candidato alguno en torno a lo que es un hecho político de la más alta significación nacional y de las más drásticas consecuencias. Nada sorprendente, este silencio se integra a la perfección con el silencio profesional y vocacional de los candidatos, con su imposibilidad de emitir un programa y una ideología que demostrasen que la campaña es algo más que un trámite administrativo.

Frente al deterioro comprobable y creciente de un aparato político, el principio de un auge en las luchas democráticas de masas, la insistencia en la autonomía de movimientos campesinos y obreros. En este contexto, la defensa activa de la función crítica de las universidades es indispensable cultural y políticamente. Y esa defensa debe darse, tanto contra el impulso genocida de las oligarquías como contra el culto irracional de la violencia que practican grupos de provocación sectaria.

En un artículo de Excélsior (9 de mayo) Luis Villoro señalaba otra lección: "la amenaza del terror de la derecha no puede detenerse con la acción de grupos pequeños. Frente a ella existe sólo un antídoto: una organización de las fuerzas populares, con independencia del Estado, capaz de detener, mediante la acción de masas, la violencia". Siempre y al final de toda discusión o búsqueda de solución, se está llegando en México al mismo resultado. Una vez probada hasta el hartazgo la ineficacia de los viejos y viciados métodos políticos, el camino es la organización independiente y democrática de las masas. El tiempo es de las mayorías. Y por eso resulta, por ejemplo, tan inútil como demagógica la promesa del nuevo gobernador de Puebla, Guillermo Morales Blumenkron: "gobernaré para todos los sectores, pero en especial para el estudiantil". Ese trato preferencial (admitiendo que se llevase a cabo), contradeciría el sentido mismo de la actividad crítica de los universitarios poblanos. Lo que a ellos les importa, lo que intentaban demostrar al repartir, en pleno uso de sus derechos constitucionales volantes el primero de mayo, era su entendimiento práctico de que los tratos privilegiados, las minorías selectas, representan el México desgastado y ruinoso, cuya superación inmediata es la exigencia y la necesidad común. CM

***Revista, Siempre! Presencia de México, número 1039, 23 de mayo de 1973, pág. 2, suplemento La Cultura en México.

Puebl@Media
Carlos Monsiváis /Archivo.
Miércoles 6 de mayo de 2015.

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