Migrantes: Unos los expulsan y otros los cobijan

 Desayunador creado por ‘Kino Border Initiative’, proyecto de un grupo de estadounidenses, ante la profunda crisis que atravesaban los migrantes en su intento por llegar a Arizona. (EU) Desayunador creado por ‘Kino Border Initiative’, proyecto de un grupo de estadounidenses, ante la profunda crisis que atravesaban los migrantes en su intento por llegar a Arizona. (EU)

Estadounidenses reciben en Nogales, Sonora, a migrantes deportados del Estado considerado el más duro contra los indocumentados, Arizona

Nogales, Son.- Hay un pequeño comedor; hay una mesa larga y tres mujeres de cabellos dorados que sostienen un celular en sus blancas manos; hay una ciudad llamada Nogales, en el Estado mexicano de Sonora, donde tres pares de ojos azules se clavan en un joven de piel curtida por el sol y la tierra.

Su tono es pausado y su voz suave. Francisco Pacheco tiene la cara pequeña, y los pómulos salientes; larguirucho como una flauta, tímido. Pide una llamada muy lejos, “a Michoacán, a Cherán”, y una de las jóvenes —estadounidense— aunque no le entiende bien, extiende rápidamente su mano y le da un celular de plástico.

“Pancho” dice que tiene 18 años, y hace unas horas fue deportado. Su historia es así: durante siete días caminó acompañado de Alfonso, un niño de cara regordeta y mejillas de manzana, originario de Guerrero. Un pollero les prometió que por dos mil 500 pesos cruzarían por Agua Prieta a Arizona.

Se les acabó el agua y durante dos días no comieron nada; por eso a la hora de correr, desnutridos y sin fuerzas, se quedaron rezagados. La Patrulla Fronteriza los agarró y ahora están otra vez en Nogales.

Fueron deportados de Arizona, por la garita Mariposa, localizada en la zona montañosa de la frontera de Sonora. Les resulta curioso que al primer lugar al que llegaron cuando salieron de la puerta de deportaciones, en México, los recibió un sacerdote que apenas habla español.

Fantasearon por unos minutos, se sintieron en Estados Unidos. Pero no. Realmente llegaron al desayunador creado por la Kino Border Initiative, un proyecto impulsado en 2009 por un grupo de estadounidenses, ante la profunda crisis que atravesaban los migrantes en su intento por llegar a Arizona.

Francisco se encuentra herido: una protuberancia en su tobillo y un moretón que se extiende por toda su pierna parece que se gangrena. “Así no puedo cruzar, así no puedo llegar con mi hermano a Tennessee”, lamenta el joven. Sólo quiere un baño y llamar a casa, avisar que otra vez el destino lo abofeteó y necesita dinero para regresar.

“A Michoacán, a Cherán”, por favor. Alicia una de las tres jóvenes anglosajonas, voluntarias en el comedor, sonríe y mira con ternura a Francisco. Le da el celular, y lo deja alejarse; a llorar en privado, con alguien al otro lado del teléfono.

“¿Por qué colaboro con esta iniciativa? El Gobierno de Estados Unidos causa mucha violencia y no quiero ser parte de eso, quiero ser parte de la resistencia, estar en solidaridad con los migrantes. Entonces seguiré viniendo cada de semana para ayudar”.

APOYO BINACIONAL

El comedor no es muy grande. Cabrán unas 80 personas. De un costado a otro hay mesas de madera de unos tres metros de largo. Una pequeña cocinita, donde las amas y señoras son un grupo de monjas mexicanas amigables; dos baños con regaderas y una pintura en la pared alegra el lugar, donde 10 personas cenan contentas.

El Centro de Ayuda al Migrante Deportado es parte de la Iniciativa Kino para la Frontera, impulsada por jesuitas de California. Dirigido por el padre Sean Carroll —un hombre que ronda los 45 años de edad—, el lugar se ha convertido en el proyecto de ayuda migrante más importante a nivel binacional.

El padre explica que la idea surgió en 2006, cuando la provincia de California de La Compañía de Jesús y el Servicio Jesuita a Refugiados de Estados Unidos analizaron la posibilidad de iniciar un proyecto fronterizo para ayudar a los migrantes.

“Inauguramos la Iniciativa Kino para la Frontera en Nogales, Arizona, y Nogales, Sonora, en México, como respuesta a la necesidad de realizar un trabajo binacional para brindar ayuda integral ante la problemática de la migración”, en enero de 2009.

La Iniciativa Kino se ha convertido en uno de los programas de apoyo a la comunidad migrante más importante, porque ha sido financiada por organizaciones religiosas, de la sociedad civil y estudiantes en Estados Unidos, entre otras, y actualmente cuenta con un presupuesto de 638 mil dólares anuales.

Han permitido servir cada año más de 46 mil alimentos: unos 80 desayunos y 50 comidas por la tarde; han podido asearse, comer, y son atendidos de lesiones como pies severamente ampollados y deshidratación, luego de su paso por el desierto de Sonora.

LEYES CONTRA MIGRANTES

Históricamente, Arizona es uno de los estados más racistas de Estados Unidos, según activistas: en 2002 aquí empezó la primera ley antiinmigrante de la Unión Americana, en espacios públicos sólo se podía hablar inglés; en 2004 los indocumentados en hospitales podían ser deportados; desde 2006 se convirtió en el único Estado donde detienen a los indocumentados y no pueden pagar fianza.

En 2008 se aprobó una ley que establecía que quienes contrataran indocumentados serían sancionados; en Arizona también ejerce el poder el alguacil, Joe Arpaio, polémico por la persecución que ha emprendido contra los migrantes.

El padre Sean admite que algunos sectores de la población no están de acuerdo con que estadounidenses financien una iniciativa para apoyar a migrantes: “Hay gente que no está de acuerdo con lo que estamos haciendo, y lo expresan, por ejemplo, en artículos periodísticos”.

Justifican que están propiciando que no se cumpla con la ley, porque primero llegan aquí y después tratan de cruzar a Estados Unidos, por lo tanto, consideran que estamos cooperando con la actividad, explica el religioso.

Alicia, de 24 años de edad, una de las jóvenes que brinda atención telefónica en el comedor, es estudiante de la carrera en Salud Pública, de la Universidad de Arizona. Lamenta que algunas personas estén en contra de la ayuda humanitaria que se les brinda a los migrantes.

“Toda nuestra economía se basa en los salarios de personas extranjeras a las que normalmente no les pagamos lo suficiente para mantener nuestro estilo de vida, y eso no está bien. Lo menos que podemos hacer, es permitir que las personas tengan un pasaje seguro hacia Estados Unidos. Es racista y xenofóbico pertenecer a un grupo que está en desacuerdo con eso”.

Historias que no cesan: Deportados y sin comer

Laura Sánchez Ley

NOGALES, SON.- Es viernes y el desayunador Kino está repleto de gente. A las 12 de la noche deportaron un grupo grande de migrantes. Apenas los tuvieron unas horas en un centro de detención en Tucson, pero a ellos nadie les preguntó por qué cruzaron y fueron deportados inmediatamente.

Hacen fila para ingresar y recibir algunos alimentos; todos, aún abrazan una bolsa transparente que dice Homeland Security: la autoridad que se encarga de deportarlos, y donde llevan las pocas pertenencias que les quitaron.

Están formadas Catalina, una oaxaqueña que trabajaba en los campos de fresa en California. Atrás, Yolanda, su niña de 12 años, que recuerda cómo jugaron a las “escondidas” la noche que trataron de cruzar: “¡Salieron de los matorrales y dijeron ‘alto ahí’ bien chistoso y nos echaron las luces!”, ríe sin comprender lo que pasó.

Catalina está triste. Llora como quien tuviera 12 años como su Yolanda, para reír entre tanta desgracia. Tras vivir siete años en Estados Unidos y ganar 10 dólares por la caja de fresa, regresó por sus dos hijos. Tras ocho noches caminando en el desierto, la Policía Fronteriza los detuvo.

En la fila también está Blanca, una jovencita de 23 años. Pulcra, bonita y de ojos color negro intenso. Lleva un suéter café y unos pantalones ajustados. Arrebata miradas, a pesar de la tristeza generalizada. Aunque tal vez ella sea la más triste de todo el desayunador.

Hace unas horas entregó a su pequeña de un año de edad, Amairani, a una desconocida. “La señora se la llevó y la pasó, era una conocida de mi mamá que vive en California, con un acta de nacimiento falsa”. Sabe que llegó bien a Estados Unidos, pero nada más.

Ella la alcanzaría y todo estaba arreglado: llegó a una casucha en Nogales, donde pasó unas horas y entregó la “cuota”: cinco mil 500 pesos de adelanto. Se acomodó en un rincón y escuchó cómo a otra joven uno de los polleros le propuso que se acostara con ella.

“Empezaron a drogarse, a tomar. Me dio mucho miedo, y nos aventaron por un camino entre dos cerros, yo vi que en ambos lados estaba la Patrulla Fronteriza, pero el pollero se puso loco”, dice. No sabe si regresar con los mismos polleros, porque son los únicos que conoce.

Mientras tanto, en el desayunador Kino, voluntarias la consuelan, le dan de comer, hace varias llamadas y le ayudan a limpiarse las lágrimas, en lo que la delicada Blanca recobra las fuerzas y se enfrenta otra vez al grosero desierto de Arizona.

ENTÉRESE

Arizona es el único Estado donde los indocumentados detenidos no tienen derecho a pagar fianza.

EL UNIVERSAL
Nogales, Sonora
Jueves 08 de enero de 2015.

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