Fotonovela de un argentino que se perdió en México

Ordenando fotos de un viaje, se le ocurrió hacer con ellas una ficción. Que se convirtió en una novela destacada. (Archivo Puebl@Media) Ordenando fotos de un viaje, se le ocurrió hacer con ellas una ficción. Que se convirtió en una novela destacada. (Archivo Puebl@Media)

Premio Clarín de Novela. Esteban Seimandi, finalista con "Todas las generalas servidas del mundo".

Buenos Aires.- Un argentino es invitado a dar una conferencia en Hermosillo, México. Sin más motivaciones que el dinero prometido, parte a ese encuentro de publicidad de escaso brillo pero, apenas pisa suelo mexicano, una delirante sucesión de hechos fortuitos transforman el relato en una road movie con ribetes de novela negra. De figura invitada, el protagonista pasa, sin transiciones, a encarnar el papel de fugitivo indocumentado. Sus únicos aliados en ese país extraño son un dealer con un pasado glorioso como cantante de una banda juvenil, y un “compatriota” cínico y violento. Aunque su único deseo es volver a casa, se interna cada vez más en el submundo de la droga y el delito. Todas las generalas servidas del mundo es un relato que, con el ritmo de una película de acción, narra una ficción latinoamericana desde el punto de vista escéptico y desapegado de un argentino. Su lenguaje contemporáneo lo es más todavía por la inclusión de fotografías intercaladas en el texto, un indicio de los fuertes lazos con la cultura audiovisual de esta novela finalista del Premio Clarín, que será publicada bajo el sello Clarín–Alfaguara.

Mesa de bar de por medio su autor, Esteban Seimandi (Castro, Entre Ríos, 1969) publicista de oficio y escritor de toda la vida, confirma ese origen anfibio de su novela, entre la escritura y la imagen.

-¿Tu novela empezó con un blog?
-El blog me sirvió como si fuera un gimnasio, me creé la rutina de publicar todos los lunes un capítulo. Cuando decidí mandarla al premio la bajé del blog para conservar su carácter inédito. La novela empezó a partir de las fotos de viaje que saqué cuando fui a dar unas conferencias a Hermosillo y Tijuana, un aburrimiento total. Años después decidí ordenar esas fotos, empecé a escribir epígrafes, y de pronto empecé a mentir, ¡se metió la ficción! Acá hay algo dije, una fotonovela, no sé. Y empecé a reordenar las fotos de manera que contaran una pequeña historia. La novela fue escribir los espacios vacíos entre esas fotos. Lo curioso es que esas fotos funcionan como prueba de algo que es mentira, funcionan de forma totalmente espuria.

En el adn literario de Seimandi se mezclan la publicidad con el entrenamiento en talleres de escritura, con Guillermo Saccomano, pero también en dramaturgia, con Mauricio Kartún, y guión de cine, con Aída Bortnik. Tiene tres novelas inéditas –que dice no querer publicar–, y tres libros de relatos, escritos a partir de los dibujos de Hugo Horita: Animalia extinta, Rayos y Bellas y bestias. Aquí hay un punto en común con esta novela: “la combinación con la imagen es mi fuente de inspiración –dice Seimandi–. Pienso de manera audiovisual”. Pero, además, es el coautor de un gran best seller: el Proyecto Cartele, “un colectivo fotográfico de carteles extraños de la vía pública” que antes de Facebook y flickr, convocó a compartir fotos y lleva 50.000 ejemplares vendidos de distintos libros.

Así como las fotos fueron el disparador de la escritura, también le dieron el final de la novela. “Me escribí con mis amigos mexicanos y les pedí datos sobre cosas inverosímiles, como la estatua que llaman ‘La Mona’ y que tiene adentro una casa: en la novela es la casa de un narco pero en la realidad es la de un artista. Yo no tenía el final. El personaje es un héroe inepto, le van pasando cosas y el tipo no las resuelve nunca. Lo único que quiere es volver a su país. Mis amigos me mandaron tres fotos más, y esas fotos me llevaron al final.”

–Tu novela tiene un ritmo muy ágil, ¿eso tiene que ver con tus modelos literarios?
–Tiene el formato del folletín, quería que cada capítulo tuviese algo divertido, no quería descripciones que no hicieran avanzar el drama. Leemos haciendo una película. En Conversación en la catedral Vargas Llosa salta de un lugar a otro. El montaje lo hacés en tu cabeza.

–Un argentino perdido en México. Lograste escribir una novela argentina y latinoamericana.
-Una banda que me interesa es Café Tacuba. Hay algo en el lenguaje que no entendés pero adivinás. Uno está tan metido en el inglés, por las películas, conocés Cincinatti, Tucson Arizona pero no sabés dónde queda Trenque Lauquen. El inglés es como una lengua materna, en cambio, el mexicano suena más extranjero que el inglés. Es otro idioma.

-¿Cómo hiciste para incluir ese otro idioma de manera tan verosímil?
-Viajé sólo dos veces. Ahí aprendí tres o cuatro palabras y después fue investigar, ver películas, me bajé diccionarios de lenguaje coloquial. Quería que el libro les gustara a estos amigos mexicanos, que no se ofendieran, entonces intenté evitar los estereotipos. El narco de mi novela es, al mismo tiempo, un alumno ejemplar, que vive de engañar a los gringos.

-El personaje del compatriota, ¿quién lo inspiró?
-El compatriota es parte de una experiencia común, que en el extranjero los compatriotas te dan vergüenza.

Clarín
Revista Letra Ñ
Alejandra Rodríguez Ballester
Buenos Aires, Argentina
Sábado 13 de diciembre de 2014.

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