Los poderosos que blindaron al pedófilo Jeffrey Epstein Featured

 Donald y Melania Trump, junto a Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell, en Florida (EE UU), en 2000. GETTY IMAGES Donald y Melania Trump, junto a Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell, en Florida (EE UU), en 2000. GETTY IMAGES


Para poder cautivar a sus víctimas, el millonario se rodeó de famosos entre ellos Donald Trump, Bill Clinton, Woody Allen, Naomi Campbell y hasta Stephen Hawking


Jeffrey Epstein tenía el perfil perfecto para que la alta sociedad neoyorquina le abrazara sin hacer preguntas. Se ganó la reputación de ser un financiero de éxito, un filántropo comprometido y un pensador. Así le veían el expresidente Bill Clinton o el príncipe Andrés de Inglaterra. Hacía funcionar el dinero y de esta manera estableció un poderoso círculo de conexiones que protegió su trama pedófila, mirando a otro lado.


Epstein apareció muerto en su celda el 10 de agosto. El forense determinó que se ahorcó. Estaba solo y los guardias que le vigilaban no comprobaron su estado durante ocho horas. Tras el suicidio, la investigación se centró en identificar a los cómplices que le ayudaron a reclutar a decenas de menores de las que abusó en su mansión en el Upper East Side.

No son pocos los que ven en su muerte un incidente conveniente con el que se llevó sus secretos a la tumba. El primer nombre que emerge es el de Ghisleine Maxwell, como presunta madame. La hija del magnate británico Robert Maxwell salió con el financiero al poco de mudarse a Nueva York hace casi dos décadas. Los documentos judiciales alegan que tras romper empezó a captar a jóvenes para saciar su apetito sexual.

En la trama, en base al recuento hecho por los investigadores, se cita a Nadia Marcinkova. La antigua modelo yugoslava vivió con el financiero y participó en las orgías. También se menciona como asistentes personales a Sarah Kellen, Adriana Ross y Lesley Groff. Ninguna de las cuatro mujeres fue imputada por los fiscales.

Tampoco Ghisleine Maxwell. Fue ella quien le presentó al duque de York. Los dos se hicieron buenos amigos. No era la única conexión que tenía con la realeza británica. La lista incluye a Sarah Ferguson, entonces mujer del príncipe Andrés, y a Charles Althrop, hermano de la princesa Diana. Los tres nombres aparecen en su agenda personal y en el registro de vuelo del Lolita Express, su avión privado.

Epstein era educado y carismático. Solía celebrar fiestas para políticos, empresarios y celebridades en sus mansiones en Manhattan, Palm Beach y Nuevo México. Para probar su influencia, exhibía las fotos de figuras como Woody Allen, Naomi Campbell y Jean-Luc Brunel. Montó incluso conferencias científicas en su isla privada en el Caribe a la que asistieron personalidades como Stephen Hawking.

Jeffrey Epstein debía su fortuna a Les Wexner, el patrón del grupo que controla Victoria´s Secret y Pink. El empresario le confió todo su patrimonio. La mansión donde residía, escenario de los abusos, perteneció antes al magnate de la moda y este le transfirió la propiedad en 2011 sin que tuviera que pagar un dólar. Wexner acabó rompiendo los lazos con Epstein hace más de una década.

Su gusto por las adolescentes fue un secreto a voces durante años en Nueva York. Solía presentarse ante sus invitados acompañado por tres o cuatro jóvenes que parecían estar dentro del límite de edad tolerable. Donald Trump llegó a decir “es alguien con quien uno se divierte mucho” y al que le gustaban las mujeres guapas tanto como a él.

La última en denunciar los abusos es Mary Doe. Cuenta que el financiero hablaba de sus amistades para intimidarlas. “Me arrebató mi inocencia sexual frente a un muro lleno de fotografías enmarcadas de él dando la mano y sonriendo con celebridades y líderes políticos”, afirma. Le prometió que utilizaría sus conexiones para ayudarle a abrirse camino como modelo y estudiar en Harvard.

Pero nadie hizo preguntas. Jeffrey Epstein tuvo la astucia de establecer relaciones con personas que le daban credibilidad, como la doctora Eva Andersson-Dubin. Bill Clinton usó varias veces su avión privado. El actor Kevin Spacey y el comediante Chris Tucker también formaron parte de ese estrecho círculo, hasta el punto de que viajaron juntos por África para un proyecto de la Fundación Clinton.

El entorno de Trump y Clinton se apresuró a decirtras su arresto el pasado julio que hacía más de una década que no se hablaban ni se veían con Epstein. La justificación coincide con el momento que fue condenado por prostituir a una menor. El pedófilo convicto logró, tras salir la primera vez de prisión que se borrara la idea de que era un depredador sexual y su reputación, de hecho, parecía ir al alza al volver a Nueva York.

Aunque solía ser discreto sobre sus amistades, alardeó de su relación con el príncipe saudí Mohammed bin Salman, hizo de facilitador de donaciones de Bill Gates al MIT Media Lab y proclamó que aconsejó a Elon Musk cuando tuvo problemas por sus tuits. Pero pese a describirse como un multimillonario, nunca llegó a estar a la altura de la gente con la que se codeaba y el dinero que donaba era de otros.

Los abogados de Maxwell tratan ahora de impedir que se publiquen documentos en el marco de una demanda por difamación que citan cientos de nombres relacionados con Epstein. Mientras, las víctimas piden a los que se cruzaron en la vida del pedófilo que cooperen para poder desvelar los secretos que se llevó a la tumba y poder depurar así responsabilidades entre sus más inmediatos colaboradores.

LA PELEA ENTRE DONALD TRUMP Y EL FINANCIERO

Cuando salió a la luz la actividad criminal de Jeffrey Epstein con niñas menores de edad, varias de las grandes figuras de la política y las finanzas cercanas el inversor marcaron distancia. Uno de ellos fue el presidente estadounidense Donald Trump, quien en 2002 dijo a la revista New York que conocía a Epstein, “un tipo estupendo”, desde hacía más de 15 años, y que este había visitado varias veces el lujoso club privado del republicano Mar-a-Lago en Palm Beach. “Se dice que le gustan las mujeres hermosas tanto como a mí, y muchas de ellas son más jóvenes”, afirmó Trump. Cuando reabrieron el caso a mediados de este año, el mandatario fue menos generoso: “Lo conocía como lo conocían todos en Palm Beach”. Sostuvo que no hablaban desde hacía 15 años porque se habían peleado. “Yo no era un admirador suyo, eso lo puedo decir”, repetía a los periodistas a principios de julio. Por el momento, Trump no se ha pronunciado sobre el suicidio del financiero.

El País
Nueva York
Sandro Pozzi
Domingo 24 de noviembre 2019.

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