Roberto Gómez Bolaños: el hombre que reinventó la letra CH

 El diccionario de la lengua española le debe a Gómez Bolaños haber enriquecido el glosario de la letra Ch. (Archivo) El diccionario de la lengua española le debe a Gómez Bolaños haber enriquecido el glosario de la letra Ch. (Archivo)

La importancia de la letra Ch, se debe a que se trata de un fonema que aparece en los idiomas aborígenes precolombinos, especialmente en el náhuatl

Nota preliminar: El siguiente texto (con el título más sucinto) fue publicado originalmente en el periódico El Espectador y en el sitio Letralia en marzo de 2012 con mis apellidos de pila y fue un homenaje en vida de quien podríamos pensar como la versión latinoamericana de Chaplin, genio del humor cuyo nombre también se iniciaba con la letra Ch. Don Roberto, otro grande que se fue, Q.U.E.P.D. (Ch).

Chanfle

La letra Ch fue jubilada antes de tiempo y dejó de aparecer como letra autónoma e independiente para convertirse en apéndice de la letra C, conforme a la determinación de un Congreso de Académicos de la Lengua hace algunos años. Pero hubo un momento en que esta letra fue importante y  vale la pena a manera de homenaje, recordar al hombre que en su momento redimensionó aquella que muchos todavía consideramos el cuarto símbolo del alfabeto castellano.

En el año 2007 en la Feria del Libro de Bogotá, los autores que tuvieron sus títulos como los más vendidos fueron Gabriel García Márquez y Roberto Gómez Bolaños. Gracias a la presencia física de la celebridad mexicana se rompió el récord de asistencia de público al recinto ferial, promoviendo una avalancha de personas ávidas de tener un ejemplar autografiado de “Sin querer queriendo” o “El diario del Chavo del 8”, los textos escritos por Gómez Bolaños.

Una persona muy seria y aplicada (quien seguramente no tenía la pésima costumbre de ver televisión en su infancia), me preguntaba por qué una feria literaria tan importante como la de Bogotá, había tenido entre sus invitados a un comediante famoso por sus programas infantiles. Quizás, le contesté algo sorprendido e irónico, porque ese hombre, conocido por todos como “Chespirito” alias Roberto Gómez Bolaños, es un creador (la creación es la semilla de la poesía), una persona que no sólo reivindicó la letra Ch, sino que puede atribuirse la autoría de un catálogo de expresiones que repiten desde ciudadanos comunes y corrientes hasta gobernantes e intelectuales. Un escritor de miles de cuartillas, convertidas en diálogos, en escenas dramáticas o cómicas, inventor de personajes que varias generaciones de latinoamericanos llevamos en el recuerdo.

La vocación del escritor mexicano Roberto Gómez Bolaños por la letra CH (hasta el punto de encerrarla en un corazón), puede deberse a su estatura, chaparrito como dicen en su país; por su afición al deporte de las chatas; a su talento natural para ser chistoso desde la temprana edad, es decir, desde muy chamaco. Una explicación más sería diría que la importancia de la letra Ch, se debe a que se trata de un fonema que aparece en los idiomas aborígenes precolombinos, especialmente en el náhuatl la lengua de los antiguos mexicas o aztecas.

En México efectivamente, se han acuñado muchos términos con la cuarta letra de nuestro alfabeto, pero quizás nadie como el hombre que convirtió su simpatía personal y su inclinación por el ingenio humorístico en opción profesional, manifiesta en miles de libretos divertidos. El diccionario de la lengua española le debe a Gómez Bolaños haber enriquecido el glosario de la letra Ch. “Chespirito”, el “Chavo del ocho”, el “Chapulín Colorado”, el “Dr. Chapatín”, el “Chómpiras” y muchos personajes más.

El escritor se ha encargado de explicar el origen de su amor por la Ch. Alguna vez un productor de la televisión mexicana al observar su capacidad para escribir le dijo que él era una especie de Shakespeare en chiquito, un Shakespirito que se convirtió en Chespirito. En la galería de los recuerdos imborrables, siempre van a sobresalir tanto “El Chavo” como “El Chapulín”. El niño de la calle, del barrio, de la cuadra, el que vivía en el universo de un barril, a quien no se le conocieron padres, pero sí un grupo inmortal de amigos. Así como el superhéroe latinoamericano armado con su chipote chillón, el más querido en medio de su despistada inocencia. ¡Cuántos recuerdos chanfle! Perdón, porque se me chispotió.

En toda América Latina, somos aficionados a la letra Ch, desde Argentina, en donde esta letra es sinónimo de amigo. En Colombia no somos la excepción, hasta el punto que los señores Arias y Troller publicaron el “Diccionario de la Ch”. El fanatismo por esa letra, viene posiblemente desde los tiempos de los Chibchas, cuando en estas tierras se tomaba chicha; es una letra que nos parece chusca, chévere por su sonoridad, apropiada para los chascarrillos de Roberto Gómez Bolaños

Roberto Gómez Bolaños, curiosamente sin letra Ch en su largo nombre, aficionado a los deportes para compensar su pequeña talla, campeón de fútbol estudiantil (por aquello de chutar la pelota), aprendiz de ingeniero y como algunos formados en las ciencias exactas -a pesar del coqueteo con los números, ganado para el universo de las letras. La Academia de la Lengua suele hacer congresos y homenajes a los escritores consagrados, pero no estaría de más un día de estos, reconocer a quien agregó varias palabras al vocabulario más querido, el de la niñez, multiplicando dichos y refranes como “Sin Querer Queriendo”, título del libro de memorias del escritor Roberto Gómez Bolaños.

El Espectador
Bogotá, Colombia
Dixon Acosta Medellín
Domingo 30 de noviembre de 2014.

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