Peñafiel y la verdadera tragedia de Tehuacán

 Peñafiel y la verdadera tragedia de Tehuacán. (Especial) Peñafiel y la verdadera tragedia de Tehuacán. (Especial)


Martín Barrios   

Defender a la empresa Peñafiel no es sinónimo de hacerlo por Tehuacán. Estás defendiendo a la transnacional Keuring Dr Pepper, la cual la compró hace rato a Cadbury Schweppes. Y tiene décadas que dejó de ser propiedad de clan local alguno. El chovinismo es propio de nosotros, los tehuacaneros, y lo somos de manera exagerada y radical.

¿Por qué no en lugar de defender a una empresa extranjera defendemos nuestros acuíferos? A esos que ponen el grito en el cielo por la campaña mediática, empresarial y gubernamental contra la empresa, no los veo indignarse por todo el daño ambiental que han generado las granjas de los Romero o los maquileros y sus lavanderías, incluyendo a ilustres familias de las castas divina y beduina que gobiernan hoy por medio de un junior del clan de la segunda y que andan con la transformación de quinta.

Cierto es que se ha machacado que en algún momento fuimos el "Primer Centro Hidromineral de América Latina". Les recuerdo: "Fuimos". Sé que nos sentimos orgullosos de alguna manera de nombres como Etiqueta Azul (Aguas de Tehuacán). ¿Saben dónde estaba esa refresquera? Garci-Crespo, Balseca, San Francisco, San Lorenzo, El Riego o la impugnada Peñafiel. La mayoría ya ni las conoce ni las conoció. Desaparecieron. Las quebró la apertura comercial, el TLCAN. Es decir, el neoliberalismo que ahora defienden. "Yo le soy fiel a mi Peñafiel". Eso ya no existe. Le eres fiel a tu gusto por el azúcar y fiel al Dr Pimiento.

A los que nacimos en los setenta, aparte de estar en una época en que Led Zeppelin rocanroleaba a todo volumen, Argentina ganaba el mundial por una decisión de la dictadura militar, nacía el punk rock y la asquerosa música disco, nos tocó en nuestra infancia todavía ver la entonces próxima a desaparecer industria refresquera local y a Tehuacán de otra forma, sin el horrible Paseo ni el Dr Pepper apoderado de nuestros manantiales. (Los maquileros empezaron a chingarse por esos años el agua con las modas del stone wash provenientes de California).

Así que quienes vivíamos por Aguas de Tehuacán podíamos ir a llenar en carretillas o cualquier artefacto nuestros garrafones de vidrio, ya que aún no padecíamos la peste del plástico como ahora. La calle de atrás de Aguas de Tehuacán siempre estaba encharcada y sulforosa de los restos hidrominerales, y era común que en todas las escuelas nos llevaran a ver el proceso de embotellamiento. Todos los chamacos salíamos bien contentos con nuestros refrescos y con el recorrido. En esas épocas las empresas eran de capital local y a pesar de sus políticas clásicas de charrismo sindical, sentíamos que en efecto eran nuestros refrescos.

Etiqueta Azul tronó en 1987. La planta estuvo cerrada varios años hasta que llegó la alianza de Kamel Nacif con sus paisanos Haddad, ya en plena globalización, para instalar Tarrant Apparel Group en esta región. Esta planta ahora está llena de locales de comida china, taquerías y otros negocios, justo frente la tienda de Aurrera por la vía que intersecta Independencia y Héroe de Nacozari. Ya nadie le dice "Aguas de Tehuacán". "Me bajas en "Bodega" es la instrucción al chofer de las combis y microbuses.

En 2003 tuve la suerte de asesorar el primer movimiento obrero en esa maquiladora, en lo que fue la histórica "Aguas de Tehuacán". Más de mil obreros se salieron del redil empresarial y del control del charrismo sindical para crear un parteaguas disidente en la industria de la confección. Pero esa es otra historia que se la cuento luego.

En donde ahora está la decadente y artificial plaza comercial estuvieron antes las plantas 7 y 8 del emporio del prófugo Rey de la Mezclilla ¿A que se dedicaban? A explotar el acuífero que está debajo del actual Cinépolis, desperdiciando y ensuciando de azul millones de litros de agua diariamente, todo esto porque antes estaba ahí la planta de refrescos Balseca. Esto es la globalización, que destruye todo a su paso, incluyendo la identidad de nuestro pueblo. Y así vimos la caída y destrucción de una industria local por lo menos centenaria. El último cierre significativo fue el de Garci-Crespo hace menos de una década. Esto fue un cierre patronal con la complicidad de la CROC y en el que salieron perdiendo los obreros.
¿Y los que defienden a Dr Pepper pensando que defienden Tehuacán, también van a defender a los obreros de esa planta que viven bajo un contrato de protección sindical de la CROM?

Hablando de eso, del tema obrero en la industria refresquera, me cuenta mi jefa que cuando era niña y estudiaba en el Centro Escolar la maestra les decía: "Aprendan a ser puntuales, porque en el futuro Ustedes van a ser los obreros de esta ciudad". En esa época no había maquilas, todos eran obreros refresqueros. Y no lo decía con burla o desdén. Porque los obreros en esa época tenían mejores condiciones laborales, el poder adquisitivo del salario era mejor que hoy en día, a pesar de que de ese mundo salieron las familias dueñas del charrismo sindical que siempre han sido paleras de los patrones tehuacaneros.

Mi tío Ernesto fue trabajador dela industria. Repartía el producto en ese tipo de camionetas parecidas a las "julias" de los policías en otros tiempos. Así conoció todo el país. Mi tía Martha, de niña, junto con otros infantes proletarios pelaban las mandarinas para Peñafiel, el cual entonces sí era de fruta. A los niños del barrio les daban la fruta como pago. Ellos utilizaban la cáscara. Esto porque la periferia acababa en la vía, la que llevaba la fruta a la empresa.

Todo esto muchos años antes de que el pueblo de San Nicolás Tetitzintla dejara de ser una milpa hermosa e interminable.

Y justo ahora recuerdo que a la una de la tarde siempre sonaba el silbato de Aguas de Tehuacán. Un sonido tan común en mi niñez como el tren que pasaba frente a la casa.

¡Defendamos nuestra agua! ¡No a las empresas que la saquean y contaminan!

Mundo Nuestro
Martín Barrios
Tehuacán, Puebla
Miércoles 1 de mayo de 2019.

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