La Izquierda en Puebla


Enrique Aguirre Nieto

Como hace 58 años, la Puebla de los Ángeles está combatiendo contra la Puebla de Zaragoza, decía el célebre escritor mexicano Carlos Fuentes, a propósito del conflicto en la UAP entre los liberales denominados Carolinos y los conservadores agrupados en el Frente Universitario Anticomunista (FUA), o Yunque, en la década de los sesentas del siglo pasado.

Fuentes describe de manera precisa la génesis de lo que más tarde daría origen al florecimiento de la izquierda poblana, permeada por el pensamiento progresista de la Revolución cubana, el sindicalismo internacional, los ideales traicionados de la revolución mexicana y el anarquismo local enarbolado por los hermanos Flores Magón.

Fueron años, décadas, de trabajo político para la formación de cuadros de miles de jóvenes universitarios que, más tarde, como sociedad civil, persistieron cultivando el pensamiento crítico y acariciando utopías para alcanzar una sociedad más justa y equitativa.

Si bien es cierto que los cambios y las grandes transformaciones sociales las hacen las masas o los grandes conglomerados, en su momento hubo destacadas personalidades que jugaron un papel preponderante para conducir las marchas y la lucha en defensa de las ideas. Liderazgos como los de Horacio Labastida, Julio Glockner Lozada, Sergio Flores, Luis Rivera Terrazas, Enrique Cabrera, Alfonso Calderón y Alfonso Vélez, por mencionar a algunos, determinaron la altura de miras de lo que es y ha sido la Izquierda en Puebla.

Definida de este modo, la izquierda poblana tiene orígenes bastante claros. Pero es su solidez moral, intelectual y política lo que le ha dado sustento y vigencia hasta nuestros días.

Por tanto resulta tragicómico, por decirlo de algún modo, que oportunistas, charlatanas, ladinos, mercenarios, depredadores, demagogos y toda suerte de escoria social, enfundados en chalecos amarillo y negro, con las iniciales del PRD (Partido de la Revolución Democrática) se autoproclamen de izquierda y pretendan acomodarse en alguna parte de la estructura política de la entidad.

Salvo en sus inicios, allá por la década de los ochentas del siglo pasado, esa agrupación política jugó un papel decoroso procurando abrir espacios democráticos para dar voz y representación a grupos sociales desplazados.

En Puebla el PRD nunca consiguió ser una fuerza política real, pues su triste papel fue meramente electorero, siempre subordinado a los grupos de poder, mismos que le asignaban sus respectivas cuotas de representación en el Congreso y en las regidurías de los ayuntamientos.

A las desventuras y deslavadas “conquistas” producto de una estructura viciada de origen, las tribus y cacicazgos políticos, iniciaron un rápido deterioro de la agrupación, de tal suerte que, a escasas tres décadas de su creación, hoy está al borde del exterminio.

Puebla es tal vez el peor espejo en donde se puede reflejar ese partido regenteado por “los Chuchos”, grupo de vivales que vaciaron a la agrupación de todo contenido y al más puro estilo del “Partido Verde Ecologista” se dedicaron a subastarlo para su venta al mejor postor.

La ambición desmedida de Jesús Ortega y sus secuaces, que habían descubierto la fórmula mágica de enriquecerse, sin trabajar, se descarriló cuando en sus mercenarias vidas apareció Rafael Moreno Valle Rosas, para entonces, autócrata gobernador del estado de Puebla. Para desgracia del clan perredista, toparon con alguien más ambicioso e inmoral que ellos.

La izquierda poblana, que en algún momento había convergido con los postulados del perredismo en México, abandonó a su suerte al PRD para quedar reducido a un mero membrete en donde los  hijos de Antonio Gali y otros excelsos ejemplares de la ultraderecha poblana encontraron cabida para acceder a diferentes cargos de representación popular.

Hoy, el PRD ya sin su cacique de cabecera; usados, ultrajados, burlados por los devaneos del morenovallismo, no atinan a calcular los límites de su miseria. No saben si persistirán en su alianza con la ultraderecha local, que se apropió del PAN en Puebla, o van solos, en su corto recorrido de seis meses antes de caer al precipicio. Ya lo decía el Güero Pacheco: “Al que obra mal…”

Puebl@Media
Enrique Aguirre
Ciudad de Puebla, Mx.
Lunes 4 de febrero de 2019.

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