Demócratas recuperan la Cámara de Representantes y debilitan a Trump Featured

Un peatón pasando ante el edificio del Capitolio, en Washington, este martes, día de las elecciones legislativas. ZACH GIBSON AFP Un peatón pasando ante el edificio del Capitolio, en Washington, este martes, día de las elecciones legislativas. ZACH GIBSON AFP


La ola de enfado contra el presidente cala en las urnas, pero los republicanos están en proceso de mantener el control del Senado

Las primeras proyecciones de las elecciones legislativas apuntan a que el Partido Demócrata ha recuperado este martes el control de la Cámara de Representantes de Estados Unidos tras ocho años de mayoría republicana y deja debilitado lo que queda de mandato de Donald Trump, aunque que los conservadores mantienen el Senado. El descontento con el presidente, uno de los gobernantes más impopulares y divisivos de la historia reciente, ha movilizado a los votantes progresistas en unos comicios marcados por la alta participación y reflejo de un tiempo nuevo. A falta de los resultados finales, sobre las 11 y media de la noche, los datos ya mostraban que los estadounidenses han escogido un Congreso con más mujeres y más diversidad racial y religiosa que nunca.

La conquista de la Cámara baja por parte de los demócratas mueve las placas tectónicas en Washington. El presidente ha gobernado hasta ahora desde la Casa Blanca con la tranquilidad de que al otro lado de la Avenida Pensilvania también reinaban los suyos, pero el cambio de mayoría conlleva muchos problemas para el republicano. Los demócratas podrán bloquear la aprobación de leyes, ya que requieren el visto bueno de ambas partes del Capitolio. También disponen de la potestad necesaria para iniciar investigaciones sobre Trump y sus negocios e incluso impulsar un proceso de destitución o impeachment, que difícilmente prosperaría, porque necesita dos tercios de los senadores. La oposición a Trump podrá impulsar sus propios proyectos legislativos, aunque luego se dé de bruces con el muro republicano en el Senado.

Llegó la llamada ola azul, color con el que se identifica al partido de Barack Obama y Hillary Clinton, pero no con la suficiente fuerza como para arrastrar la Cámara alta, una empresa sumamente difícil en tanto que solo se renovaban 35 de los 100 escaños y la mayoría, 26, eran demócratas. Así, aunque lograron arrebatar plazas republicanas como la de Colorado, perdieron otras, como la de Indiana. En Texas, Beto O’Rourke estuvo a punto de dar la campanada y convertirse en el primer senador demócrata de ese bastión conservador desde los años 80, aunque acabó derrotado: Ted Cruz fue reelegido senador del Estado fronterizo.

Sí se rompieron otras barreras invisibles este martes en Estados Unidos. El primer gobernador abiertamente homosexual del país salió elegido en Colorado: Jared Polis; Tennessee envía por primera vez al Senado a una mujer; Alexandria Ocasio-Cortez, de Nueva York, se convierte, con 29 años, en la mujer más joven elegida nunca en la Cámara de Representantes y la victoria de Rashida Tlaib en Michigan significa la llegada del primer musulmán al Capitolio. Han sido unas legislativas distintas de la mayoría, como son muchas cosas en la era Trump. El voto anticipado registrado a un día de la cita se disparó (34,5 millones, un 50% más que en 2014, según la CBS), señal de un nivel de participación mucho más elevado de lo habitual.

Ahora los demócratas leerán los resultados con cuidado y tratarán de buscar algunas respuestas que indiquen cuál es el camino a seguir en 2020, cuando vuelve a elegirse al inquilino de la Casa Blanca. Las elecciones de medio mandato siempre destilan aroma a plebiscito, pero estas lo han hecho especialmente, ya que Trump se ha colocado en el centro de la campaña, como candidato omnipresente en múltiples mítines. También suelen servir de castigo al presidente. Salvos escasas excepciones, los partidos del Gobierno siempre han perdido escaños desde Franklin D. Roosevelt. En el caso de Obama, en 2010, los demócratas perdieron la mayoría de la Cámara de Representantes, aunque la debacle llegó en 2014, cuando el dominio conservador aumentó en dicha Cámara y se extendió al Senado.

Trump ha llegado a esta cita electoral con un ratio de aprobación del 40%, una tasa sorprendentemente baja para un presidente que están viviendo una de las fases expansionistas de la economía más prolongadas de la historia. La campaña electoral ha reflejado el clima de crispación. La buena marcha de la economía, con el nivel de paro más bajo desde la guerra de Vietnam, consistía en su gran baza electoral, pero el magnate neoyorquino trató de contrarrestar la movilización de los demócratas azuzando a sus bases con el discurso contra la inmigración, vinculando a los sin papeles con la violencia y haciendo uso de su poder presidencial, al enviar a más de 5.000 soldados a la frontera.

Mientras, los demócratas trataron de desmarcarse de un debate, el migratorio, en el que solo pueden perder, ya que, según los sondeos, sus votantes apoyan la inmigración, pero no lo premian en las urnas. Los candidatos de todo el país lucharon por centrar el discurso en los asuntos sociales en los que sus programas tienen más que ganar, los problemas del sistema sanitario, los escasos frutos que la mejora económica deja en las clases más desfavorecidas o las políticas regresivas que se están abriendo paso en EE UU en materias como el aborto o los derechos LGTB. Las encuestas a pie de urna revelaron que mientras que republicanos votaron pensando en la inmigración, los demócratas lo hicieron con la sanidad.

El País
Amanda Mars
Washington, DC, EU.
Martes 6 noviembre de 2018.

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