Montserrat Caballé, en la Ópera de París, en su 60 cumpleaños. PIERRE VERDYAFP Montserrat Caballé, en la Ópera de París, en su 60 cumpleaños. PIERRE VERDYAFP


Cuando Maria Callas declinaba como artista, una vez retirada de los escenarios, alguien le preguntó quién sería, en su opinión, la cantante que recogería su testigo como la voz más sensacional de la ópera y la más delicada del repertorio lírico-dramático, una inquisición comprometida que la Callas solucionó con una respuesta clara y sin dudarlo un instante: "Only Caballé", fue lo que dijo, y desde ese momento Montserrat Caballé quedó bendecida como una diva inapelable.

Hacia el final de su vida, su prestigio personal quedó dañado por la condena a seis meses de cárcel, dictada y ratificada en 2015 por el juzgado de lo penal número 13 de Barcelona, por haber defraudado a Hacienda evitando el pago de impuestos por fijar su residencia habitual, de manera fraudulenta, en Andorra, y por la que tuvo que pagar más de 250.000 euros de multa. Pero si dejamos lo mundano a un lado, y reivindicamos lo mucho que hizo por el arte, hacía años que Caballé había sellado otro pacto, este con la eternidad. Dotada de una voz cálida, clara y potente, fue la gran estrella internacional femenina de la ópera durante dos décadas de plenitud, y una figura central en la recuperación del bel canto italiano de principios del siglo XIX, una corriente de revival que había comenzado a gestarse en los años 50 -con Maria Callas- y que ella consolidó haciendo suyos papeles esenciales como Elvira (I Puritani), Norma o Lucia di Lammermoor.

Formada en las tablas del Gran Teatre del Liceu, el poder de comunicación de Caballé rápidamente fue reclamado en los grandes coliseos líricos del mundo -del Metropolitan de Nueva York a la Royal Opera House de Londres-, y en paralelo desarrolló una abundante producción discográfica que todavía marca la pauta en cuanto a interpretaciones excelentes del gran repertorio italiano del siglo XIX: bel canto, verismo y las grandes óperas de Verdi. No obstante, también dejó su huella en la recuperación del repertorio clásico del XVIII -principalmente Gluck y Mozart- e hizo interesantes incursiones en la ópera barroca.

Retirada de los escenarios desde la década de los 90, a los que sólo volvió en ocasiones puntuales, su leyenda nunca se ha apagado, y tenía desde hacía años ganado un puesto en el olimpo de las grandes voces de la ópera, y ganando fans en espacios inesperados -Freddy Mercury, el líder de Queen, gran aficionado al género, insistió en que fuera ella quien cantara con él en su canción olímpica Barcelona-.En la mañana del 6 de octubre, tras mucho tiempo alejada de la vida pública y afectada de problemas de salud que se fueron agudizando en los últimos años, falleció en su ciudad, Barcelona. La cantante se encontraba ingresada desde mediados de septiembre en el centro y el funeral será el lunes al mediodía en el tanatorio de les Corts, mientras que el velatorio será este domingo a partir de las 14.00 horas en el mismo centro, según fuentes funerarias.

María de Montserrat Bibiana Concepción Caballé i Folch, por su nombre completo está considerada como una de las mejores sopranos del siglo XX. Elegida doctora Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) en septiembre de 1999, su carrera comenzó a reconocerse cuando le llamaron para sustituir a una colega e interpretar Lucrecia Borgia en el Carnegie Hall de Nueva York (Estados Unidos).

El Mundo
Javier Blánquez
Barcelona, España
Sábado 6 de octubre de 2018.

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