A un año de poderoso terremoto en Ciudad de México Featured

A un año de distancia del terremoto de 7,1 grados que mató a 369 personas. (Archivo) A un año de distancia del terremoto de 7,1 grados que mató a 369 personas. (Archivo)


Damnificados aguardan reconstrucción de sus hogares

Dentro de una enorme carpa a mitad de una calle, Petra Puebla despacha desayunos mientras habla de lo que ha sido su vida desde que hace un año el poderoso terremoto que sacudió a la Ciudad de México destruyó su condominio.

     A sus 65 años, durmió por meses sobre un catre en una pequeña tienda de campaña, usó el baño de una estación de gasolina y se duchó en las regaderas de un gimnasio; de ser cuidadora de ancianos se convirtió en la mujer de cofia y cubrebocas que atiende un comedor para sus vecinos damnificados.

     "Estaba muy deprimida porque se siente feo ver que uno no tiene nada, que todos los propósitos que uno tenía se fueron abajo", expresó a Xinhua.

     Petra es uno de los cientos de residentes de un conjunto de 10 condominios en el sur de la capital, conocido como multifamiliar "Tlalpan", que se quedaron sin hogar por el sismo del 19 de septiembre de 2017, uno de los más mortales en la historia reciente de México.

     Sólo el edificio donde la mujer vivía desde hace una década se derrumbó por completo en el conjunto; sin embargo, los otros nueve sufrieron daños que orillaron al gobierno de la ciudad a evacuar a las 500 familias.

     A un año de distancia del terremoto de 7,1 grados que mató a 369 personas, la mujer y los demás vecinos aguardan a la reconstrucción de su condominio y la rehabilitación del resto para habitarlos de nuevo, una tarea que autoridades les han dicho que tardará unos 14 meses en completarse.

     "Primero Dios me preste la vida regresar a mi departamento y ahora sí empezar otra vez a trabajar porque el dinero se acaba", señaló.

     Recordó que a ella el sismo la sorprendió en el este de la ciudad y cuando regresó a su edificio lo encontró destruido, con cientos de rescatistas y voluntarios sobre las ruinas sacando gente herida y muerta.

     Nueve personas fallecieron bajo los escombros del condominio de cinco niveles, entre ellos dos niños y una señora con la que Petra conversaba cada que se encontraban en el área de lavado.

     "Me quedé como ida porque veía mucha gente, pero no sabía quiénes eran. Ver todo caído ahí, digo ¿Y ahora?", relató.

     La mayoría de los condóminos se refugiaron con sus familias o rentaron en otras partes de la ciudad; sin embargo, Petra y una veintena más de vecinos acampan desde el sismo en un parque y una cancha a orillas del conjunto.

     Ya no duermen en tienda de campaña como en los primeros meses, pues hace medio año una organización y estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) le construyó a la mayoría de ellos casas de madera, baños y regaderas.

     En su pequeño hogar provisional, Petra tiene una cama y un frigobar que le regalaron porque de entre los escombros sólo pudo recuperar un portafolio con sus documentos, una fotografía y una pintura.

     A diario se levanta temprano para servir tres veces al día guisados, pan y café en el comedor habilitado en la enorme carpa frente a su casa, en la calle que separa el conjunto habitacional del campamento.

     "No me pagan, estoy de voluntaria", platicó y agregó que los alimentos que reparte son llevados por autoridades de la ciudad.

     El terremoto que también cimbró otros cinco estados del centro y sur del país derribó unos 38 edificios en distintas zonas de la Ciudad de México y dañó cientos más, como los pertenecientes al conjunto habitacional construido en 1957.

     Hasta agosto pasado, el gobierno de la ciudad había demolido 62 inmuebles que ya no eran habitables, tenía en curso el derribo de cuatro más y estaba por iniciar los trabajos para tirar otros 12, según su Comisión para la Reconstrucción.

     De acuerdo con esa autoridad, los inmuebles ya demolidos albergaban cientos de departamentos, oficinas, locales y casas que en suma equivaldrían a 395 pisos, una cantidad que representa siete veces la altura del rascacielos Torre Mayor de la ciudad.

     Después de un año la herida abierta por el sismo no ha terminado de cicatrizar para los capitalinos, pues el 54 por ciento de los habitantes presenta secuelas sicológicas y vive con temor a otro terremoto, según una reciente encuesta del organismo Consejo Ciudadano local.

     El sismo ocurrió justo el mismo día en que se cumplieron 32 años del devastador terremoto del 19 de septiembre de 1985 que cobró más de 10.000 vidas y destruyó cientos de edificios en la capital mexicana.

     En el multifamiliar "Tlalpan", los trabajos de reconstrucción comenzaron en julio pasado con cargo al presupuesto local luego de que los residentes se unieron y demandaron mediante protestas apoyo a las autoridades.

     Detrás de una cerca de madera que protege el enorme predio se observa actualmente maquinaria en el terreno que ocupó el edificio 1C, que es el que se colapsó, y trabajadores de obras en algunos de los otros edificios vacíos que serán rehabilitados.

     Roberto Zárate, un pensionado que usa bastón para caminar, vivía en uno de esos edificios dañados desde que el conjunto se inauguró hace 60 años; sin embargo, a partir del terremoto acampa en el parque igual que Petra.

     "Es la necesidad porque las rentas están muy caras y no tengo para pagar una renta de un cuarto", explicó Roberto, de 85 años de edad y ex empleado público jubilado desde hace tres décadas.

     De su departamento conserva una fotografía de su padre cuando era joven y un crucifijo que colgó en una pared de la casa de madera que ocupa; el resto de sus muebles los guardó en una bodega por la que paga 3.000 pesos mensuales (159 dólares) desde que los evacuaron.

     Su hogar provisional luce una cama, una mesa de plástico y un sillón que una amiga le regaló cuando tuvo que dejar su hogar por el terremoto, el segundo de gran magnitud que México enfrentó el año pasado en un lapso de 12 días.

     Roberto narró que la vida cambió bastante a partir de ese momento y que en el campamento se sufre a consecuencia del frío y la lluvia, pero que no tiene miedo.

     Dijo que mantiene la esperanza de volver al departamento que habitaba solo, aunque cree que la reparación de su edificio tardará más tiempo del que los constructores estiman.

     "Dios mediante, yo regreso", manifestó el anciano.

Xinhua
Luis Brito
Ciudad de México
Martes 18 de septiembre de 2018.

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