Daniel Ortega, el caudillo sandinista que quiere ser como Somoza Featured

 Daniel Ortega, el dictadorzuelo miope de Nicaragua que se mantiene en el poder a sangre y fuego. Llegó como el “Che”; se irá como Anastasio Somoza. JORGE TORRES EFE Daniel Ortega, el dictadorzuelo miope de Nicaragua que se mantiene en el poder a sangre y fuego. Llegó como el “Che”; se irá como Anastasio Somoza. JORGE TORRES EFE


Tras pasar siete años en prisión, Ortega luchó contra el dictador Anastasio Somoza y tomó Managua en 1979 para convertirse en un héroe de la izquierda, una especie de Che Guevara centroamericano sin carisma

"Hemos logrado finalmente ir venciendo el odio". Daniel Ortega reapareció el viernes en la caravana bautizada como el 'repliegue por la paz' para disparar sus llamadas a la reconciliación. Vestía cazadora y gorra azul -pese a que los colores del sandinismo son el rojo y el negro y pese a que usa el blanco de forma reiterada- como si se tratara de un pastor evangélico intentando conducir a la fuerza un inmenso rebaño de seis millones de nicaragüenses. Un rebaño que ya no le quiere. "Retomemos el camino de la paz, el único que nos dará tranquilidad. ¡Qué viva Nicaragua bendita y siempre libre!". Las palabras del presidente centroamericano, de 72 años, contrastaban una vez más con la realidad: a esa misma hora sus tropas policiales y sus huestes paramilitares comenzaban un nuevo ataque despiadado contra los rebeldes.

El aparato oficialista de propaganda, que cuenta con la generosa ayuda de periodistas venezolanos y medios chavistas, no puede ocultar una realidad que salta a la vista entre represión, asesinatos y torturas. Por mucho que se empeñen, nada queda del guerrillero Daniel Ortega, aquel revolucionario que, tras pasar siete años en prisión, luchó contra el dictador Anastasio Somoza y tomó Managua en 1979 para convertirse en un héroe de la izquierda continental, una especie de Che Guevara centroamericano sin carisma, pero respaldado por un gesta.

Un Che Guevara sin carisma

Los papeles han cambiado hoy. La epopeya de los sandinistas del siglo XX la protagonizan ahora los jóvenes rebeldes que resisten en las calles con el apoyo de obispos valientes, que recuerdan a Monseñor Óscar Romero o a los jesuitas españoles de Ignacio Ellacuría. En cambio, Daniel Ortega, envejecido por el tiempo y el poder, cada día se parece más al dictador que derribó. El otoño del patriarca sandinista manchado por la sangre de las más de 300 víctimas mortales que arroja la rebelión de abril. El fracaso del hombre empeñado en pasar a la Historia como un Fidel Castro de los primeros tiempos y que hoy lucha con todas sus fuerzas para que no le comparen con el rey haitiano Henri Christophe, retratado por Alejo Carpentier como un tirano enloquecido.

Mucho se ha escrito sobre el líder sin brillo que se mantuvo al frente del sandinismo durante una década, primero como hombre fuerte y después como presidente, mientras que su vicepresidente, el escritor Sergio Ramírez, intentaba cambiar la vida diaria de uno de los países más pobres del continente.

La sorprendente derrota electoral en 1990 frente a Violeta Chamorro obligó al caudillo a iniciar una larga travesía de 17 años en el desierto político, de la que salió con la lección aprendida y en la que soltó tanto lastre que a su lado solo queda uno de los comandantes sandinistas triunfantes en la guerra civil.

Acusado de violación

Fueron años de sucesivas derrotas electorales y de acusaciones, no solo por la rapiña que dirigentes sandinistas llevaron a cabo antes de abandonar el poder. La sombra de su hijastra, Zoilamérica Narváez, persigue a Ortega desde entonces. La hija de la vicepresidenta Rosario Murillo denunció al mundo que su padrastro abusó sexualmente de ella desde los 11 años. El sumario del caso, que se mantuvo durante años en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, describe aberraciones de tal dimensión que provocarían de forma automática el fin de cualquier político. Menos el de Daniel Ortega, un superviviente que ya suma 22 años en el poder y varias operaciones a corazón abierto. El escándalo no impidió que el aliado de los Castro y de Hugo Chávez se mantuviera en primera línea, gestando acuerdos en la sombra con antiguos enemigos, ya fuera la Iglesia o los empresarios.

El bisturí legislativo acondicionó las leyes electorales a su medida, lo que facilitó su regreso al poder en 2007.Desde entonces Nicaragua vive una nueva época, bajo el control autoritario del aparato de poder sandinista. Los petrodólares del chavismo mejoraban la economía local mientras Ortega hacía suya la hoja de ruta de Chávez y Maduro: control de todos los poderes públicos y persecución de la oposición.

Las polémicas elecciones presidenciales de 2016, similares a las vividas este año en Venezuela, atornillaron a la fuerza a la pareja presidencial y a sus ocho hijos. Hasta que la inesperada rebelión de abril situó al líder máximo frente a su espejo más grotesco, el que le iguala con el dictador que tanto odió. Como ese cartel, pegado en las paredes de Managua, que grita 'Ortega y Somoza, la misma cosa', y en el que ambos, ensangrentados, parecen el mismo.

El Mundo
Daniel Lozano
Managua / Madrid
Domingo 15 julio de 2018.

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