Los enjuagues, negocios y gatuperios del obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda

03 Abr 2011 Puebl@Media
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Iglesia
¿Por qué el obispo Onésimo Cepeda simularía un préstamo de 130 millones de dólares a Olga Azcárraga, una viuda millonaria, benefactora de los sacerdotes y poseedora de una valiosa colección de pintura?

Por Emiliano Ruiz Parra

Esta historia trata de la muerte sospechosa de una viuda millonaria, la disputa de una colección de pinturas valiosísimas y, en el centro, un poderoso jerarca de la Iglesia católica que podría pisar la cárcel por simular un préstamo de 130 millones de dólares. El asunto empezó el 21 de noviembre de 2003 con la muerte de Olga Azcárraga Madero. Doña Olga se distinguió por su ferviente devoción religiosa, que la llevó a ayudar a sacerdotes de zonas rurales y marginadas del país. Gracias a ella, curas de zonas miserables habitaron casas dignas, continuaron sus estudios o sobrellevaron la vejez con decoro. Doña Olga, además, reunió un lote de cuarenta y dos pinturas de enorme valor, entre las que había de artistas como Kahlo, Orozco, Rivera, Tamayo e incluso obras de Kokoschka, Sorolla, Picasso, Chagall y Modigliani.

A la muerte de Olga Azcárraga se inició la disputa por las pinturas. Un testamento ubicaba a Jaime Matute Labrador, administrador y sobrino político de doña Olga, como su albacea y heredero universal. Pero la Suprema Corte de Justicia de la Nación lo invalidó, y con ello quedó firme otro testamento que beneficiaba a un grupo más amplio de parientes.

La familia se partió en dos bandos: en uno de ellos se sostuvo que la voluntad de Olga Azcárraga fue legar las pinturas a sus obras de beneficencia religiosa. Y en el otro se dijo que esa voluntad de doña Olga, en caso de ser cierta, no es jurídicamente válida, porque Olga Azcárraga Madero no era la propietaria de los cuadros, sino Arthinia Internacional, una sociedad anónima constituida en Panamá como tenedora del valioso lote de pinturas. Y, de acuerdo con esa interpretación, aun cuando Olga Azcárraga presidió Arthinia, no podía disponer de sus activos sin consultar con la junta directiva de la sociedad.

Y ahí fue donde apareció la figura clave de la historia: Onésimo Cepeda Silva, el obispo de Ecatepec que ha sido novillero, golfista, abogado, casabolsista, sacerdote socialista de la teología de la liberación, sanador de ciegos y cojos, portavoz del Episcopado Mexicano y, de acuerdo con sus críticos, próspero empresario y capellán del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Monseñor Cepeda declaró, en 2004, que él "haría todo lo necesario" para que se cumpliera la voluntad de Olga Azcárraga. Y hoy, a más de seis años de esa declaración, el Octavo Tribunal Colegiado en materia penal está por definir si ratifica la decisión de un juez federal, en el sentido de que Onésimo Cepeda Silva y Jaime Matute Labrador, el sobrino político, sean aprehendidos por la falsificación de un pagaré de 130 millones de dólares.

Como si fueran cuadros para una exposición, aquí se cuentan dos historias entrelazadas que son una sola: la disputa legal por las pinturas y el perfil de Onésimo Cepeda Silva, el primer obispo mexicano de la historia reciente que podría ser fichado por un delito penal en caso de que persista su actitud de rechazar un acuerdo extrajudicial con sus acusadores. Y aun cuando no purgaría su pena en reclusión por ser mayor de setenta años —tiene setenta y tres—, de ser hallado culpable debería cumplir con arresto domiciliario en el Distrito Federal.

Le enfurece perder. En el ajedrez, si el jaque mate se ve venir, preferirá aventar el tablero antes de ser derrotado. Si pierde en el golf o en el tenis, el coraje se puede traducir en horas de silencio. En los volados nunca pierde, pero siempre lanza sus propias monedas y se asegura de cantar águila. Sus desplantes han sido públicos: en una elección de presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, cuando sus candidatos se vieron derrotados, se levantó, pateó la silla y abandonó la reunión. Cuando no le concedieron orejas a su protegido, el matador Xavier Ocampo, le mentó la madre a los jueces de la Plaza México. Y si las cosas no salen como quiere, puede sumirse en profundas depresiones de las que no sale en tres o cuatro días, como le ocurrió tras haber terminado sus estudios de Teología en Friburgo: había establecido contacto con el obispo de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo, y habían hecho una cita en Europa, a la que el prelado no llegó. Y de la misma manera que tiene una memoria prodigiosa para los agravios más triviales, puede desconocer a quienes fueron sus más cercanos.

Onésimo Cepeda tiene también un carácter bohemio —canta a Chava Flores— y divertido: sus colegas lo recuerdan contando los chistes más atrevidos, para luego dar unos pasos hacia el altar y actuar como un santo. La lectura no es su pasión, pero tiene un oído fino en las conversaciones sobre libros, y después habla de ellos como si los hubiera leído. Y miente por hábito, como cuando era párroco en San Antón y les decía a sus colegas que tenía que ausentarse periodos largos para tratarse enfermedades crónicas o severísimas, pero después aparecía en las secciones de sociales de los periódicos, retratado en algún torneo de golf mientras vacacionaba con sus padres.Onesimo

El hombre que ha puesto a Onésimo Cepeda con un pie en la cárcel se llama Raúl Fernández-Arche Cano. Es sobrino de Raúl Cano Faro, el primer esposo de Olga Azcárraga Madero. Arche Cano —como lo llama su abogado, Xavier Olea Peláez— interpuso una denuncia por fraude procesal contra Onésimo Cepeda y Jaime Matute Labrador el 15 de octubre de 2008 ante la Procuraduría del Distrito Federal en su carácter de apoderado legal de Arthinia Internacional, S.A. Esta sociedad, constituida en 1976 en Panamá, es una offshore con un capital de sólo veinticinco mil dólares, cuyo objeto, explica Olea Peláez, consistía en ser la tenedora de la colección de valiosas pinturas que Olga Azcárraga fue reuniendo durante su vida. Para 1982, Arthinia ya era propietaria de cuarenta y dos obras de arte, que adornaban la casa de Olga Azcárraga en Monte Cárpatos 830.

En 1998, Olga Azcárraga se convirtió en presidenta de Arthinia, con su hermano Rogerio como vicepresidente y su sobrino Jaime Matute Labrador como secretario tesorero. Los apoderados de la offshore eran Matute —a quien se le revocaron los poderes el 28 de mayo de 2004— y Rogerio Azcárraga Madero, hermano de Olga y presidente de Radio Fórmula.

Olga Azcárraga murió el 21 de noviembre de 2003. De acuerdo con el relato de Arche Cano, Rogerio Azcárraga y Matute hicieron un inventario de las pinturas que estaban en Monte Cárpatos 830 y, unos días después, el 3 de diciembre, ambos "se hicieron entrega dolosamente a sí mismos de veintisiete obras de arte". Ese día Rogerio Azcárraga se llevó, "al parecer", once cuadros, según dijo Xavier Olea Peláez en una entrevista para la televisión. El resto se las llevaría Jaime Matute Labrador a su casa. Las otras quince pinturas terminaron en el patrimonio de Acción Generosa en Regiones Especiales (Agere), "supuestamente" donadas por Arthinia Internacional, siempre según la versión de Arche Cano. Para entonces, la presidenta de Agere era Patricia Cortina Azcárraga, la esposa de Jaime Matute Labrador.

Pero la avenencia inicial entre Rogerio Azcárraga y Matute Labrador no duraría mucho. Poco después de la muerte de doña Olga apareció un testamento en el que Jaime Matute Labrador quedaba como albacea y heredero universal de los bienes de la millonaria. Rogerio Azcárraga lo impugnó ante los tribunales y ganó. Jaime Matute Labrador se inconformó repetidamente. El caso llegó hasta la primera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Los ministros invalidaron el testamento a favor de Matute por unanimidad. En la sentencia se dice que el testamento carece de testigos y no se distingue la firma de la testadora de la firma del notario. En esos juicios, uno de los testigos a favor de Jaime Matute Labrador era el obispo Onésimo Cepeda Silva. Ese hecho, dice Arche Cano, abona a la tesis de que ambos estaban coludidos.

Su padre, Onésimo Cepeda Villarreal, presidió la Barra Mexicana Colegio de Abogados en 1967 y fue fundador de la Asociación de Banqueros de México al lado de Luis G. Legorreta, Alberto Mascareñas y Francisco Medina Mora. Fue secretario de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores durante cuatro sexenios: con Alemán, Ruiz Cortines, López Mateos y Díaz Ordaz. Cepeda hijo me presumió que no hubo un solo fraude en ese periodo: "Para que vean que nosotros no hacemos fraudes pendejos", me dijo cuando lo fui a ver en diciembre pasado a la catedral de Ecatepec para pedirle una entrevista sobre el caso.
Onésimo Cepeda se ha encargado de difundir sus precoces éxitos que anteceden a su toma de hábitos religiosos. En su biografía de la página de internet de la diócesis de Ecatepec cuenta que se graduó con honores en la preparatoria. Dice que fue el gerente más joven en la banca privada de México, al ocupar ese cargo en el Fiduciario Banco de Londres a los veintiún años y que, mientras estudiaba Filosofía, trabajaba al lado de uno de los hombres más ricos de México: Carlos Trouyet (Xavier Olea me dijo que Onésimo fue novio de su hija Milou Trouyet). A los veintisiete años fundó, con Carlos Slim, Inbursa, "donde también colaboraron Alfredo Harp y Roberto Hernández", dice su biografía.

No lo escribe en su página, pero a sus amigos les ha dicho que él le vendió a sus socios su participación accionaria en Inbursa por un peso, y les dijo que se iba de sacerdote porque "había que hacer algo por los pobres".
Onesimo
La vida sacerdotal no era ajena a Cepeda. Antes de ser un joven banquero asistió al seminario menor con los Misioneros de Guadalupe. Por eso, en un encuentro de ex seminaristas de los Misioneros de Guadalupe anunció que quería retomar la carrera sacerdotal. Los Misioneros —una orden mexicana que se dedica a llevar el culto guadalupano fuera del país— advirtieron el potencial de Onésimo y lo admitieron en el Instituto de Filosofía y después lo apoyaron para que se fuera a Friburgo, Suiza.

Pero si los misioneros esperaban que Onésimo regresara a formar parte de su congregación, se llevaron un chasco. Allá, sin avisarles, tomó las órdenes menores y se contactó con Sergio Méndez Arceo, el sacerdote ideólogo de la teología de la liberación, quien lo ordenó en Cuernavaca el 28 de octubre de 1970.

La muerte de Olga Azcárraga y su primer testamento, en el que legaba sus bienes a Jaime Matute Labrador, quedaron envueltos en la sospecha. El columnista de negocios Alberto Aguilar lo consignó así en su columna Nombres, Nombres y Nombres del periódico Reforma del 20 de mayo de 2004. Escribió: "Un grupo de familiares de esta mujer ligada a la filantropía iniciaron gestiones para impugnar el testamento en el que quedó como albacea y heredero universal el financiero Jaime Matute […] Se estima que el legado se dio en circunstancias ‘sospechosas', puesto que se hizo ante un notario del Estado de México, Jesús Orlando Padilla Becerra, y no con Tomás Lozano, quien fue su notario de cabecera. También quedó fuera su madre Balbina Madero viuda de Azcárraga, a quien mantuvo hasta su muerte. Se asegura que ya se investigan también varias quejas administrativas que hay contra el notario Padilla Becerra. El legado de Azcárraga Madero incluye unas 30 obras pictóricas, con un valor de al menos 20 millones de dólares […] Según esto, al momento de su fallecimiento Matute era el único que la acompañaba y éste, se asegura, tenía un adeudo con Doña Olga por más de tres millones de dólares, a saldar una semana después".

Unos días después, el 2 de junio de ese mismo año, Aguilar volvió a escribir en su columna: "Le comentaba de las gestiones que ya realiza la familia de Olga Azcárraga Madero para impugnar el testamento en el que quedó como albacea y heredero el financiero Jaime Matute […] Lo que se persigue es que tanto Matute como su abogado Alejandro Ortega devuelvan unas 30 pinturas con un valor de unos 20 millones de dólares, para continuar con la obra de la Fundación Grupo Agere".


Las vidas de Onésimo Cepeda y de Sergio Méndez Arceo son dos péndulos que corren hacia lados contrarios, pero que se encuentran en un punto. Méndez Arceo fue un sacerdote tradicionalista que se convirtió a la teología de la liberación. Onésimo militó en la izquierda —fue parte del grupo Sacerdotes para el Pueblo— y dio el giro al sector conservador de la jerarquía mexicana hasta consolidar su amistad con personajes como el delegado apostólico Gerónimo Prigione; el superior de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, y el cardenal Norberto Rivera.

Durante algunos años, Onésimo Cepeda caminó junto a Méndez Arceo, quien además de ser un líder político-religioso era un intelectual de primer nivel, con membresía en la Academia Mexicana de la Historia. El obispo de Cuernavaca le asignó su primera parroquia en Huitzilac y luego en San Antón y lo hizo presidente del Consejo Presbiteral en Cuernavaca. Onésimo, para darle mayor realce a su cargo, se presentaba como "presidente del clero" de la diócesis y como el asesor político del obispo, según recuerdan sus colegas de esas épocas. No fue reelegido en el cargo —le vino una depresión de varios días—, su relación con sus dos colegas de San Antón empezó a desgastarse y Méndez Arceo lo trasladó a Santa Catalina.

Onésimo se convirtió al movimiento carismático, que hace énfasis en la intervención del Espíritu Santo y sus milagros. Méndez Arceo descalificaba esa línea por su inclinación a las emociones y a la milagrería. Pero la parroquia de Santa Catalina se convirtió en un polo de atracción para quienes no simpatizaban con la teología de la liberación. Por su ubicación en una zona residencial fue también próspera por los turistas que iban a Cuernavaca a pasar el fin de semana. Onésimo la hizo un centro de irradiación de la línea carismática: "Sabes que no estoy de acuerdo, pero te tolero", le decía Méndez Arceo de su nueva pertenencia. Y efectivamente lo toleraba. Cuentan que si alguien le llevaba una queja sobre Cepeda, o una denuncia de que el sacerdote había obrado incorrectamente, el obispo interrumpía la conversación o los regañaba porque estaban cometiendo un pecado contra la caridad.

Pero cuando Juan Jesús Posadas Ocampo —quien moriría asesinado en el aeropuerto de Guadalajara— llegó a Cuernavaca a sustituir a Méndez Arceo y nombró a Onésimo su secretario canciller, Cepeda inició la operación para desmantelar el mendezarceísmo en la diócesis. En 1995, ya como obispo de Ecatepec y de visita en Cuernavaca, Onésimo declaró que la teología de la liberación conducía a la violencia porque reivindicaba la lucha de clases.

Olga Azcárraga Madero le escribió a su abogado, Alejandro Ortega Rivero, una carta en la que determinaba que las pinturas fueran vendidas para que el dinero se destinara a su obra religiosa. Le refirió "[…] ya les comuniqué a Rogerio y a Jaime que los estoy nombrado apoderados mancomunados para que cumplan mi voluntad. Deberán vender los cuadros y, lo que se obtenga, repartirlo […] En la fundación de la cual es apoderado Jaime Matute, deseo que los cuadros que doné el año pasado a ésta sean utilizados para patrimonio de mi obra de ayuda a la Iglesia, la cual estará a cargo de Jaime y de mi sobrina Patricia. En Agere deberás nombrar a mi sobrina Patricia Cortina Azcárraga en mi lugar, ya que considero que ella es la única suficientemente apegada a Dios con la ética, los valores espirituales y morales para continuar mi obra". La carta se encuentra protocolizada ante el notario público 103 del Distrito Federal.

Después de Huitzilac, Sergio Méndez Arceo trasladó a Onésimo a San Antón. Onésimo tenía ángel para llevarse con los chavos banda de la colonia, con quienes bromeaba y a quienes atraía al templo. Cuando la policía detenía a algún joven y lo trasladaba a los separos de la Policía Judicial, Onésimo se apersonaba en las oficinas, sacaba un mazo de cartas y los retaba al póquer. Si ganaba, se llevaba a los jóvenes de regreso a la libertad.

El delito por el que se acusa a Onésimo Cepeda y a Jaime Matute es el de fraude procesal, que significa hacer incurrir a una autoridad judicial en un error por medio de un acto jurídico simulado. El acto jurídico simulado sería el pagaré presuntamente falso, y el error judicial inducido es la decisión de un juez civil de "embargar los derechos litigiosos" de Arthinia Internacional con base en ese pagaré, que presentó como prueba Jaime Matute Labrador. De ser hallados culpables, la pena que Onésimo y Matute enfrentarían sería de seis meses a seis años de prisión.

Onésimo Cepeda hizo ver a los ciegos, oír a los sordos y caminar a los cojos. Dejó el relato de su conversión al movimiento conservador de la Renovación Carismática Cristiana en su testimonio "Quiero que me suceda a mí", recopilado en el libro Testimonios sacerdotales del también carismático José H. Prado Flores (Rodrigo Vera lo reseñó en abril de 1989 en Proceso). Cuenta que cuando era mendezarceísta sólo hablaba de un cambio social y estructural, pero que se había olvidado que era un sacerdote de Jesucristo. Entonces conoció a un grupo de carismáticos que lo invitaron a rezar, y les pidió que oraran por él. "Lo que ha sucedido con ustedes quiero que también me suceda a mí —les dijo—. Al comenzar la oración yo le repetía al Señor: Quiero sentirme totalmente tuyo, Señor. Pocas veces había llorado en mi vida, sólo en algunas ocasiones, pero de coraje o rabia. En esa ocasión lloré como un niño, hasta que dejé un charco de lágrimas".

Una vez convertido, Onésimo hizo de su parroquia de Santa Catalina centro de irradiación de la Renovación Carismática. Su comunidad creció muy rápidamente, hasta que se decidió a convocar a una misa de sanación. Dice: "En eso, se levantó una señora que estaba ciega, diciendo: ‘¡Padre, veo, veo!'. Luego se levantó un cojo, enseguida un sordo. Por todas partes de la iglesia el Señor hacía sus maravillas".

Patricia Cortina Azcárraga demandó a su tío Rogerio por robo. Lo acusó de haber sacado una parte de las pinturas de casa de Olga Azcárraga. En agosto de 2004 le dijo al reportero Carlos Avilés, de El Universal, que le había acarreado muchas dificultades cumplir con la voluntad de su tía, y que sus familiares y amigos la calificaban de demente. Afirmó que había recurrido al cardenal Norberto Rivera y al obispo Onésimo Cepeda; al primero, para pedirle asesoría sobre el destino del dinero. De Onésimo le dijo que su tía Olga le había enviado una carta, en la que le solicitaba que ayudara a su sobrina a cumplir con su voluntad: "Lo que deja mi tía Olga no es para nadie en particular, ni para el cardenal, ni para ningún obispo, ni para ningún sacerdote equis, ni para la familia Azcárraga, ni para la familia Cortina Azcárraga, ni para la familia Cano. Esto es para los sacerdotes más necesitados, los sacerdotes ancianos y los sacerdotes enfermos, pero de los pobres. [Ella] no era ninguna viejita chocha. Era una señora hecha y derecha que siempre nos dijo a toda la familia que los cuadros eran para los sacerdotes". Y le advierte a su tío Rogerio: "Yo sí lo meto a la cárcel". Pero eso nunca ocurrió. Por el contrario, es su marido, Jaime Matute Labrador, el que está más cerca de recibir una orden de aprehensión.

Recién nombrado obispo de Ecatepec, en 1995, Onésimo Cepeda se propuso dotar de una catedral a la diócesis. El ayuntamiento, que presidía el priista Jorge Torres, le donó terrenos en donde había estado el quiosco municipal del pueblo de San Cristóbal. El único regidor que votó en contra fue el profesor normalista Faustino de la Cruz Pérez. Él argumentaba que cinco mil sancristobalenses habían firmado una carta de rechazo a la donación. Y añadía que por lo menos había que pedirle una contraprestación a la Iglesia, como la construcción de una clínica para la mujer o una casa para los niños de la calle. Pero el perredista fue derrotado:

—Faustino, ¡tú estás excomulgado de la Iglesia y de Dios!

Onésimo Cepeda se rehúsa a hablar del caso Arthinia. Pero no siempre fue así. El 24 de agosto de 2004 le dio una entrevista a Jacobo Zabludovsky. Le dijo al periodista en su programa De 1 a 3: "Haré todo lo necesario para que la voluntad de ella se cumpla201D. En la entrevista —cuyas partes medulares reprodujo La Jornada al día siguiente—, Onésimo habló de 24 cuadros: "Los mejores de Orozco que hay en México (Crucifixión y Mendigo), también las famosas sandías de Tamayo, dos Diego Rivera y cuatro Frida Kahlo". El redactor de La Jornada añade después: "El obispo acusó, sin dar más detalles, que Rogerio Azcárraga no sólo sustrajo los cuadros, sino que los puso a la venta".

Todos quieren ir a sus fiestas. Onésimo Cepeda ha convertido sus celebraciones de cumpleaños en las pasarelas políticas. A su fiesta de setenta años llegaron en helicóptero el jefe de la oficina de la presidencia, Juan Camilo Mouriño; el secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, y el cardenal Norberto Rivera. Ahí, en el Seminario del Espíritu Santo, llamó "hermano" a Rivera Carrera; "brother" a Carlos Romero Deschamps —el líder del sindicato petrolero desaforado por extraer millones de pesos para la campaña de Francisco Labastida—, y "amigo sincero" a Jorge Hank Rhon. Entre sus amigos políticos, dijo que ponía en primer lugar al gobernador Enrique Peña Nieto, y le agradeció a Diego Fernández de Cevallos su apoyo en la demanda contra el entonces presidente del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Leonel Cota Montaño.

Las bitácoras registran siete viajes en el avión de Carlos Ahumada, empresario que acusó que Onésimo le pidió un millón de pesos para luego olvidarlo cuando estaba en la cárcel —acusaciones que Onésimo negaría después—. Y aunque Ahumada cuenta que Onésimo es afecto a los vinos Petrus, especialmente si otros pagan las cuentas, a los políticos locales que invita a su casa en Ecatepec les ofrece huevos, pan y un vaso de jugo. Si alguien pide más jugo, hay que mandar traer a la monja y pedirle que exprima más naranjas, lo que genera incomodidad en los invitados.

Xavier Olea Peláez extiende los brazos con ánimo de abarcar un espacio muy amplio. Señala su oficina de Lomas de Virreyes en donde reposan una sala, una mesita con una computadora, un escritorio. Y me dice que en ese espacio, incluyendo el baño, no podrían caber los 130 millones de dólares que supuestamente le prestó Onésimo Cepeda Silva a Olga Azcárraga Madero. El pagaré, de fecha 28 de abril de 2003, consigna que Olga Azcárraga Madero de Robles León "en representación de la empresa Arthinia Internacional S.A." se compromete a pagar 130 millones de dólares a Onésimo Cepeda, quien le presta esa cantidad en efectivo. Ella se obliga a cubrir el adeudo el primero de julio de 2008, con un interés mensual de 0.50 por ciento. De no pagar en la fecha marcada, el interés ascendería a uno por ciento por mes. En el pagaré se aprecia una firma que dice "Olga A de Robles León". Al reverso del documento se lee: "México, DF, a 23 de junio del 2008. Endosado en propiedad a Jaime Matute Labrador" y el nombre en mayúsculas de Onésimo Cepeda Silva, que pone una cruz antes de su firma autógrafa, símbolo de su autoridad como obispo. A enero de 2011, la deuda sería de 179 400 000 dólares.

Xavier Olea Peláez me explicó que, al ceder el pagaré en propiedad, Onésimo Cepeda ya no se ve obligado a explicar ante los tribunales de dónde obtuvo el dinero. Pero se pregunta: ¿cómo obtuvo el obispo esa cantidad?, ¿cómo la trasladó?, ¿por qué no hay ningún registro de ese dinero en la sucesión de doña Olga?

Arche Cano despliega más argumentos para desacreditar el pagaré. Le dice a la Procuraduría que nunca entraron 130 millones de dólares a las arcas de Arthinia. Y retoman a Rogerio Azcárraga, quien declaró ante un juez que su hermana jamás recibió esa cantidad de Onésimo. Y citan las palabras del propio Onésimo, quien en un juicio civil dijo textualmente: "Que no es verdad que sea rico en lo material". Agrega que Onésimo, antes de convertirse en sacerdote, fue una figura destacada del mundo financiero, por lo que no resulta creíble que hubiera asumido el riesgo de prestar 130 millones de dólares estadounidenses a una persona cuyo aval era una empresa con un capital de veinticinco mil dólares. De acuerdo con la parte acusadora, los peritajes de grafoscopía y documentoscopía han determinado que la firma de Olga Azcárraga es auténtica, pero que el documento se hizo en dos momentos: primero se firmó una hoja en blanco y después se imprimió el pagaré: "Dicho documento cambiario fue fabricado por ambos sujetos activos con posterioridad a la fecha que se dice falsamente que se suscribió con la definida intención de ambos de hacerse dueños de bienes que no les pertenecen", dice la denuncia.

Onésimo Cepeda también acumula severas derrotas a lo largo de su carrera. Quiso presidir en Ecatepec la misa más grande en la historia de la cristiandad: cinco millones de fieles en la canonización de Juan Diego, en una celebración que presidiría con Norberto Rivera y Juan Pablo II. Pero no todos en la Iglesia católica estaban de acuerdo. Las diócesis de Cuautitlán y Texcoco también reivindicaban la oriundez de Juan Diego. Además, expertos habían advertido que el terreno de mil hectáreas que proponía Onésimo para la megamisa representaba un riesgo para la salud de los fieles porque había sido el asiento de la fábrica Sosa-Texcoco. Roma optó por una solución salomónica: la mayor misa de la cristiandad fue cancelada y el Papa celebró la canonización en la Basílica de Guadalupe.
Onésimo
Onésimo, a pesar de su poder al exterior de la Iglesia, nunca pudo ascender a arzobispo. Se mencionó en la terna para suceder a Rosendo Huesca en la arquidiócesis de Puebla, pero no tuvo siquiera el apoyo de su íntimo amigo Norberto Rivera, que promovió al ahora arzobispo Víctor Sánchez.
Pero el revés que más le pesó fue la mordaza que le impusieron los obispos ante las elecciones de 2000. El rostro de Onésimo Cepeda se había hecho célebre a partir de 1997, cuando fue nombrado presidente de la Comisión Episcopal de Comunicación Social de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM). Los obispos ya se habían acostumbrado a que se fuera por la libre y pasaran como opiniones institucionales las suyas propias. Pero el colmo llegó cuando acudió a votar en las elecciones internas del PRI. Cuando Francisco Labastida fue declarado ganador de la contienda contra Roberto Madrazo, Onésimo se abrió paso a empujones para darle un abrazo frente a las cámaras. El 20 de junio de 2000, el Consejo Permanente del Episcopado le envió un oficio en el que le pedía dejar de hacer declaraciones. A partir de entonces, el único vocero autorizado era el secretario general de la CEM, Abelardo Alvarado Alcántara.

Suponiendo sin conceder, como dicen los abogados, que la voluntad de Olga Azcárraga Madero fue legar sus bienes a la Iglesia, y que efectivamente lo dispuso así, o que efectivamente le firmó a Onésimo Cepeda un pagaré de 130 millones de dólares, esa voluntad no tendría ninguna validez legal, según la denuncia de Arche Cano ante la

—La semana pasada se me propuso. Dijimos que sí, nos dijeron que el obispo estaba de acuerdo. Teníamos una cita el lunes a las cinco de la tarde con ciertos personajes importantes. [Pero] a la una de la tarde me marcaron y me dijeron que el obispo decía textualmente: "Que nosotros se la íbamos, no a persignar, sino a pelar, porque él ya tenía todo arreglado en la Suprema Corte de Justicia de la Nación". Señalaron que no se rompían las pláticas, pero que eso era lo que decía el obispo. Y fueron personas que lo convencieron de llegar a un arreglo, y a las diez de la mañana [de ese día] el señor dijo no.

—¿No le afecta que le digan que se la van a pelar? —le pregunté.

—No, porque quien me la está pelando es él —respondió—. Eso es un desprestigio más grave que el problema del padre Maciel. A Maciel lo acusaron muerto. De las tropelías que hizo no se le puede meter a la cárcel, pero a este señor sí se le puede meter a la cárcel. Es la intención dolosa de hacerse antijurídicamente de unos cuadros que no les corresponden. A Jaime Matute, que es una gente adinerada por los fraudes que ha llevado a cabo, pues obviamente Onésimo tuvo que haber tenido [que darle] una contraprestación. ¿O "te los regalo porque me caes muy bien"? No nos chupamos el dedo como él pretende hacer valer por sus influencias.

Onésimo le dio a su sobrino Albertito un millonario negocio funerario, mientras que a su primo político Guillermo de Velasco lo mandó a la cárcel. Ésa es la historia que De Velasco le contó a Rodrigo Vera, de Proceso, en una nota que se publicó el 12 de junio de 2010. Le dijo que Onésimo Cepeda controla un próspero negocio de servicios funerarios por medio de su primo Alberto Monroy Calva y de su sobrino Alberto Monroy Cepeda, Albertito. La empresa, Certificados Integrales Funerarios, nació tras la construcción de la catedral de Ecatepec con el objeto de vender cuatro mil nichos. Impulsados por el éxito, empezaron a vender servicios funerarios completos a gobiernos municipales y estatales: los ayuntamientos de Ecatepec, Tlalnepantla y Cuernavaca, y los gobiernos del Estado de México, Puebla, Hidalgo y Morelos.

De Velasco —casado con una sobrina de Onésimo Cepeda Villarreal— garantizaba las inversiones de los clientes por medio de una empresa fiduciaria. Pero se percató de que los fondos habían sido desviados del fideicomiso y demandó judicialmente. Y entonces conoció la furia de Onésimo: fue arrestado el 22 de marzo de 2010 al ser acusado de fraude procesal y estuvo en prisión cuatro días. No se le comprobó el delito y fue liberado. "Onésimo Cepeda movió todas sus influencias para encarcelarnos de manera ilegal —dijo De Velasco a Vera— fue un arresto totalmente arbitrario ni siquiera se nos notificó. Y todo porque somos un obstáculo para los oscuros intereses económicos del obispo, quien se siente invulnerable y realiza estas acciones gangsteriles. Actualmente temo por mi seguridad y la de mi familia".

Por el contrario, cuenta De Velasco a Proceso, el sobrino Albertito "se ha convertido en un próspero empresario. Trae hasta coche blindado, siempre escoltado por otro automóvil con guaruras. Es el operador y el hombre más cercano a Onésimo".

Jueves 2 de diciembre de 2010, alrededor de las seis de la tarde. Camino por Monte Cárpatos, en las Lomas de Chapultepec. Paso por el número 830, que fue casa de Olga Azcárraga Madero y de donde fueron sacadas las pinturas. La siguiente residencia es el número 840, donde viven Jaime Matute Labrador y su esposa Patricia Cortina Azcárraga. Toco el timbre. Por el interfón me responde una trabajadora doméstica. Me dice que Jaime Matute no está, tampoco Patricia. Le informo quién soy y le dejo mis teléfonos. Saco mi libreta y escribo un recado, pidiéndole una entrevista a cualquiera de los dos. Un automóvil negro con cuatro hombres se detiene a unos metros de mí. Dejan el motor encendido, no se bajan, no me dicen nada. Me observan terminar el recado. Se marchan. Yo deslizo el recado y me voy. Vuelvo al otro día, hablo con un chofer, que me recibe un nuevo recado y lo lleva al módulo de seguridad de la residencia. Nunca recibo respuesta.

José Luis Gutiérrez Cureño era el primer edil de izquierda en gobernar el municipio de Ecatepec. La relación entre el alcalde electo y Onésimo Cepeda había sido ríspida durante la campaña, pues a ojos del PRD el obispo había inducido el voto hacia el PRI. Pero el efecto López Obrador —los comicios se celebraron el 11 de marzo de 2006— había abierto las puertas aun en las plazas que parecían infranqueables. Gutierréz Cureño acudió a la misa de Onésimo el día de las elecciones y, ya declarado ganador, el obispo le devolvió la cortesía invitándolo a desayunar a su casa. En el desayuno, de acuerdo con un testigo de la escena, Onésimo Cepeda dijo que ambos podrían llevarse muy bien si tenían comunicación directa y que lo reuniría con personas "que le explicarían unos asuntitos para que funcionara mejor su gobierno".

Unas semanas después lo volvió a convocar. El mismo testigo relata que Cepeda lo sentó con un hombre joven, a quien presentó como su sobrino, además de un puñado de hombres que trataban al obispo con veneración. Ellos le explicaron los bienes y servicios que le pretendían vender al ayuntamiento: seguros, despensas, uniformes y equipo policiaco. Respecto de los insumos para seguridad pública, la persona que se identificó como sobrino del obispo presumía disponer de tecnología de Israel. Gutiérrez Cureño le dijo que adquiriría los bienes ofrecidos siempre que le dieran un precio mejor que la competencia.

—Es un favor que yo te hago. Tú sabes que por Ecatepec yo doy la vida, y por su gobierno también —reviró el obispo.

De acuerdo con ese testigo, que conoció a fondo la administración perredista en Ecatepec, el ayuntamiento presidido por Gutiérrez Cureño sólo adquirió el seguro para el helicóptero y un lote de útiles escolares. Del resto de bienes, otros proveedores ofrecieron precios más bajos.

Llevar a Onésimo Cepeda al borde de la cárcel no ha sido fácil para Xavier Olea Peláez, el abogado de la parte acusadora. En un principio, la Procuraduría capitalina había considerado que existían elementos para consignar al obispo y a Matute Labrador, y pidió la orden de aprehensión a la Juez 30 Penal con sede en el Reclusorio Sur, Celia Marín Sasaki. Pero ella negó el ejercicio de la acción penal y le pidió al Ministerio Público que efectuara otras diligencias para acreditar el delito. La Procuraduría volvió a consignar, ahora con más elementos, pero la juez volvió a negar la orden de aprehensión. Según Olea Peláez, la decisión de la juez fue "absurda y contraria a derecho". Entonces, la Procuraduría capitalina cambió su criterio y determinó no ejercer acción penal. Dice Olea Peláez: "Para las negativas de la orden de aprehensión presumiblemente interviene ante la juez, bajo la mesa y con la ayuda de ciertos funcionarios de la Procuraduría, el obispo de Antioquía, el obispo de los ortodoxos, Antonio Chedraui. Tengo información fidedigna de que así fue. Es el gran amigo, compadre, compinche, de Onésimo Cepeda. Y que igual que él tiene relaciones en el mundo financiero, en el de la política, en el mundo social".

Olea Peláez recurrió a la justicia federal. Y el juez Jacinto Figueroa Salmorán le concedió el amparo, ordenando a la Procuraduría que ejerciera la acción penal.

Después de la decisión del juez, Onésimo Cepeda y Jaime Matute Labrador se constituyeron como terceros perjudicados. Por esos días, Onésimo reportó haber sufrido un ataque al corazón, aunque días después apareció en el restaurante Arroyo comiendo carnitas con Jaime Matute. Ahora la decisión está en manos del Octavo Tribunal Colegiado en Materia Penal, que deberá confirmar —o no— la sentencia de Figueroa Salmorán, con lo que se libraría la orden de aprehensión.

Dice Olea Peláez: "Cierto es que Onésimo va a ir a buscar a Jesucristo a donde esté para que lo ayude. No va a entrar al bote, [pero] sí tiene que entrar a la cárcel y tiene derecho a salir después de que se le tome su declaración preparatoria. Y la juez le tiene que señalar dentro de su jurisdicción, el Distrito Federal, un domicilio en donde va a estar el señor obispo. No en Ecatepec, porque no es jurisdicción del juez. Luego entonces ¿oficiará misa los domingos? Otra hipótesis: así como ya se sustrajo a la acción de la justicia Matute, ¿se va a sustraer y el papa Benedicto XVI en El Vaticano lo va a proteger? Si la justicia va a permitir que se la pele un obispo, como él dice, pues entonces, con el perdón de Dios, aunque no soy católico, ¿qué pasaría?, ¿cualquier pinche padre de una iglesia puede cometer los ilícitos que quiera? ¿Tienen fuero los religiosos?".

El edil perredista José Luis Gutiérrez Cureño y su equipo más cercano acudieron a un desayuno en casa del obispo, que los había convocado porque el nuncio apostólico, Christophe Pierre, visitaba la diócesis. Gutiérrez Cureño y Pierre se enfrascaron en una conversación, pues el alcalde había visitado recientemente Francia, como parte de una delegación de izquierda. Al término del desayuno, el obispo acompañó a los perredistas a la puerta. Ahí aprovechó para quejarse con Gutiérrez Cureño. Le reclamó que el ayuntamiento estaba retrasado con pagos a las empresas que Onésimo había recomendado.

—Ya, muchachos, páguenle al cura —les dijo Gutiérrez Cureño a sus funcionarios.
—¿Con quién lo veo? —preguntó Cepeda.
—Con Miguel. Si no le paga, excomúlguelo —bromeó Gutiérrez Cureño, señalando a Miguel Ángel Juárez, director de administración del ayuntamiento.

Onésimo volteó hacia el funcionario y amagó con apretarle una nalga, pero el funcionario se escabulló.
—A éste no lo voy a excomulgar. A éste me lo voy a coger —dijo Onésimo.
—¡Qué pasó! Si sí le voy a pagar —intercedió Gutiérrez Cureño.

Ese día, luego del desayuno, Miguel Ángel fue la comidilla de sus amigos desde que se subieron a la camioneta para regresar a la alcaldía. La anécdota se regó rápidamente en las oficinas del ayuntamiento.

Fragmentos de la homilía de Onésimo Cepeda el 28 de noviembre de 2010 (tomada de la página de internet de la diócesis de Ecatepec):

"Yo estaba aquí, hablando con mis sacerdotes, de repente me sentí mal, me llevaron al hospital y en el hospital me detectaron un infarto; me abrieron la pierna, me metieron un cataterigo [sic], me destaparon las arterias. Me dijo el señor que si hubiera llegado media hora más tarde me hubieran cafeteado.

"Le doy gracias a Dios que no me cafetearon. Pero sí estuve a punto de entregar el equipo. Y les comento esto por la cantidad de chismes que han sacado en el periódico al respecto".

5 de diciembre de 2010. Catedral de Ecatepec, después de la misa del domingo. Onésimo se dirige a la sacristía. Lo interrumpo después de que se toma una fotografía con un niño.

—Monseñor, soy periodista y quiero hablar con usted, ¿me da cinco minutos?
—No doy entrevistas.
—No vine por una declaración. Quiero hablar con usted. Tengo dos encargos: escribir un perfil de usted y la historia del caso Arthinia…
—De Arthinia no tengo nada que decir porque está en los tribunales, y ahí me los voy a abrochar, y de mi perfil, busca en internet —me dice.
—Le propongo algo: deme una entrevista de perfil sin que toquemos el caso Arthinia, y para el caso Arthinia me contacta con sus abogados y con Jaime Matute.
—Matute te va a mandar peor a la chingada.
—Ayúdeme a reconstruir la historia de Agere —le pido.
—¿Cuánto me vas a dar? —dice.
—Usted es un pastor… —respondo.
—Ah, si me buscas como pastor, entonces ven y te confieso.
—No… —respondo—. Si no puedo hablar con Matute, ayúdeme a hablar con Patricia.
—¿Con qué Patricia?
—Con Patricia Cortina.
—Ah, sí conoces el asunto…

En ese momento atraigo el interés de Onésimo, a quien un ayudante le recoge los ornamentos y le ayuda a ponerse una chamarra. Le extienden un Tupperware con jamón y queso blanco; come una rebanada de cada uno. Estamos en la sacristía, con unas diez personas, entre sacerdotes, monaguillos y su actual vocera, Lizbeth Juárez. Dice que no tiene nada que ver con Agere, y que es mentira que fue confesor de doña Olga Azcárraga. Que su confesor fue un padre de los Misioneros del Espíritu Santo. Yo insisto con un café. Él responde: nunca. Luego cede: una vez que concluya el caso. Dice: "[Xavier] Olea es un abogado mediático, y yo digo que sólo a las moscas se les mata a periodicazos. Yo le voy a ganar en los tribunales".

Le pasan un Blackberry: "Mira, justo es Jaime Matute", me dice. Le pido que le diga a Matute que lo he ido a ver dos veces a su casa, sin éxito. Él lo hace. Me pone el teléfono en la oreja. Sólo alcanzo a oír "autoridades…", y me lo quita. "Ya hablaste con Jaime Matute".

Me dice que sigue hablando conmigo porque le caí bien. Le enseño un ejemplar de Gatopardo.
—Yo quiero salir en la portada —pide.
—Pues dé una buena entrevista —contesto.

Afirma que él es su propio abogado y que nunca ha perdido un caso.
—Le gané hasta al PRD.
—Sí, pero le dieron mucho menos dinero del que usted pidió [Onésimo había pedido setecientos millones de pesos al principio, y el juez determinó que se le pagaran cien mil pesos].

—Yo no vivo de los juicios ni tengo que vivir de eso. ¿Tú crees que yo vivo de los juicios? Había ganado [una indemnización de] dos millones, pero lo bajaron a cien mil pesos. Ahora que se resuelva el juicio [de Arthinia] voy a demandar a todos los que han escrito sobre mí por daño moral, y a todos les voy a ganar —me dice—. Luego cambiaron la ley en el DF para que cualquier daño moral no vaya más arriba de ochenta mil pesos, entonces le puedes decir a alguien: "Chinga a tu madre", y le pagas ochenta mil pesos y ya está. Pero eso es en el DF.

Onésimo me mira atentamente: "[Pero] si tu revista se publica en el Estado de México, o en Monterrey, o en Colima, es otra cosa, y yo ando por todos lados", me advierte.

En esos tres estados el daño moral sigue siendo un delito que se castiga con la cárcel.

Gatopardo
Bogotá, Colombia
Emiliano Ruiz Parra
Domingo 03 de Abril de 2011.
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