“El PRI es una empresa capitalista que busca quedarse con todo” Featured

El artista Damián Ortega posa para una fotografía para el país el 31 de mayo de 2018 en la Ciudad de México. Alicia Fernández / El País. El artista Damián Ortega posa para una fotografía para el país el 31 de mayo de 2018 en la Ciudad de México. Alicia Fernández / El País.


Uno de los artistas mexicanos con más proyección internacional repasa la actualidad de su país

Un Volkswagen ordenadamente desguazado y con las piezas colgando del techo de la Bienal de Venecia le puso en 2002 en la órbita del arte contemporáneo internacional. Antes, había expuesto en Nueva York, Róterdam, Sao Paulo, Oporto, Seúl y había colocado una escultura cubista hecha con tortillas de maíz en la Tate Modern de Londres. Damián Ortega (Ciudad de México, 1967) es uno de los artistas mexicanos mejor valorados dentro y fuera de su país, al que ha vuelto con su familia desde hace seis años tras largas temporadas en Brasil y Berlín. Con motivo de la presentación del libro Módulos de construcción (Fondo de Cultura Económica), una compilación de textos retrospectivos sobre su obra, EL PAÍS repasa con él la actualidad política mexicana en tiempos electorales.  

Pregunta. ¿Cuál es la visión de México que ha percibido en el extranjero?

Respuesta. Se le tiene un cariño muy cotidiano, pero a la vez se le considera un lugar violento, un país peligroso, inseguro y con unos desequilibrios bárbaros. Es una mezcla rara de, por un lado, el gusto por nuestra cultura. Por otro, el terror de la información amarillista que provoca una exotización de la política, del peligro y de la delincuencia. Estos problemas se terminan convirtiendo en un folclore.

P. ¿Qué peligros tiene esa visión estereotipada?

R. Fuerza a México a ponerse la camiseta del colonizado. Nos volvemos un cliché y se banaliza, por ejemplo, la muerte de personas que tienen nombre y apellido. Creo que es importante no caer en esa frivolidad de la noticia escandalosa, reconociendo desde luego que aquí se da una violencia casi mítica. En casi ningún país hay estás noticias tan desquiciantes.

P. ¿Cómo romper con esa especie de laberinto mítico?

R. Es cierto que la cultura mexicana se funda en hechos reales y en una determinada forma de pensar y de sentir. Convivir con el terror de los terremotos y con el pasado precolombino de los sacrificios, por ejemplo, forma un carácter y una identidad. Pero a la vez también es un mundo que se complementa con una delincuencia y una mafia que son internacionales.

P. ¿Qué puede hacer México para mejorar?

R. A veces parece que viviéramos una hecatombe y no se pudiera o se supiera ni por donde comenzar. Hace falta más madurez de las instituciones, reformar el sistema de justicia, la salud, mejorar la productividad laboral. Volver a una idea de civilidad, pero me parece difícil porque está todo revuelto.

P. ¿A qué se refiere?

Vivimos en un mundo desconfianza, de paranoia, de psicosis colectiva

R. Todos los poderes están mezclados: la delincuencia con la política, el comercio con la ley, la ley con la corrupción. No está claro quién es quién y esta confusión lleva a una crisis de credibilidad hacia cualquier autoridad, desde políticos, empresarios o maestros. Vivimos en un mundo desconfianza, de paranoia, de psicosis colectiva.

P. ¿Qué le parecen los candidatos?

R. La democracia ha entrado en una crisis porque el sistema de partidos se volvió un negocio millonario. Ya no es un bien común. Hace poco me encontré con un mitin de López Obrador. Es una figura muy venerada, casi religiosa, como un santo. Lleva 18 años de compaña, parece insólito que ahora pueda ganar y que esté tan arriba en las encuestas. Hay mucha gente confiando en él. Los demás candidatos representan los sistemas partidistas y se han vuelto uno de los grandes problemas del país.

P. ¿Cree que con un hipotético gobierno de Obrador llegarán cambios sustanciales?

R. Creo que sí hay una voluntad política y que se pueden cambiar cosas. Pero la maquinaria de estado y la corrupción generalizada van a ser complicadísimas de revocar. Obrador quizá no sea la figura intelectual para solucionar muchas cosas, pero es el candidato que está ahorita canalizando la necesidad de mucha gente y llenando espacios de esa necesidad de creer que vamos a salir algún día.

P. ¿No cree que la sociedad civil mexicana está algo aletargada?

R. Creo tiene que ver con un sistema casi colonial basado en el privilegio, que te distancia de los demás y neutraliza la solidaridad y el diálogo. Hay veces que ese privilegio es mínimo, pero genera mucha mezquindad y división social. Y de nuevo, genera una desconfianza con los liderazgos: siempre se piensa que hay alguien que está negociando en lo oscurito sus privilegios. Por otro lado, en México sí prende la indignación, pero no tiene impacto real porque pasan los meses y se destapa otro escándalo. Entonces la respuesta social se desgana. Por ejemplo, los jóvenes asesinados en Guadalajara. Fue impresionante el poco impacto que tuvo.

P. ¿A qué cree que se debió?

R. A una tremenda desconfianza frente a los demás y a una embestida muy fuerte del poder. En Argentina, por ejemplo, hay manifestaciones, presión ciudadana y el poder transige, negocia. En México ha habido un no categórico, que se está manifestando en la intención de voto. La gente está castigando al PRI, que no es un partido político, es una empresa capitalista que busca quedarse con todo.

P. ¿Cómo analiza el nacionalismo mexicano?

R. Vivía en Berlín durante la época del Mundial. Todos los alemanes vestían camisetas de Chile, España, de otros equipos como una manera de inclusión. Ganaron la final y cuando sacaron las banderas y las camisetas alemanas, la gente estaba preocupadísima de que volvieran los símbolos a las calles. En la educación mexicana, desde Vasconcelos, los héroes patrios, Juárez, Hidalgo, son referentes de heroísmo y dignidad. Pienso que el PRI y Obrador utilizan esos ingredientes en busca de un poco de credibilidad.

P. Cree que a veces los políticos se enfundan en la bandera con el objetivo de tapar problemas?

R. Hay un cierto nacionalismo que busca asociar a un partido o una persona a México en su propio benéfico. Pero a nivel popular, el nacionalismo viene del amor a la tierra. Los estudiantes, los que vivimos fuera, muchos volvemos. Es como una mamá o una novia celosa que te llama y terminas regresando.

El País
David Marcial Pérez
Ciudad de México
Viernes 1 de junio de 2018.

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