Perder lo que nunca hemos tenido


Maite Azuela

Contracorriente

Los argumentos del miedo a lo que puede venir después de la elección me intrigan más allá de la curiosidad por las disputas políticas. Encuentro en las discusiones entre familiares y amigos un fantasma que se sienta a la mesa cuando algunos aseguran que el autoritarismo, la carencia y la desgracia se avecinan con el posible resultado de 2018. ¿Ustedes han detectado ese fantasma? Es un espíritu que toca a algunos de los que gozan de privilegios y a los que concentran la mayor parte de los recursos del país. Su temor es injustificado, pero no es algo que me sorprenda.

 En cambio, el temor de aquellos de clase media que no son los más ricos del país y que han hecho un esfuerzo por mantener una vida con las necesidades básicas cubiertas y con algunos lujos muy esporádicos que implican esfuerzos adicionales, merece indagación. No alcanzo a nombrarlo, prefiero describirlo: es el temor de perder lo que en realidad se aspira tener.

No analizaré los miedos irracionales a convertirnos en un país sin democracia, ni los temores a perder casas y trabajo. Me quedo con los argumentos que suelen ser más sólidos y me permito hacer algunas preguntas. Muchos tienen temor a que se revierta una reforma energética que apoyaron esperando a que bajaran los precios de gasolina, luz y gas, aunque a partir de la reforma los precios se incrementaron, ¿se sienten amenazados cuando se propone analizarla? Algunos se estresan con el planteamiento de modificar la implementación de la reforma educativa, pero cuando se impulsaba, eran indiferentes porque no implicaba cambios para las escuelas privadas de sus hijos. ¿Han evaluado si la reforma como se está aplicando genera mejores maestros y alumnos? Señalan como un exabrupto autoritario que se plantee la suspensión del proyecto del aeropuerto, a pesar de que tienen apenas la oportunidad de viajar en avión una o dos veces por año. ¿No creen que México merece un proyecto sustentable y transparente?

Hoy la mitad de los mexicanos vive en pobreza. Once mil niñas y niños fueron asesinados en los últimos nueve años en la lucha contra el crimen organizado. La violencia ha tocado casi todos los rincones del país con diferentes magnitudes, y a partir de la guerra contra el narco han desaparecido más de 30 mil personas en nuestro territorio. El dolor ajeno, que se acerca cada vez más a nuestras casas, ¿no les produce temor?

La elección no dará un giro mágico a todo lo que México atraviesa, pero sí da la pauta para manifestar lo que no queremos que continúe y sobre todo para iniciar cambios que permitan que lo que deseamos comience a suceder. ¿Habrá alguna posibilidad de que consideren que aquello a lo que aspiran no se hace realidad porque la corrupción, la violencia, la inequidad, la inseguridad y la impunidad que está rebasándonos no se modifica? Dicen que nadie tiene miedo a lo desconocido.

Milenio
Maite Azuela
Contracorriente
Ciudad de México
Jueves 3 de mayo de 2018.

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