El expresidente Lula da Silva tenía juicios abiertos por siete delitos derivados de corrupción. Por otro lado, el líder del Partido de los Trabajadores lideraba las intenciones de voto para las elecciones presidenciales de Brasil en octubre de 2018. AFP El expresidente Lula da Silva tenía juicios abiertos por siete delitos derivados de corrupción. Por otro lado, el líder del Partido de los Trabajadores lideraba las intenciones de voto para las elecciones presidenciales de Brasil en octubre de 2018. AFP


Tras una intensa votación, el exmandatario de Brasil fue condenado por el Tribunal Supremo de ese país a 12 años de cárcel por los delitos de corrupción leve, lavado de activos y tráfico de influencias.

La presidenta del Tribunal Supremo Federal de Brasil, Carmen Lúcia, fue la encargada de sentenciar con su voto la condena a prisión del expresidente Lula da Silva. Al final, una votación de 6 sufragios contra 5 negó el recurso de habeas corpus que demandaba al defensa del exmandatario para salvarse de ir a prisión por delitos derivados de corrupción durante su mandato. Lula cumplirá una sentencia de 12 años en la cárcel, y no podrá presentarse a las elecciones presidenciales del país previstas para octubre de 2018 en las que figuraba como favorito.

Tras más de 10 horas de juicio, la corte suprema de Brasil rechazó un recurso del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva para apelar en libertad ante las máximas instancias judiciales. Según juristas, Lula podría ser arrestado la semana próxima, cuando el tribunal de segunda instancia que lo condenó en enero analice las últimas objeciones de su defensa.

Lula ya había sido hallado culpable por dos tribunales y, de acuerdo con una jurisprudencia dictada por el propio Supremo y reflejada en la ajustada votación de este miércoles, una sentencia ratificada en segunda instancia permite el inicio de la ejecución de la pena.

Durante la tarde del miércoles hubo tensiones en el país sudamericano por un posible intento de golpe de Estado. El comandante del ejército brasileño, Eduardo Villas Boas, fue el encargado de elevar la tensión en el país al declarar que “compartía el anhelo de todos los ciudadanos de bien de repudio a la impunidad y respeto a la Constitución”.

Muchos congresistas entendieron sus palabras como una amenaza de golpe y catalogaron su intervención como una indebida presión a los miembros de la Corte Suprema que juzgaban al expresidente Lula da Silva. No fue el único. Horas antes del juicio, el general en retiro Luiz Gonzaga Schroeder fue más explícito al señalar que si el líder del Partido de los Trabajadores se presentaba a las elecciones presidenciales este año, el único recurso que quedaba era la “reacción armada”. Amnistía Internacional (AI) rechazó las polémicas declaraciones.

El comandante de la Fuerza Aérea Brasileña, teniente brigadier del aire Nivaldo Luiz Rossato, el comandante de la Fuerza Aérea Brasileña, teniente brigadier del aire Nivaldo Luiz Rossato, también entró al debate: aseguró: “En estos días críticos para el país, nuestro pueblo está polarizado, influenciado por diversos factores. Por eso es muy importante que todos nosotros, militares activos o de la reserva, integrantes de las Fuerzas Armadas, sigamos fielmente la Constitución”, aseguró el oficial.

Luiz Inácio Lula da Silva gestó su carrera como político en el sindicato de los metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo. En ese mismo lugar, cuarenta años después, el líder más carismático de Brasil comenzó a digerir que en las próximas semanas podría perder la libertad.

Resguardado de la atención mediática, Lula no prestó mucha atención al juicio del Tribunal Supremo, se mostró "tranquilo" e incluso comentó el golazo de chilena de Cristiano Ronaldo en el partido del Real Madrid contra el Juventus, según contaba un miembro del Partido de los Trabajadores.

Pero lejos de la versión "oficial", en uno de los ascensores del sindicato, una mujer comentaba que nunca había visto a Lula tan "afectado" desde la muerte de su mujer, Marisa Leticia. Alejado de los palcos y las multitudes, el tornero mecánico recibió un nuevo mazazo, uno de los más importantes de su vida, después de conocer que el Supremo rechazó el habeas corpus intentado por su defensa para postergar la cárcel tras la condena por corrupción.

Mientras la justicia estrechaba su cerco, el exlíder sindical pasó el día reunido con los suyos, recibiendo visitas de conocidos y aliados políticos, entre ellas la de expresidenta Dilma Rousseff, de quien Lula fue hombro amigo durante el juicio político que la destituyó en 2016. Mientras, unas trescientas personas, la mayoría del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST), siguieron la votación entre el desconcierto de los términos jurídicos empleados por los magistrados de la máxima corte, que analizaron el habeas corpus durante más de diez horas.

Con pancartas de "Lula es inocente" y "Lula es el pueblo", los simpatizantes del exmandatario llegaron a primera de la mañana al sindicato y, entre bailes y cánticos, acompañaron parte de la sesión del Supremo, aplaudiendo los votos favorables al exmandatario.

El más celebrado fue el del juez Gilmar Mendes, históricamente rechazado por la izquierda, pero que hoy se posicionó a favor de que Lula pudiera recurrir a instancias superiores en libertad, no sin antes deslizar sus críticas al Partido de los Trabajadores y a la prensa brasileña.

La decisión de Mendes supuso un alivio, pero la tranquilidad duró poco tiempo. La jueza Rosa Weber, fiel en la balanza en la votación, denegó el habeas corpus, aunque no hubo desolación, y contadas caras largas.

"Ella en el fondo contribuyó para que pueda ser decretada la prisión de Lula, lo que es una fase más del golpe de Estado", dijo en declaraciones a Efe Eloi Pietá, miembro de la directiva regional del Partido de los Trabajadores.

De a poco, la militancia concentrada desde primeras horas de la mañana fue dejando el edificio, anticipando un final desfavorable para Lula, quien lidera todas las encuestas de intención de voto de cara a las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre.

Momentos antes, el presidente del sindicato de los metalúrgicos de la región metropolitana de Sao Paulo, Wagner Santana, mandó un mensaje a los congregados: "Lula pasó la vida entera luchando por nosotros y ahora espera eso de cada compañero y compañera".

Vestida con una camiseta con el rostro estampado del exmandatario, Marinalva Araujo aseguró casi entre lágrimas que siempre acompañó a Lula y ahora lo seguirá haciendo, esté él dentro o fuera de la cárcel.

"Con él yo he aprendido lo que es luchar por derechos. Representa mucho más que un sueño, es un proyecto que está ahí", sostiene.

Con los sindicatos y el Partido de los Trabajadores en horas bajas, el político de izquierdas, de 72 años, fue recibido por algunas centenas de manifestantes a las puertas de su casa, en la localidad de Sao Bernardo de Campo, donde tejió su meteórica carrera en la que pasó de obrero a presidente de Brasil en dos mandatos consecutivos, del 1 de enero de 2003 al 31 de diciembre de 2010.

Poco antes del fin del juicio del Supremo, una mujer gritó desde su ventana "Lula en la cárcel". Fue contestada duramente por algunos sindicalistas, en una escena que refleja la polarización entorno al líder más querido y odiado de Brasil.

Agencias
El Espectador
Sao Paulo, Brasil
Miércoles 4 abril 2018.

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