Cuba incursiona en la cría de gusano de seda

19 Mar 2018
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Una persona trabajando la obtención del hilo de la seda del gusano, en el municipio de Jagüey Grande, provincia de Matanzas, Cuba. La cubana Marlene Prieto vive pendiente de todo lo que se mueve en la nave donde desde 2005 coordina un proyecto para vincular la cría del gusano de seda (Bombyx mori) con el cultivo de la morera (Morus alba), en la Estación Experimental de Pastos y Forrajes Indio Hatuey, un centro de investigaciones agropecuarias. Prieto, una investigadora agrónoma que trabaja en la Estación desde los 18 años y hoy tiene 52, está entusiasmada con la marcha de ese proyecto, uno de los últimos que conoció e impulsó el fallecido presidente Fidel Castro. (Xinhua/Joaquín Hernández) Una persona trabajando la obtención del hilo de la seda del gusano, en el municipio de Jagüey Grande, provincia de Matanzas, Cuba. La cubana Marlene Prieto vive pendiente de todo lo que se mueve en la nave donde desde 2005 coordina un proyecto para vincular la cría del gusano de seda (Bombyx mori) con el cultivo de la morera (Morus alba), en la Estación Experimental de Pastos y Forrajes Indio Hatuey, un centro de investigaciones agropecuarias. Prieto, una investigadora agrónoma que trabaja en la Estación desde los 18 años y hoy tiene 52, está entusiasmada con la marcha de ese proyecto, uno de los últimos que conoció e impulsó el fallecido presidente Fidel Castro. (Xinhua/Joaquín Hernández)

 
  La cubana Marlene Prieto vive pendiente de todo lo que se mueve en la nave donde desde 2005 coordina un proyecto para vincular la cría del gusano de seda (Bombyx mori) con el cultivo de la morera (Morus alba), en la Estación Experimental de Pastos y Forrajes Indio Hatuey, un centro de investigaciones agropecuarias.

     Prieto, una investigadora agrónoma que trabaja en la Estación desde los 18 años y hoy tiene 52, está entusiasmada con la marcha de ese proyecto, uno de los últimos que conoció e impulsó el fallecido presidente Fidel Castro.

     Todo comenzó a inicios de los años 90 del pasado siglo, cuando para estudiar las propiedades de esa planta como alimento animal se sembró de manera experimental en el centro, ubicado en el municipio de Jagüey Grande, unos 147 kilómetros al sureste de La Habana.  

     Poco más de una década después, se inició el proyecto de sericultura con la llegada de los primeros huevos de gusanos de seda, que cuando eclosionaron tuvieron como alimento a la morera, una planta de la que ya tenían 19 variedades, aunque en ese sentido la más exitosa ha sido la Yu-62, procedente de China.

     Las potencialidades de la idea permitieron instalar un área para la cría de los gusanos, un pequeño animal que en unas pocas semanas crece hasta mil veces su tamaño después de nacido, al pasar de tres milímetros a seis o siete centímetros.

     Ahora en la nave de cría, que atienden sólo cinco personas, los gusanos comen hasta 500 kilogramos de morera durante las cuatro semanas que demora su crecimiento y conversión en capullos de los que se obtiene el preciado hilo de seda.

     "El primer resultado que tenemos de esta tecnología es lograr una producción de capullos de calidad para llegar a tener como producto final el hilo artesanal", dice a Xinhua la investigadora, quien explica que la sericultura es la combinación de los cuidados del hombre y el trabajo de un gusano con capacidad para producir, mediante sus glándulas salivares, un finísimo hilo.

     Esa actividad no requiere de grandes inversiones, pero sí de dedicación y cuidados de temperatura, humedad, limpieza de las instalaciones de cría y de las plantaciones de morera, que brindan el alimento durante el ciclo de vida.

     Con la seda resultante se elaboran collares, aretes, llaveros y bisutería artesanal, además de tejer bufandas.

     Durante tres años, desde 2013, funcionó el proyecto "Tejiendo hilos", nacido de la cooperación entre la Estación Experimental de Pastos y Forrajes Indio Hatuey, y la Cooperativa Sociale SocioLario Onlus, de Italia, financiada por la Unión Europea.

     Unas 100 personas discapacitadas y sus familiares se beneficiaron de ese proyecto al convertirse, previa capacitación, en quienes confeccionaban los productos finales del gusano de seda.

     Ese proyecto, que en total involucró a unas 300 personas de cuatro municipios cercanos, ganó en 2016 un premio territorial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de la isla, pero se frustró al eliminarse el financiamiento europeo.

     "Fue una experiencia muy bonita incorporar a estas personas. Creo que es la primera vez que un centro de la rama agropecuaria vincula a esa población en el quehacer de la institución", asegura Prieto.

     La investigadora y sus colaboradores, entre los que destaca el joven bioquímico Dayron Martín, buscan ahora vías de aprovechamiento de los desechos que genera la producción, como el aceite de la pupa del gusano y el agua que se utiliza en el procesamiento de los capullos.

     Ambos residuos, que son ricos en proteínas como la sericina, tienen uso en la industria farmacéutica y en la cosmetología.

     Al mismo tiempo, buscan nuevas fuentes de financiamiento o alianzas comerciales para continuar la investigación del gusano y la producción de seda, algo en lo que sueña con tener un vínculo con China.

     "China sería un excelente socio, a partir de que fueron ellos los que iniciaron la crianza del gusano de seda", apunta Prieto, quien desearía tener apoyo en la formación de recursos humanos y en la producción de huevos de gusanos.

     Pero mientras la ayuda llega, los investigadores cubanos emulan de alguna forma el conocimiento ancestral de los chinos para intentar, en el tórrido Caribe, que la seda sea también un producto del trópico.

Xinhua
Raúl Menchaca
Matanzas, Cuba
Domingo 18 marzo 2018.

Una persona trabajando la obtención del hilo de la seda del gusano, en el municipio de Jagüey Grande, provincia de Matanzas, Cuba. La cubana Marlene Prieto vive pendiente de todo lo que se mueve en la nave donde desde 2005 coordina un proyecto para vincular la cría del gusano de seda (Bombyx mori) con el cultivo de la morera (Morus alba), en la Estación Experimental de Pastos y Forrajes Indio Hatuey, un centro de investigaciones agropecuarias. Prieto, una investigadora agrónoma que trabaja en la Estación desde los 18 años y hoy tiene 52, está entusiasmada con la marcha de ese proyecto, uno de los últimos que conoció e impulsó el fallecido presidente Fidel Castro. (Xinhua/Joaquín Hernández)

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